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Hay un cierto placer en la locura, que solo el loco conoce. || King.

Mensaje por Wilhelmina T. Spremberg el Jue Nov 29, 2012 8:14 pm

Calles de Berlín, 01:30Hs


Wilhelmina humedeció sus labios discretamente, mientras doblaba una esquina y cruzaba la calle que la conduciría hasta la casa que compartía con sus abuelos y su hermana. El frío de otoño -y que fácilmente se podía confundir con invernal- la hacía estremecer de pies a cabeza. Se encontraba preocupada. Y a pesar de que su semblante transmitía inexpresividad a simple vista, su mente se encontraba trabajando incansablemente. Estaba agotada. Mentalmente. Erik había logrado que su cerebro suspirara agónicamente antes de desfallecer por completo. La reunión había tomado más tiempo del que hubiera querido, y su gemela había partido antes con la excusa de que debía hacer unas cosas. Caminar de forma solitaria por las calles berlinenses, no la ayudaba a despejarse. Los terroristas no estaban dando muestras de vida, y tenía la desagradable sensación de que lo harían recién cuando la población ya se comenzara a acostumbrar a la tranquilidad. Tranquilidad. Wilhelmina cerró sus ojos al pensar en aquella palabra, deteniéndose por unos instantes y mirando hacía abajo. Una palabra que escaseaba en esos tiempos, pero que tanto necesitaba. ¿Cuándo había sido la última vez que había salido sin necesidad de su Colt Government? Ni siquiera lo podía recordar. Tampoco podía recordar cuando había sido la última vez que había visto a una familia, jugar tranquilamente en algún parque de diversión. Todo eso desapareció Wilh. Suspiró pesadamente, guardando sus manos dentro de los bolsillos de su abrigo y retomó camino cruzando otra calle. La zona se encontraba completamente desierta y solo los pasos de la chica podía escucharse en aquella parte. La ciudad dormía y ella esperaba hacer lo mismo pronto.

Hay que estar preparados. No debemos dejar que nos sorprendan. Las palabras de su líder resonaron en su cabeza, y la rubia masculló una maldición entre dientes, sin dejar de caminar. Aún le quedaba un buen tramo antes de llegar a su casa, así que aprovecharía para sopesar las palabras que había escuchado de Erik aquella noche. Rememoró las discusiones, las peleas, los pasos a seguir. Recordó la zona que le había tocado patrullar, en compañia de Noëllie y Lutz Jr y dobló otra esquina, apoyándose contra la pared unos momentos. No creía que todo estuviera bajo control como lo habían dicho aquella noche. Sentía que los jodidos cabrones se encontraban a un paso más adelante que ellos y la enfermaba. Tanteó en sus bolsillos hasta dar con la cajetilla de sus cigarrilos, y sacó uno encendiéndolo y retomando por segunda vez la caminata. El frío seguía colando la ropa abrigaba que llevaba puesta, pero ya era un problema menor. Una bocanada, el humo que salía de sus labios, y con ello la desaparición de un malestar que sentía en su interior. Relajarse. Era lo que Wilhelmina necesitaba. ¿Pero cómo relajarse? Tiempos duros, difíciles. No se podía dar el lujo de relajarse como realmente lo deseaba. Dio otra pitada a su cigarro, expulsando el humo de forma lenta y mirando a su alrededor. Todos sus sentidos estaban en completa alerta, no le gustana que nadie la tomara por sorpresa. Y a pesar de estar sola, la chica no podía evitar sentirse observada. Paranoica. Miró hacía atrás, aparentando perfectamente un movimiento distraído, y al no descubrir a nadie, se maldijo a sí misma. Deja de comportarte como una perseguida Spremberg se regañó a su misma, dando otra pitada y tirando el cigarrillo, enfadada. Estaba viendo fantasmas donde no los había y eso la sacaba de quicio.


Última edición por Wilhelmina T. Spremberg el Sáb Dic 01, 2012 2:03 pm, editado 1 vez


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Re: Hay un cierto placer en la locura, que solo el loco conoce. || King.

