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El Alma es Invisible, con Gustav Maier

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El Alma es Invisible, con Gustav Maier

Mensaje por Feliks Axmann el Jue Nov 29, 2012 4:50 pm



El Alma es Invisible



29 de Noviembre ○ 02:40 Hrs ○ Con Gustav Maier

Bajó a esas horas el brillo de la pantalla, pues ya le dolían los ojos, y un cansancio raro comenzaba a perturbarlo. Culpó al frío cuarto, demasiado grande para su gusto, pero al menos, más cómodo, porque llevaba casi seis meses allí, un tiempo más largo que cualquier otro, dado que había aprendido una manera infalible para combatir los rastreos, que era una de las únicas razones por las cuales debía anunciar una mudanza de su equipo. Se sentía bien consigo mismo, había llegado lejos estando solo ahí, y pocos podían saberlo y reconocer su esfuerzo, y probablemente más se sorprendían los mismos afectados, pues ya no eran capaces de localizar esa amenaza invisible.

Se paseaba por el cuarto, mirando varias cosas que tenía, un cubo de Rubik, una botella de agua a medio beber, una caja algo añeja con sus ropas, y al lado, pocas sucias amontonadas –sí, se daba el tiempo de lavarla–. Se sentía pequeño, pese a calcular su edad como de unos veinticuatro años, pues no sabía su cumpleaños, dando vueltas en la silla de escritorio, de cuero sintético, menos ostentosa que la de cualquier magnate, pero digna de un hacker. Aburrido. Hasta él se cansaba cuando ya no había ninguna guerra que librar, cuando se acababan los servidores maleables, no había desafíos.

Era el primer día en que se decía a sí mismo: Tal vez deba hacer algo más grande. Pero su inseguridad lo retenía ahí, en su asiento, y le hacía mirar las viejas converses azuladas, perfectamente atadas. Suspiró, sin saber del momento en que su mejilla se apoyó en la rodilla alzada sobre el asiento, completamente absorto en divagaciones.

Y de pronto, ¡Vaya sorpresa!, un golpecito en la puerta, y la última persona en la tierra que pensó que vería, estaba asomando su cabeza rubia. Jamás habían hablado, no que recordara, pero, como con todos los de su grupo, sabía edad, nombre, y profesión. Las razones de esas investigaciones surgían en la necesidad de no sentirse excluido, u otra vez exclamo. Era su forma de encajar, de convivir. Le miró, con los ojos bien abiertos, y los labios tensos.

Tragó.

Ah… –Titubeó.– … Gustav –Recordó al fin, poniéndose lentamente de pie, completamente confundido. No sabía de nada que mereciera ser visitado, pues sus controladores tendían simplemente a enviarle un correo, y dejarle hacer, confiados de sus aptitudes para trabajar tras la pantalla.– ¿Qué pasa? –Frases mucho más formales y educadas no estaban en ningún lugar de su historial mental.




Última edición por Feliks Axmann el Jue Nov 29, 2012 10:05 pm, editado 1 vez


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Re: El Alma es Invisible, con Gustav Maier

Mensaje por Gustav Maier el Jue Nov 29, 2012 5:32 pm

El alma es invisible




Berlin || 29 de Noviembre || con Feliks Axmann



Le habían encomendado una misión, una de tantas que le llegaban mediante correos o notas entregadas en mano y la que ahora tenía por delante no podía ser más inusual, tanto así que Gustav la releyó una y otra vez temiendo no haber comprendido bien las escuetas palabras de la nota. Finalmente quemó el mensaje y tras fumar un cigarrillo terminó de corregir los artículos para el día siguiente.

Dos largas horas en que sus ojos sólo leyeron palabras y más palabras, eran las 02:00 ya cuando terminó pero no estaba cansado en exceso, supuso que quién debía ir a buscar aún se encontraría en su cubículo por lo que se dio el tiempo de mojarse el rostro con abundante agua fría y bajando por las escaleras siguió rumbo al estacionamiento. El conserje y las personas que hacían el aseo estaban ahí aún, les saludó ya que los noctámbulos se conocían entre todos y no se detuvo hasta llegar hasta su moto honda ST 1300 de color negro. Esa moto era su devoción y tomando el casco se lo puso al tiempo que se acomodaba la chaqueta de cuero, no era una noche fría, al contrario, era extrañamente templada y prestando atención a cualquier ruido encendió el motor y salió acelerando.

Amaba conducir a esas horas, sin tráfico ni peatones imprudentes, podía pasarse todos los semáforos en rojo que quisiera y pasaba inadvertido. Siguió por las calles principales y doblando hacia una lateral se metió por lugares sin iluminación más que la que proyectaban los faros de su moto y se detuvo frente a un bloque de apartamentos viejo y algo oculto, miró alrededor antes de apearse y sólo había basura y ratas correteando. Miró su moto dos veces antes de decidirse a dejarla ahí hasta que con el casco en la mano entró.

