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Tic toc...breath hard || Feliks

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Tic toc...breath hard || Feliks

Mensaje por Gustav Maier el Dom Dic 02, 2012 3:02 pm

Tic toc breath hard




Frankfurt || 02 de Diciembre || con Feliks Axmann



Nieve y una verdadera bofetada de aire frío fue lo que le recibió al bajar del tren en Frankfurt. Vestía de negro de la cabeza a los pies y eso hacía resaltar la blancura de su piel, su cicatriz y sus cabellos claros que llevaba cubiertos por un gorro de lana negro. Sólo cargaba un morral en la espalda y miraba desconfiado pues no quería encontrarse a ningún conocido. No estaba ahí para hacer turismo y ni siquiera estaba usando su verdadero nombre como solía hacer cada vez que estaba embarcado en una misión. Caminó por el andén con soltura y rapidez esquivando encuentros familiares y maletas hasta llegar cerca de la boletería dónde hojeó un plano de la Ciudad fijándose en la distancia entre la hospedería y la estación, estaba cerca así que no tomaría un taxi prefería caminar pese al clima.

Afuera una ligera capa de nieve cubría las aceras y parte de las calles, los árboles tenían escarcha y se le antojó un paisaje digno de la Nochebuena que se acercaba. Sin abandonar sus zancadas se mezcló con los transeúntes cargados con bolsas de compras y no se detuvo hasta llegar al lugar dónde había reservado una habitación, era una hospedería sencilla y ubicada de manera estratégica, dio un nombre falso "Milo Lindberg" y coqueteando un poco con la recepcionista subió las escaleras hasta el segundo piso, allí se instalo en una pequeña y acogedora habitación cerca de las escaleras y estirándose se sacó el morral de la espalda y lo depositó sobre la cama. Debía estar tres días allí y luego regresar.

Para el periódico estaba oficialmente enfermo con amigdalitis, tenía una licencia de 5 días. Se sentó en la cama y abriendo con cuidado el bolso observó el contenido: parecían piezas sueltas de un reloj pero en realidad se trataba de una bomba, la cual debía armar e instalar en un banco cuyo propietario era un senador alemán. Sería un golpe a sus finanzas y una advertencia por el atraso en el pago de ciertas cuotas. Trabajaba solo, era más rápido y efectivo. Su contacto en el banco era de confianza y sólo tendría que ir a instalar el dispositivo a medianoche del día siguiente, estaba algo frustrado de no poder hacer el artefacto en una jornada laboral,pero sus instrucciones eran específicas, cerró el bolso y se tumbó en la cama con los brazos entrelazados detrás de la nuca, eran las 16:00 y podía dormir o bien, hacer turismo ya que se encontraba ahí.

Se quitó la chaqueta negra y la sustituyó por una blanca, se puso unas gafas delgadas con montura negra y un gorro a rayas grises. Revisó su billetera y constató que las llaves estaban en el bolsillo de sus pantalones de lanilla. Salió por las escaleras de emergencia y yéndose por la calle de atrás caminó hasta una cafetería situada dentro de unos almacenes frente al banco, Gustav pidió un moka y sentándose junto a la ventana sacó su móvil tomando algunas notas y revisando las fotografías enviadas para cotejarlas.



Última edición por Gustav Maier el Mar Dic 04, 2012 10:29 am, editado 1 vez


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Re: Tic toc...breath hard || Feliks

Mensaje por Feliks Axmann el Lun Dic 03, 2012 12:22 am

Tic Toc... Breath Hard

Frankfurt || 02 de Diciembre || con Gustav Maier

No le bastaba con saber a dónde iba, no cuando Gustav le pidió que no volviese al laboratorio porque en eso consistía la misión, en que se mantuviera lejos de él, aun sin entender por qué les interesaba tanto a quienes pedían esas cosas, si estaba o no, pues siempre hacía su trabajo, o tal vez querían sacar las computadoras, o tal vez debía darse por despedido, pues ya no había manera de que leyeran los archivos que manejaban los terroristas, y sus comunicaciones, porque él ya había dejado las rutas externas más que cerradas, además, el grupo era de costumbres directas, y preferían por sobre todo, verse las caras o enviarse cartas a la hora de organizarse. Todo lo que él podía hacer era proteger sus redes, sus correos, desviar a los intrusos, y conseguir información valiosa, además de desmantelar otros sistemas para que ya no se involucraran. Y por más importante que sonara, cuando veía que nadie tocaba su puerta para tocarle el hombro y preguntarle cómo se hallaba, se daba cuenta de que trabajo así, tan inevitablemente anónimo, lo alejaba de todos, lo consumía, y se culpaba a sí mismo por creer que no estaba hecho para nada más.

Jamás se imaginó corriendo detrás de nadie, intentando averiguar cómo llegar rápido a otro lugar. Pero allí estaba, pagando un boleto a Frankfurt, deshaciendo así sus únicos ahorros, mínimos porque sacar dinero de su trabajo era un milagro para él, mas creía que, por respuestas que no podían darle sus ordenadores, valía la pena el esfuerzo.

Sólo estando sentado al lado de la ventana del vagón de tercera clase, reparó en el hecho de que nunca había paseado en un tren, y que por eso sonreía por cada cosa que veía, en especial cuando pensaba que esa nieve que aparecía a medida que se acercaba a su destino le haría sentir mucho frío. Y él sólo tenía su suéter, acostumbrado a la tibieza que cada invierno entregaban las unidades principales de ventilación de sus computadoras, que, con dejarlas todo un día encendidas y encerradas, funcionaban casi como estufa, aunque era algo lento.

A su bajada le despidió un hombre con ropas de acomodador de vagón, el mismo que había marcado su boleto con un sistema bastante moderno, y que le aseguró que en la línea los asientos iban numerados, y que si necesitaba algo, avisara. Con eso ya sentía que era tratado como un archiduque, o algo por el estilo.

Nunca había viajado por su propia voluntad, nunca detrás de nadie. Se repetía eso cuando abandonaba cualquier timidez que le impidiese preguntar si habían visto a un hombre rubio, con una cicatriz en la cara. Le tomó casi media hora hallar a alguien que le indicó que había seguido, a pie, tal camino, y agradeciendo, como se suponía que debía al ser ayudado, emprendió su primera búsqueda no virtual.

A medida que avanzaba, su lógica funcional le indicaba preguntar a quienes veía venir si acaso habían ellos visto a un hombre que era de tal y tal forma, y que tenía ésta extraña cicatriz en el rostro, agradeciendo, otra vez, a los que asentían tanto como negaban. Así llegó al hospedaje, conforme con su avance, interrogó en recepción, y sintiéndose como un hábil detective, descubrió que su criminal –solo por abandonarlo así– había salido no mucho después de llegar. Bufó, con decisión pues continuaría, así le tomará tres siglos, pues quería decirle que, por más solitario que fuera, no podía hacerle creer que sería amable, y después simplemente dejarlo botado, por la razón que fuere.

De nuevo preguntó, a muchos, y le tomó casi una hora, encontrar los almacenes, donde le dijo un vendedor que había visto a un hombre con esa impresionante cicatriz, que no podía estar equivocado. Su lugar de búsqueda se redujo tanto, que en unos minutos le vio sentado junto a la vidriera de un café. Algo eufórico, corrió para golpear el vidrio, sin importarle que todos le quedasen mirando, incluso si fue un toque tan suave como todo lo que él hacía, ajeno a cómo se realizaban las acciones en el mundo promedio, prefería ser cauteloso, y corrió también para entrar, quedándose de pie a su lado, agitado de la pura emoción.

¿Pensaste que podías irte y nada más, Gustav? –Le dijo, no muy fuerte, porque tampoco pretendía avergonzarlo. Se sentó frente a él, risueño, como cuando encontró las figurillas de madera.

Usaba el suéter de siempre, el gris oscuro, y había conseguido un abrigo negro, lo demás, no sobrepasaba lo común: Sus jeans, sus zapatillas Converse azuladas y algo gastadas, y una camiseta blanca debajo del suéter y ya nombrado abrigo.Su cabello, húmedo por el clima, estaba hacia atrás, un detalle nuevo. Estaba tan feliz de que le hubiese resultado encontrarlo usando sólo sus palabras y piernas, que más que molesto, parecía divertido con la situación. No era exigente, los días que había estado con el mayor le ayudaron a entender un poco el funcionamiento de una especie de hogar, y lo apreciaba demasiado, pero no quería estar solo, no sin sus computadoras, y por eso, más que todo, había demostrado que también era capaz de lograr cualquier cosa.

Ahora sólo le faltaba saber a qué se debió el viaje.


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Re: Tic toc...breath hard || Feliks

Mensaje por Gustav Maier el Mar Dic 04, 2012 10:44 am

Tic toc breath hard




Frankfurt || 02 de Diciembre || con Feliks Axmann



Todo era igual entre las fotos enviadas y lo que el veía con sus propios ojos, estudió las especificaciones del edificio y los materiales usados en su construcción. Éste era básicamente de estructura sólida sólo por fuera y, por dentro eran materiales ligeros. Aquello le arrancó una sonrisa pues sería un espectáculo admirable...Fuegos artificiales quebrando el silencio nocturno.

Bebió el café que estaba algo dulce para su gusto y guardaba las fotos cuando un golpecito en la vidriera le hizo alzar la mirada: era Feliks y su mente se llenó de pensamientos confusos y rápidos ¿Qué hacia ahí? ¿Le habrían enviado los otros a vigilarlo? ¿Acaso estaban dudando de su lealtad?. Se puso tenso y le miró con frialdad mientras le señalaba la silla de enfrente. -Siéntate, no te quedes ahí parado llamando la atención - murmuró en un tono que sonó bastante hostil y respirando hondo le miró con fijeza mientras sonreía de manera forzada, se veía muy contento como para venir en una misión y lo más seguro era que hubiese decidido seguirlo por cuenta propia...¿Qué demonios sabía un hacker de bombas?.

Pidió otro café mientras guardaba su celular y ladeando la cabeza se quitó el gorro y se desordenó los cabellos rubios con un gesto de fastidio mal disimulado, suspiró y componiendo una sonrisa cuando la camarera trajo un café negro lo revolvió con la cucharilla. Elevó una ceja y preguntó: -Feliks este no es un viaje de placer o, te habría invitado...¿Cómo diste conmigo? Déjame decirte que odio que me sigan o me espien y si no te he partido la cara por aparecer así es porque te ves tan contento que eso ya me basta para saber que nadie te envió...¿Quieres comer algo? - finalizó con más amabilidad.

Resignación, no le quedaba de otra pues si le hacía regresar se desconcentraría y debía mantenerse tranquilo para armar el artefacto que había dejado en la hospedería o, volarían los dos por el aire. Pidió dos pastelillos de bizcocho de naranja y chocolate caliente para su repentino compañero y, rascándose la barbilla susurró: -Recuérdame comprarte algo más abrigado o te vas a congelar.



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Re: Tic toc...breath hard || Feliks

Mensaje por Feliks Axmann el Mar Dic 04, 2012 1:35 pm

Tic Toc... Breath Hard

Frankfurt || 02 de Diciembre || con Gustav Maier

La frialdad en los ojos de Gustav, después de tres días, si no estaba mal en el tiempo, era tan sorprende como un nibble. Y la verdad, podía ignorarla, porque ya había comprobado que, mientras no hiciera una estupidez de verdad grande, estaría a salvo con él, y quería creer que su compañía le servía, aunque fuese, cuando entraba al apartamento, terminado el día de trabajo, para hacerle sentir un poco más en un hogar. Intentaba ser considerado, aunque no le enseñaron cómo, a su manera, y lo recibía con preguntas esmeradas sobre cómo estuvo su día y si quería comer algo porque él había invertido el dinero que dejó en la mesa en algo de comida china o pizza o lo que encontrase en el directorio. En fin, no sabía nada de hogares de verdad, así que recurría a sus ideales.

¿Me veo muy guapo acaso? –Rió tenue, negando después de una broma de matices inocentes, de verdad poco importándole esa hostil molestia. Él sabía porqué estaba allí, porqué le siguió, y no se arrepentía, tal vez Gustav lo agradecería luego. Pensó que quizás se sentía solo haciendo esas misiones peligrosas, ¿No? ¿Estaba tan loco como para creer cosas tontas? Resopló, sin dejar de sonreír, especialmente animado, no sólo por la presencia de a quien veía como una amistad, aunque el mayor no lo supiera, también porque allí, dentro del local, el calor era agradable.

