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La música cura los males || Jarko Virtanen [Flashback]

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La música cura los males || Jarko Virtanen [Flashback]

Mensaje por Gustav Maier el Jue Nov 29, 2012 9:32 pm

La música cura los males




Berlin || 22 de Marzo,2008 15:25 PM || con Jarko Virtanen



El barrio acomodado, empresarial, de élite...El lugar dónde además de empresas había grandes tiendas dónde era posible hallar objetos únicos y, dentro de esos lugares se encontraba una vieja tienda "Thomann Cyberstore" pese a su nombre que sugería un local nuevo, se trataba de uno que llevaba años y años vendiendo instrumentos musicales de la mejor calidad. Acudía ahí a probar distintas guitarras acústicas y también a curiosear. Los dueños apreciaban la música al punto de permitir que tocasen los instrumentos y, precisamente eso estaba haciendo mientras sostenía una espléndida guitarra "Gibson" recién llegada.

Pulsaba las cuerdas, examinaba atentamente muy metido en lo suyo. No habían más de tres personas a esa hora y los dueños, un matrimonio mayor charlaban detrás del mostrador sin prestarle atención. Thomas se sentía en la gloria y estaba improvisando una melodía cuando un sonido procedente del otro extremo llamó su atención: lo primero que pensó era que estaba viendo un fantasma ya que el hombre que se había sentado frente a un elegante piano de cola vestía ropas del siglo pasado, dejando la guitarra se acercó a los dueños y con el mentón señaló al sujeto. La anciana le dijo que no sabía su nombre pero que era un pianista maravilloso y que solía acudir, se sentaba a tocar el piano y se marchaba. Aquello intrigó al rubio y situándose más cerca notó que era un hombre joven, pensó que podía tratarse de un excéntrico. -Es un hermoso piano... - comentó deseoso de poder ver bien el rostro que sólo apreciaba a contraluz.



Última edición por Gustav Maier el Dom Ene 06, 2013 4:19 pm, editado 5 veces


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Re: La música cura los males || Jarko Virtanen [Flashback]

Mensaje por Jarko Virtanen el Vie Nov 30, 2012 4:58 pm



La música cura los males
Con Gustav Maier ф 15:25 horas ф Berlín


Los músicos son terriblemente irrazonables. Siempre quieren que uno sea totalmente mudo en el preciso momento que uno desea ser completamente sordo. (Oscar Wilde)


La campanilla que había en la parte superior del umbrar de la entrada tintineó alegremente sobre mi cabeza cuando abrí la puerta y acompañó mis pasos unos segundos mientras caminaba. Mi mirada, fría y ausente, se paseó por los presentes sin prestarles atención alguna, caminando resuelto hasta el instrumento que clamaba mis caricias. Rocé con un gesto extrañamente suave y delicado el largo de aquel piano de cola que pronto, muy pronto, formaría parte de mis pequeños juguetes, acomodado de manera perfecta bajo el ventanal del salón.
Ah,... si, solo tendría que rebanar un par de gargantas más, solo dos, y podría adquirirlo. El solo echo de conseguir así el dinero, de comprar esa belleza de madera y marfil con la sangre carmesí de los incautos, me resultaba increíblemente fascinante.

-¿Me has... añorado?-Tomé asiento en el pequeño banco y cerré los ojos antes de acariciar superficialmente las teclas frías y hermosas. Las voces de mis musas, Roja y Blanca... se difuminaron hasta la lejanía; quedando únicamente como un liviano murmullo en cuanto empecé a tocar el piano con total destreza. Por fin los gritos cesaron y mi aliento cálido pudo estrellarse contra la música que nacía de mis dedos.
Mi cuerpo se movía al son de la melodía y tardé un largo minuto en abrir los ojos para mirar a aquel que me había osado interrumpirme. Esa voz masculina que se había colado por entre las notas de la partitura de mi mente. Mi mirada se clavó en sus ojos claros por entre las hebras del cabello despeinado, aunque no por ello dejé de tocar. - ¿Hermoso...?... ah, todos los pianos lo son. Nacidos de la pasión... de marfil... -dejé caer una vez más los párpados tras una fugaz y extraña sonrisa de medio lado.

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Re: La música cura los males || Jarko Virtanen [Flashback]

Mensaje por Gustav Maier el Vie Nov 30, 2012 5:22 pm

La música cura los males




Berlin || 22 de Marzo,2008 15:25 PM || con Jarko Virtanen



Me lo habían dicho pero yo me negaba a creerlo, la sola idea de que un hombre apareciera para dar un verdadero concierto gratuito en la tienda me había sonado descabellado y casi como una leyenda urbana. Yo era asiduo de ese lugar y era el único sitio dónde mis dedos podían palpar las curvas de una Gibson, sus dueños sabían de música y de modales puesto que nunca importunaban a nadie...Yo era la excepción.

Contuve la respiración esperando no recibir una sarta de insultos por interrumpir al pianista, pero mi curiosidad era gigante y tenía que verle la cara. Era una fijación, debía saber quién estaba detrás de esas vestimentas que parecían sacadas de una película y, debo decir que cuando él se giró a verme...Me dejó sin palabras. Era mucho más joven de lo que yo creía, y peligrosamente atractivo. Aquella combinación de belleza y talento podía ser mortal pero existía algo más y asentí con la cabeza alejándome un poco cuando él reanudó su sinfonía. Miré al par de ancianos que me sonrieron y me apoyé en la pared, más porque necesitaba un punto de apoyo o terminaría cayendo al suelo.

Era maravilloso, pese a lo triste de algunas notas, aquella composición hizo que me imaginara un montón de cosas...Montañas lejanas, separaciones y mis ojos estuvieron a punto de llenarse de lágrimas en más de una ocasión. Alzando la vista sentí unas ganas desesperadas de fumar y vi que en la acera se habían congregado un grupo de curiosos y resultaban tan fuera de lugar que quise gritarles que se marcharan. Pero el pianista era quién tenía toda mi atención y me esforcé por mantenerme impávido, no lloraría en público como un crío. Esperé que terminara y le dediqué una sonrisa de admiración: -Felicidades, en mi vida había oído una interpretación así...Puede que sea la calidad del piano aunque siento que tú podrías hacer sonar hasta un xilófono de forma increíble... - me acerqué con cautela, la inspiración era volátil y el carácter de los músicos también, bien lo sabía yo. Observé el piano y, de reojo vi cómo las gentes situadas en la calle aplaudían con entusiasmo, él lo había hecho...Esos desconocidos se habían sentido parte de algo y yo también. Bajé la mirada sin querer ser demasiado descarado y le pregunté fijándome en sus ojo: -¿Cómo te llamas...Tocas en algún sitio aparte de éste?.