Había una recepción dónde un guardia medio adormilado apenas si lo miró y dirigiéndose al 5° subió las escaleras a grandes zancadas esperando no haber llegado demasiado tarde y grande fue su alivio al divisar luz aún en ese piso y, a su ocupante en el cubículo, dio unos golpecitos para alertarlo, bastante más tranquilo de lo que solía ser habitualmente y con una sonrisa amable murmuró: -¿Feliks verdad? me enviaron a buscarte así que ve apagando ese ordenador y sal de éste lugar, ya es tarde muchacho - sonrió más aún pues le hablaba como a un niño pese a que el hombre que lo miraba con cierta sorpresa sólo tendría un par de años menos que él.

Fue hasta una máquina expendedora y sacando dos bebidas en lata le lanzó una mientras abría la suya y bebía apoyándose en el muro frente al cubículo. Lanzó una mirada contemplativa a todo el lugar, se parecía un poco al periódico dónde el trabajaba y suspiró: -¿No te aburres en este lugar? - No terminaba de entender por qué le habían dado esa "misión" la paciencia no era su fuerte pero conocía al anciano del remitente y le apreciaba un poco, por lo que podía ser amable y eso, no lo mataría.




Última edición por Gustav Maier el Vie Nov 30, 2012 1:25 pm, editado 1 vez


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Re: El Alma es Invisible, con Gustav Maier

Mensaje por Feliks Axmann el Jue Nov 29, 2012 7:45 pm



El Alma es Invisible



29 de Noviembre ○ 02:40 Hrs ○ Con Gustav Maier

Era difícil e imposible seguir las notas que circulaban de mano en mano, pero, gracias al filtro independiente que desarrolló, no había correo que se le pasase por alto, mucho menos si tenía su nombre. Y por eso le miraba así, más que confundido. Nadie iba a verle, y menos con un objetivo tan drástico como sacarlo de su cuchitril. Aunque tampoco se veía tan lunático; tenía dos pantallas, algunos procesadores externos apilados y funcionales, núcleos de emergencia, y otras cosas indefinibles. Cualquier otro habría necesitado el doble o el triple de lo que tenía él para lograr la mitad de lo que hacía. Era un genio, un obseso, como cualquiera que no tiene a qué más dedicar sus días, y con un pasado en el que se acostumbró a la soledad y la quietud, sólo reclamaba cuando la comida llevaba un par de días sin poder ser pagada. Y ahorraba tanto como podía, aunque lo que tenía de un par de años apenas si alcanzaba para unos veinte euros. Y la verdad, no quería ni tocarlos, pensando que si algún día enfermaba, le servirían de algo.

¿A buscarme? –Lo miró todavía descolocado, sin moverse de cómo estaba, con un pie sobre el borde de la silla, y los brazos descanso en cada soporte para los mismos. Receloso, frunció el ceño, y se volteó a ver las dos pantallas, cada una mostrando realidades diferentes de la memoria, de ese universo intangible en el cual él tenía la calidad de Dios. Aunque seguía sintiéndose un asno. Y ese tono más para un niño le recordó vagamente a cuando le decían que saliera de su claustro para hacer “pedidos” a domicilio. Le daba asco pensarlo si quiera.

De nuevo giró en su silla, mas ya no había nadie, ¿Tal vez ese hombre rubio era un fantasma? ¿La representación de todos sus deseos? Ese que consistía, secretamente hasta para él, en oír alguna vez que alguien quería que dejara todo eso, y le llevasen a un lugar mejor, a saber quién era, a saber quiénes fueron su familia, tal vez hasta tenía hermanos, y… ¿Su padre sería como él? ¿Tendría los ojos de su madre. El espectro probó no ser tal, cuando le lanzó una lata que atrapó apenas, suspirando, tremendamente confundido aún.

No –Respondió pronto y casi por inercia, sin abrir la lata, volviendo a mirar las pantallas, aunque se puso de pie ahora, para que no pareciera que no iba a acatar, pues no quería conflictos, no conocía a ese hombre, no sabía si intentaría llevarlo a la fuerza, y la idea le daba pánico. Su cerebro no procesaba esas situaciones como lo hacía el promedio, no vislumbraba la defensa como una opción, pues la única vez que trató, terminó medio muerto en la puerta de un hospital.

Le tomó un rato, pero lo que hacía tal vez parecería lo suficientemente interesante al hombre. Cerró varias sesiones, como si en su ordenador, tuviese otros tantos, muchos, y las pantallas se apagaron al mismo tiempo que el sistema completo. Después tapó los ordenadores con una manta ligera, algo vieja también, como todo ahí, menos su rostro joven.– ¿Debo llevar algo? –Preguntó dubitativo. Se notaba a leguas que era inseguro, y más aún, que no quería salir de ahí, actuaba como un gato en casa de perros, incluso en ese lugar que era suyo, ahora un sujeto que no conoció antes cara a cara le decía que tenía que ir con él.