Mensaje por Ahren G. Schult el Vie Nov 30, 2012 10:57 am

Seguir el rastro de alguien, al contrario de lo que muchos creen es una de esas cosas relativamente sencilla cuando se tienen ciertos privilegios, y no voy a negar que soy uno de esos que pueden saltarse alguna que otra ley si es por la seguridad nacional, toda un arma a mi alcance. Saber los itinerarios de aquella chica rubia no había sido tan difícil, y tampoco conocer el círculo de personas con las que se movía. Interesante. Al abrigo de un coche, en una de esas calles que tenía que patear de forma obligatoria para llegar a su destino, y también al abrigo de ese frío que ya empezaba a molestar a más de uno y que a mí me reconfortaba. Dejé la pipa acabada de consumir a un lado y salí del vehículo cerrándolo con el mando automático. Mis pasos, seguros y silenciosos siguieron a una distancia respetable los de Wilhelmina Spremberg, esa joven de ojos claros que entre otras muchas cosas había conseguido cautivarme, casi tanto como sacarme de quicio, con sus pensamientos morales y correctamente éticos presentados por encima de cualquier cosa. Esas utopías que sin duda alguna tienen todos los jóvenes en sus cabeza hasta que se dan de bruce con la cruda realidad, puede que ese sea el motivo de la felicidad en aquellos que aún no se han enfrentado de verdad al mundo adulto, que aún mantiene esa firme esperanza de que lo imposible puede suceder y lo más cruel se puede cambiar. Ilusiones, falsas ilusiones. Ella parecía inquieta, pensativa, y eso tan sólo lo había adivinado por sus movimientos y su aparente nerviosismo.

Las personas, a veces, dicen más cuando callan que cuando empiezan a soltar una palabra tras otra. El lenguaje no verbal es algo imprescindible y que alguien del servicio de inteligencia debe conocer y saber interpretar para tener éxito en su trabajo. No estaba allí para volverla paranoica, ni para meterle el miedo en el cuerpo, simplemente había algunas cosas que tenía que averiguar y en el caso de la joven los mediadores no me servirían en absoluto, aunque dudaba que mi presencia fuera grata para ella. No importa. Fui acercándome poco a poco hasta ella, hasta el punto en el que casi por completo me transformé en su sombra. –Señorita Spremberg, cualquiera podría haberla pillado desprevenida. –El tono de voz serio y como siempre grave y autoritario. –Parece algo tarde para volver a casa sola. –Lo pensaba, no me enorgullecía de ello pero las calles de las grandes ciudades, tienen la mayor parte de las veces personas poco gratas, todo tipo de delincuentes. Me puse a su altura y la miré, sonriendo de forma socarrona de medio lado, estirando la mano hacia ella. –Un placer verla, como siempre. –.


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Re: Hay un cierto placer en la locura, que solo el loco conoce. || King.

Mensaje por Wilhelmina T. Spremberg el Sáb Dic 01, 2012 7:21 pm

La última bocanada de humo que salió de los labios de Wilhelmina, desapareció de forma lenta, confundiéndose con el viento helado que comenzaba a levantarse de a poco. No vendría tormenta, sin embargo, el tiempo parecía tornarse más frío e invernal. Era como si la única cálidez que quedaba en aquel país desapareciera, dando sus últimos suspiros de agonía. Ya nada quedaba a su alrededor. Una pronta destrucción, una vida normal que cada vez se alejaba más. Ya casi no quedaba nada más por el cual luchar. ¿De qué valía? Al fin y al cabo lo único que traería aquellos enfrentamientos, serían más muertes inocentes. Sus pasos se hicieron un poco más rápidos, como si su cuerpo quisiera llegar de una vez a la calidez del hogar materno. Sus abuelos dormirían, pero seguramente en el refigerador estaría la cena lista para ser recalentada. Suspiró lentamente, doblando una esquina y mirando hacía arriba de forma lenta, observando aquel cielo sin estrellas. Quería un buen lugar para ellos. Donde pudieran descansar sin preocuparse por los ataques terroristas, ni los enfrentamientos que estaban al orden del día. Varias veces habían discutido con ellos para que se fueran de Alemania, y disfrutaran de la vida en otro lugar del mundo. No las abandonaremos. Aquellas habían sido las palabras firmes de ambos. Testarudos y cabezones como sus nietas. Sus ojos se fijaron nuevamente en el horizonte y con un leve movimiento de su melena, sacó todos esos pensamientos de su cabeza. No los necesitaba. No aquella noche, en la cual una reunión había desatado miles de dudas en ellas. Dudas que necesitaban ser aclaradas. La chica sintió nuevamente que alguien la seguía; pero en vez de asustarse o ponerse violenta, sonrío. Ya sabía quien era. No había necesidad de voltear para obsevar al hombre que caminaba detrás suyo. El fantasma que la perseguía desde que había salido de la reunión.