No podía tratarlo de usted ni siquiera por la admiración que había despertado en mí, era muy joven y podía resultarle molesto. Vaya talento, pensé para mí y yo que creía que podía lograr magia pulsando las cuerdas. No tenía comparación y la idea de un dueto llenó mi alborotada mente.



Última edición por Gustav Maier el Dom Ene 06, 2013 4:20 pm, editado 2 veces


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Re: La música cura los males || Jarko Virtanen [Flashback]

Mensaje por Jarko Virtanen el Sáb Dic 01, 2012 8:38 pm



La música cura los males
Con Gustav Maier ф 15:25 horas ф Berlín


Los músicos son terriblemente irrazonables. Siempre quieren que uno sea totalmente mudo en el preciso momento que uno desea ser completamente sordo. (Oscar Wilde)


Mis dedos seguían pulsando aquellas teclas blancas y negras, arrancando la música de lo más profundo de aquel maravilloso instrumento que conseguía que mi mente se alejase hasta los confines de ese universo que en el que yo era único morador. Párpados caídos de manera lánguida, mente borrada, susurros lejanos y notas acariciando mi piel cual meretrices de Apolo. Mi éxtasis más terrenal.
El último de los acurdes sacudió mi cuerpo y dejó que la melodía muriera de manera lenta y tortuosa. Fue entonces cuando volví a abrir los ojos y miré de soslayo el lugar donde me encontraba, esa encantadora tienda. Casi lo había olvidado, cada vez que tocaba todo desaparecía y me adentraba en el paraíso. El varón de cabellos claros que había interrumpido mi requien y relajación seguía allí, recargado contra una pared cercana y enarbolando una encantadora sonrisa que no hice amago de devolver.
Vi sus carnosos labios moverse, por supuesto que lo vi mientras él se acercaba a mi; más fue una parte concreta de su rostro lo que acaparó mi atención. Esa gran cicatriz que cruzaba su media faz de manera tan trágica como poética, se me antojó realmente hermosa. Una marca que aportaba a su expresión un aura de atrayente misterio.

-Carmesí sobre porcelana rota... -murmuré entre dientes antes de posar mi mirada sobre la suya, escuchando de manera tardía aquellas palabras que había relegado a la espera de manera obligatoria. Oía de fondo el aplauso de la pequeña multitud que había fuera y cuyos ojos estaban puestos en mi, como si esperaran una reverencia; un gesto que contentase su deseo de ser vistos y oídos. Habían sido mis espectadores invisibles. Incliné la cabeza de manera elegante y anticuada hacia ellos, manteniendo mi semblante tan inexpresivo como el de una estatua griega - Cada par de manos acarícian las teclas de una manera... diferente. ¿Cómo podrías haberla oído, si tus ojos... jamás me han visto? -cuestioné de manera melodiosa y suave mientras me incorporaba y volvía a mirarle fijamente- Toco en todos los sitios... que desean mi presencia y mi música. No hay nombres... ni direcciones fijas. -me relamí los labios con la punta de la lengua- Jarko. Así me llamo. -me levante, acomodando la palma de la mano en el piano y dando un paso hacia el desconocido- Tu nombre. -Exigí sin elevar la voz.


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Re: La música cura los males || Jarko Virtanen [Flashback]

Mensaje por Gustav Maier el Dom Dic 02, 2012 10:46 am

La música cura los males




Berlin || 22 de Marzo,2008 15:25 PM || con Jarko Virtanen



El improvisado concierto había acabado pero yo seguía oyendo aquellos acordes perfectos y alborotados que le habían dado a la melodía un toque inolvidable. Algunos pianistas eran así de virtuosos pero no tocaban con ese sentimiento, con esa pasión...Me hormigueaba la piel y no era sólo por la música que había brotado de aquellos finos dedos, pero intenté no traslucir lo impresionado que estaba como si fuese un chiquillo. Yo no solía ser así.

Sin embargo cuando los curiosos se marcharon y otros ingresaron a la tienda para mirar a hurtadillas al atractivo pianista, deseé que sólo estuviésemos él y yo, Olvidé a los demás al oírlo hablar con un ligero acento que no fui capaz de identificar y el asombro apareció por segunda vez en mis ojos al escuchar sus palabras. Le miré unos segundos con intensidad fijándome en sus ojos oscuros, tanto que parecían negros y sentí que si seguía viéndolos caería a un pozo sin fondo, pero sus palabras me hicieron alzar las cejas y sonreír: Él se había fijado de inmediato en mi cicatriz que bajaba desde mi mejilla hasta parte de mi garganta y eso no era común. La mayoría de las personas la miraban de reojo,con lástima o la evadían y mucho más el hablar de ella...Como si no existiese.

-Porcelana rota... - repetí asintiendo lentamente -Nadie podría haberla descrito mejor - añadí alargando el brazo y rozando con las puntas de mis dedos el encaje de su camisa de volantes.

Era un hombre extraño, al vestir así y en cualquier otro vestir camisa blanca de encaje como los antiguos caballeros parisinos podría haber resultado ridículo. Pero en él, ya fuese por su porte o atractivo resultaba un punto más a su favor, lo veía tanto yo como un par de muchachas que atisbaban en nuestra dirección hablando en voz baja con esas típicas risitas coquetas. Hice un gesto de enfado pero decidí no prestarles más atención de la que se merecían, él se había acercado más y, en realidad no parecía estar muy consciente de lo que causaba.

Jarko...Hasta su nombre era interesante, sonreí con calidez y extendí mi mano derecha en un gesto de cortesía -Thomas - respondí siempre viendo su rostro y con la mano libre acaricié la superficie del piano, un Bechstein cuya calidad de sonido era impresionante aunque en manos poco hábiles la magia se perdía. Le miré a los ojos y comenté: -Me complace no ser el único que viene aquí a tocar... - me acerqué y pasando muy cerca suyo, tanto que mi brazo rozó una de sus caderas, me incliné y pulsé unas teclas en una leve melodía que duró menos de un minuto - Aunque prefiero la guitarra, el piano parece tener vida propia como si cobrara con sangre cada interpretación ¿No te parece? - susurré aún muy cerca de su cuerpo y viendo cómo el par de muchachas se marchaban.

Si era un pianista debió haber oído alguna vez esa leyenda urbana del pianista que enloqueció y dejó de vivir para sólo tocar el piano hasta que de sus dedos brotó sangre y murió junto a su instrumento letal. Me gustaba la idea pero debía tener cuidado con mis propias obsesiones.