Dar contigo fue fácil como monitorear el malware que activé en tu computadora –Admitió, aunque era algo que había hecho con todos los computadores de los miembros Terroristas, para saber siempre, y de manera discreta, dónde se encontraban. Un GPS era tangible, pero sus programas de rastreos poseían características de funcionamiento suspensivo, de manera que no hiciera falta encender nada para que él, su único operador, los activase.– Aunque más bien dejaste una carta en la mesa –Miró de reojo a la camarera con un café entre las manos, y le sonrió con un encanto tan natural, que la mujer, descolocada, se rió despacio. Era como un niño coqueteando con la joven y atractiva profesora. Un chiste.

No lo sé, si pides algo para mí, claro –Escuchó lo que pedía Gustav después para él, emocionaba porque sonaban ambas cosas demasiado deliciosas. Impaciente, mecía los pies, antes de oír que tendría un nuevo abrigo.– No te preocupes –De nuevo esa sonrisa entre torpe y amigable, y hasta cariñosa ahora que se la dirigía a él, con las manos juntas sobre la mesa, cerca de su pecho, porque también estaba cerca de la mesa. – ¿Dónde te piensas quedar? –Era un registro demasiado reciente para que estuviese en sus manos.


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Re: Tic toc...breath hard || Feliks

Mensaje por Gustav Maier el Miér Dic 05, 2012 6:19 am

Tic toc breath hard




Frankfurt || 02 de Diciembre || con Feliks Axmann



Su tranquilidad era tan fingida como natural la del otro, mientras le escuchaba resulta que no solo lo había seguido sino que había metido no se qué en su computadora. Si la vida no le hubiese enseñado a leer a las personas Feliks se habría llevado un buen par de golpes por meterse dónde no debía, pero no tenía que llamar la atención y los dos ya suscitaban bastante interés como para aumentar aquello con una discusión tan cerca de su objetivo. No se arriesgaría a correr riesgos innecesarios y alzando ambas cejas recuperó parte de su humor al comentar con sarcasmo: -¿Ah si? Y yo que creía que sólo jugabas en linea - replicó burlón mientras la camarera traía los pedidos.

Sonrió relajado aunque por dentro seguía ardiendo de furia, la presencia de Axmann podía fastidiarlo todo...Gustav bebió sin responder hasta que trajeron el segundo pedido, ni la actitud inocente del otro conseguía hacer desaparecer esa sensación de incertidumbre, le gustaba trabajar solo o con personas de su confianza y en esa lista sólo habían dos nombres. Los pastelillos lucían apetitosos y calló viendo como a causa del frío el local se llenaba y las voces formaban un barullo por encima de sus cabezas.

Probó el suyo: un cheesecake de arándanos y el dulzor le aligeró el animo,le miró directamente a los ojos y murmuró sin alzar la voz: -Te dejé dinero para comprar alimentos no pasajes de ferrocarril, pero ya estás aquí...Me hospedo cerca y creo que la cama es lo bastante grande para los dos - le miró y ampliando su sonrisa suspiró: -Sigo sin entender cómo diste conmigo, el hecho de que un tipo que no sale demasiado como tú, me halla encontrado más fácilmente que una aguja en un pajar habla muy mal de mí... - dijo sin asomo de hostilidad.

Tal vez los Hackers no fueran todos unos nerds sin vida propia, anotó mentalmente eso mientras sin decir más terminaba su pastel y el café, guardó el sobre con fotos en un bolsillo dentro de su abrigo y tamborileó con los dedos en la mesa. - Vine de compras Frankfurt tiene unas ofertas increíbles, termina eso e iremos por tu abrigo y luego donde me alojo,lo último que faltaría sería que te enfermaras - miró por la ventana,los vidrios se empañaban señal de que comenzaba a helar, aún no nevaba como para quedar aislados e ir de compras le serviría pues sólo tenía el circuito de la bomba pero necesitaba algo en dónde meter el dispositivo, un peluche llamaría mucho la atención y una caja podría irse a la basura, necesitaba algo como un reloj de tamaño medio que pudiera pasar por un regalo para alguien, cosa que si el conserje lo veía no lo moviera de su sitio. Un bocinazo lo sacó de sus cavilaciones y mirando a Feliks dijo mientras se levantaba para ir a pagar la cuenta: -Al menos saliste...algo es algo, vamos antes que cierren las tiendas - seguía molesto pero tampoco deseaba ser hostil o hiriente, mal que mal ese hombre era de su bando y no olvidaba que debía "cuidarlo" de cierta forma aunque...recordó una vieja melodía de piano mientras salían y tomando de la mano al otro lo acercó a sí para evitar que los apresurados transeúntes le empujaran, la cercanía de Navidad siempre era caótica.



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Re: Tic toc...breath hard || Feliks

Mensaje por Feliks Axmann el Miér Dic 05, 2012 2:23 pm

Tic Toc... Breath Hard

Frankfurt || 02 de Diciembre || con Gustav Maier

Existían, de todas maneras, muchos detalles respecto a lo que había hecho o no en la computadora de Gustav, como por ejemplo, no había revisado nada, y lo que instaló fue una simple precaución, una nota de su preocupación por aquel hombre que había aceptado, sin saber él qué tan a regañadientes, el cuidar de un hombre que no podía vivir sin miseria al estar solo.– No me gusta jugar en línea –Respondió, incluso habiendo notado el sarcasmo, trató de asesinarlo con su seriedad. Consideraba que lo hacía era importante, por ello no se dejaba intimidar cuando alguien, que rara vez sucedía, jugaba a tratarle de simple nerd. Sus conocimientos iban mucho más allá de eso, y el MIT americano se habría meado encima de saber una pequeña parte de lo que dominaba, y quizás le habrían mantenido en conserva por todo lo que era capaz de aprender.

No le importaba más de lo necesario cuánto podía fastidiarse Gustav con su presencia, con una pequeña luz de esperanza de que tal vez, quién sabe, cuando tuviese que irse, le extrañaría. Y no temió a la idea de dormir con él, pues no veía ni el más mínimo interés por parte del mayor en su persona. No era como esos que se colaban a su cama hasta por las mañanas, después de pagar a su padre. No, el otro no le prestaba más atención de la que dos hermanos distantes hacían.

Tampoco gasté ese dinero, tenía unas libras ahorradas, esas gasté para venir –Corrigió tan pronto como pudo atajar ese reproche, acompañado de una mirada fija por parte de Gustav., que él sostenía.– Sólo pregunté –Se señalo el lado derecho de la cara, donde estaba la cicatriz en el rostro de Gustav.– Llegué a la hospedería donde te registraste, Milo, aunque pensé que no me dirías –Excusó así el haber preguntado, aunque el mayor fue sincero en responder, porque sí, esa hospedería era la única relativamente cercana a aquella cafetería.

No preguntó nada más, ni por el sobre, ni lo que le llevaba ahí, de repente saber le asustada un poco, y sería más prudente no fastidiarlo, incluso si no le creía cuando decía que estaba de compras. Era torpe, pero no imbécil. Asintió, dispuesto a seguir, mientras terminaba de beber el chocolate, relamiéndose los rastros del mismo que pudiesen haberse guardado en sus labios. Se levantó con él, siguiéndolo a unos pasos de distancia para caminar a la caja, sin inmutarse al comentario, que parecía demasiado conformista para venir de Gustav, mas no levantaría sus críticas, no tenía nada que objetar, ni si quiera cuando salían de la tienda, cuando su mano fue tomada, en un gesto que le agradó por ser único en su existencia. Sin embargo, aprendía, y tomar ello como señal de cualquier cosa, lo ponía en riesgo de que el tiro le saliese por la culata, y no, no quería balas en la cara.

¿Cuándo estás de cumpleaños? –Se le ocurrió preguntar, mientras se abrían paso entre la gente, siguiendo él al otro, porque no sabía dónde se compraban los abrigos ahí en Frankfurt. Y, ¿Por qué cuestionar aquello? Era difícil estar callado así, aferrado a una mano que se amenazaba más tibia y sobrecogedora, más destructiva también. Callado era difícil, charlando, bueno, así se alivianaba la tarea de aceptar que era agradable ser protegido, ser una carga, al fin, aunque los ojos de Gustav resultasen muchas veces recelosos, le pagaba con sus atenciones, con sus esmeros en detalles que el otro nunca llegó a notar en su apartamento, como que estaba todo más limpio, más ordenando, y las figuras de madera ya no estaban en el cajón.


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Re: Tic toc...breath hard || Feliks

Mensaje por Gustav Maier el Miér Dic 05, 2012 4:31 pm

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Frankfurt || 02 de Diciembre || con Feliks Axmann



Salieron y apenas le oía, estar afuera de la reconfortante cafetería había hecho que le cayera encima todo el peso de lo que debía hacer. Por mucho que calculara y tomara precauciones siempre existía el riesgo de que algo fallara, que alguien pasara por ahí y aunque sabía que eran daños colaterales...Le fastidiaba. Además la proximidad de unas fiestas que significaban alegría para todo el mundo y no para él le deprimía, sin embargo su rostro era una máscara que no dejaba traslucir sentimiento alguno, debía mantenerlos ocultos y cerrarse como un baúl lanzando la llave al fondo del mar...Aunque en ocasiones deseaba ser sentimental, deseaba decir lo que en realidad quería y pensaba tan ajeno a su fachada de "No me importa nada". La gente empujaba y empujaba y la pregunta acerca de su cumpleaños le tomó por sorpresa. Ambos se habían detenido en un cruce y mientras aguardaban a que el semáforo cambiara, respondió:

-23 de Diciembre... - Se arregló el cuello del abrigo y se quedó viendo a una mujer que aguardaba para cruzar en la dirección contraría, era rubia y el abrigo rojo ceñido que llevaba le recordó a Antje, por unos segundos su atención se centró en ella hasta que el semáforo cambió y, al pasar junto ella eludió su mirada avergonzado de la cicatriz.

Algo estaba sucediendo, hacía años que no se sentía tan nostálgico y casi era como si todas las lágrimas reprimidas por los sacrificios realizados por la causa estuvieran acumulándose ahí, al borde un vaso demasiado lleno. Parpadeó y se metieron dentro de unos almacenes llenos. Se dirigieron a las escaleras mecánicas y su silencio era más profundo, llegaron a la sección de caballeros y miró alrededor. Todo estaba decorado con motivos navideños y se oían villancicos de fondo. Gustav miró de reojo a Feliks y con una sonrisa que se contraponía bastante a cómo se sentía exclamó: - Escoge algo, será tu regalo de Navidad adelantado - sus ojos eran tiernos, como fuera se alegraba de no estar solo durante esos terribles ataques de nostalgia.

La navidad era la época favorita de su esposa, recordó como canturreaba adornando el departamento y cómo reían vaciando las cajas con objetos en la alfombra como si fuesen dos críos. Sin ella todo estaba demasiado vacío y no sentía que tuviese que adornar sólo para él, prefería trabajar en el periódico esa fecha y beber hasta caer muerto después. Miró a Feliks cuyos ojos verdes se parecían tanto a los de Antje y esbozó una sonrisa auténtica al verle corretear extasiado por la tienda como si fuese un niño también.



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Re: Tic toc...breath hard || Feliks

Mensaje por Feliks Axmann el Miér Dic 05, 2012 8:26 pm

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Frankfurt || 02 de Diciembre || con Gustav Maier

Era un poco triste el mantenerse contento, y de todas maneras, por más que éste lo ocultara, saber que Gustav sentía una aflicción por la cual él no podría hacer nada. Pero mucho más triste habría sido para él dejarse caer, y comenzar a investigar en esas heridas, para abrirlas y rehacerlas. Seguían en mundos diferentes, por ello, con respeto, lo dejaba, no así abandonarlo, pero pensar algo tranquilo. Hasta creía que el mayor disfrutaba de sus penas, y bien, no podía ser ni el primero ni el último.

La Navidad para él era tan significante como un día cualquiera, pues, claro, no la conocía de la forma en la que la mayoría hacía. Ni siquiera la celebraba. Para esas fiestas hacía falta dinero, familia, un lugar donde acogerlos, un árbol lleno de luces y esferas de colores, cosas que él no tenía, y que veía con desdén, pues no las experimentaba, y si le hubiesen preguntado, lo más cercano, aunque fuese tentativo, a una familia que tenía, era Gustav. No podía mentir, nunca había pasado tanto tiempo en casa de alguien, y nunca se había sentido tan útil, tan humanamente significativo. Incluso si era, simplemente, porque tenía ese apartamento no muy desordenado, perfectamente ordenado. Lo que no podía hacer era la comida, pero era un detalle vago.