Era, físicamente, un hombre hecho y derecho, pero se veía reducido por ese temor a la vida, a la gente, más a otros hombres que a las mujeres, puesto que quienes le dañaron toda su vida fueron enfermos, depravados, hombres todos. Y psicólogos o lo que necesitase no estaban ni estuvieron nunca a su alcance. Sólo se tenia a sí mismo, y no sentía que pudiese funcionar de otro modo. Sabía que de haber tenido, se habría llevado en el bolso que levantaba, una computadora portátil. En el mismo morral había una billetera burda, negra de cuero, donde estaba su documentación, una cajetilla prácticamente llena, un encendedor, y un suéter muy delgado, gris oscuro.




Última edición por Feliks Axmann el Jue Nov 29, 2012 10:05 pm, editado 1 vez


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Re: El Alma es Invisible, con Gustav Maier

Mensaje por Gustav Maier el Jue Nov 29, 2012 9:02 pm

El alma es invisible




Berlin || 29 de Noviembre || con Feliks Axmann



Le observaba mientras bebía su coca-cola, pese a la hora el sueño no tenía lugar y no era por tener que cumplir con su objetivo...El insomnio era parte de su vida y el culpable de que su mente fuera disgregándose lentamente creando cada vez más pensamientos destructivos que sólo refrenaba porque todavía era capaz de actuar de manera cuerda. Aunque existían días que él denominaba "nefastos" en los cuales le hormigueaba el ansía de hacer pedazos, esos días eran especialmente intensos y quienes pagaban los platos rotos: sus colaboradores. Esos días todo estaba mal y sus gritos resonaban hasta que se largaba del periódico, generalmente se iba al "Clavo Oxidado" a beber y luego a buscar pelea, a follar, a leer o lo que fuera hasta que quedaba tan agotado física y mentalmente que, por fin conciliaba el sueño.

Ahora mientras esperaba a que el muchacho terminara sus asuntos tenía un montón de cosas en mente, los artículos del día siguiente, unos libros pendientes y que los dedos le pedían tocar la guitarra hasta dejarle marcas en las palmas de las manos. Era obsesivo con las personas y también con sus aficiones llevándolo todo al extremo sin términos medios, arrugó la lata observando los movimientos casi temerosos del otro y arrugándola la lanzó a un basurero acertando.

-No sé que vayas a necesitar, si estás abrigado y tienes tus aparatos creo que no es necesario que cargues muchas cosas...Además tengo una moto allí afuera - él tampoco sabía por cuanto se prolongaría aquello si debía distraerlo,forzarlo a salir o qué...Era lo que detestaba de las misiones vagas aunque si era por imaginación, se le ocurriría algo. De momento lo que le intrigaba era el actuar del otro, tan tímido y cómo asustado. Se le acercó intentando poner una expresión amable: -Oye muchacho, no te haré daño ni te llevaré a la fuerza y, si me temes por la cicatriz fue un accidente...No me gusta la violencia y se que necesitas tu espacio, podemos caminar si gustas no pretendo incomodarte.

No mentía, podía ser un desalmado pero respetaba los espacios ajenos ya que él odiaría si se metían con el suyo. Se acomodó la chaqueta y echó a andar adelante evitando el ascensor. Feliks no tardó en unirse a él y ambos bajaron sin decir demasiado, él no quería contarle que le habían enviado a sacar al otro de ahí y prefirió inventar algo más ameno y menos radical,por primera vez en su vida. Le sonrió y saliendo al exterior comprobó aliviado que su moto seguía ahí y que la madrugada no era fría.



Última edición por Gustav Maier el Vie Nov 30, 2012 1:26 pm, editado 1 vez


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Re: El Alma es Invisible, con Gustav Maier

Mensaje por Feliks Axmann el Jue Nov 29, 2012 10:02 pm



El Alma es Invisible



29 de Noviembre ○ 02:40 Hrs ○ Con Gustav Maier

Él no sufría eso, aunque dormía poco, era más porque prefería estar todo el día en su silla antes que tener que soportar el hedor a moho de ese colchón que todavía nadie le cambiaba, y, como pedir muchas cosas, le daba miedo solicitar uno mejor, más por las burlas que creía, podría recibir, que por creer que fuesen a lastimarlo, que dudaba, sabía que su trabajo era valioso. Y estaba acostumbrado a sentirse cansado. Era una realidad un poco cruel, y era mucho más inmensa de lo que todos podían ver, pero éste joven se sentía algo podrido, indigno, y por ello se mantenía al margen, y vivía como podía, pero si dejaban de pagarle lo poco que hacían para la comida, se moriría de hambre que pedirla.