Última edición por Gustav Maier el Dom Ene 06, 2013 4:20 pm, editado 3 veces


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Re: La música cura los males || Jarko Virtanen [Flashback]

Mensaje por Jarko Virtanen el Miér Dic 05, 2012 7:37 pm



La música cura los males
Con Gustav Maier ф 15:25 horas ф Berlín


Los músicos son terriblemente irrazonables. Siempre quieren que uno sea totalmente mudo en el preciso momento que uno desea ser completamente sordo. (Oscar Wilde)


Tras dejar caer un comentario a medio camino del halago o la naturalidad, aquel desconocido extendió su brazo para rozar con sus delgados dedos el borde de la camisa de tela oscura que lucía. Mis labios permanecieron sellados un largo lapso de tiempo, permitiendo aquel descarado pero a la vez lánguido gesto pese a que podría haber agarrado su muñeca en un gesto raudo para detenerlo.
Había algo en aquel varón, de mayor edad que yo por lo que parecía, que acaparaba mi atención. Quizá su marcada voz, su preciosa cicatriz o el porte seguro con el que estaba plantado frente a mi. Ah... él había conseguido que mi ojos, de negras pupilas dilatadas que se fundían en armonía con el iris azabache como si ambos fueran solo uno, se posaran en él y diera forma a su cuerpo. No como aquellos títeres que pululaban por la acera que había enfrente de la tienda sin cara ni nombre... aquellos a los que había dedicado un amargo saludo. Incluso las féminas más cercanas, cuya irritante risilla cercenaba mis tímpanos, no eran si no sombras en medio de la nada.

Bajé la mirada para posarla en aquella mano que me tendía, como si no comprendiera del todo porqué hacía aquello. Mi mente aún seguía con un ir y venir de extrañas fantasías y las voces habían regresado para inundar mi cráneo. Terminé por estrecharsela levemente, sin que un solo gesto turbara mi semblante neutro y suave.

-Thomas... -repetí por el simple capricho de sentir en el paladar las vibraciones de aquel nombre. Me resultó agradable, le resultaba tan favorecedor como aquella marca que cruzaba su faz. -Es melodioso... y fuerte -Me giré con gesto elegante y parsimonioso, casi llevado por ese fino roce que tuvo lugar en mis caderas. Pese a ver por el rabillo del ojo a las jóvenes que hacían gestos intentando acaparar mi atención, las ignoré tal y como se suele hacer con un insecto molesto cuando... no puedes aplastarlo- De ser el único... esta estancia estaría cerrada a cal y... canto. Siempre hay alguien, aunque no puedas verlos... -comenté dejando que la última de mis palabras se uniera con esa nota que sus dedos arrancaron al instrumento. Mis ojos se clavaron en los suyos como dos agujas afiladas, deseando descubrir más; deleitándome con aquel repentino encuentro con un desconocido- La tiene, por supuesto... una vida que se funde con la del pianista. Le amordaza con alambre de espino a sus teclas.. pidiendo más, solo música. Nada de palabras vanas...

Mis labios entreabrieron y pude ver acercarse de reojo a una de mis hermosas musas cuyos ojos sustituyeron los míos y me permitió ver a aquel rubio tal y como ella quería. La alucinación acarició mis sentidos con sádica dulzura y pude ve como la piel del rostro del que recibía el nombre de Thomas se abría como una cáscara para caer sobre su cuello; mostrándome los músculos desnudos y una sombra que correteaba sobre ellos. Miré mis manos por impulso, observándolas manchadas de sangre y cerré los ojos con fuerza, sacudiendo un instante la cabeza para hacer desaparecer aquello que durante un momento me encandiló- Ah... un alma oculta -reí entre dientes, sin poder evitarlo, antes de volver a mirar al rubio- ¿Y dónde está tu guitarra? ¿Vienes a por una nueva... compañera?




Última edición por Jarko Virtanen el Vie Dic 07, 2012 10:38 pm, editado 1 vez
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Re: La música cura los males || Jarko Virtanen [Flashback]

Mensaje por Gustav Maier el Jue Dic 06, 2012 2:05 pm

La música cura los males




Berlin || 22 de Marzo,2008 15:25 PM || con Jarko Virtanen



Mi interés y también mi atracción aumentaban casi a cada segundo, aquel día e incluso aquella tarde prometía ser uno de esos momentos que yo no olvidaría, llegaría a escribirlo en mi diario y el título de aquella bitácora bien podría ser "Encontré a un genio en la tienda de música". Mi propia cursileria ante aquello hizo que a mi rostro aflorara una sonrisa casi cándida. No eran sólo sus ropas ni su belleza, era algo más que me hacía sentir tan cercano a ese joven...Era como si irradiara una oscuridad que pugnaba por oscurecer todo a nuestro alrededor, me fijé que prestaba escasa atención a las chias y una idea se encendió en mi mente como un fogonazo inesperado.¿Sería posible que estuviésemos comenzando a coquetear? si era así yo podría ser sumamente descarado e intentaba leer en sus ojos oscuros algo que me indicara que era así mientras las chicas, desalentadas ya que ni él ni mucho menos yo parecíamos estar interesados en ellas, se marchaban.

No pude evitar que un estremecimiento recorriera mi cuerpo cuando él apretó mi mano con seguridad, y él nunca se imaginaría las cosas que pasaron por mi cabeza, raudas e intensas como un viento huracanado sólo al percibir su contacto. Mi mente comenzaba a alejarse un poco de la música mientras pensaba y deseaba ver qué había bajo aquellas finas ropas, que se escondía tras sus ojos y supe que lo averiguaría aunque debiera perseguirle como un obseso.

-¿Cerrada para todos...Jarko? - murmuré tras oír su severa opinión de cerrar ese lugar a ojos curiosos y sin poder evitarlo murmuré mientras le lanzaba una mirada que decía tanto cómo las palabras que pronuncié: -Puede que comparta esa opinión...Son tantas cosas las que pueden hacerse sin presencia de curiosos - sonreí de lado para no dejar lugar a dudas. A nadie le asesinaba coquetear un rato y si obtenía algo más entonces las entradas en mi diario serían mucho más numerosas. Algo tenía ese castaño y, sin dejar de mirarlo con complicidad seguí oyéndole hablar, su voz era suave y en ocasiones parecía no habitar el mismo planeta que yo casi como si flotara. Alcé una ceja al oír sus palabras cargadas de doble significado y poesía sobre lo de ser pianista, casi sonaba como un macabro idealista.

Mi intriga crecía, sería ¿pianista/poeta y actor o sólo una rara criatura que yo jamás olvidaría?. Estábamos muy cerca y en esta ocasión no me molestó que invadiese mi espacio personal...Podía seguir invadiéndolo por una eternidad si él así lo deseaba. Me sentía subyugado y, cada vez más deseoso de tomarlo de un brazo y llevármelo dónde no hubieran espectadores, pero estábamos en una tienda de música...Apenas le oí pronunciar algo sobre almas y asintiendo simplemente caminé rozando sus dedos cálidos hacía dónde había dejado la Gibson y tomándola le miré mientras pensaba en qué melodía podría ejecutar y guiñándole un ojo murmuré: -Veamos si conoces esta melodía mi misterioso pianista - comencé a pulsar las cuerdas y cerré los ojos mientras mis cabellos caían suavemente a un lado, amaba esa canción ciertamente y, estaba comenzando a desear amar a ese pianista también.