- Me preguntaba cuanto tardaría en aparecer, Coronel - Enfatizó la última palabra, luego de que Ahren Schult hablara detrás suyo. No se detuvo en ningún momento, sino que prosiguió su camino de forma normal. Si quería hablar que siguiera su paso. Algo en su interior siempre le había impulsado a averiguar más sobre aquel líder del sistema de inteligencia alemán. ¿Curiosidad? ¿Cautela? No lo sabía, y no quería saberlo por el momento. Se mordió su labio superior, y apenas desvió su mirada hacía él, cuando por fin pudo alcanzarla. Jodidamente guapo. ¿Qué otra cosa se podía esperar del engreído Coronel? - No creo que deba preocuparse por mí. Me ha seguido varias veces. Y ya ha visto que nunca me había pasado nada - Oh, sí. Lo sé Ahren pensó para sí misma. No por nada Erik la utilizaba como su cuerpo de inteligencia. Observadora, demasiado tal vez. Aunque lo suficiente como para tardar menos de dos días en darse cuenta de que la estaba siguiendo. La pregunta ahora era ¿Por qué?. Sus ojos miraron la mano levantada, y sonrío de forma jodidamente encantadora, irónica. Sus manos permanecieron dentro de los bolsillos de su chaqueta, y en ningún momento salieron de su abrigo. - ¿Puedo preguntarle a que debo el.... agrado de su inesperada visita?


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Re: Hay un cierto placer en la locura, que solo el loco conoce. || King.

Mensaje por Ahren G. Schult el Sáb Dic 01, 2012 7:58 pm

Ella era sin duda una chica dura, difícil, uno de esos caballos indomables que tiraban a sus jinetes con el simple hecho de intentar tirar de las riendas. Un reto, y no hay nada como algo imposible para quererlo todavía más, no hay nada mejor que algo prohibido para atraer a la gente como moscas. Hay claros ejemplos a lo largo de la historia, los asesinatos, las drogas, etc. Y tal vez, como tantas otras cosas, era consciente de que seguramente el comportamiento que tenía podría verse explicado por los más primitivos sistemas cerebrales a nivel de la amígdala cerebelosa y sus circuitos de neurotransmisores, todo pura química. Pensándolo de la manera más fría y científica posible, yo estaba allí porque una serie de átomos lo habían decidido. La libertad, en ese caso, acabaría reducida a la más elemental de las físicas del Universo y nosotros, seríamos todo el resultado caprichoso de algún arquitecto de energías. El frío seguía colándose entre los dos como un ente invisible que gobernaba el momento con grandiosidad. – He tardado demasiado, tal vez para lo que deseabas. Lo sé. –Y estaba claro que todo era una mera estrategia, o tal vez eso es lo que me obligaba a pensar.

No estaría cumpliendo con mi deber si no me acercara a ver los problemas de la gente de a pie. No soy un político, Wilhelmina. –Solté una corta carcajada, felicitándome en cierto modo por aquella aclaración. Bien hecho, Águila. Seguí sonriendo al ver que ella ni tan sólo hacia el amago de devolverme el saludo. Equivocada. Llevé la mano derecha hasta acariciar su mejilla helada por las bajas temperaturas de la noche. –Si algo te pasara, sería una gran pérdida, tendré que estar seguro de tu integridad física. –Dije sin quitar la mano todavía de su rostro, dejando que los dedos resbalaran con lentitud hasta su mandíbula. –Eres muy reticente a mis visitas, ¿tienes miedo? –Enarqué una ceja mientras exageraba el tono.

Y ahora dime, ¿qué problema tienes conmigo? Porque parece que no estás en mi bando. –Pensé en los abuelos de aquella chica, porque si pensaba que no conocía nada de su vida es que me había subestimado por completo hasta el momento.Volví a meter la mano en el bolsillo, acariciando el viejo mechero metálico con un águila grabada que llevaba siempre y que me congelaba los dedos. Respiré hondo dejando que el aire frío purificara el interior de mis pulmones y me hiciera exhalar un aire que rompía el ambiente con pequeñas gotas de vaho blanco entre los dos.


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Re: Hay un cierto placer en la locura, que solo el loco conoce. || King.