Se habría reído de haber sabido esas cosas que deseaba el otro, porque él no pedía secretos, no pedía fachadas, no pedía ser cuidado más que querido, pero si ambas cosas podían llegar a ser sinónimos, no rechazaba algunas cosas que Gustav le daba como lujos. Eran pocos días, pero todos seguidos.

Como Martin Opitz; Trostgedichte in Widerwetigkeit des krieges –Comentó riendo despacio, sin decirse experto en poemas, pero tenía tiempo para indagar, y deseaba no ser del todo inculto, mas sí evitaba, y se notaba en sus formas de vivir, que evitaba aprender de lo cotidiano.

El frío le tenía aletargado, como si fuese una pluma, caminaba suavemente, sin poder evitar la somnolencia de un viaje reciente, bostezó contra el cuello de su burdo abrigo. Los almacenes brindaron cobijo suficiente para dejar el encorvamiento de la helada, y sintiendo sus labios y la punta de su nariz, pétreos, se dio cuenta de que tenía las manos en los bolsillos, y que ya no compartía una de ellas con Gustav. El profundo silencio le aturdía un poco más, pero se contenía de preguntar, y manteniéndose al margen de una vida que pronto se separaría de la suya –creía–, evitó mirarlo a menos que el otro llamase su atención. Y vaya que le sorprendió aquel mimo de parte del mayor. Ofrecerle algo que nadie más hizo, ni en obras de caridad había sido él beneficiado, y no culpaba al mundo, claro, pues solo se aislaba de todo.

Terminó inspeccionando cada mostrador, acelerado, no quería tocar nada, sólo miraba, y no se decidía, porque tampoco sabía elegir, ¡Ah! ¡Si sabía tan poco de lo más simple! Ya hallaría la hora de contarle algunas cosas en pago a ello, mientras pensaba en cómo conseguir dinero, y quizás, decirle que él nunca estaba de cumpleaños, porque no sabía cuándo era, que le enseñara cómo se hacía la Navidad, y el año nuevo, que todos celebraban en las calles de Berlín, y que él miraba desde la ventana, porque no entendía el sentido de todo ello, aunque envidiaba la alegría y la cercanía. Lo único que pregonaba esos días era que las promesas de ese año no fuesen los perdones del siguiente. Y, claro, veía los fuegos artificiales, hasta que su humo monstruoso desapareciera.

Al cabo de unos minutos, regresó frente a él, negando con la cabeza.– Perdón, nunca estuve en una tienda así, no sé qué elegir, o qué talla servirá –Indirectamente pedía su ayuda, avergonzado de sus incivilizaciones, avergonzado de jamás haberle dedicado tiempo a esos detalles. Y temía un poco a ser más fastidioso aún, pues, si tanto le había molestado que le siguiera, como pareció, quizás no querría ya tener que estrujarse el cerebro por hacerle vivir algunas situaciones con más normalidad.

Recordó entonces, y metiéndose la mano al bolsillo, sacó la billetera de cuero gastado, obviamente, de segunda, y quizás hasta de tercera mano. El plástico amarillento cubría una identificación que, en el área de la fecha de nacimiento ponía: Geburtsdatum Fehlen, y que después llenaba casi todos los campos, aunque el de Edad también era llamativo, pues después del número veinticuatro se leía: Annähernd.


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Re: Tic toc...breath hard || Feliks

Mensaje por Gustav Maier el Jue Dic 06, 2012 1:33 pm

Tic toc breath hard




Frankfurt || 02 de Diciembre || con Feliks Axmann



Iba a sacar un cigarrillo cuando vio el cartel de advertencia que indicaba que no se podía fumar, pero lejos de sentirse contrariado optó por encogerse de hombros y guardar la cajetilla de cigarros mentolados, la menta era otra más de sus adicciones. Se paseó lentamente por la sección de hombres palpando telas y tomando algunas prendas que eran de su agrado, podía aprovechar de comprar algo para él y, en eso estaba decidiéndose entre un chaquetón de gamuza negro o una parka acolchada color azul marino cuando escuchó una conversación que mantenían dos dependientas. Las voces de las mujeres siempre eran algo que oía con interés y, moviéndose con elegancia prestó oídos.

-Es tan guapo...Podría modelar para nosotras, esa cicatriz le da un aire misterioso - decía una de unos 40 años y cabellos castaños cortados a la altura de la mandíbula, al oír eso Gustav comprendió que hablaban de él y se sintió secretamente halagado. Miró de reojo y notó que sobrepasaba por una cabeza a la mayoría de los hombres que pululaban por ahí. Iba a seguir oyendo cómo hablaban de él cuando se le acercó Feliks apenado diciéndole que era primera vez que entraba a una tienda. El rubio le lanzó una mirada mitad de sorpresa y mitad de algo similar a la lástima." Pero en dónde ha estado este hombre toda su vida" pensó,

Aquellas palabras le hicieron reiterar su opinión de que todos los Hackers estaban mal de la cabeza, si se podía comprar hasta por internet e incluso existían tiendas que ofrecían unos tours virtuales impresionantes y eso, lo sabía hasta él, que no era muy experto en informática. Le tendió la parka acolchada que miraba para él y con paciencia le dijo: -Puedes probarte este modelo, si es muy larga me lo dices y busco una talla menor, yo generalmente uso XL por mi estatura pero en algunas tiendas tienen L que se me ajusta a la perfección...Tú debes andar entre una M y una L, aunque depende mucho del modelo que escojas también - esbozó una sonrisa mientras le veía probarse la prenda.

En su mente daban vueltas esas dos palabras, no se sabía su fecha de nacimiento con certeza y su edad era aproximada, aquello resultó ser toda una curiosidad pues bien podía tener su edad o menos años. Pero lo que le preocupaba era sin duda su actitud y repudió una vez más a quienes contrataban a esos chiquillos tímidos y blandos para exprimirlos pues jamás alzarían la voz. Sentía que debía proteger a Feliks durante el tiempo que hiciera falta, ya que quién le había pedido aquel favor no había especificado cuando debía "terminar" y, le entendió pues Feliks era como un niño que salía a la luz pese a sus años y, sería sumamente fácil herirlo o engañarlo.Gustav dejó el abrigo de gamuza en el perchero mientras su expresión se tornaba preocupada pues estaba adoptando de manera inconsciente un papel de hermano mayor, en lo que a él respectaba Feliks era un niño y sería su deber protegerlo y enseñarle a valerse por si mismo.

Era atractivo y ahora el par de dependientas se habían acercado a éste para ayudarle, sin que lo hubiese pedido, sonrió mientras miraba unos relojes recordando su misión principal en ese lugar de Alemania. Casi lo había olvidado por culpa de un hombre al cual siempre vería como un hermano menor ya que los sujetos tímidos no atraían su interés en el plano sexual. Era adicto a la adrenalina, era intenso y si no existía una "guerra" en una relación, para él se transformaba en algo soso y carente de emoción. Si no buscara las emociones fuertes se habría dedicado a otra cosa.

Se acercó a ayudar a Feliks que parecía agobiado, ésta vez le tendió una chaqueta decuero similar a las que solía usar él, era de modelo deportivo con unas franjas blancas que le sentaría bien y le daría un aire de más seguridad, con una sonrisa lo apartó del par de mujeres y mirándole desde su altura susurró: -Si no puedes simular ser alguien que no eres, deja que la ropa lo haga por ti Feliks, si usas colores oscuros y botas militares crearás de forma automática un aura de "chico rudo" frente a ojos de los demás, si vistes de cuero y con jeans desgastados te verás más seguro que si vistes pantalones de tela y camisas a cuadros ¿Me entiendes? - Era divertido tener a alguien en quién preocuparse, con los años Gustav casi lo había olvidado.



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Re: Tic toc...breath hard || Feliks

Mensaje por Feliks Axmann el Jue Dic 06, 2012 2:31 pm

Tic Toc... Breath Hard

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No quiso reparar nada sobre aquella mirada de sorpresa, tampoco quería caer en la explicación de porqué era quién era, probablemente terminaría espantando al hombre, y eso era peor que tener que cargar con esa mirada lastimera sobre él, pues sabía que se había perdido de mucho en la vida, y, sin embargo, sentía que no debía ser mirado así, como un loco. Era como si hubiese crecido en una cultura distinta, en donde lo material pasaba a segundo plano, y la familia existía por referencia, por lo que se oía que eran, si hasta su nombre era mentira, pues, de haber sido el suyo como tal, se habría encontrado con el verdadero Feliks, el que tenía una fecha de nacimiento, y todavía no una de muerte. Y podría ir a Polonia, y pasar junto a su tumba vacía, y no reconocerse. Catorce años casi, los más cruciales de su aprendizaje, metido en un sótano húmedo y helado, o demasiado caluroso para no sentirse seco. Todos veían al hombre raro, a la rata entre circuitos, y lo consideraban normal, porque así eran los nerds, raros, antisociales.

Agradeció en secreto la paciencia que expresara Gustav al explicarle cómo funcionaba todo ello, y prestó tanta atención que parecía ser un alumno categórico, mientras sostenía la parka acolchada, de la cual no podía discriminar nada, pues no sabía bien los estereotipos de lo que era bonito o no.

Se habría sentido subestimado, pues sí era como un niño, pero tan desconfiado en muchos aspectos, pues conocía a la gente mala, ah, sí que lo hacía, los había sentido literalmente en sus entrañas, y pensarlo siquiera le provocaba asco. Pero probablemente caería ante la emociones, antes la preocupación, ante esas cosas vagas como las que hacía Gustav para expresar su interés por ayudarlo. Y quizás hasta el mismo rubio buscaba engañarlo, y él, redondo, estaba cayendo.

Las mujeres se le acercaron, y Feliks las recibió con una sonrisa tan espontanea que parecía, para ellas, que brillaba. Le decían con condescendía qué podía quedarle bien, y él acataba, todavía con los labios curvados, y hasta riendo un poco entre halagos, pues, aunque no era tan alto como Gustav, tenía, pese a sus características, cierto porte llamativo, y complementaba con su voz el accionar precavido, nada comprable con la manera brutal en la que hacía trabajar sus computadoras. No le intimidaban las damas, y muchas veces le parecían agradables, porque siempre olían bien, y siempre tenían colores en su rostro, y él había tenido la fortuna de, las pocas veces que salía, no haberse hallado jamás con una lo suficientemente fea como para no saber qué pensar. Mas la situación se tornó complicada, cuando ellas sobrepasaron el mismo carisma inconsciente e infantil del joven de ojos indescriptibles. Le llenaron de posibles prendas, y la charla se tornó en algo que no podía seguir, porque no sabía de qué hablaban, y de a poco las voces de ellas comenzaron a ser tan fuertes para sus oídos, y tan lejanas a la vez, y tan apresuradas…

… Su salvación tenía una cicatriz en la cara, y le tendía una chaqueta de cuero. Tan imponente era la presencia del otro que ellas callaron como por arte de magia, y le apartó de ellas sin dejarlas ni protestar. Y escuchando sus consejos, dejó en un mostrador la montaña de prendas que ellas sugirieron, entre las cuales había, quizás, hasta calzoncillos. Sonaba sabio, y asintió, comprendiendo. Aunque debió mirarse la ropa, para asegurarse de que no andaba con camisa a cuadros –Que nunca tuvo–, y que estaba con unos jeans más que típicos. Parecía un promedio aburrido, pero el dinero mandaba, y él prefería no gastarlo, que tener cosas baratas que le durarían poco o nada.

Entonces… –Se probó la chaqueta de cuero, mirando el precio que colgaba de una de las puntas del cierre de metal, no pudo evitar ponerse ligeramente pálido.– … ¿Me veo rudo? –Se rió un poco, con la suerte de no tener el mal hábito de andar chueco, de modo que todo tenía en él la oportunidad de asentarse bien.

Las razones que habían traído al mayor allí, no había olvidado que quería preguntarlas, pero eso rondaba en el estadio trasero de su mente, ahora todo de él se entregaba para no defraudar a Gustav, para que se diera cuenta de que no era tan torpe como aparentaba ser a simple vista, y para probarse a sí mismo que era posible aprender a vivir después de tanto tiempo sin hacerlo en realidad. Lo que sí había dejado de lado eran sus computadoras, que allá descansaban, inalterable, escondidas, sin su guardián, pero aún seguras.