Spoiler:






Última edición por Gustav Maier el Dom Ene 06, 2013 4:21 pm, editado 2 veces


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Re: La música cura los males || Jarko Virtanen [Flashback]

Mensaje por Jarko Virtanen el Vie Dic 07, 2012 8:53 pm



La música cura los males
Con Gustav Maier ф 15:25 horas ф Berlín


Los músicos son terriblemente irrazonables. Siempre quieren que uno sea totalmente mudo en el preciso momento que uno desea ser completamente sordo. (Oscar Wilde)


No respondí a su cuestión, ni al siguiente comentario... Preferí mantener mis labios sellados con un hilo invisible para contemplar al misterioso individuo que había interrumpido mi íntimo concierto y roto en dos los planes de mi tarde con su sola presencia. Por eso guardé un sacrosanto silencio, a la espera de que fueran sus cuerdas vocales las que hicieran compañía a mis tumultuosos pensamientos y al relajado velo que cubria aquella tienda. Si había estropeado mi melodía esperaba que al menos fuera por una razón de peso.. pues durante unos instantes desee cortar sus muñecas y arrancar su esponjosa lengua como castigo por su atroz atrevimiento. Aquel que tanto me había molestado al principio.

Mas... dicha molestia había menguado hasta convertirse en algo diminuto mientras mi mirada se perdía en sus movimientos; siguiendolos de manera distraída y relajada con la mirada. Tenía un porte atractivo y algo salvaje, acorde con el brillo de sus ojos y tal y como me murmuraban mis musas; parecía ocultar un gran secreto. Ah, quizá eso fuera lo que me instó a no darme la vuesta y salir. Las comisuras de mis carnosos labios se curvaron en una pequeña pero ladina sonrisa ante su comentario. Él no podía comprender que siempre había ojos observandolo todo; ojos invisibles para aquellos que eran poseedores de una mente "cuerda y sana". ¿Acaso no se percataban de ese detalle que se acomodaba sobre las puntas de sus narices para ser visto? Ah.. ciegos, sus ojos eran como botones vacíos sobre una carcasa insulsa. La cordura solo llevaba a la ceguera, a la simpleza y el desazón de no ver el mundo tal y como era en realidad. Mas... ¿Qué podía decir yo si jamás había dejado de ver y oir cosas que se ocultaban para el resto de los mortales?. ün suspiro escapó de mis labios mientras acomodaba la parte baja de mi espalda en el bello piano, recargando parte de mi peso en él, para ver como cogía la hermosa guitarra y se disponía a hacer vibrar sus cuerdas.

Esbocé una sonrisa fijando mi mirada en sus ojos claros, ciertamente el varón no había mentido y sabía tocar la guitarra; mucho mejor de lo que pensé. Aquello me resultó encantador y provocó que volcara aún más mi interés en él aunque no correspondí a su tentador guiño. Por supuesto que conocía esa melodía, solo necesité los primeros acordes para tararearla entre dientes. Tras unos momentos rodeé el piano para sentarme frente al mismo y acomodé mis largos dedos sobre las teclas oportunas, esperando el momento adecuado. Mi mirada se fundió con la suya y no tardé mucho en comenzar a tocar a su mismo ritmo aquella reconocida canción creando un improvisado dueto. Los añejos dependientes y el par de clientes que había silenciaron sus gargantas para escucharnos y pude notar sus ojos clavados en nosotros. Pero cerré los míos relegándo a aquellas personas al rango de espantajos, para centrarme solo en los acordes de la guitarra y del piano. Una unión musical entre aquel que decía llamarse Thomas y yo. Solo por eso decidí olvidar mi ansia de sangre carmesí para deleitarme con la melodía, sonriendo satisfecho. Las últimas notas llegaron y abrí los ojos para devolverle la mirada, sacudiendo levemente la cabeza para apartar un mechón de cabello rebelde que se interponía en mi campo de visión.

-Thomas, El Guitarrista.... -apoda riendo muy suave y melodiosamente- era cierto lo que pronunciaban tus labios. Sabes hacer hablar a tu curvilínea compañera....

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Re: La música cura los males || Jarko Virtanen [Flashback]

Mensaje por Gustav Maier el Sáb Dic 08, 2012 12:07 am

La música cura los males




Berlin || 22 de Marzo,2008 15:25 PM || con Jarko Virtanen



Estaba ensimismado sintiendo cada pulsación de esa bella melodía cuando de pronto oí unos acordes y abriendo los ojos le vi comenzando a seguir la tan conocida canción, en un momento los dos instrumentos se unieron creando una bella sinfonía que atrapó el interés de los escasos espectadores. Era increíble ya que no era fácil alcanzar ese nivel de unión entre un piano y una guitarra sin práctica previa pero ahí estaba, un sonido tan puro como si ambos hubiésemos estado practicando desde niños o, por horas y horas hasta alcanzar ese nivel de sincronización perfecto.

"Perfecto" pensé para ´mi mismo permitiéndome abandonar momentáneamente la fascinación por aquel improvisado dúo, era similar a hacer el amor aunque con diferentes connotaciones, allí también se necesitaba una sincronía que era impuesta por la pasión, el deseo y la atracción. En este caso no había menos de eso pero no eran nuestros cuerpos los que estaban juntos sino la música que brotaba a través de nuestros cuerpos pasando por esas cuerdas y esas teclas para que adquirieran vida.

Al finalizar sentí que me cubría una fina capa de sudor y mi corazón latía desbocado, estaba encantado y sorprendido. Sentía ganas de reír, sentía deseos de llorar y mi agitada respiración se contraponía con mi sonrisa. Desvié la mirada aún incrédulo y observé que los dos ancianos aplaudían con entusiasmo y reí mirándolo admirado, era su talento sin duda pues a mi aún me faltaba mucho para adquirir un nivel más elevado y, además estudiaba Periodismo, por lo que la guitarra sólo era una vía de escape a tanta lectura universitaria.

Dejé la guitarra a un lado y me incliné haciendo una reverencia cortés y absolutamente espontánea, le miré a los ojos y no pude evitar decirle: -Serás un gran maestro, casi puedo verlo y cuando seas famoso podré alardear que te conocí en una tienda y, que incluso tocamos juntos... - sonreí, había ido allí a comprar la guitarra y terminé encontrando algo mucho mejor y más difícil de explicar. Miré la hora y aún con el corazón acelerado le invité, al demonio tanta cortesía: -Déjame invitarte a beber algo, hay un Mc Donalds en la esquina, no tendrías que alejarte mucho por si pretendes comprar el piano - Sabía que podía sonar arriesgado, pero quién no se arriesgaba no cruzaba el río y decían que la fortuna favorecía a quienes osaban seguir sus deseos. Desvié la mirada, no era necesario ser Einstein para percatarme de su status económico y se notaba sólo por ver sus ropas que, podía darse el lujo de comprar ese fantástico piano, mientras que yo aún sentía que no lograría viajar nunca a China si optaba por llevarme esa guitarra a casa.