No respondió nada, sólo asintió, compresivo de esas palabras, las primeras, donde se afirmaba que había una moto. Definitivamente salir de su cuarto de computadoras era tan peligroso como montar un avión de dos motores con un disfuncional. Creyó por un momento que iba a morir en el recorrido, pero después se dijo que no había que ser tan exagerado, tal vez el aire fresco le haría bie. Sí, claro, claro. Paladeó, y estuvo a punto de despedirse de sus máquinas con una mirada, cuando Gustav se acercó, con un gesto menos parco, más agradable, pero que él no podía creer, pues… ¿Cuántas veces le tocaron hombres que ponían esas expresiones para intentar relajarlo? Prefería no mirarlo a los ojos, no mientras no confiara.

Ni siquiera había reparado en ella –Respondió a lo último, negando.– Estoy bien, es sólo que… nunca me habían pedido algo así, y no sé a qué se debe que lo hayan hecho de pronto –Y con eso se refería a la orden que le dieron, suponía, aquellos que querían que dejara el laboratorio de computadoras.

Apenas si recordaba esas escalas que bajaban, el ascensor le daba pánico, y ni los pasillos los recorría mucho. Sólo sabía que pagar las gaseosas de la maquina al final del pasillo no era necesario si de daban un par de golpes suaves en la altura del traga monedas. Un aparato tan viejo tenía sus mañas. Tenía que mirarlas para bajar, y andar del pasa manos. No estaba acostumbrado, por más que lo hubiese practicado ya, no tenía esa confianza que se adquiere en la infancia para moverse con brusquedad, pues era, en otro tiempo, prácticamente la chinchilla de sus raptores, y vivía en un cuarto que sería su jaula, y no había ni rueda de ejercicios, ni libros, apenas luz, a veces agua, comida mala, sobras, en verdad. Lo que habían hecho con él fue una tortura, una de la que sólo él y quien murió, junto con una tropa de pedófilos que pasaron por su cama, conocían. Pero lo más importante y doloroso, era que sólo él podría hablar de ellos, y le provocaba asco, bochorno.

Al fin estuvieron frente a la motocicleta, que parecía estable, y tenía otro casco, que supuso, usaría él, pero no lo tomaría ni lo pediría, todavía no se sentía capaz de mucho. Bufó, y miró el cielo, antes de respirar hondo, muy hondo. Olía diferente ese mundo externo, casi como otra dimensión.

De nuevo miró el vehículo, rodeándolo. Jamás se había subido a algo así, y Gustav se sorprendería de la infinidad de cosas que nunca hizo en la vida, o lo tarde que hizo otras.

Al final, no supo cómo colocarse el caso que tenía asignado, y se quedó mirando el vacío dentro del mismo, sin pedir ayuda, tan claustrofóbico que la idea de meter su cabeza allí, primero, le causó repelus.– ¿A dónde vamos? –Preguntó como de pasada, algo rápido.– ¿Tienes leche? Hace años no tomo leche –No sabía porqué se le antojaba, mientras guardaba la lata de gaseosa llena en su bolso.

Podía parecer un tanto ridículo, pero era así cómo funcionaba él, con cierto toque absurdo, no era un retrasado mental, pero preguntar nimiedades de esas, que parecían inútiles, era su especialidad.




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Re: El Alma es Invisible, con Gustav Maier

Mensaje por Gustav Maier el Jue Nov 29, 2012 10:53 pm

El alma es invisible




Berlin || 29 de Noviembre || con Feliks Axmann



Él estaba dañado, había nacido así y una infancia en dónde le reprimían hasta el aire había acabado por convertirlo en un rebelde, de lo contrario lo más seguro es que estuviese en un seminario para sacerdotes y antes se arrancaba un ojo que tolerar una existencia así. Por su misma forma de ser notaba lo sumamente diferente que era Feliks e intuía, a medida que observaba su escasa capacidad para tomar iniciativas, el por qué le habían pedido a él que le arrancase de su cubículo...Era algo más que eso y, notó cierto sentimiento de calidez hacia aquel hombre que parecía más temeroso e infantil que un niño.

Mientras se ponía el casco miraba de reojo que su compañero parecía indeciso y, ayudándole a colocarse el mismo contestó a sus preguntas: -A mi casa, queda cerca de aquí... - le miró extrañado y asintiendo lentamente dijo: -Si, tengo leche chocolatada - sin añadir más palabras se subió a la moto y encendió el motor mientras esperaba que Feliks se decidiera, al verle sentarse detrás exclamó en voz alta: -¡Sujétate fuerte!. Aceleró, acostumbraba a conducir de esa manera y más si era madrugada, sentir el viento en el rostro y tener las calles vacías le permitían gozar de un momento de libertad: le gustaba imaginar que vivía en una ciudad desierta.