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Re: Tic toc...breath hard || Feliks

Mensaje por Gustav Maier el Vie Dic 07, 2012 2:30 pm

Tic toc breath hard




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Gustav rió al escuchar la pregunta de Feliks y mirándolo con aire crítico asintió e hizo el gesto con el pulgar hacia arriba para mostrar su aprobación y ayudando a quitársela le sugirió mientras colocaba la chaqueta en el perchero: - Puedes llevarla y también algo más grueso para estos días, sabes que el clima aún está variable pero las heladas son constantes y pronto empezarán las nevazones... - guardó silencio pues se percató de que estaba hablándole como si su compañero viniera de otro país y esbozando una sonrisa algo avergonzada agregó: -Perdón si resulto muy sobre protector,Feliks.

Finalmente tras estar otro par de horas,el rubio encontró el objeto adecuado para instalar en él la "sorpresa" era un bello reloj mural de esos con péndulos, el tamaño era de unos 30 centímetros y lo bastante ancho para permitirle poner una bomba dentro. Lo compró sin decir nada a Feliks y tras beber sendos vasos de café en un "Starbucks" emprendieron el regreso a la hospedería, al llegar la mujer no se sorprendió al verlo acompañado y con una sonrisa Gustav le explicó: -Mi primo Hans... - sin dar más detalles subieron las escaleras y al llegar a la habitación el rubio se apresuró a constatar que todo siguiera igual. Ya tenía anotado en su mente el ser el doble de cuidadoso para que nadie le hallara con tanta facilidad.

Esa cicatriz en ocasiones era un problema, tan larga y profunda que era imposible cubrirla y mucho menos con una curita que resultaría demasiado llamativa. Dejó el reloj en la cómoda y encendió la calefacción mientras se acercaba al morral y revisaba que cada cable estuviera en su lugar y tanto el líquido explosivo como los estabilizadores estuviesen ahí. Existían artefactos de contacto, de relojería, y de control remoto que era el cual iba a utilizar en el banco. Tras cerrar el morral se sentó en la cama y mirando a Feliks dijo simplemente: -¿Ves? Es una cama grande y siempre puedo dormir en el sofá - el ambiente se caldeaba lentamente y un leve golpecito en la puerta les indicó que podían bajar para cenar.

Gustav se incorporó y fue el primero en descender tras la recepcionista, en e comedor habían cinco personas más, un matrimonio mayor, una pareja y una chica con aspecto de estudiante de intercambio con enormes gafas, la cena consistió en puré de patatas con un trozo de carne asada y ensaladas varias. El rubio pronto entabló conversación con el matrimonio mayor escuchando con paciencia sus historias de juventud con una sonrisa tan adorable que cualquiera diría que charlaba con sus abuelos.




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Re: Tic toc...breath hard || Feliks

Mensaje por Feliks Axmann el Vie Dic 07, 2012 3:50 pm

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Pensar en llevar eso y algo más, cosas insignificantes que le hacían sentir un cosquilleo hasta doloroso en los bolsillos, que no poseían ni pelusas qué lamentar, y de pronto, ese hombre, a veces demasiado parco para descifrarlo, le ofrecía, de un momento a otro, lo que a él le tomaría meses, si no años, conseguir. No deseaba entender por qué esa suerte tan grande caía sobre él, de modo que sólo asintió, mirándolo extrañado, pero agradecido. Después el reporte del clima, como si él no supiera lo que le esperaba, aunque atinó a sonreírle con atención, negando sencillamente, para no admitir nunca que le gustaba el ser protegido así.

Detalles, su vida por esos detalles.

Las horas lo desafiaron entre mostradores, sin parecer nada aburrido, terminó cargando dos bolsas diferentes, una con la chaqueta de cuero, y la otra, con un abrigo digno de modelar, lo suficientemente grueso para exigir simplemente un suéter por debajo, con la camiseta propicia, y no tanto como para hacerlo lucir como Santa Claus en un intento por ser galán. Perfecto, en resumen.

El recorrido continuó con la faena de la Cafetería más famosa de la tierra, en donde ahogó sus células con el café suficiente para tenerlo despierto por casi dos días, aunque la leche hacía un contraste lo suficientemente vasto para que fuese sólo esa noche. La hospedería le volvió a recibir, ahora como huésped, y le pidieron algunos datos para tener su nombre en mente, y claro, Feliks tenía muchas identificaciones falsas, aunque cargaba una. Odiaba el nombre Hans.

Lo único que tuvo que abandonar al borde de la cama, fue el bolso, y las compras. Y lleno de curiosidad, quiso saber lo que el otro cargaba con tanto secreto, pero no alcanzó a ver más de lo que logró suponer que sería todo ello, lo típico, porque los Terroristas actuaban bajo un manto oculto, algo que a veces le parecía hasta cobarde, pero que no quejaba, porque él mismo lo hacía. Quizás era una bomba. Quizás él era paranoico.

No, es tu cama, si quieres, yo duermo en el sofá –Respiró el agradable calor que comenzaba a llenar el cuarto.– A mí no me molesta dormir contigo –Terminó de hablar, en lo que un golpe suave en la puerta despertó sus ganas de comer lo que podía ofrecer un lugar tan agradable como ese.

Más atrás iba él, bajando las escaleras con una sonrisa ligera, tan tranquilo como en vacaciones, sin importar ya si a Gustav le fastidiaba su calma, porque él no dejaría de mirar con atención cada detalle impresionante, descubrir que la gente solía poner cuadros en las paredes para que no se viesen tan vacías, o que las sábanas iban dobles en las camas para hacerlas más agradables, o que las escaleras alfombradas lucían elegantes de cualquier color, y que los pisos tenían bonitos números para no confundir o tener contando a nadie. En su edificio no era así, y en el de Gustav, apenas si lo había visto.

Con las manos en los bolsillos del pantalón, sonrió a cualquiera que topase su mirada con la propia, y no tardó en servirse lo que olía demasiado apetitoso para pensarlo. Se sentó junto a Gustav, y con interés, aunque callado, escuchó, como un fantasma, comiendo hasta sigiloso.

¿Tienen nietos? –Preguntó de pronto, ya sin nada para comer, satisfecho, se limpio cauteloso con el borde de la servilleta, y mientras le respondían, sintió que podía decir algunas cosas, contando con la sabiduría de una pareja que había atravesado junta más años de los que él pensaba que podría vivir. Aunque miró a Gustav, y le dio una vergüenza inmensa siquiera comenzar la historia. Quedó con la boca a medio pronunciar algo, y sólo sonrió con timidez al levantarse a la carrera por su postre.


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Re: Tic toc...breath hard || Feliks

Mensaje por Gustav Maier el Sáb Dic 08, 2012 1:50 pm

Tic toc breath hard




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Podía ser tan encantador y atento que era un gusto, cuando estaba de buen humor se mostraba educado y cortés, debía hacerlo allí ya que era obsesivo hasta la médula con los detalles y los cabos sueltos. Si se mostraba hostil o apático dejaría una fea huella de su estancia en aquel lugar y era la segunda vez que acudía a esa hospedería con la excusa de visitar a una tía abuela muy enferma. Por supuesto que en la anterior no fue a colocar una bomba, sino a reunirse con unos camaradas para ayudarles con la estrategia para crear una célula terrorista ahí. Era verano y había ligado con una bella pelirroja de una tienda de anteojos de sol de marca, así que no todo había sido trabajo. Miró de reojo a Feliks mientras se le veía contento y disfrutando de ese cálido ambiente hogareño.

Tal vez si tenía tiempo fuera a saludarla, aunque dado que nunca la llamó como había prometido, dudaba que la chica le recibiera con los brazos abiertos y, tal vez ni continuaría trabajando ahí. Los ancianos eran adorables y llevaban juntos 45 años, era una cantidad de años estratosférica para Gustav pero en su interior se preguntaba qué se sentiría llevar tantos años y que fuese una sola persona quién llenara todas las grietas. Su relación más intensa había ocurrido cuando él tenía 23 años y el modo como había comenzado le traía un grato recuerdo, pero el cómo terminó le hacía palidecer de espanto...El postre consistía en puré de castañas, muy dulce para su gusto por lo que lo rechazó con amabilidad y, viendo que su compañero estaba interesado en la charla de los abuelos se levantó de la mesa y, tocándole el hombro a Feliks se inclinó hacia él:

-Olvidé algo en la habitación, voy a buscarlo y bajo enseguida -se despidió con un ademán de los otros y con su impecable abrigo blanco y apostura salió, subió los escalones de dos en dos y haciendo girar la llave abrió para cerrar con cautela, dirigiéndose hacia el dormitorio tomó el morral y con cuidado sacó todo lo que necesitaba, se veían alambres,un reloj,un detonador remoto y dos frascos cromados similares a dinamita. Depositó el contenido en la mesa del pequeño comedor con sólo dos sillas y buscó la bolsa de la compra dónde estaba el reloj mural. Con un destornillador y tras cambiar la ampolleta de la lámpara que pendía de su cabeza, por una con mayor voltaje, comenzó a desarmar el reloj pieza por pieza quitando todo el mecanismo interior para dejar sólo la caja externa.

Era un trabajo tedioso y que requería de mucha paciencia, sus dedos eran hábiles y era sumamente metódico. Estaba concentrado y una vez que el interior del reloj mural quedó vacío procedió a armar la bomba dentro de éste atando los cilindros con una gruesa cinta de embalaje y dejándolo todo preparado. El reloj interno emitía el tic-tac que debería emitir el reloj externo y contaría con un detonador de puente que se componía básicamente de un condensador cargado con un voltaje considerable y un alambre muy fino. Cuando descargara la energía almacenada en el condensador haciéndola pasar por el alambre este se calentaría instantáneamente y parte del cobre se sublimaría produciendo una detonación.

Dejó el cable de cobre desconectado, no debía conectarlo hasta el día siguiente cuando fuera a reunirse con su contacto en el banco. Después observaría los fuegos artificiales por la ventana. Guardó las herramientas y dejó la parte superior del reloj abierta y levantándose, se quitó las gafas y frotándose los ojos caminó hasta la ventana para fumar. La abrió hacia afuera con un ademán y dejó que el frío ingresara a la habitación, se apoyó en el marco de la ventana y buscando su encendedor cromado con forma de guitarra se inclinó a encender el cigarro mentolado que tenía en los labios. Se sentía satisfecho, había suficiente pólvora para dejar ese edificio bancario hecho una ruina y, pensó que las 4am era una buena hora, hacía mucho frío para andar de juerga y el tráfico era casi inexistente. Si alguien resultaba herido por bloques de concreto o vidrios rotos pues sería mala suerte, él podía hacer lo posible para evitar daños mayores pero siempre existían cosas que escapaban a su control.

-Si. las 04:00 de la madrugada será una hora fenomenal... - susurró sintiendo una leve brisa que alborotó los mechones rubios que se escapaban de su gorro de lana. Estaba entusiasmado y quería probarlo de una vez, había hecho pruebas con una bomba anterior con un radio más pequeño para perfeccionar el detonador de puente pues no debía fallar ya que para reactivarlo debía volver a abrir el reloj y corría el riesgo de que explotara dejándole a él hecho pedazos. Los métodos arriesgados eran su hobby, por ello los demás expertos en bombas no querían trabajar con él, no se vanagloriaba de ser el mejor pues nadie superaría al viejo magnus pero, había dado varios sustos volando retretes a quienes le incordiaban, esbozó una sonrisa...Era tan fácil acostumbrarse a ser un Terrorista.



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Re: Tic toc...breath hard || Feliks

Mensaje por Feliks Axmann el Sáb Dic 08, 2012 3:05 pm

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Frankfurt || 02 de Diciembre || con Gustav Maier

Incordiar no era lo suyo, y lamentaba cada segundo de sufrimiento que pudiese haber causado a cualquier otro en la vida, aunque alguien que supiera le hubiese podido decir que él debía desquitarse con el mundo, no lo veía acertado. No era culpa de otro lo que él vivió, y quizás ni de él mismo, incuso si sólo por cobarde no se atrevió al riesgo de huir, temiendo que, de ser descubierto, la represalia hubiese sido peor que la última, que le significó una libertad parcial.

Un hombre es libre de mente y corazón, da igual donde esté, y Feliks, aún sin tener muchas obligaciones, no podía sentirse… libre. No sabía cómo.

Miró al instante al joven rubio, de todas maneras, mayor que él, y asintió sonriendo con levedad. Era una oportunidad para hablar. Si esa pareja llevaba tantos años unida, y por amor como parecía a sus ojos, seguro que sabrían algo para aconsejarlo. Él no sabía de sus abuelos, ni de tíos, ni hermanos, ni padres, ni primos, ni nadie, y no conocía tampoco el orden de importancia, pero su lógica le indicaba que, por el tiempo de vida, los más sabios debían ser los más viejo, en especial cuando se veían tan gratos de la vida.