Mensaje por Wilhelmina T. Spremberg el Mar Dic 04, 2012 1:50 am

El Coronel. El rey contrincante en aquella partida de ajedrez. Una batalla que había comenzando de forma silenciosa en el momento en que ambas miradas se chocaron en aquel atardecer de otoño. En el instante en que las orbes verdes de Wilhelmina se fijaron en Ahren Schult, su vida dio un giro de 180° grados. No era la primera vez que lo veía ésa noche, y sin embargo, aún le provocaba aquel malestar en su interior. Pequeña. Así se sentía la alemana en frente del gran líder de la MAD. Y detestaba sentirse a sí. Como un ser inferior, cuando en realidad ambos tenían la misma jerarquía en aquella partida de ajedrez. Reyes, que luchaban de forma constante, sin cesar, aguardando que alguno de los dos cayera. Movían sus peones, caballos y torres de formas tan estratégicas que ni siquiera el mismo Veselin Topalov, con su juego agresivo y arriesgado, podría entender. Ambos jugaban. Adelantaban y retrocedían casilleros a medida que las fichas comenzaban a caer. El Rey y la Reine. Frente a frente como dignos competidores. La rubia, sonrío, apenas de lado. A pesar de su juventud, de sus pocos años de experiencia, era alguien que impresionaba a más de uno. Y no por su buen físico. Su mente, fría y analizadora podía descubrir y ver cosas que otras personas no verían jamás. Era una observadora nata. Algo que su madre le había transferido. Estaba en su génetica. Veía todo lo blanco y todo lo negro. El problema era cuando el coronel aparecía y todo se volvía gris. Un color al que no se encontraba acostumbrada. ¿Cómo era la palabra que se usaba? Desconcertante. Exacto. Así podía describirlo. Tan desconcertante que le provocaba una curiosidad inusitada en la rubia. Una obsesión que se volvía más grande a medida que el tiempo pasaba. - Pensé que ya se había echado hacía atrás. - Él la obligó a detenerse, posicionándose frente suyo, haciendo que ambas miradas se enfrentasen. Le molestaba aquel imprevisto, pero lo supo disimular, poniendo una máscara inocente y encantadora. Claro que Schult sabía con quien estaba tratando.

Alzó una ceja, al oír aquel comentario. Tan típico del Coronel - Diré que me siento halagada. ¿Debo comenzar diciéndole que ayer leí una noticia en donde uno de sus capitanes decía que no estaba pasando nada en Alemania? - Se rasca su barbilla fingiendo pensar, de forma distraída, cuando en realidad estaba recordando la impotencia que había sentido al leer aquel artículo - Algo... Raro. E irónico ¿No cree Coronel? - Asiente, sin dejar de observarlo en ningún momento, mientras sus pies se acercaban un poco más a aquel hombre imponente que estaba en frente suyo - Porque dos páginas después de aquella declaración, se leía otro.. "ataque sospechoso" en un banco donde uno de los ministros guardaba archivos importantes, y que obviamente fueron robados. - Muerde su labio inferior, sintiendo la brisa helada envolverla nuevamente. Tendría que haber vuelto en coche como su gemela le había propuesto. A esas alturas, ya se encontraría en su hogar, frente a un buen plato de comida caliente hecha por su abuela. - Podría seguir relatándole mis problemas, pero sería algo monótono. ¿Por qué mejor no espera a la edición de nuestro periódico? Sale la semana próximo, y le puedo asegurar que será por demás de interesante - Su sonrisa se ensancha un poco más, jodidamente encantadora. Sí. Sabía utilizar muy bien las expresiones y los movimientos de su cuerpo. Era algo manipuladora, debía de admitirlo. Aunque era una pena que aquello no funcionara con Ahren. De pronto siente los fríos dedos del hombre sobre su mejilla, lo que provoca un ataque eléctrico en su interior. Se apartó lo suficiente como para evitar aquel roce. Podía soportar la caricia de cualquier, menos la de él. ¿Por qué? Menos sabe Dios y perdona. - No necesito a personas cuidándome. Puedo hacerlo sola - Y la leona volvía a sacar sus garras. Defendiendo su orgullo, y dándole a entender que no necesitaba cuidados. - Así que si era eso el motivo por el cual detuvo mi caminata, le agradecería que dejará proseguir mi camino. - Dicho esas palabras, lo hizo a un lado y siguió caminando. Con su mirada puesta al frente.