El edificio dónde vivía estaba a más o menos una docena de calles, a esas horas pocos automóviles circulaban y él escogió aquellas calles laterales que le permitían ir a gran velocidad e incluso pasar semáforos en rojo. No hablaron durante el trayecto pues no acostumbraba a alzar la voz excepto cuando hervía en cólera, en ocasiones aminoraba la marcha para no parecer un salvaje al volante y no tardaron más de 20 minutos en hacer un trayecto que con tráfico,le tomaba una hora.

Estacionó en su lugar indicado y dejó ambos casos asegurados a la moto, echó a andar adelante con seguridad y abrió las puertas de vidrio, eran pesadas. En el interior estaban los dos conserjes impecablemente vestidos quienes les saludaron por cortesía. El lugar era elegante pero no era un área de clase alta, tal vez media acomodada si es que había que definirla. Gustav esperó a Feliks y comenzó a subir las escaleras con lentitud. -Odio los ascensores por si no te diste cuenta y trato de evitarlos siempre que puedo - observó ascendiendo, las escaleras eran amplias y bien iluminadas al igual que los pasillos. En el cuarto piso continuó por un pasillo alfombrado hasta llegar al último apartamento, sacando las llaves de su bolsillo abrió la puerta y empujándola con suavidad encendió la luz y lo hizo pasar.

-Adelante, no tengo mascotas así que nada te saltará encima - esbozó una sonrisa y cerrando la puerta tras de sí activó el aire acondicionado mientras depositaba las llaves de la motocicleta y de su casa en un cenicero de vidrio. Se quitó la chaqueta de cuero y miró la hora en el reloj mural: Iban a ser las 03:00 y aún no tenía ni pizca de sueño, girándose hacia el callado muchacho le ijo: -¿Quieres comer algo? tengo pizza y pastas instantáneas, algo de sopa... - se apoyó en el respaldo del sofá observándolo con tranquilidad.





Última edición por Gustav Maier el Vie Nov 30, 2012 1:26 pm, editado 1 vez


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Re: El Alma es Invisible, con Gustav Maier

Mensaje por Feliks Axmann el Jue Nov 29, 2012 11:52 pm



El Alma es Invisible



29 de Noviembre ○ 02:40 Hrs ○ Con Gustav Maier

Toda la galaxia sabía que, mejor que la leche, era la leche chocolatada, y se notaba en sus ojos la alegría de saber que iba a probarla otra vez, pues sólo la recordaba de días en el hogar de menores, y no era tan buena, pero valía la pena. Se dejó acomodar el casco, cerrando los ojos como un perro al que le encajan a la fuerza un collar isabelino. Se sintió algo atrapado al comienzo, pero no era igual que estar en un pequeño cuarto. Logró no perder la calma, y es más, recuperó muchas al subir a la moto. De pronto sopesó las posibilidades; iría a un hogar de verdad, y con semejante vehículo, Gustav no debía tener un mal pasar. Sujetándose fuerte, lo sintió acelerar, llegando él a aferrarse a su cintura, en una mezcla de miedo y emoción. Esa velocidad era estimulante, pero desconocida. Se olvidó de las posibilidades de accidentarse, o de que existían cosas como eso, y hasta olvidó que la muerte era real. Era como volar, y de haber sido un poco más ignorante, habría abierto los brazos, y habría volado.

De a poco el calor del motor y el viento en la cara se alejaron, estacionando su anfitrión frente a un edificio que sobrepasaba cualquiera de sus expectativas, miró hacia arriba, esperando que viviese en el último piso, para poder verlo todo. Los conserjes le saludaron, y se detuvo a observar un poco la recepción, antes de seguirlo por las escaleras subiendo sin prisas, de a poco fue imaginando que subían, y estuvo seguro de que ya no quería que viviera en un nivel tan alto, o no podría asomarse a mirar por las ventanas.

No deberían existir a menos que seas un anciano o un inválido –Comentó por lo de los ascensores. Para él eran un calvario, y lo peor pasaba cuando se fijaba en sus colores interiores, que tendían a ser maderas marrones, agrías. Demasiadas memorias en un lugar demasiado pequeño.

Llegados, avanzó siempre más atrás, por el pasillo, mirando los detalles, la alfombra, algunos cuadros colgados, las luces, y los números de las puertas, memorizando fácilmente los números de la de Gustav: - 408 -. Parecía un lugar al que le darían ganas de volver, aunque no le dejara el otro, tal vez, pues ni él mismo conocía sus hábitos en un lugar que podía considerarse una casa de verdad, aunque estuviese en un piso elevado. Tuvo el privilegio de entrar primero, y la luz se encendió ante él, como la puerta se le cerró detrás. Aunque no tuvo miedo, esas luces intensas, pero no demasiado, le calmaron, y el lugar era bonito, de alguna forma, acogedor. Él no imaginaba así los departamentos, o lo que fuese. Hasta los colores tenían patrones en su cabeza, que ahora mismo se expandían. Y le habría importado poco que algo que la saltara encima mientras fuese suave y acariciable como los cachorros.