Los ancianos notaron que había algo, y miraban con expectación al muchacho, luego de intercambiar ellos miradas. La historia comenzaría con ambigüedad…

… Se supone que tenía un año o un poco más cuando me llevaron, cuando me trajeron aquí, en realidad, y en Alemania me tomaron otra vez, como parte de un trueque, o no sé qué habrá sido…

La pareja se miró confundida, pensando que se trataba del relato de una novela no creada, o que podían estar tratando con un joven demasiado perdido en la vida, tal vez hasta drogado, que inventaba cosas. Feliks jugaba con los restos del postre, sabiendo que ya no podía retirarse dejándolos así, intrigados, pero temerosos, como en una de esas películas de terror.

… Recuerdo más, en verdad, desde los cuatro años en adelante, éste sujeto me llevaba siempre las sobras de la comida de la casa, al sótano, y una botella de agua, cuando lloraba, no dudaba en callarme, y aprendí que llorar nos hace demasiado débiles. Era como comer tierra, ¿Saben? A veces pasaban dos días seguidos y no conseguía ni agua, ni comida de ninguna clase, no sé, él se olvidaba que estaba ahí, y a veces asomaba a ver, pero sólo había un pasillo largo y oscuro, y no sabía su nombre, así que no podía llamarlo, y tampoco hablaba muy bien, así que no podía decir mucho.

La mujer comenzaba a imaginar el escenario, y se aferraba al brazo de su esposo, quien no deseaba eso para ningún niño, ni nietos ni desconocidos. El joven estaba calmado, pues en su mente, había repasado la historia un montón de veces, pero a su vez se veía triste, avergonzado de alguna manera. Los viejos estaban absortos, mirando el rostro del jovencito, tragando con fuerza, el garzón llegó a decirles que el comedor cerraba en dos minutos. Los tres se miraron, y Feliks, susurrando un disculpa, y una sonrisa, pidió que por favor, guardaran el secreto. Después se escabulló por las escaleras.

Creo que tenía cinco años ya, no sé, él lo sabía todo de mí, pero no daba más que detalles, y esos no eran las fechas o las horas. Me dijo “Estás listo, debes ser un buen chico, y sabes lo que pasará si luchas”; un hombre entró, era desagradable, su cabello faltaba por enfrente, y reía con ansiedad.

No le deseo esto a nadie.


Llegó al cuarto, un tano agitado por la inncesaria carrera de subida, y golpeó suavemente la puerta, esperando a que Gustav abriese.


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Re: Tic toc...breath hard || Feliks

Mensaje por Gustav Maier el Sáb Dic 08, 2012 3:45 pm

Tic toc breath hard




Frankfurt || 02 de Diciembre || con Feliks Axmann



El cigarrillo se consumía y tomándolo lo aplastó contra el marco de madera para luego arrojar la colilla, cerró la ventana y corrió las cortinas de un delicado color beige, esa habitación y sus colores beige, blanco invierno y canela le recordaban a su viejo departamento y sólo faltaba que allí florara el aroma a vainilla que había sido el favorito de Antje. Acababa de hacer eso cuando oyó que llamaban a la puerta y mientras caminaba a abrir aprovechó de subir un poco más la calefacción, miró por el pequeño ojo de buey más por costumbre, y abrió dejando abierta al tiempo que se quitaba el abrigo blanco colocándolo en un perchero.

-La comida aquí es exquisita, el ambiente es casi como hallarse en casa...Este lugar es una verdadera joya escondida en Frankfurt - exclamó mientras se quitaba el gorro de lana y se peinaba el cabello hacia atrás, luego como si nada miró de reojo la mesa dónde descansaba el reloj mural aún sin la parte superior y arqueando una ceja, como hacía cada vez que quería enfatizar algo susurró: -No te acerques a ese reloj o volarás esta hospedería tan alto que llegaremos a Júpiter - sonriendo se dirigió al armario y abriendo una de las puertas de madera sacó un par de frazadas.

Dejó caer una con naturalidad sobre el sofá y mientras se quitaba el grueso chaleco con unas finísimas lineas grises, volvió a dirigirse a su compañero: -Dormiré en el sofá, así estaré cerca de "Betty", si tienes frío hay más frazadas en el armario y puedes subir la calefacción... - se sentó comenzando a desanudar los cordones de sus botas y sin verle añadió: -Para eso vine acá, un escarmiento sin muertos pero con muchos daños - sonrió y alzando el rostro le dijo recuperando su antiguo tono burlón: -¿Descubriste el secreto de la felicidad de la pareja de ancianos? yo no imagino vivir juntos tanto tiempo y seguir enamorados, creo que el amor es sólo al comienzo y después otros sentimientos se interponen haciendo la vida tolerable...Claro que... - se puso de pie sin aquellas pesadas botas y quitándose la camiseta con agilidad rió -Yo hablo desde mi propia experiencia matrimonial, cinco años para mi ya es una eternidad.

Riendo aún ordenó su ropa quedándose sólo con los jeans y tras dejarla amontonada sobre la cómoda del dormitorio sacó su cepillo de dientes y fue al cuarto de baño, éste era impecable en tonos blancos y azules y como curiosidad tenía una enorme bañera. El rubio se lavó los dientes y miró la bañera, pensando que al día siguiente tras su espectáculo se daría un baño bien caliente. Se lavó el rostro y algunas gotas de agua quedaron prendidas en sus cabellos y tras secarse con una toalla dirigió su vista a la cama, era grande en efecto, king size pero aún así su manía de no interferir en el espacio personal ajeno era muy marcada. Apagó la luz y sólo murmuró mirando a Feliks: -Es cómoda, dormirás como un bebe,muchacho.



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Re: Tic toc...breath hard || Feliks

Mensaje por Feliks Axmann el Sáb Dic 08, 2012 6:14 pm

Tic Toc... Breath Hard

Frankfurt || 02 de Diciembre || con Gustav Maier

La circunspección hacía presa su rostro, especialmente esos segundos previos a ver su rostro, que por alguna razón brillaba, no porque tuviese luces o cosas así, no, de verdad le parecía que transmitía algo, algo que iba mucho más allá de lo que él sólo, en su constancia de vacíos, pudiese explicar, y tan poca era su capacidad para ver en ese latir acompasado de su corazón algo fuera de lo común, que lo dejó pasar.

Vio el reloj en esa mesa pequeña, y al tiempo, Gustav se refirió a éste, con una advertencia que no quiso responder, porque no valía la pena presumir que él también había aprendido a construir esos aparatos explosivos, aunque nunca era él quien los plantaba en los puntos donde se quería. Al menos no eran ellos como los Terroristas rusos, reparó, o como esas gentes de la ETA, que, despiadados, atacaban cualquier lugar donde la mayoría fuese civil, común y corriente. Pensó en cómo sería llegar a Júpiter, y recordó que tal vez sería imposible.

¿Qué? –Un poco incrédulo, miró toda la cama para él, demasiado inmensa, nunca antes probado algo así, no por egoísta no replicó, pero no tenía sentido pelear esas cosas si Gustav se iba tan de buena gana a echar a un lugar como el sofá, pudiendo quedar entre ellos, en la cama, medio metro, suficiente para olvidarse cada uno del otro, si era ese el deseo.– Al final resultamos Terroristas un tanto… hipócritas –Quiso analizar, en voz baja, sin darle vueltas al tema, porque el tono nuevamente burlón del mayor le hizo encoger, en especial por esas palabras. Negó.

Más que preguntarles cosas, les conté una historia, es todo –Aseguró con cautela, como reticente a admitir que quizás no debería haber dado esos detalles que dio a los abuelos, preocupado porque tal vez la mujer no podía dormir pensando en cómo habría seguido esa historia esclavista, si sería cierta o no, o si ese pobre y apuesto muchachito estaría mal de la cabeza. Y de amores y sentimientos tales, no podía hablar mucho, pues apenas los manejaba en base a al instinto primario.

El mayor desapareció por un rato de su vista, metiéndose al baño, y aun cuando apagó la luz, se coló al mismo cuarto enlozado, muy bonito, dejando esa, por el minuto que le tomaba deshacerse de sus incomodidades, como única lumbre. Adecuado para dormir, se metió bajo las frazadas, respiró el discreto detergente, que permitía dormir, invadiendo en su disimulo los sentidos del ser agotado de cacerías, descubrimientos y… compras.

¿Como un bebé? –Interrogó después de varios minutos de haberle oído. Él no era un bebé de buen dormir, pensó, si había estado desde muy pequeño en ese sótano, ¿Qué posibilidades existían de soñar caballitos y nubes? Un niño que lloraba por todo, y que era golpeado por todo, desvalido a ojos del mundo, ¿Podía haber dormido como un bebé? Se volteó para mirar las frazadas, que le tapaban del todo. No tenía frío, no estaba triste, sólo tenía… dudas.

No le amedrentó ponerme las manos encima, y se quejó con mi "padre" porque lloraba demasiado, preguntaba demasiado, él me clavó los ojos, y supe que no terminaría bien si no era... un buen chico. Pasó. Pero es algo que no puedo decirle ni a mi propio ser, porque es allí cuando me asqueo, cuando soy débil, cuando soy... nulo. Quizás me falte eso, aceptar lo que me tocó, hacerlo de verdad.


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Re: Tic toc...breath hard || Feliks

Mensaje por Gustav Maier el Sáb Dic 08, 2012 11:41 pm

Tic toc breath hard




Frankfurt || 02 de Diciembre || con Feliks Axmann



Tras despedirse de Feliks se tumbó en el sofá dispuesto a dormir unas cuantas horas pero no llevaba ni diez minutos cuando un molesto rayo de luna le dio de lleno en el rostro. Abriendo los ojos murmuró entre dientes, necesitaba dormir y si se despertaba así no lograría conciliar el sueño. Como había venido sólo por tres días a Frankfurt no quiso traer sus medicamentos para dormir, debía estar más consciente que nunca o cualquier error le costaría la vida. Se incorporó y se levantó descalzo pisando en el suelo de madera rumbo a la ventana, descorrió las cortinas viendo una inmensa luna llena y sólo la belleza del paisaje aminoró un poco su malestar. Retrocedió sin hacer ruido y tomando una frazada se dirigió al cuarto dónde dormía Feliks con la puerta entreabierta, posando la palma de la mano empujó la puerta, ésta crujió y dejándola así se inclinó tocándole el hombro: -Perdona que te despierte, la luna está iluminando todo el living y, no puedo dormir... - explicó mientras se metía a la cama, estaba helada y al estar sin una camiseta tiritó de manera involuntaria.

Intentó dormir, intentó poner la mente en blanco, intento contar ovejas hasta que fueron unas 235 en su cabeza saltando por entre las nubes, empezaba a desesperarse el no dormir bien le afectaba demasiado pues acudían a su mente ideas y sensaciones que necesitaba erradicar. Nunca le habían llevado a un psiquiatra pero él sabía que algún problema debía de tener dentro de su cabeza, era lo suficientemente listo para percatarse que algunas cosas no eran normales. Su actitud gélida y ardiente en cinco minutos, el deseo de posesión de algo o de alguien que le subyugaba de tal forma que no veía ni oía nada más hasta que ese deseo era saciado, aún conociendo que no podría dar a cambio más que leves esbozos de algo llamado amor.

Un vacío enorme comenzó a cernirse sobre él, la cercanía de año nuevo le ponía mal...No soportaba la soledad pero también toleraba mal la compañía. Sentía que se ahogaba y se sentó de manera brusca en la cama despertando a Feliks, tenía las manos sobre el rostro y sudaba frío...Estaba comenzando, estaba sucediendo uno de esos horribles ataques de ansiedad. Sus ojos claros se llenaron de lágrimas y su corazón palpitaba con fuerza. Eso era una consecuencia de haber visto a Antje, ríos de sangre y el dolor físico y mental comenzó a embargarlo. Antje destrozada como si alguien la hubiese metido dentro de una moledora de carne, sus bellos cabellos empapados de sangre...Quién había hecho eso era un monstruo, uno que conocía y al cual estaba atado por una razón que no entendía.

Dolor e indiferencia, burla y apatía detrás de unos ojos oscuros como el alma que los albergaba. Gustav sentía que se rompía en pedazos y un sollozo seco brotó de sus labios, se encogió hasta sentir sus rodillas sobre su rostro. No podía más con su alma, no quería que sus pulmones continuaran respirando, deseaba dejar de lado tanta mentira necesaria para seguir vivo pero ¿Valía la pena una existencia así? él no era una basura, ni alguien con quién se pudiese jugar o ignorar, amar o fingir. Todo se le venía encima como su castillo de naipes y cada carta pesaba una tonelada. Temblaba y en aquella penumbra se sintió tan solitario que le dolían hasta los huesos, tenía corazón y ese músculo latía fuerte como queriendo decirle que recordara lo que había olvidado. Quería decirle que él valía demasiado porque era capaz de sacrificarlo todo por sus ideales aunque para el resto del mundo fueran vanos.