Pero las palabras de él la detuvieron. Nuevamente. Sus ojos se desviaron hacía el suelo, incapaz de darse la vuelta aún. Lo había investigado, sabía su vida de pies a cabeza, del derecho al revés; y a pesar de todo eso, sus palabras la seguían desconcertando. Siempre tenía las frases justas para hacerla sentir de ése modo. Desconcertada. Dio media vuelta sobre sus talones, volviendo su mirada a la del Coronel, y caminando nuevamente hasta el hombre, sin cambiar su expresión de seria serenidad. - No le tengo miedo. - Respondió simplemente. Era algo más. Pero tampoco le daría el lujo de decírselo abiertamente. - Solo creo que sus visitan no son de gran necesidad - Mentira. Aunque ¿qué sabía él? - No tengo ningún problema con usted directamente. Digamos que mi problema con los imbéciles con quienes trabajan. Negar algo que es visible sin necesidad de luz, es una completa tontería. Y sólo pertenezco a un bando, no es necesario que le diga cual.. ¿Verdad Ahren?


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Re: Hay un cierto placer en la locura, que solo el loco conoce. || King.

Mensaje por Ahren G. Schult el Mar Dic 04, 2012 7:29 pm

No soy de los que se rinden con facilidad. –Volvía a sonreír de lado, desviando esta vez la mirada por completo y observando tras nosotros, con esa nueva sensación de que ahora los vigilados éramos los dos. Deseché aquella estúpida idea de mi cabeza con rapidez, era jodidamente imposible que alguien me hubiera seguido sin que me diera cuenta. Pero, ¿y si la siguen a ella también? Apreté la mandíbula tan sólo con esa imagen en la mente. Quizá lo notaba, quizá ella sabría que no me daba por vencido sin luchar antes, sin oponer resistencia, sin poner las cosas lo más difíciles posibles a aquel a quien me enfrentaba. Incansable, siempre hasta el final, y si podía arrastrar conmigo a quien fuera necesario. Volvía a mirar a Wilhelmina a los ojos, sin apenas parpadear mientras ella hablaba, quedando un segundo mirando sus labios antes de volver a centrarme en el contenido de su discurso. –Siéntete halagada, claro que sí. Si quisieras entenderías que mis capitanes hagan eso. –Si quisieras serías capaz de entender muchas cosas que ahora no eres capaz de ver. Muchos, como ella, se habían dejado llevar por esa corriente de insurgentes que apuntaban hacia un grupo terrorista que era el autor de algunos de los verdaderos problemas en el país. Ella que había dejado que con un discurso sesgado le cegaran, y le lavaran el cerebro a su manera. Y ahora, ya no podía ver las cosas de un modo objetivo, ya no podía darse cuenta de cómo estaba realmente la situación. Yo era consciente, de esos acontecimientos que llamaban la atención, de los ataques informáticos, de la llegada de gente de otras agencias de inteligencia internacionales. Parecía que Alemania se había puesto en el punto de mira, y no precisamente por algo agradable. –Entenderías que el silencio en este caso es para evitar el pánico. Las personas con miedo no se puede controlar, son como un caballo desbocado. Si hay algo que quiero evitar a toda costa es poner en peligro a esas personas haciendo que pierdan su capacidad de raciocinio porque alguien no supo explicarles las cosas como eran, o porque entendieron la explicación a su manera. –Controlar la situación y dar la información justa y necesaria.

Podía entender que ya no bromeaba, que ya no estaba allí intentando hacer una grieta en ella, o sí, pero de otro tipo. –Seguro que es una lectura entretenida. –Pero demasiado cruda para lo que la gente puede y debe soportar. El exceso de información también es dañino e injusto para la gente de a pie. En ese aspecto era parecida a mí, sin dejar que nadie intercediera ni diera una mano por ella. – Bien, bien, entonces te dejaré sin más. –Y aunque sus palabras dijeran lo contrario, podía ver que sí que había algo en sus ojos parecido al miedo, quizá temor, quizá otra cosa. Sus ojos azules podían decir muchas cosas y estaba dispuesto a esperar para ver todo lo que podía en ellos, aprender a leer lo que realmente pensaba sin tener que escuchar sus palabras. En eso, residía muchas veces el éxito de un líder, es saber entender las necesidades de los demás sin necesidad de escucharlas.