Sólo la leche ahora, gracias –Respondió por inercia, dejando el bolso en el sofá, acercándose a paso medido hacia las ventanas, para mirar, Alemania nunca se vio tan genial, y en su laboratorio las ventanas estaban tapadas con barrotes, para que nadie de ninguna clase intentase robar algo a los terroristas. Mirar por allí era como estar en la cárcel. Pero ahora era libre, y se dio cuenta de eso.

Luego podríamos comer pasta, no tengo nada de sueño –Lo miraba a él ahora, y le agradó sentir que era como hacer un amigo, aunque probablemente para Gustav tenerle allí era un trámite, no se haría problemas en disfrutar tanto como pudiese algo que podría no repetirse jamás. Por un rato pudo también olvidarse de sus computadoras, demasiado fascinado con la idea de estar por primera vez en un cuarto así de agradable.

Se dio el tiempo también de mirarlo como correspondía, mal adiestrado en el disimulo, sus ojos reflejaban curiosidad, y aunque decía tonterías un tanto infantiles, no dejaba de sonar como un hombre adulto. No se sentía así, pero aquel cuento era otro.




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Re: El Alma es Invisible, con Gustav Maier

Mensaje por Gustav Maier el Vie Nov 30, 2012 2:14 pm

El alma es invisible




Berlin || 29 de Noviembre || con Feliks Axmann



No se sentía demasiado incómodo por haber traído a un extraño a su departamento, veía que el muchacho no parecía albergar malos sentimientos y lo examinaba todo con una curiosidad que le resultaba divertida, hasta a él. Se preguntó dónde había estado encerrado durante toda su vida pues justamente eso le parecía mientras le observaba curiosear como si en lugar de un ser humano,fuese un gato.

Gustav se levantó del sofá y caminando con lentitud fue hacia el refrigerador y sacando una caja de leche chocolatada le sirvió un gran vaso. Cuando estaba sin compañía, o sea el 99% de las veces, solía beber café y apoyarse en los ventanales mirando la ciudad hasta que caía rendido de agotamiento y lograba dormir, con suerte, unas tres horas. Estaba tan acostumbrado a dormir poco que encontraba que todo el mundo tenía genes de marmota, menos él. Mientras llevaba el vaso con leche para Feliks, él tenía otro con agua mineral y tendiéndole el brebaje, se sentó a su lado y bebió.

-Cuando sientas ganas de descansar, tengo una habitación de huéspedes...Por mí no te preocupes, con un par de horas ya estaré bien - le dedicó una sonrisa amable y cruzando una pierna sobre la otra se echó hacia atrás apoyando la cabeza en el respaldo del sofá -Te preguntarás por qué te saqué de allí...No es sano permanecer demasiado tiempo encerrado, por muy cómodo que estés en un sitio terminas perdiendo la facultad de relacionarte con la gente - puso una mano en su hombro -Eres listo y atractivo, deberías andar rompiendo corazones por ahí y dejar de amar a tus computadoras.

Se apartó, no quería invadir su espacio ni fastidiarlo con demasiados consejos, ya que a él mismo no le gustaban. Bebió de su agua mineral viendo a través de los ventanales la mayoría de los apartamentos del edificio de enfrente a oscuras. Si hubiese otro insomne por ahí no le molestaría un poco de compañía de vez en cuando. Retomó el hilo de sus pensamientos y susurró: -Si quieres venir a verme, puedes hacerlo cuando gustes...Desde que mi esposa murió no traigo a nadie a este lugar, creo que yo también me he encerrado un poco dentro de mí - Suspiró y se apartó unos mechones rebeldes del rostro, no sabía cómo llegar a Feliks y sólo intuía que debía ser paciente y comprensivo para no forzarlo a hablar si no quería ni tampoco llenarlo de consejos que el otro no había pedido.



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Re: El Alma es Invisible, con Gustav Maier

Mensaje por Feliks Axmann el Vie Nov 30, 2012 4:00 pm



El Alma es Invisible



29 de Noviembre ○ 02:40 Hrs ○ Con Gustav Maier

Muy contrario al caso usual, Feliks no pretendía lastimar al mundo con la excusa de devolver el favor, no estaba en él la intención de que otro sufriera algo igual o similar, valía más que eso, y haberlo vivido tan horriblemente le quitaba todo deseo de siquiera intentarlo, porque hasta le parecía una tarea dura el descargar tan nefastos sentimientos frente a alguien, fuese quien fuese. Y tampoco se preguntaba por qué a él, sería añadir una tortura extra a su existencia. Ya le había bastado.