Su cicatriz se destacaba mientras las lágrimas rodaban por sus pálidas mejillas, sus cabellos rubios, casi blancos estaban cayéndole sobre el rostro y sus facciones como cinceladas como por el mejor escultor parecían las de un ángel oscuro, uno que sufría y que no merecía haber pasado por ese dolor. Él con todos sus defectos también merecía conocer el amor y dejar que esa calidez lo envolviera curando las heridas de su mente, borrando recuerdos nefastos y dándole la oportunidad de una nueva vida. Sintió las caricias y la voz de Feliks muy lejos y mirándolo con expresión desolada, contestó con sencillez: -Mi nombre...es Thomas Ward y, no soy...un Terrorista - sus ojos estaban enrojecidos a causa de las lágrimas y, tras esa confesión que le sorprendió a él mismo se quedó mirando al otro hombre esperando hallar una razón y una respuesta en ese par de asombrados ojos verdes.



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Re: Tic toc...breath hard || Feliks

Mensaje por Feliks Axmann el Dom Dic 09, 2012 2:04 am

Tic Toc... Breath Hard

Frankfurt || 02 de Diciembre || con Gustav Maier

Tardó poco en verse recorriendo ese pasillo que narró, como si acaso alguna vez, en realidad, hubiese escapado por su voluntad de aquel sótano repleto de moho añejo. Tenía catorce años, estaba mejor que cuando salió, o al menos, no medio muerto. Almacenados en sus recuerdos más profundos, estaban esos detalles que no podían él sacar a flote con simpleza. En donde, escapado el pasadizo, una sala como de taberna, repleta de cuadros sin real motivo, esperaba desierta. La barra estaba limpia, un mescolanza de licores y tabaco flotaba tan suave que parecía perfume, en el aire, las risas, como fantasmas comenzaban a surgir entre el mutismo. De a poco el lugar se llenaba de intangibles; hombres bebiendo en nombre de quien había conseguido a tan bonito muchachito para que ellos jugasen, no parecían notar al mismo crío, que se sorprendía del ambiente del cual era tan ajeno.

Estaba boca abajo, cómodo en la cama, y lo que podría haber sido una horrible pesadilla en su colchón pulgoso, allí, en ese palacio de resortes con quién sabe qué mecanismo de ajuste al cuerpo, era una simple revelación de lo hubo en verdad, y que tomaba con la mesura de quien sabe que, por más que lo desee, no podrá dar paso atrás en el tiempo. En ellos permanecía, escuchando halagos que asqueaban sobre una docilidad que, daba igual si era fingida, funcionaba, o de una rebeldía que calentaba hasta al más necio de los...

… La cama se movió suavemente, y con ella, alguien tocó su hombro, asiéndole apenas abrir los ojos, aturdido de tantos parajes. Sólo asintió, con esa sonrisa tenue, tan sincera que dolía al saber quién era. No dijo nada, sólo siguió en sus pasadizos, aunque no quería, y abría los ojos para despejar esas imágenes, pues sabía que se despertaría, en la mañana, pensando en ello con gran afán, hasta torturándose porque no sabía cómo afrontar la vida a la cara después de tanta indignidad. Sólo la inercia le servía, de momento, y ese cariño oculto que entregaba la amabilidad de un hombre como el que tenía durmiendo al lado.

A su lado, el mismo hombre que pensaba se sentó con brusquedad, dejando enfriarse ese espacio que antes estuvo protegido por la tutela potente de su espalda. Se incorporó sobre los antebrazos, atontando por tan repentina desolación. Negando, se deslizó medio sentado sobre las sábanas, frías en esos espacios que no ocupaban, e intentó saber qué pasaba, con una mirada tan confusa como la de un perro al que han pateado. Y lo que comenzó como eso, como roces más allá de lo físico, tuvo que hacerse palpable, en lo que acariciaba la mejilla, por sobre la marca, para consolarlo, aunque no sabía, ni por asomo, de qué iba todo ello, sabía sí que el otro tenía sus complejos, sus dolores, sus angustias.

Y como ese hombre que está a pasos de conocer a la muerte, repleto su rostro de lágrimas, Gustav pareció más bello que nunca, más poderoso, más inmaculado, inclusive, en ese instante de debilidad, por el que tal vez, era un privilegiado. E iba a perpetuar entre ambos un abrazo de consuelo, pero la revelación lo detuvo, lo que era una avalancha de lluvias, pareció una Cuarta Guerra Mundial entre preguntas y posibles respuestas. Repitió ese nombre: Thomas Ward. Probablemente ni siquiera era alemán, y si no era Terrorista, entonces estaba ahí para… ¿Matarlo? ¿Secuestrar sus habilidades? Atónito, le veía a los ojos, intentando meditar rápido.

¿Era ese su destino? ¿Ser siempre engañado? Bajó la mirada, y negó con la cabeza, acercándolo con un brazo, lo hizo apoyar suavemente la frente en su hombro, sin nada para decir, pues no sabía qué pensar, qué creer. Esperó el balazo en el estómago, la cuchillada en el omoplato, incluso, la mordida del vampiro.

Pero no llegó nada.

Le vio a los ojos otra vez, y negó más, respirando y suspirando.– Podrías estar muerto, Gu… Thomas –Titubeó al llamarlo así.– ¿Qué eres entonces? ¿Qué quieres? ¿A dónde vas? ¿Desde dónde? ¿Voy a morir ahora? –La última pregunta, apenas temerosa, parecía suplicar algo que fuese a librarlo de todas esas dudas imposibles que daban vueltas en su cabeza.


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Re: Tic toc...breath hard || Feliks

Mensaje por Gustav Maier el Dom Dic 09, 2012 2:50 pm

Tic toc breath hard




Frankfurt || 02 de Diciembre || con Feliks Axmann



Después de esa revelación el silencio era menos ominoso, la estancia más iluminada y tenía un fardo menos sobre sus hombros. Se preguntaba cuánto podía resistir un hombre a medias cuerdo con un saco semejante tan cargado de embustes, matanzas y perdiendo día a día una identidad sana para sustituirla por otra enferma en dónde Gustav terminaba apoderándose de él al punto de que, Thomas pasaba a ser casi el nombre de un hombre que cada hora existiría menos...Pero seguía ahí y aquello le sorprendía hasta a él y le daba una pequeña luz de esperanza e incluso de redención, pero sabía que esa esperanza era infundada pues su misión consistía en seguir siendo Gustav Maier hasta el fin de sus días.

Sentía las caricias de Feliks, sus manos eran suaves y cálidas y se posaban con timidez en su espalda,en sus hombros y también en sus cabellos. Eran como aleteos de mariposas que con su belleza y colores pugnaban por alegrarlo, en vano.Se limpió el rostro y al moverse el colgante plateado brilló en su pecho. Se veía desvalido, dócil y extrañamente tranquilo. Con voz ronca a causa de sus sollozos lo miró casi por entre sus rubias pestañas y comenzó a explicarle con lentitud, pues aún no hilvanaba sus ideas: -Thomas...Llámame así, no moriré al menos hoy no - se pasó la mano por los cabellos y sorbió por la nariz dejándose caer en la cama pues le dolía la espalda -Soy de la resistencia y fue mi "esposa falsa" quién me ayudó a ingresar a los terroristas, ella también era una infiltrada y llevaba 10 años... - miró a Feliks y guardando silencio sintió que estaba mentalmente agotado - Me presentó a sus amigos, sus contactos y en un principio me tenían a prueba hasta que comencé a crear bombas para ellos,comencé a volverme despiadado y cruel con la compañía adecuada...Lentamente ese periodista lleno de ideales que era Thomas empezó a desaparecer - se sentó otra vez observando la habitación y levantándose con pasos lentos casi como si estuviera drogado fue al baño a lavarse el rostro.

Regreso y volvió a ocupar su sitio,se veía algo mejor pero aún persistía ese matiz de tristeza en sus ojos cuando retomó el hilo del relato -No estoy ahí para ser un soplón, así que no te preocupes que a ti no te delataré... - sonrió fugazmente y se quedó callado por varios minutos, eran muchas cosas para ser dichas todas en un momento de debilidad y, tal vez para evitar seguir hablando se giró mirando a Feliks, alargó el brazo y con sus dedos rozó la piel de éste en la mejilla. Lo veía como a un hermano pero ahora comenzó a verlo de otra forma: Era un hombre sumamente apuesto e incluso tierno, no estaba ciego ni era un tonto como para no percatarse de que él le miraba por más tiempo del necesario y, aunque de los labios salieran una sarta de mentiras. Los ojos no engañaban y en los verde-azulados de Feliks él leía...Acercó su rostro al suyo ladeándolo ligeramente y rozó sus labios tibios presionándolos con los suyos con suavidad, se apartó unos centímetros y volvió a besarlo ésta vez tomándolo del rostro para acercarlo más.

No quería pensar, no quería sufrir por los recuerdos de un amor que le desgarraba las entrañas y, en su corazón sentía que podía empezar otra vez y relegar su parte oscura a un rincón olvidado en su interior. Podía corresponder a ese hombre extraño a veces y, no todo estaba perdido para él. Sus manos se movieron por la garganta del otro hasta atrapar su espalda. Su tibieza era reconfortante y Feliks no era un cascarón vacío.



Última edición por Gustav Maier el Lun Dic 10, 2012 2:34 pm, editado 1 vez


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Re: Tic toc...breath hard || Feliks

Mensaje por Feliks Axmann el Dom Dic 09, 2012 3:34 pm

Tic Toc... Breath Hard

Frankfurt || 02 de Diciembre || con Gustav Maier

No entendía el peso de las mentiras, porque él sólo se ocultaba, sin embargo, entendía de pesares, y con esa premisa, se sentía, guardando la modestia necesaria, indicado para brindar ese cariño que, aunque algo vano, intentaba reconfortar esos hombros cansados. Sin sentarse él, lo vio caer de espaldas a la cama, dejando una mano en su pecho, mirando sus pies tapados por las frazadas, mientras oía. No estaba molesto, tampoco se sentía engañado, no demasiado, y no era momento suyo, sufrir él sería crear una agonía injusta, innecesaria, falsa, porque no le dolían las mentiras, no esas, pues estaban siendo descubiertas, y no quería patear a un hombre que parecía estar en el suelo ya. No por lástima prefería tomarle la mano y levantarlo, quizás a la fuerza. No, era porque sí, porque lo miraba más de lo que debía.

Le siguió con la mirada, oyendo el agua de la llave caer. Cerró los ojos, sintiéndose adormilado otra vez, pero no por aburrimiento, no porque le molestase atender los temores del otro. Ese letargo le preparaba para contar algo que no quería, pero que le debía, para que no creyese su vida un mar de sus rosas, y supiera que un hombre fuerte le acompañaría hasta el final, bastándole que lo pidiera.

Te creo –Le regresó la sonrisa con suavidad, sincero, dado que nunca le había sonreído tanto una misma persona en la vida. Y bajo esa misma ley de “más que nadie”, fue acariciado. No le temía a él, no había forma de hacerlo, no a sus ojos, que, como recién abiertos al mundo, veían en cada persona algo más allá que la amargura o la tristeza inicial, y lo que para muchos era un reducto humano indestructible, para él era un frágil universo. Mas, adivino no nació, y no pudo retener un jadeo de sorpresa por lo que parecía, se volvería un beso. Él sabía mucho de eso, de cómo se ladea el rostro, de los ojos cerrados, de que mirar es malo, pero se sintió torpe, atontado, porque nunca deseó de verdad los labios de nadie, y la primera persona de la que sí quería algo, y que al comienzo parecía lejano a entregarlo, ahora le tenía así, contra su boca. Era tan especial como oír sus verdades, o como recibir un abrazo de cuidado. Detalles, siempre eran esos detalles malditos que lo ponían de rodillas, para que dejase de ese ese joven alelado de sus propios pensamientos.

¡Dos! Contó en su mente, antes de ser derrotado por la cercanía. Sin ser necesitado, correspondió, sin deber su buen beso a la experiencia forzada. No, no quería sacar nada de esos años de asquearse de sí mismo, por ser juguete de todos. Lo que hacía, sería por lo que su corazón estaba dispuesto a dar.