Última edición por Gustav Maier el Dom Ene 06, 2013 4:23 pm, editado 1 vez


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Re: La música cura los males || Jarko Virtanen [Flashback]

Mensaje por Jarko Virtanen el Mar Ene 01, 2013 9:14 pm



La música cura los males
Con Gustav Maier ф 15:25 horas ф Berlín


Los músicos son terriblemente irrazonables. Siempre quieren que uno sea totalmente mudo en el preciso momento que uno desea ser completamente sordo. (Oscar Wilde)


Ah... si, mi corazón dio un redoble de excitación que hizo que la sangre recorriera todas mis venas con la fuerza de un huracán, pues aquel instante amenazó con quedar grabado a fuego en mi mente. ¡Un instante fascinante!. De una forma u otra sus manos y las mías se sincronizaron de manera armónica y perfecta para acariciar las cuerdas y teclas de nuestros respectivos instrumentos. Oh, sonreí... una pequeña sonrisa dedicada a la madera del piano a modo de secreto inconfesable, hacía mucho tiempo que no encontraba a nadie con quien formar un improvisado dueto que nos resultara, a mis musas y a mi, verdaderamente agradable e interesante. Y aquel, sin duda alguna, lo estaba siendo. ¿Cómo evitar un grito mudo de frenesí cuando la tienda tembló? Si, una sensación de magnífica dualidad, aunque en realidad solo fuera una quimera formada por mis propios ojos de cristal y mis oídos, plagados de melodías sin dueño.

Alcé las manos con gesto elegante y delicado, separando por fin los dedos de las teclas. En cuanto aquello tuvo lugar vinieron, como impulsadas por la fuerza del destino, todas las voces que comenzaron a crear su mar de hermosas incongruencias, sus melodías suaves. El silencio se alejó bruscamente, sin un solo atisbo de compasión. ¡Detestable irrespetuoso, de haber sido corpóreo habría cercenado su garganta vacía!.

-Oh, ¡quizá este juguete sea especial! -comentó una suave voz femenina en mi oído izquierdo. Giré la cabeza hacia dicho lado, contemplando el cercano rostro de mi bellísima Blanca antes de que esta girara hacia mi lado derecho, casi danzando con la gracilidad de un ente- Si... claro que lo es, de lo contrario sus dedos ya estarían siendo pasto de los duendes, ¿no crees?. Me resulta muy agradable...-dediqué una íntima pero leve sonrisa a mi delicada musa, asintiendo antes de responder en un liviano murmullo- Si, si.... lo parece. Tocará de nuevo... para ambas -era una promesa, aunque no podía negar la clara evidencia de que yo mismo deseaba escuchar de nuevo los acordes de esa guitarra, solo arrancados por sus manos.

Ladee la cabeza y mis ojos negros se posaron sobre el rostro del rubio que en esos instantes mantenía la espalda inclinada hacia mi a modo de reverencia. Enarqué una ceja e incliné la cabeza antes de levantarme y devolver el gesto con un ademán más propio de épocas pasadas que actuales. Hice un gesto a Blanca para que me dejara pasar mas mi mirada se fundía por completo con la ajena. Mi expresión no cambió con sus palabras y le contemplé sin comprender del todo la razón de aquella frase. ¿Ser un maestro? Por supuesto que lo sería, debía serlo, pisar el cadáver de aquellos insulsos y torpes individuos que clamaban un don que no paseaba por su mente y apoderarme de la belleza de la música. Mas no era necesario alardear de algo evidente, por lo que no comprendía por qué el otro lo hacía.

Miré un instante a la decrépita anciana, cuyos labios finos y arrugados seguían sonrientes, mas pronto pasó a un segundo plano. Dijo algo, pero el viento se llevó su voz añeja por delante y sonó como el siseo de una serpiente.

Al escuchar su invitación mi mirada se paseo del magnífico piano a la puerta de salida, casi esperando poder ver desde allí aquel establecimiento. Tras un largo minuto parpadeé y giré repentinamente mi cabeza para mirar al que recibía el nombre de Thomas, asintiendo- Hazlo -respondí simplemente, decir más era innecesario y tedioso. Le dediqué una fugaz sonrisa, casi imperceptible, antes de pasar por su lado y caminar en dirección a la salida. mis pasos sonaban firmes. ¿La pareja se despidió o aquellas palabras fueron producto de mi imaginación? No me giré para comprobarlo, aunque me encandiló la manera en la que el tintineo de la campanilla de la puerta se hizo más tembloroso con el soplo de aire que entró cuando abrí. Reí suavemente y salí al exterior. Tras acomodarme la chaqueta me detuve y miré de soslayo, por encima del hombro, hacia detrás a la espera de que mi acompañante se acercara y diera uso de esa invitación. Rechazarla.... oh, no, no era una opción válida. No cuando mi interés se había volcado por completo en él y esa tarde avanzaba tan atrayente como un imán.



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Re: La música cura los males || Jarko Virtanen [Flashback]

Mensaje por Gustav Maier el Jue Ene 03, 2013 3:09 pm

La música cura los males




Berlin || 22 de Marzo,2008 15:25 PM || con Jarko Virtanen



El joven frente a mí se movía con elegancia y una seguridad envidiable, estaba tan lejos de ser cómo él pues pese a mi aparente seguridad yo rehuía de forma constante las multitudes y el contacto físico. En clases me sentaba en el último asiento y comía solo pese a que a diario recibía invitaciones para almorzar con algún compañero o incluso chicas de otras carreras. No es que fuera por estar casado, sino que prefería mi espacio y alimentar ese aire de misterio, sabía que hablaban de mí y que hasta mi cicatriz era producto de heroicas especulaciones y jamás decía la verdad acerca de ella con lo que contribuía a alimentar esas historias sin confirmar ni negar.

El pianista aceptó mi invitación pese a no parecer el tipo de joven que va a un restaurante de comida rápida pero yo sólo deseaba que aceptara y estar con él aunque fuesen unos minutos más para intentar saber quién era, si vivía en Berlin o sólo estaba de viaje. Me despedí de los ancianos y salí detrás de Jarko apenas oyendo la campanilla de la puerta. Estaba entusiasmado y casi feliz dada mi poca capacidad para sonreír, no era sólo por el dúo sino por algo que irradiaba su persona. Caminé a su lado comprobando que ambos éramos casi de la misma estatura e intentando no parecer tan obvio miré alrededor. No era mucha distancia ya que sólo tres locales comerciales separaban la tienda de ese Mc Donald's. Iba a preguntarle si vivía en Alemania cuando un grupo de chicas afuera del local me hicieron palidecer: Ahí estaba ella...Amanda Flint, compañera de carrera y mi acosadora personal infatigable. Me detuve y creo que palidecí.