Su entusiasmo se acrecentó al ver cuánta leche le servía, y con impaciencia esperó a que se la acercara, sin ser capaz de arrebatar nada de las manos de nadie, como para ir a buscarla él mismo. No temió a nada, Gustav parecía tranquilo, hasta relajado, incluso con tan extraño huésped a su cargo. Bebía, lenta pero constantemente, con la boca pegada al borde del vaso, y sus ojos azulados, o grises, o verdes, o el color que fuesen, le prestaban atención. Asintiendo apenas, comprendía que tal él y Gustav tenían hábitos de sueño similares. Claro, por razones muy diferentes.

Sí se tensó cuando fuese tocado por el hombro, un tanto descolocado, bufó nervioso.– Podrías decirme quién te envió –Pidió en tono suave. Su voz tenía matices de nueva, aunque ya no era la de un niño ni la de un adolescente, y sí la de un adulto, parecía poco usada, parecía tan clara e inmaculada. Ciertamente, cuando niño manejaba poco el lenguaje, muy poco, y en el hogar de menores aprendió a comunicarse con un poco más de naturalidad, pero seguía siendo difícil para él expresar todo lo que sentía, carente de esas nociones, al menos sabía leer, y se manejaba con el lenguaje de su mundo de computadoras.

Listo y atractivo. Dos adjetivos que no se atribuía, y de corazón sintió que tal vez estaban jugando con él, y por eso había alguien adulándole de esa manera, por eso Gustav intentaba hacerle creer cosas que no eran. Querían algo de él, para variar. Suspiró, sin evidenciar su incredulidad, pero sí algo de incomodidad. Muchos estaban en peor situación que él, se dijo, y logró recuperar algo de calma.

¿Venir a verte? –Ladeó el rostro, mientras se ponía de pie, algo ido, comenzó a caminar más observador, por todo el cuarto, y no dudo en abrir cuánta puerta y cajón se cruzara en su camino, sin importar lo que encontrara, no decía nada, todo le parecía fascinante, por más simple que en verdad fuese, dejó el vaso vacío a un lado, y se entretuvo hurgueteando un cajón que contenía adornos de madera, pequeños animales sin color pero muy detallados. Y tal era su carencia de comportamiento social, que los tomó todos con cuidado, y fue acomodándolos calmadamente en la mesa del comedor. No estaba jugando, y tampoco quería llevárselos, no los robaría, sólo deseaba verlos bien.– ¿No deberían estar adornando algo éstos? –Preguntó despacio, sin sopesar en lo que su osadía podía o no provocar.




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Re: El Alma es Invisible, con Gustav Maier

Mensaje por Gustav Maier el Vie Nov 30, 2012 7:06 pm

El alma es invisible




Berlin || 29 de Noviembre || con Feliks Axmann



Tal como pensaba su compañero no pareció tomar muy bien sus consejos y, tal vez para alejarse de él, se levantó del sofá y empezó a curiosear los contenidos de las gavetas. Aquello no le molestó, era Feliks, otro cantar sería si alguien diferente empezaba a dar vueltas por su apartamento viéndolo todo. Sabía que no tenía nada peligroso o que fuera a explotar por ahí y se quedó contemplándolo en su recorrido unos segundos y luego intentando poner su mente en blanco a ver si el sueño tenía lugar.

Nunca había entendido a quienes meditaban, él no era capaz de no pensar nada y tampoco lograba concentrarse en su respiración o sus latidos. Siempre tenía algo rondando su cabeza y ahora, le había asaltado la idea de llevar a cabo alguna acción violenta...Hacía mucho que su espíritu belicoso se encontraba dormido, no necesitaba sexo, lo que necesitaba era sangre y los inocentes que perdían la vida en ataques terroristas, para él no contaban. Gustav sintió que le hormigueaban los dedos, pero no iba a satisfacer esas ideas asesinas con Feliks, extrañamente ese hombre no sacaba sus instintos más básicos a flote, y como si lo supiera comenzó a sacar figurillas de madera de un cajón haciéndole volver a la realidad.

El rubio se puso de pie y acercándose a la mesa tomó una de las figuras con sumo cuidado mientras una sonrisa de añoranza hacía que sus facciones se suavizaran, sostenía la figura como si ésta fuera de cristal y mirando un caballito de madera susurró: -Antje las tallaba en sus días libres, cuando perdía un litigio o las cosas conmigo no salían como ella quería se metía a su taller... - su mirada celeste se dirigió hacia el pasillo en dónde se encontraban las habitaciones y luego a Feliks -Se suponía que yo debería haberlos pintado, me quedé sólo con esas que eran sus favoritas: un caballo, un conejo, un corazón, una mariposa y la luna y el sol...El resto lo regalé al igual que la mayoría de sus objetos personales, su ropa, sus joyas.