Dejado a los abrazos, a las caricias, respiró tan hondo como pudo, aún allí contra su boca, y le colocó dos tímidos dedos sobre los labios húmedos.– También hay algo que debo contarte –Sus ojos revelaron que no sería fácil, pero un beso nuevo intentó espantar cualquier temor de que tuviese que ver con ellos o el trabajo, o cualquier cosa que los hiciera peligrar.

Respiró hondo, respiró la vida, respiró sus anhelos, y con esa necesidad que uso para respirar, le robó un beso de aliento, para después apoyarse contra el respaldo de la cama, como si lo que estaba a punto de develar lo fuese a matar de pronto.

No sé quién soy, ni de dónde vengo, creo que viste mi identificación, no tengo cumpleaños, ni edad cierta, aunque se sospecha –Se miró las manos.– Cuando tenía un año, no sé cuánto más, alguien me… robó de mi casa, me trajeron a Alemania, y me intercambiaron. Caí en manos del que nombró Feliks-Elke Axmann Magnussen, cuando me dejó en el hospital, creo que muerto –Seguía mirándose las manos, sin sentirse solo o asustado, pero necesariamente, cauto.– Estuve encerrado en su sótano desde el día en que me consiguió, y desde los cinco, fui su mercancía, ¿Sabes? Era como… como ser la puta del año –Resopló, negando.– Sólo hombre, era su ley, y creo que un día me… rompí, o algo, y… no me ayudó, sólo me golpeó, porque ya no le servía, y casi muero, pero sentí que en algo le gané –Hizo una gran pausa, tan avergonzado que no quería mirarlo.

Tenía catorce, me dejó sentado, a su modo, quiero creer, en la recepción de ambulancias, tuvieron que reanimarme –No había miedo, sólo vergüenza, pues con el dolor ya había peleado suficiente.– Estuve en varios hogares de menores, no era apto para ser adoptado, así que me criaron hasta los dieciocho, y aparecieron los Terroristas después… porque… no tenía nada qué hacer, en cuatro años sólo estudiaba computadoras con lo que tenía a mano –Se alzó de hombros, alzó la cabeza, y lo miró.

Y tú fuiste a buscarme –Concluyó. Era lógico la carencia de pequeñas cosas en ese relato tan apresurado, porque él no quería hacerle imaginar demasiado lo que le sucedió, no valía la pena. Él había aprendido a pisar el pasado, no era alguien ni por asomo muy malvado. Era de aquellos hombres fuertes, que luchaban contra un lado maligno que pugnó por salir al momento de elegir quién ser, y siempre, siempre ganaba.


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Re: Tic toc...breath hard || Feliks

Mensaje por Gustav Maier el Lun Dic 10, 2012 2:34 pm

Tic toc breath hard




Frankfurt || 02 de Diciembre || con Feliks Axmann



Estaba más relajado cuando Feliks anunció que debía contarle algo, sin cambiar de posición en la cama y con la mano apoyada en la mejilla Gustav le prestó toda su atención pues intuía que detrás de aquella revelación estaba la respuesta a sus numerosas dudas acerca de la actitud del otro y, su insólito comportamiento frente a los asuntos cotidianos más sencillos. Era gracioso e interesante ver cómo una revelación llevaba a otra y, en cuestión de segundos el relato de Feliks le dejó en un estado de consternación, aún sin demasiados detalles era fácil imaginarse la situación y sintió que él era afortunado en comparación con ese hombre y que cualquiera independiente del sexo si había vivido algo así ya estaría siete metros bajo tierra o con problemas más serios de comunicación. E incluso podría haber seguido esa pauta de vida. Nunca dudó de la veracidad del relato ajeno pues Feliks le había dado su voto de confianza al creerle de inmediato sin cuestionamientos.

Había muchas cosas omitidas pero Gustav tenía la imaginación lo bastante alerta para imaginar lo que existía entre líneas, le acarició el rostro sin saber muy bien que decir, consolar no era lo suyo pero no lograba ver el detalle positivo o conformista para darle ánimos. Pensó y decidió decirle las cosas tal cual las creía,como siempre: -Debió ser devastador pero creo que en algún momento hallaste la fuerza necesaria para aceptarlo, seguir y no convertirte en alguien cruel y sin remordimientos como fácilmente pudo haber sucedido...Ahora entiendo muchas cosas y no te forzaré a ser más abierto y sociable si tú no quieres. Entiendo que tengas temor del mundo, las personas son los seres más crueles Feliks y aunque en parte me alegra que hayas sido reclutado por los Terroristas y te hayan dado una meta,una vida... - Gustav lo miró a los ojos y sonriendo con una ternura nueva le tomó del rostro y murmuro con énfasis: -Quiero que tú encuentres una bajo tus propias reglas y seas feliz o,al menos estés conforme y en un lugar dónde ni los Terroristas ni nadie te digan lo que debes hacer.

Estaba transgrediendo una de las reglas principales no sólo para el bando al cual pertenecía, sino también para quienes simulaba trabajar. Su objetivo era ir poco a poco entregando datos de los miembros más peligrosos para que éstos fuesen eliminados gradualmente. Feliks era un terrorista pero no de los que merecían morir, por su parte él no pensaba ni delatarlo ni venderlo y su única preocupación, ahora que conocía parte de su historia, consistiría en ayudarlo a salir de ese círculo vicioso. También comprendía por qué este lo miraba como si fuera lo más maravilloso, sin duda él debía ser la primera persona que se comportaba bien con el Hacker. También entendía el por qué ese anciano le había pedido ayuda a él, Gustav podía ser muchas cosas y tener variadas facetas pero no era de los que abandonaban. Le miró a los ojos, ya había dicho todo lo que tenía para aconsejarle y quedaba en su interlocutor aceptarlo o rechazar sus sugerencias. Se apartó de él, lo que menos quería era hacerle revivir ese trauma infantil y poniendo espacio entre ambos murmuró: -Descansa, yo te cuidaré y mientras estés conmigo nadie te podrá ni un dedo encima.

Se acomodó en la cama, el sueño se había esfumado y reflexionó acerca de que todos parecían cargar con un peso, algunos con uno más ligero y otros, con toneladas. Con los brazos enlazados tras la nuca suspiró mientras miraba las vigas de madera de la habitación esperando que Morfeo se apiadara de él aunque fuesen unas horas, o no estaría lo suficientemente lúcido como debía para su misión ahí en Frankfurt. Su momento de debilidad se había ido con el viento y viendo que el otro aún no se dormía se acercó y con un suave beso en los labios susurró: -Duerme.



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Re: Tic toc...breath hard || Feliks

Mensaje por Feliks Axmann el Lun Dic 10, 2012 3:37 pm

Tic Toc... Breath Hard

Frankfurt || 02 de Diciembre || con Gustav Maier

Sonaba a algo liviano en algún sentido, porque él mismo expresaba poco en sus facciones, como si se hubiese acostumbrado al hecho de vivir siempre marcado por ello, de modo tal que al contarlo, se mostraba así, indiferente con su propio dolor. Y era algo demasiado cruel, a sus ojos, para pretender inventarlo, ¿Con qué fin engañar así? ¿Con qué fin si era más conveniente inventarse una vida noble? Omitir era su manera de bloquear, sin enorgullecerse jamás de lo que había conllevado ser… Maldijo muy bajo, era la primera vez que intentaba, aunque fuese en su mente, poner nombres específicos a lo que se le hizo, intentar relatar una sola noche era… asqueroso.

Thomas –Iba a decir más, cuando su rostro fue tomado, y un nuevo desafío se planteaba ante él. Ser feliz viviendo bajo sus propias reglas. No le sonaba ni alocado ni imposible, pero sí difícil, porque vivir por sí mismo conllevaba más cosas que simplemente desearlo. Le sonrió, sin acordarse de normas de lealtad o cualquier imbecilidad que le hubiese jurado a esos tontos Terroristas.– Supongo que soy una persona de pocos amigos, pero… estoy bien así, Thomas, no necesito tantas personas en mi vida, crueles o no, no tengo miedo dela crueldad, un poco sí a sufrir, pero… así gira el mundo –Le peinó hacia atrás, buscando verle a los ojos, resopló un cansancio tan grande, que sabía, no le dejaría dormir.

Y ese espacio, kilómetros y kilómetros que no estaban hacía un segundo, se plantaron entre ambos, devastadores como esa bomba en el otro cuarto. Negó, sabía que no le pondrían ni un dedo encima, con o sin él, pues, mientras hiciera bien su trabajo, estaba a salvo, mientras su confianza hacia Thomas no fuese traicionada, estaba a salvo, y mientras pudiese mantenerlo allí, con él, al hombre que sabía cómo mostrarse débil, porque entendía que la naturaleza humana no es invencible, se sentía en un hogar nuevo, móvil. A la larga, tuvo que recostarse también, y cerrar los ojos, para fingir quizás, que dormía, aunque a ratos lo miraba, para comprobar su estado, si lloraba de nuevo, si quería decir algo que liberase otra vez su alma.

Sólo si… –Lo retuvo suavemente allí, cerca suyo.– … Te quedas ahí –Mirarlo a los ojos era fácil, nacía espontáneamente en sus ganas, y le obligaba a sonreír un poco.– No entiendo lo que pasará, ni porqué mi corazón se siente tan grato junto a ti, pero no me das miedo, no me das asco, me gustan tus besos, me gusta tu piel –Tocó suavemente esa cicatriz en el rostro del rubio.– Con todo –Aseguró, tan franco que probó en un minuto al hombre que existía en él. Maduró a la fuerza, a su manera, pero lo había hecho, y abandonar su lugar de a poco le ayudaba a avanzar, y más podría caminar ahora que había, al fin, dicho algo, por pequeño que fuese, de su dolor secreto.

Acariciando el cabello ajeno, cerró los ojos, y aunque le tomaría tiempo lograrlo, los minutos lo harían caer, como siempre, pues nada era imposible, nada era para siempre, y nunca era lo mismo que eso, eterno. Un bufido para coronar su sueño, su primera noche acompañado por alguien querido, más allá de su amabilidad, de sus atenciones, había añadido más cosas para verlo potente en sus emociones. Pero quería ir despacio, sin arruinarlo, sólo un beso, y buenas noches, estaba más que bien, de momento, con ello.

Todavía le tenía allí, tibio entre sus brazos, cuando el celular de Thomas comenzó a gritar en la madrugada. Eran casi las cuatro de la mañana, y su sueño ligero le obligó a remover al mayor, para tomar el aparato sin mirar, estirándose por sobre el otro, y apretar la primera cosa al alcance de su dedo, callando así el mecánico sonido. Tal vez era momento de la bomba, ¿No? Por eso tan extraña hora para despertar…

… Lo llamó despacio.– Ya es hora, Thomas –Estaba arrodillado a su lado, tocándole la espalda, esperando, de pronto nervioso, como siempre en cosas tan… trascendentales.


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Re: Tic toc...breath hard || Feliks

Mensaje por Gustav Maier el Lun Dic 10, 2012 9:37 pm

Tic toc breath hard




Frankfurt || 02 de Diciembre || con Feliks Axmann



Una noche de revelaciones y tal vez un avance en la relación de los dos, se durmió agotado más por el cansancio mental que el físico y le pareció que había descansado sólo unos minutos cuando su celular comenzó a sonar y a vibrar. Estaba medio despierto cuando Feliks le tocó la espalda e incorporándose de un salto, producto de años de práctica se levantó de la cama y se metió al cuarto de baño en dónde se dio una ducha rápida, mientras se secaba miró a Feliks sin saber si hacerlo partícipe o no, era de madrugada y aún ni amanecía y el hombre era un Hacker no un experto en explosiones. Se acercó a él y mirándolo con seriedad le dijo: -Lo siento, debo hacer esto solo o mi contacto desconfiará si llego con alguien más - Le besó en la frente y vistiéndose rápidamente de su color favorito se acercó al comedor y miró el artefacto detenidamente. Lo guardó en el morral y para que no se moviera lo acolchó dentro de un suéter grueso hasta comprobar que fuera firme. Hacía frío cuando salió por las escaleras de emergencia saliendo por la parte trasera y, casi entumido hasta la médula comenzó a caminar las calles sin toparse con nadie.