La chica era regordeta y de cabellos castaños, estudiante inglesa de intercambio, yo le decía "Poppy" para fastidiarla y ese alias terminó encantandole y haciéndole creer que yo también sentía algo por ella. Era mi piedra en el zapato, la mosca en la sopa y el zumbido constante en mis oídos. Antes de que pudiera pedirle al guapo pianista que fuésemos a otro lugar, ella me vio y con un chillido se acercó corriendo mientras repetía mi nombre. -!Thomas, Thomas! - chillaba como si no la hubiese oído la primera vez, miré a Jarko e intentando poner buena cara respondí con sarcasmo: - Poppy, Poppy...¿Qué haces acá?. Me sentía algo avergonzado pues la chica no cesaba de revolotear y a ella se unieron sus dos amigas, rubias y delgadas...Un par de gemelas que iban juntas hasta al retrete. Tenía que huir, estaban estropeándolo todo y sentí tristeza por no haberme quedado en la tienda, ellas sólo hablaban y hablaban mientras ambas rubias se comían con los ojos a Jarko y eso me hizo sentir celoso.

Yo lo había encontrado en la tienda y estaba conmigo...Respiré hondo mirándole de reojo y, sin mediar palabra decidí hacer lo único que se me ocurrió para quitarme a esas tres chicas de en medio de una vez y para siempre. Miré a Jarko y tomándolo con suavidad del rostro con una mano me acerqué a él y lo besé, en un principio fue sólo un roce, una simple presión de mis labios sobre los suyos algo tímida mientras un cosquilleo me recorría. Su piel estaba tibia y su tacto era suave, su aroma hizo que sintiera vértigo y en un segundo olvidé a las tres chicas que miraban con los ojos como platos, olvidé que sin duda los clientes nos veían también a través de las vidrieras del local y que, estaba dando un espectáculo.

No me percaté de cuanto me atraía hasta que lo besé, fue tan embriagador que me aparté sorprendido por mi audacia y también por lo que sentí al hacerlo. En mi cara había estupefacción y algo de temor pues esperaba un buen golpe por ser tan jodidamente descarado. Sonreí y miré con aire de triunfo a las chicas, estaban en shock y Poppy ya lloraba. Su amor platónico era gay, tuve que morderme el labio para no reír a carcajadas y tomando del brazo a mi compañero me limité a dar media vuelta y a doblar por una calle lateral, una especie de callejón que terminaba en un ruinoso teatro abandonado. -[b]Perdón...No supe que más hacer para quitármela de encima, puedes golpearme si quieres o, desquitarte como mejor te plazca[/color] - No pude evitar mirarlo con una sonrisa traviesa, ese chico estaba sacando lo peor de mí y mientras alzaba una ceja miré hacia el teatro cuya puerta trasera se veía al fondo y estaba entreabierta.

"Thomas Ward...Tu mente es retorcida y cruel" Me dije a mi mismo, me importaba un carajo que al día siguiente la Universidad entera supiera de aquel beso, o que de inmediato creyesen que estaba casado con un hombre. Mejor para mí, pero si ahora comenzaban a acosarme gays en los baños tendría que repartir ostias pues, el chico que tenía enfrente era el primero que me hacía sentir de aquella manera...Como si activara un switch que decía "sexo salvaje" en alguna parte de mi interior.




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Re: La música cura los males || Jarko Virtanen [Flashback]

Mensaje por Jarko Virtanen el Miér Ene 09, 2013 4:17 pm



La música cura los males
Con Gustav Maier ф 15:25 horas ф Berlín


Los músicos son terriblemente irrazonables. Siempre quieren que uno sea totalmente mudo en el preciso momento que uno desea ser completamente sordo. (Oscar Wilde)


"Jarko... el pianista, te sigo" respondieron sus labios provocando que los míos se curvaran en una tentadora sonrisa de medio lado- ¿Hasta donde...?hasta....cuando? -cuestioné sin esperar ninguna respuesta, pues en realidad era yo quien deseaba contestar a aquello. Ya en aquel camerino giré cual perfecto bailarín para chocar contra su rostro y saborear sus labios dándole ese beso que reclamaba a gritos. Mi lengua acarició la punta de la suya cuando delineó mis labios con ella en un toque ardiente que me arrancó un quedo suspiro y una sonrisa a la vez que su morral y su chaqueta levantaban una corta nube de polvo al caer en el suelo- Ahuyentarlos... ah, es imposible... una orgía de entes invisibles. -mis dientes nacarados atraparon su labio inferior y tiraron de él mientras mis manos se deleitaban acariciando el torso ajeno. Una sinfonía perfecta... una creada por nuestras gargantas y cuerpos... ¡era un réquiem tan delicioso que no podía... rechazarlo!.

Un beso profundo y deseoso acalló nuestras agitadas respiraciones cuando volví a exigir sus atenciones, casi como si su boca fuera la misma ambrosía que ensimismaba a los dioses... un solo instante antes de que me apartara lo justo de su cuerpo para llevar las manos a la parte baja de su camiseta e instarle a que se la quitara de golpe, con total impaciencia; acariciando su torso y cadera. ¿Para qué ir despacio... si la lujuria había llamado a la puerta con atroz insistencia? No.... no, no. No podía esperar y las gotas de sangre que creaban un fino riachuello poseían un color más llamativo de lo habitual haciendo que mis pupilas se dilataran con su simple visión... ¿acaso no eran ellas las culpables de que oliera aquel teatro destrozado y perdido tan bien, tan... dulce y atrayente? ¿Podría conseguir que manara más, que ese carmesí tiñera el atractivo cuerpo del de cabellos dorados?. Oh, por supuesto que podría... y eso haría en cuanto mis labios dejasen de reclamar los suyos y mis manos cesaran las caricias que le prodigaba, en las que marcaba el paseo de mis roces con las uñas. Dejé que mi cara chaqueta cayera al suelo, a nuestros pies, antes de inclinarme para atrapar con la lengua su sangre huidiza, dejando escapar un suspiro de satisfacción pues su sabor era magnífico y me provocaba escalofríos.

-La orquesta... ha venido... -no pude controlar la suave risa que acompañó a mis palabras al ver como algunas ratas, que estaban medio escondidas bajo unas telas caídas al borde de un añejo y raído sofá, nos contemplaban con sus ojillos oscuros mientras movían sus asustadas y diminutas narices. Tiré de las caderas del rubio para pegarlo a mi cuerpo, mordiendo su labio inferior una vez más, haciendo que nuestras pelvis se rozasen. Al dar un paso hacia detrás la parte baja de mi espalda se encontró con el borde de la mesa del tocador. Mis labios descendieron para besar su torso y morderle un pezón mientras mis manos hacían que su cinturón se soltara con un fino sonido metálico. ¿Qué pensaría esa rolliza "Poppy" si asomara su cabeza revuelta por allí y nos viera? ¡Las lágrimas inundarían la estancia, sin duda! Magnífica estampa...