Solté el mechero y comencé a caminar de nuevo. – Por eso mismo te pregunto si estamos en el mismo, porque podemos estar en la misma dirección pero navegando en sentidos opuestos. –No se trataba de hacer oscurantismo, se trataba de decir las cosas de la forma correcta para que todo estuviera dentro del control. –Tus amigos piensan que es muy fácil tomarse la justicia por su cuenta. Tus amigos y tú. –Una guerrilla callejera, que no acababa de entender lo que pasaría si se iba todo de madre. Demasiada responsabilidad para gente que no sabe lo que está haciendo realmente, y así lo veía yo, porque el punto de vista de alguien que se dedica a temas de seguridad nacional debía ser infinitamente distinto al que decide tomarse la justicia por su mano y proclamarse el legítimo defensor del pueblo. Más frío, más frío en mis ojos al mirarla, más frío que podría acabar ardiendo y derritiendo el hielo. Solté el mechero y saqué la mano del bolsillo para rascarme la barba. En el fondo sabía que a partir de ahora todo sería oscuro y frío, muy oscuro.


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Re: Hay un cierto placer en la locura, que solo el loco conoce. || King.

Mensaje por Wilhelmina T. Spremberg el Jue Dic 27, 2012 5:16 am

La rubia se removió en su lugar, algo incómoda, cuando se sintió vigilada. Podría haber dejado pasar por alto esa sensación fácilmente, auto convenciéndose de que estaba comportándose de forma perseguida. Sin embargo, aquello no funcionaba, y más cuando pensaba que esa sensación no había fallado la primera vez, en el momento en que Ahren la compenzó a seguir. Su corazón comenzó a latir un poco más rápido, pero contuvo aquellas emociones detrás de una máscara de serenidad. Comportarse como lo hacía siempre, sin perder el control. Así había aprendido y no cambiaría. Era normal que los enemigos acecharan en la noche, escondidos entre las sombras. No por nada la chica tenía su Colt escondida debajo de su chaqueta. Tan solo bastaba un movimiento certero para desefundarla y apretar el gatillo. Sin embargo no valía la pena hacerlo en aquel momento. Andaría con cuidado, sí. Pero utilizaría el arma solo en caso de extrema necesidad. Podría ser una activo miembro de La Resistencia, podría enfrentarse a todos los terroristas si era necesario. Pero ¿asesinar por impulso? No, aboslutamente no era lo suyo. - No se rinde ¿eh? - Alzó una ceja, sonriendo de forma irónica, y luego humedeciendo sus labios - Le deseo suerte entonces. La necesitará - Comenzó a caminar nuevamanete. Erguida, elegante, orgullosa. ¿Quién dijo que podía ser fácil tratar con ella? Tan bella, tan tentadora, tan venenosa. Era increíble como Wilhelmina se diferenciaba de su hermana gemela. Tan iguales, y tan distintas. Mordió su labio inferior desde adentro cuando la voz del Coronel interrumpió sus pensamientos, alzando ahora ambas cejas y mirándolo distraídamente dejando notar, apenas, el enfado que sentía en su interior. - No, no lo entiendo. Es algo completamente idiota - Respondió duramente. - ¿El silencio evita el pánico? ¿De dónde sacaron éso? ¿De alguna película? - Se pone delante de él, enfrentándolo. Poco le importaba que ella tan solo tuviera veinte años. Poco le importaba que estuviera discutiendo con el verdadero Coronel de la MAD. Que la ética se fuera a la mierda, - Para que sepa, el pueblo necesita saber, mi señor - Su voz salió en un susurro suave, pero denotando el ácido, en especial en sus dos últimas palabras. - Cuando más ingorancia exista, mayor será el miedo. ¿No cree que es lo mejor prepararlos? Velan a sus muertos todos los días. Muertes que se podrían haber evitado - Pone su dedo en su pecho, señalándolo por unos instantes y volviendo a cruzarse de brazos, evitando hacer alguna estupidez - Lo que plantean es algo completamente inmaduro. ¿Y así se hacen llamar Seguridad Nacional? - Rueda sus ojos, exasperada y comienza a caminar, otra vez.