Soltó el caballo de madera y se alejó de la mesa, su expresión ahora era neutral y no demostraba que aún le dolía hablar de ella. Habían pasado 3 años o más y el recuerdo continuaba ahí como algo molesto, como algo que le recordaba que no era tan malo como pretendía aparentar. De pronto Gustav miró su reflejo en un espejo del salón y pensó, por unos segundos, que de no tener esa cicatriz su rostro se vería tan vulnerable como se sentía en ocasiones. Y también se vería menor, no quería que los demás leyeran en él como en un libro abierto y con ese hombre, su guardia bajaba...Le había traído a su apartamento,le hablaba de su esposa ¿Por qué? esa pregunta se encendió como un cartel luminoso en su cerebro y se dio cuenta que le daba la espalda.

-Es tarde Feliks, o bien muy temprano según cómo veas las cosas...Debo estar en el periódico a las 08:00 - se acercó a él y le indicó el pasillo -La tercera puerta a la izquierda es el cuarto de invitados, hay cobijas en el armario y te prestaré uno de mis pijamas - caminó hacia su habitación y buscó en los cajones superiores hasta dar con un pijama celeste de algodón nuevo, se lo tendió al hombre de ojos verdes con una sonrisa y añadió: -Dejaré la puerta entreabierta por si necesitas algo, debo...intentar dormir o empezaré a hablar tonterías.



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Re: El Alma es Invisible, con Gustav Maier

Mensaje por Feliks Axmann el Sáb Dic 01, 2012 12:11 am



El Alma es Invisible



29 de Noviembre ○ 02:40 Hrs ○ Con Gustav Maier

Peor que tomarlos mal, los consejos de Gustav superaron todas las expectativas que tenía de él mismo, y de manera demasiado drástica. Era trágico y hasta patético saber que quienes se le acercaran, debían hacerlo con lentitud, en todos los sentidos posibles, y mucho más porque no estaba en su refugio, en su zona segura. Aunque ese apartamento le agradaba, seguía sin ser su sitio, por más amable que se presentase el mayor. Era algo de él mismo.

Esa añoranza en su sonrisa le hizo pensar que tal vez esas figuras tenían más valor del que él calculó, y quizás tomarlas no fue la mejor idea, pero tampoco parecía enojado. Se mantuvo calmado, y más por oír la historia. Le fascinó, mientras movía entre sus dedos la figura del conejo. Estaba sobre sus patas traseras, con las manos alzadas, y parecía alerta. Le cautivó esa imagen, le recordó un poco a cómo se sentía él. Quiso pedirlo, pero algo de respeto natural había en él, y se quedó callado largo rato.

Lo siguió con la mirada, girándose en la silla para hacerlo bien, sin notar la expresión neutral, pues le daba la espalda. Una parte que podía definir muy bien era esa, la espalda de todos. Bajó la mirada, y respirando hondo, y pensó en la cicatriz que Gustav tenía en el rostro. Él mismo tenía varias, pero eran poco notorias, y bastante parejas con respecto a la textura de su piel, así que no eran el recuerdo más vívido de sus experiencias, no tanto como sus propios ojos, cuando se recordaba devastado después de saber que no era más que un esclavo, y todavía lo sentía así, todavía no daba vuelta esa página, porque nadie le dio, le daba ni parecía que le daría, lo que realmente le hacía falta: Amor. Una cursilería hablada a la ligera.

Indicado, miró el pasillo que Gustav señaló, después de hacerle entender que debía irse ya a dormir. No pudo siquiera pensar en lo que podía decir para negar la pijama, deseando como último molestarlo, pero ya le veía venir con la prenda celeste, de algodón. Una pijama de verdad. Todo lo que Gustav daba por sentado, para él, era nuevo, invaluable.

Muchas gracias –Dijo, acariciando la pijama suave, suspirando con fuerza.– Descansa –Susurró por inercia, poniéndose de pie, tomando su bolso del sofá, caminó hasta el cuarto indicado, mirando dentro de cada puerta entreabierta, para saber cuál de todas era el baño.

No se atrevió a entrar a ese cuarto, por más bonito que se viera cuando encendió la luz, era un tanto solitario para cualquiera como él alejarse de alguien agradable. Habría sido más aceptable de haber sido dejado en su laboratorio, pero estaba en terrenos aún extraños, y se preguntó si tal vez podía buscar más leche, para intentar conciliar el sueño.

No lo intentó cuando le vio entrar a la habitación, bufando, entró a la suya, y poniéndose la parte alta de la pijama, se echó, sin conciliar el sueño hasta una hora después, en la que pudo preguntarse muchas cosas, en especial, porqué Gustav había sido enviado, como decía, a buscarle.

Nada tenía sentido, pero... daba igual.




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Re: El Alma es Invisible, con Gustav Maier

Mensaje por Führer el Vie Dic 07, 2012 1:04 am


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