Última edición por Jarko Virtanen el Sáb Ene 12, 2013 9:19 pm, editado 1 vez
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Re: La música cura los males || Jarko Virtanen [Flashback]

Mensaje por Gustav Maier el Miér Ene 09, 2013 7:11 pm

La música cura los males




Berlin || 22 de Marzo,2008 15:25 PM || con Jarko Virtanen



Aguardé conteniendo la respiración, mi actitud podría tomarse como sumamente atrevida o estúpida pues besar así a alguien que acababa de conocer no era lo mío. Por lo general acostumbraba a cortejar de modo lento y dejando que el deseo y la atracción se tornaran tan dolorosos que dolieran, pero en este caso aquello me había invadido de inmediato...Apenas ese muchacho pulsó aquellas teclas del piano algo sucedió dentro de mi, casi como si hubiese estado dormido toda mi vida hasta ese momento. Una sensación tan extraña y devastadora que me hacía sentir más irracional que nunca, olvidando etapas y queriendo saltármelas todas: coqueteo,citas y llamadas de madrugada o mensajes breves. Mientras en mi cabeza se acumulaban todas esas sensaciones como si estuviese incubándose un huracán en el interior, Jarko decidió el castigo apropiado para mi osadía y, a juzgar por sus palabras presentía algo malo.

Su arañazo me tomó por sorpresa, no me dolió pues no era la primera vez y nada se comparaba al dolor de un cuchillo cortándote la carne, pero sus uñas eran afiladas y sentí el cuello húmedo. Sin embargo no dije nada y sólo manifesté el asombro a través de mis ojos, pues cuando me acercó a él, olvidé esa pequeña molestia y me limité a sonreír mientras susurraba: -Dedícame las penas del infierno...porque volvería a hacerlo y sin ninguna escusa de por medio - no sé si me oyó pues parecía algo inmerso en sí mismo y seguía susurrando amenazas con ese tono de voz que hacía que mi piel se erizara y no de miedo. La voz de Poppy continuaba escuchándose, realmente aquello le había roto el corazón y la entendía pero mala suerte para ella. Me limité a dejarme arrastrar hacia el interior de ese teatro, le veía siempre cuando solía acudir a ese local de Mc Donalds a beber café, pero jamás me había atrevido a entrar.

Estaba oscuro y olía a abandono y a encierro, pero lo peor fue sentir chillidos de ratas que me hicieron hacer una mueca de repugnancia. No me gustaban las ratas para nada y si alguna tenía la mala suerte de cruzarme en mi caminata a ciegas, terminaría bajo mis botas. Choqué contra una pared mientras él seguía recitando como en una letanía palabras amenazantes pero su timbre, por raro que pareciera, no me asustaba. Sus labios se habían prendido a los míos y su mirada era de deseo o curiosidad...Si ese hombre no era de piedra tendría que haber sentido algo también y, si fuera un psicópata...La resistencia me había entrenado en caso de ataques y mi pasado como neo nazi también me hacía conocedor de unos trucos. Pero no a Jarko...A él no le tocaría ni un cabello para hacerle daño y era lo único que tenía claro en la confusión mental que traía. Le miré sintiéndome por momentos como una presa, una víctima dispuesta a ser arañada mil veces...Lo que el quisiera.

Jadeé al sentir su beso, y su visión al verle sonreír era magnífica. Tenía la apariencia de un ángel caído, el talento de un dios y...parecía estar completamente demente. Aquello hizo brotar una carcajada cuando aún mis labios no terminaban de probar los suyos, alcé una ceja y mirándolo con una lujuria que jamás nadie había puesto en mí susurré: -Jarko...el pianista, te sigo - pensé que lo seguiría al fin del mundo, a marte y al infierno. Dejaron de importarme los correteos de las ratas y las aparté con la punta de mis botas mientras le seguía como poseído por algo único.

Era deseo, era curiosidad y también interés por él. Sentí el ruido seco de la puerta al abrirse y distinguí en las penumbras un tocador viejo y lacado, sin dudarlo le tomé por la mano haciéndolo detenerse y girándolo lo besé sin proferir palabra, deseaba decirle que me matara, que podía hacerme lo que quisiera pero preferí que nuestros labios se encontraran una vez más. Los lamí y recorrí su interior mientras dejaba caer el morral al suelo y luego mi chaqueta ligera, era Marzo y el ambiente era templado...éramos él y yo en ese teatro lleno de fantasmas y así se lo dije mientras acariciaba sus costados sin pudores: -Ahuyentemos a los espíritus...Y, dejemos que los músicos se acomoden, crearemos una sinfonía y, volveremos a repetirla hasta que salga...perfecta - repliqué a sus palabras, eran extrañas pero yo las entendía como si él hablase un lenguaje nuevo que estaba acorde con el rumbo que tomaba mi vida.



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Re: La música cura los males || Jarko Virtanen [Flashback]

Mensaje por Jarko Virtanen el Sáb Ene 12, 2013 9:20 pm



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Los músicos son terriblemente irrazonables. Siempre quieren que uno sea totalmente mudo en el preciso momento que uno desea ser completamente sordo. (Oscar Wilde)


"Jarko... el pianista, te sigo" respondieron sus labios provocando que los míos se curvaran en una tentadora sonrisa de medio lado- ¿Hasta donde...? ¿hasta....cuando? -cuestioné sin esperar ninguna respuesta, pues en realidad era yo quien deseaba contestar a aquello. Ya en aquel camerino giré cual perfecto bailarín para chocar contra su torso y saborear sus labios dándole ese beso que reclamaba a gritos. Mi lengua acarició la punta de la suya cuando delineó mis labios con ella en un toque ardiente que me arrancó un quedo suspiro y una sonrisa a la vez que su morral y su chaqueta levantaban una corta nube de polvo al caer en el suelo- Ahuyentarlos... ah, es imposible... una orgía de entes invisibles. -mis dientes nacarados atraparon su labio inferior y tiraron de él mientras mis manos se deleitaban acariciando el torso ajeno. Una sinfonía perfecta... una creada por nuestras gargantas y cuerpos... ¡era un réquiem tan delicioso que no podía... rechazarlo!.