Tardó como 25 minutos en llegar al banco y fingiendo que buscaba un cigarrillo se detuvo en el estacionamiento silbando, a los 5 minutos la puerta se abrió y un hombre fornido y muy rasurado sonrió y tras mirar alrededor dijo en un susurro: -Llegas tarde, pero mejor dos de los guardias están viendo porno y el tercero está en el retrete. Enviaré a ese a su casa y a los otros dos a comprar algo...Tienes 20 minutos - Haciéndolo pasar lo llevó hasta un cuarto de utensilios de aseo, ahí Gustav se agachó y quitándose el morral que llevaba en la espalda murmuró: - Bien, el tiempo corre saca a los hombres ahora y envíame un mensaje cuando estén fuera - miró con intensidad a su interlocutor y éste asintió mientras apresuraba el paso.

Gustav se puso las gafas y sacando el artefacto calculó,debía estar en el segundo piso para que la onda expansiva produjera más daños. El corazón le latía con fuerza y amaba trabajar bajo presión, oyó voces en el pasillo y entreabriendo la puerta vio que su contacto hablaba con un hombre de aspecto enfermizo y lo despachaba a su hogar. Tras unos minutos se oyó el motor de un auto. "Uno menos" pensó el rubio aguardando con impaciencia, esperó 5 minutos y envió un mensaje de texto al hombre, éste le respondió que los otros no querían salir y, moviendo la cabeza Gustav le respondió que saliera él y le dejara la puerta sin llave.

Siempre existirían daños colaterales y dos pervertidos menos ni siquiera entraban en su lista de víctimas. Se puso el morral al hombro y saliendo tras mirar a ambos lados subió por las escaleras contiguas y se detuvo en mitad del segundo piso. Era un área de oficinas y inclinándose conectó el dispositivo que debía enviar la señal para la detonación, lo programó para que estallara a los 20 minutos, puso la cubierta del reloj encima y bajando rápidamente corrió por el pasillo hacia la puerta de salida al estacionamiento, respiró hondo al abrirla y cerrando con cautela se encontró con su contacto. Ambos se miraron y el hombre echó a andar el motor de su camioneta, acelerando hasta llegar a la plaza principal de la Ciudad.

-¿Deseas ver un buen espectáculo? - rió Gustav y miró su reloj pulsera, faltaban 5 minutos. Sacó un pequeño control remoto del bolsillo interno y tamborileó con los dedos sobre la guantera del auto. El otro hombre sacó un cigarrillo mientras Gustav estaba atento al reloj...Ni siquiera sudaba, contaba los segundos. Faltaban 10,5,3 y a los 2 pulsó el interruptor y aguardó mientras el otro hombre tosía. Contuvo la respiración y exactamente 1 minuto después la explosión se dejó oír en media Ciudad, los ojos del menor se iluminaron y con una sonrisa traviesa murmuró: -Ops creo que puse más pólvora de la que debí - rió y bajando del auto se despidió con un gesto de su compañero que lo miraba como si estuviera tratando con un loco y, antes de que Gustav cerrara la puerta le dijo furioso: -Maier...Hijo de puta, estás tan loco como dicen.

Sacando un cigarrillo Gustav caminó en sentido contrario, muchas personas había salido de la comodidad de sus hogares y asustadas veían cómo el banco y dos locales comerciales contiguos ardían en llamas. Las sirenas de la policía y las bomberos rompían el silencio nocturno y él caminaba sin mostrar asombro rumbo a la hospedería. Se topó con algunas en la calle y, al llegar al lugar dónde estaba quedándose descubrió que la mayoría de los inquilinos estaban apiñados frente al televisor. Se acercó y puso su mejor cara de consternación mientras veía cómo una reportera histérica relataba los hechos a su manera. Se quedó unos segundos apoyado en el marco de la puerta y luego subió las escaleras sintiendo que no tenía ni pizca de sueño.

Al entrar en la habitación Feliks estaba junto a la ventana y le miró, desde ahí se veía el resplandor provocado por las llamas y se oían las sirenas. Quitándose el morral y el abrigo Gustav se acercó a él y situándose detrás miró por la ventana murmurando: -Fuegos Artificiales... - su expresión era divertida y parecía tan contento como un niño con un juguete nuevo.



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Re: Tic toc...breath hard || Feliks

Mensaje por Feliks Axmann el Mar Dic 11, 2012 10:35 am

Tic Toc... Breath Hard

Frankfurt || 02 de Diciembre || con Gustav Maier

En letargo y silencio, observó cómo iba a la ducha, y apenas sus ojos lo perdieron, volvió a echarse, sin pensar en que sería llevado, tan seguro de la nulidad de esa posible, que hasta pretendió dormir, poniéndose boca abajo, hasta que el otro reapareció, y con el mismo cariz con el que le saludaba al llegar al apartamento, se volteó y se incorporó, cerrando los ojos cuando un beso cayó sobre su frente. Le sonrió, tan ligero que…era obvio que no le molestaba quedarse ahí esperándolo, además, podía hacer otras cosas mientras, o simplemente, sólo estar ahí.

En su mundo, la acción no aceleraba el corazón, y lo más emocionante precisamente en ese momento, era la asquerosidad de una polilla bastante grande, que golpeteaba contra el techo de la habitación, y que espantaba con soplidos precavidos cada vez que parecía que iba a acercarse. Esas bestias, con el frío que hacía, ya deberían haberse extinguido, y sin embargo, a él le tocaba lidiar con esa especie tan nefasta. Gruñó contra las almohadas, para verse tomando la manta de la cama, huyendo a la sala.

Junto a la ventana, esperó lo que, suponía, sería una explosión considerable, dado el carácter de Thomas, no parecía un tipo que fuese a conformarse con poco en esas cosas que podía controlar. Así pasaron, lentamente, los minutos, y seguía mirando por la ventana, sin querer adivinar dónde estaría la explosión, pues el mayor seguro que había tomado una habitación que le permitiese ver todo claramente.

El cielo, sin iluminarse en primera instancia, reflejaba ahora el calor intenso que debía estar consumiendo vigas, euros, y ojala ninguna vida. Creyó por un momento que hasta allí se sentía tan ardiente calor provocado, mas no se trataba de otra cosa que de la presencia del dueño de esas llamas. Detrás suyo, Thomas, o Gustav, o...dudaba ya, se refirió a esa explosión con un término demasiado colorido para su gusto, que le hizo fruncir el ceño, negando con la cabeza, lo observó.– ¿Ha salido todo perfecto? –Por más que quisiera, no podía ni debía reprocharlo; en todas esas explosiones que causaban, existía un grado de satisfacción, y él solo, en algo como una iniciación en el campo, se había vuelto un asesino de congresistas, senadores, o la chusma que hubiese metida en las cajas legales. A veces pensaba cruel, cuando alguien, por asomo, le recordaba que todos tenían familia, alguien esperando, alguien a quien cuidar, pero su imagen, solo, desvalido en un sótano asqueroso, y sin atisbo de ayuda, le bastaba para sentir que no todos los destinos podían darse por sentados, y, especialmente, que la mejor forma de practicar el Terrorismo, era conociéndolo de primera mano.

Con todo y eso, no se sentía un Terrorista de verdad.

Es una buena explosión –Halagó al final, sonriéndole un poco, sin saber cómo tratar ese asunto en realidad. Siempre se tenía a sí mismo y nadie más para celebrar las “victorias”, no entendía de chocar copas y de reírlas, aunque, para él, bastaba lo primero, la sonrisa que felicitaba, pero que a la vez, pedía consciencia, después de todo, nada de lo que hacían, sentía él era tanto como un simple y cruel juego. Las cosas llegaban a niveles considerables, y de a poco el grupo iba tomando matices más serios.

Ah, pero daba igual, daba igual. Quería volver al clima que les hizo besarse, excluyendo las experiencias dolorosas, tomó la iniciativa de abrazarlo, aprovechando que se encontraban cerca, apoyó el mentón en el hombro del otro, bostezando suavemente.– ¿Vas a la cama o verás eso, Thomas? –Miró un segundo más por la ventana, hasta que la idea del fuego le ponía casi a sudar. Sí que debía hacer un calor de mierda allá. Pobres bomberos.– Hay un... dragón en el cuarto, si lo expulsas, te nombraré buen caballero, y podremos recuperar el sueño –Algo de irónico había en su voz, cuando abrió levemente la puerta, y salió volando el insecto de polvo y metal.

Se sentó a los pies de la cama, escuchó el reloj en la pared, el que no había notado, y respiró hondo, con fuerza.


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Re: Tic toc...breath hard || Feliks

Mensaje por Gustav Maier el Mar Dic 11, 2012 9:13 pm

Tic toc breath hard




Frankfurt || 02 de Diciembre || con Feliks Axmann



Escapes...de eso trataba todo, de evadirse de la realidad e inventarse un mundo para poder habitar en él sin reglas más que las propias creando un jardín salvaje en el cual era posible hacerlo todo. Había tenido algo de eso en el pasado, uno más bestial e incierto que no deseaba recordar demasiado pues las cicatrices de ello se abrían de inmediato cuando recordaba a su compañero de aquel entonces. Habían existido mujeres y dos muy importantes en su vida pero ninguna de ellas logró más que rozar la profundidad de su "negro" corazón, no cómo él.

Lo recordó porque solía dedicarle sus "fuegos artificiales" pese a que al menor no le gustaban tanto como a él y ahora, en su último trabajo de esa índole de lo que iba del año estaba en esa habitación viendo el resplandor de las luces y las llamas, con otro hombre. Uno que, habría llamado su atención de encontrarlo por la calle por su atractivo, pero que apagaba cualquier fuego con su carácter retraído y demasiado tranquilo para su gusto. Gustav observó a Feliks y sólo sonrió, habría dedicado unos términos más poéticos a su obra de arte pero éste no lo comprendería, tal vez reprochaba ese nivel de violencia pero ¿Cómo entendería que era necesario ser así para que una bestia mayor no te comiera en pedazos?. Él no se juzgaba ni se medía según sus acciones, para él hasta respirar requería de cierto método, hablar y oír...Nunca podría ser un hombre tranquilo o conformista pues su interior se rebelaba y se sentía encerrado.

Fue por eso que su tono gracioso usado para describir la explosión cambió radicalmente a uno más frío mientras miraba de reojo a su compañero -No me llames Thomas, ese fue mi nombre ahora sólo soy Gustav...Si quieres llámame Gus, pero Thomas ya no existe aunque lo añore en ocasiones - caminó por la estancia intentando ver que era lo que Feliks calificaba como Dragón y encogiéndose de hombros añadió: - No lloré por mi nombre perdido, sino que por un cúmulo de cosas...Que tal vez más tarde te explique... - miró una vez más hacia el banco o, lo que quedaba de él y bufó suavemente: -Si, voy a la cama.

Mientras lo seguía algo a desgana una súbita idea cruzó su mente al verlo sentado ahí tan tranquilito y sonriendo se inclinó mirándolo casi con desafío y susurró antes de darle un beso casi brutal que pretendía dejar al otro sin aire: -¿Cómo puedes ser...tan pasivo,Feliks? No podría ni aunque alguien me atara a la cama y créeme que lo han intentado - no lo dejó responder pues sus labios se encontraron con violencia y empujándolo con la palma de la mano cerró los ojos aspirando el aroma ajeno y con un ademán impaciente se quitó el suéter lanzándolo por encima de su cabeza, apoyó una rodilla en el lecho y entre besos y mordiscos murmuró mirándolo casi como un depredador observa a un gatito: -Se cómo me miras pero tú nunca harías algo para ponernos en "esta" situación, excepto si fuese algo virtual...¿No es eso lo que hacen ustedes hackear sistemas y follar en "Los Sims"? - rió contra sus labios mientras le quitaba las prendas superiores y descendiendo por su pecho lamió su clavícula siempre desafiándolo y apoyando un brazo en la cama lo miró con los cabellos revueltos e incluso un ligero aroma a pólvora en él.

Quería ver si ese hombre se atrevería a llegar más allá aceptando sus términos: nada de amor, nada de delicadeza y por supuesto nada de mimos molestos al día siguiente. Bastante hacía con tenerlo ahí y no haberlo enviado de regreso Berlin...Quería celebrar a su manera y, para bien o para mal, Feliks era quién estaba más cerca. La idea de seducirlo y hacerlo gemir y gritar hasta que su voz fuese música en sus oídos le excitaba como si, otro hombre hubiese regresado en lugar del que se fue. Las bombas eran para él algo tan increíble como tener que torturar, con culpas o sin ellas no podía negar lo que era ni que le gustaba ser así. Acarició el rostro de Feliks mirándolo y sintiendo no sólo adrenalina correr por su cuerpo y, como broche de oro musitó en su oído: -¿Sabes Feliks? Fóllame, puede que no tengas otra oportunidad - rió arrogante y seguro de si mientras su mano se deslizaba por el abdomen del otro para terminar justamente en su entrepierna.



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