Él no bromeaba, ella tampoco. Sus fichas se movieron, y esta vez la jugada iba a favor de la rubia. Había derribado a su peón, y no era necesario que Schult se lo dijera. Su planteó era mucho más factible que el del Coronel. Sus dedos peinaron su suave cabello dorado hacía atrás, metiendo las manos nuevamente dentro de los bolsillos de su chaqueta, y oyendo la voz del hombre, el único sonido en aquella noche cerrada. - Más entretenida de lo que usted cree - Sonrío jodidamente encatadora, dejando notar tranquilamente su sarcasmo - Espero que me envíe una nota diciéndole que le pareció. - Se iba a molestar, oh sí. Se iba a poner hecha una fiera y la buscaría por todas las calles de Alemania hasta dar con ella. Y más cuando viera que la editorial estaba firmada con su nombre y apellido. No solamente la guerra estaba en contra de los terroristas. Las guerras internas eran las peores, y más cuando se trataba de lidiar con un grupo de uniformados alemanes que se creían ser mucho mejor solo por tener medallas bonitas. Wilhelmina los pondría en su lugar uno por uno. Hasta que su vida se fuera en ello, no le importaba. Pero no se callaría por nada del mundo. Demasiado tenía ya aguantar al gobierno y su forma de ocultar información. Sus ojos se posaron en la mirada limpia de Ahren, y no se desviaron en ningún momento, manteniendo aquella mirada. Ambos eran orgullosos. Iguales, El rey y la reina. Tal vez era porque tenían éso en común. Quien sabía. - No me busque Coronel - Se acercó a él, casi pegando su cuerpo al suyo, acercando tanto su rostro al del hombre, que casi podían rozar sus narices - Sabe que me encontrará - El suave susurró acarició los canales auditivos de Schult, sonriendo nuevamente y separándose, menteniendo de nuevo una distancia prudencial. - Cada cual tiene su propio camino. Tendremos el mismo propósito, pero no los mismos ideales - Asintió levamente, abriendo su boca, preparada para contestarle con otro comentario mordaz. Pero otro ruido se escuchó a su alrededor, y la sensación de sentirse vigilada volvió con todas sus fuerzas. Cerró su labios con cuidado, y parpadeó varias veces, manteniendo su respiración normalizada. Sus ojos se posaron en los de él, interrogante. ¿Acaso Ahren tendría la misma sensación?



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Re: Hay un cierto placer en la locura, que solo el loco conoce. || King.

Mensaje por Ahren G. Schult el Mar Ene 08, 2013 4:16 pm

La rendición era una de esas cosas que nunca habían formado de mis planes, ni habían formado parte de ellos ni formarían nunca. Aunque supiera que iba a perder prefería seguir hacia delante, intentarlo al menos. Que nadie pudiera decir que el Coronel Schult era un cobarde y se había quedado atrás. Wilhelmina tampoco parecía rendirse con sus propósitos, algo que los dos parecíamos tener en común.Al menos, algo es algo. Era gracioso, como la rubia parecía odiarme, y no hacía nada por ocultarlo. -Si no saben no habrá miedo. Ahora mismo no puede cundir el pánico, tienen que mantener el orden y si dejamos que las noticias lleguen sin filtro eso no pasará. ¿Crees que se quedarán quietos esperando a ver qué pasa? -Negué con la cabeza. Su propósito estaba bien, pero los ideales... Los ideales que ellos perseguían siempre acaban siendo utopías sin sentido y estaba más que claro, la historia lo había demostrado una y otra vez. Al final esos ideales siempre acaban desmontándose, como si fueran malas historias con unos cimientos construidos con barro.

-Tendrás noticias de mi opinión sobre la revista. -De eso no cabía duda. La leería, por supuesto, para ver cuáles eran todas esas ideas locas que tenían los que formaban lo que ellos mismos llamaban como La Resistencia, sin duda un nombre muy comercial y de película de acción. -Me alegro de no compartir esos ideales de cómic, de superhéroe invencible. -Vivían lejos de la realidad, demasiado lejos, aunque ellos pensaran lo contrario. Observé a Wilhelmina, la noté inquieta y mi vista recorrió después los alrededores, hice una seña para que se detuviera unos segundos y me acerqué a ella, susurrando a su oído.- Cuando te diga comienza a correr hacia el parque. -Convencido de que alguien nos seguía en aquel momento. La calle parecía embrujada, el frío, el silencio, algo irreal. -Ahora.

Y esperé lo justo para salir corriendo detrás de ella, mientras cogía el arma con la mano derecha.


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