Un beso profundo y deseoso acalló nuestras agitadas respiraciones cuando volví a exigir sus atenciones, casi como si su boca fuera la misma ambrosía que ensimismaba a los dioses... un solo instante antes de que me apartara lo justo de su cuerpo para llevar las manos a la parte baja de su camiseta e instarle a que se la quitara de golpe, con total impaciencia; acariciando su torso y cadera. ¿Para qué ir despacio... si la lujuria había llamado a la puerta con atroz insistencia? No.... no, no. No podía esperar y las gotas de sangre que creaban un fino riachuello poseían un color más llamativo de lo habitual haciendo que mis pupilas se dilataran con su simple visión... ¿acaso no eran ellas las culpables de que oliera aquel teatro destrozado y perdido tan bien, tan... dulce y atrayente? ¿Podría conseguir que manara más, que ese carmesí tiñera el atractivo cuerpo del de cabellos dorados?. Oh, por supuesto que podría... y eso haría en cuanto mis labios dejasen de reclamar los suyos y mis manos cesaran las caricias que le prodigaba, en las que marcaba el paseo de mis roces con las uñas. Dejé que mi cara chaqueta cayera al suelo, a nuestros pies, antes de inclinarme para atrapar con la lengua su sangre huidiza, dejando escapar un suspiro de satisfacción pues su sabor era magnífico y me provocaba escalofríos.

-La orquesta... ha venido... -no pude controlar la suave risa que acompañó a mis palabras al ver como algunas ratas, que estaban medio escondidas bajo unas telas caídas al borde de un añejo y raído sofá, nos contemplaban con sus ojillos oscuros mientras movían sus asustadas y diminutas narices. Tiré de las caderas del rubio para pegarlo a mi cuerpo, mordiendo su labio inferior una vez más, haciendo que nuestras pelvis se rozasen. Al dar un paso hacia detrás la parte baja de mi espalda se encontró con el borde de la mesa del tocador. Mis labios descendieron para besar su torso y morderle un pezón mientras mis manos hacían que su cinturón se soltara con un fino sonido metálico. ¿Qué pensaría esa rolliza "Poppy" si asomara su cabeza revuelta por allí y nos viera? ¡Las lágrimas inundarían la estancia, sin duda! Magnífica estampa...


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Re: La música cura los males || Jarko Virtanen [Flashback]

Mensaje por Gustav Maier el Dom Ene 13, 2013 12:06 pm

La música cura los males




Berlin || 22 de Marzo,2008 15:25 PM || con Jarko Virtanen



Aquello estaba yendo rápido pero no se parecía en nada a esas búsquedas de sexo en bares o otros lugares públicos. Algo acá era diferente y yo lo sentía en cada fibra de mi ser mientras él...Oh, él.Respondía con absoluta entrega a la mía, me preguntaba, cuando mi cerebro lograba hilvanar algo coherente en medio de aquellos flashes de endorfinas, si habría sido igual de no haber tocado juntos en aquella tienda. Pero fue en ese momento cuando sentí que estábamos conectados por la música y, luego al arañar mi cuello con el deseo de sangre...Demasiada intensidad me consumía y mi parte salvaje estaba pidiéndome a gritos salir, salir y dejar esa fachada de estudiante frío y aplicado.Jadee ante sus caricias y me estremecí cuando lamió mi sangre que aún manaba en un delgado hilillo por mi cuello. La calidez de su lengua, el sabor de su boca y la textura de sus labios...Todo contribuía para enloquecerme de deseo. Sus dedos largos y bien moldeados se movían como si ahora mi cuerpo fuera un piano y él estuviese intentando hacerlo vibrar.

Reí al oír lo de la orquesta y por un momento olvidé mi aversión a esos animalillos de ojos oscuros que nos veían ¿Atraídos por mi sangre o por la lujuria que escapaba de nuestros cuerpos? Teníamos público y, tuve la certeza que siempre lo tendríamos mientras estuviésemos juntos. Sin esa chaqueta se veía su camisa de encaje y recordé aquellas novelas eróticas dónde la realeza buscaba lugares ocultos, similares a éste teatro abandonado, para satisfacer sus dedos. Amantes que no quieren ser vistos, cerré los ojos palpando la tela suave casi con reverencia unos segundos, a través del techo llegaban jirones de luz provenientes de aberturas en el cielorraso...-Eres como un príncipe oscuro...Jarko - jadee tomando con suavidad su rostro, deseoso de probar otra vez el sabor de sus labios, no lo solté de inmediato hasta que, con el contacto de su lengua y la mía volví a sentir oleadas de excitación que hacían temblar levemente mi cuerpo. Besarlo por toda una eternidad mientras enredaba mis dedos en sus cabellos finos sería recompensa suficiente...Lo quería con la fuerza de una tormenta y, lo tendría ahí. Después dónde yo quisiera.

Con mis dedos solté lentamente su rostro y le abrí esa fina camisa de encajes cuya visión también me excitaba, tenía una idea ¿Por qué sólo yo debía sangrar?, al terminar de abrirla vi su torso delgado y con músculos marcados en el abdomen, no demasiados, los suficientes. Pero aún en esas penumbras polvorientas logré distinguir cicatrices finas en él. Sonreí mientras mis dientes profanaban su cuello dejando una marca, pero no era la única que quería dejarle...Sin previo aviso y aún manteniéndolo contra ese tocador busqué mi navaja en el bolsillo trasero,era pequeña pero tenía mucho filo. Sacándola dejé que le diera la luz y mirando sus ojos, exclamé con una sonrisa: -Tienes muchas marcas, pianista...pero aún ninguna lleva mi nombre - mi voz era cálida y profunda y sin dejar de mirar sus ojos oscuros realicé un corte poco profundo justo sobre su corazón. Un hilillo de sangre brotó,primero eran gotitas rojas sobre su pálida piel. Ahí estaba y guardando la navaja me incliné lentamente y,con la punta de mi lengua barrí con ese líquido salado y con un leve sabor metálico. Era su sangre, el éxtasis que me recorrió fue como una sacudida y luego aún con mis labios húmedos volví a besarlo lentamente mientras mis manos recorrían palpando con la yema de mis dedos sus músculos, sintiendo las marcas.Su piel estaba tibia y desabrochar el botón de su pantalón no me supuso ningún problema. Mientras bajaba la cremallera rocé su centro de placer y mordiéndole el labio inferior sonreí.

Las ratas seguían ahí, pero nuestra sangre no sería para ellas...De pronto se escuchó un crujido y otro que indicaba pasos temerosos. Le miré sin soltarle y arrancándole un beso brutal me acerqué con sigilo a la puerta. La visibilidad era escasa, podría ser algún guardia ¿O un ladrón?. Le odié a quién fuera por interrupirnos de ese modo y mi nariz olió un perfume conocido. Jadeé y supe quién había superado su miedo para venir a vernos...Poppy. Miré a Jarko y tomando mi camiseta la rasgué,sonó de manera brutal y acercándome a él musité en su oído como debió hacer la serpiente a Eva hace milenios atrás: -Tenemos una invitada...Hagamosle los honores correspondientes ¿Quiere vernos? pues, dejemos que nos vea aún si no quiere hacerlo - Claro que él no era Eva ni ese teatro el jardín del Edén, excepto para nosotros dos.




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