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Cazador, a su presa | F.A

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Cazador, a su presa | F.A

Mensaje por Wilhelmina T. Spremberg el Lun Dic 03, 2012 9:20 pm

Frankfurt se presentaba fría en su esplendor. Era algo de esperarse, teniendo cuenta que faltaba poco menos de un mes para que el invierno llegara. Nunca se había imaginado que viajaría los quinientos cincuenta kilómetros que separaban su amada Berlín de aquella ciudad. Sin embargo, los asuntos que debía atender la obligaban a viajar esas largas y pesadas horas. El atentado que había ocurrido dos semanas atrás, los había tomado totalmente desprevenidos, y ya no podían seguir permitiéndose más errores como esos. Muchos muertos, muchos heridos y una bomba lo suficientemente exacta como para no deterla a tiempo. Solo un genio en eso podría haber logrado semejante obra maestra. Un hacker capaz de usar el 1% de su capacidad para crear tan asesino artefacto. ¿Y qué hacía Wilhelmina ahora? Buscarlo. Intentar dar con él. El genio detrás de la computadora. ¿Asesinarlo? Por supuesto que no. Era demasiado preciado, y Erik no permitiría que alguien así muriese en "circunstancias sospechosas". Le había costado semanas dar con Feliks Axmann. El muy desgraciado sabía esconderse bien. Pero nadie era invisible, y a pesar de que le había costado mucho, había dado con él. Por lo menos en la ciudad donde vivía. Un terrorista potencial, que seguramente no sabría de todo el poder que tenía tanto en su mente como en sus dedos. Un solo botón que apretará de su computadora y media ciudad se vería envuelta en llamas. Y la verdad era que no quería eso.

Se bajo del tren, abrochándose su abrigo hasta el cuello, y caminando tan elegante como siempre hacía los exteriores de la estación. Había reservado una habitación de hotel que quedaba cerca de una cafetería de mala muerte y que , hasta donde sabía, era un lugar al que Feliks concurría de forma seguida. No tomó un taxi, como frecuentaba hacerlo siempre, sino que camino todo aquel recorrido, portando con ella la valija con todo lo necesario para pasar en la ciudad apróximadamente una semana. Prefería hacer las cosas con tiempo, y paciencia; en vez de lanzarse a las leones de una vez. No era lo recomendable. Erik le había dado aquella misión por el solo hecho de que sabía que la rubia tenía sangre fría por sus venas. Y era la persona adecuada para cumplir aquel cometido. Llegar al hotel, pedir la reservación y subir a su habitación, no le tomó más de dos horas. Lo suficiente como para recorrer la ciudad y memorizar todos aquellos lugares que le podrían llegar a servir en algún momento. Frankfurt era bastante grande para su gusto, pero ya en su adolescencia había visitado la ciudad, por lo que no se perdería de forma tan fácil.

Una vez en su habitación, comprobó la hora y fue a ducharse enseguida. Pronto sería hora de cenar, y quería estar preparada. Quizas tenía la suerte de dar con su hacker aquella noche. Erik nunca la tenía en la línea de fuego, cuidándola más de lo que la rubia quería; pero tenía que admitir que tenía la ventaja de no ser alguien reconocida, por lo que tardaría mucho en darse cuenta que Wilhelmina era miembro de la Resistencia Civil. Con esos pensamientos en su mente, se baño de forma lenta, quitándose los vestigios del cansancio, y renovando sus energías para, lo que sería, una noche larga. Se vistió con unos pantalones de cuero ajustado a sus piernas y una camiseta color blanca. Hacía frío, por lo que tomó una chaqueta, y luego de prepararse lo suficiente, salió rumbo a la fría noche alemana. Resopló, tirirando debido a la brisa helada que se había levantando, y comenzó a caminar por la calle. No tenía ningún arma, tan solo un bolso cruzado con algunos efectos personales. No habría pelea. Tan solo un encuentro de ¿paz? Sí. No pelearía con alguien que apenas conocía. No era su estilo realmente. Miró a su alrededor, mordiendo su labio inferior y entro a aquella cafetería. Sus ojos verdes analizaron distraídamente la sala, caminando hasta llegar a la única mesa vacía que había, y sacando su móvil donde tenía guardada la fotografía del hacker. No era una cara difícil de olvidar. Humedeció discretamente sus labios, guardando el aparato en su pantalón, y cruzándose de piernas, esperando que el mozo apareciera. O el terrorista. Lo que sucediera primero, ambos serían muy bienvenidos


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Re: Cazador, a su presa | F.A

Mensaje por Feliks Axmann el Lun Dic 03, 2012 10:36 pm

Cazador, A Su Presa

Frankfurt || 06 de Diciembre || con Wilhelmina T. Spremberg

Le llamaron muchas veces diabólico, cuando el trabajo exigía, simplemente, la fabricación de tan increíble artesanía, con potencial de explosivo. Descorazonado, bestia, terrorista. No podía culpar a quienes le ordenaban hacerlas, pues él no se negaba, y hasta disfrutaba de la informática que mediaba el procedimiento de construcción, en especial, cuando el detonador estaba hecho una tecla de su teclado. Oh bueno, ya, una combinación secreta de teclas. Era difícil creer que alguien lo ubicó, y más difícil, si no imposible, que tuviesen de él algo más que una dirección falsa, una idea falsa, y hasta una fotografía vieja, de sus últimos años como un ser que intentó unirse a una sociedad más acelerada que él mismo a la hora de tratar a sus elementos.

¿Sabría esa rubia perseguidora que sus contactos eran un montón de bestias? Engendros que creían que por usar sus máquinas de último modelo él no podría saber que estaban interviniendo sus propias redes, creadas por el esfuerzo de querer ser alguien en un mundo demasiado anónimo. Usaba tan poca internet para sus movimientos, basándose en spoofings, uno de otro, para que los federales norteamericanos, los hijos de puta de la CIA, o los mismo Militärische Abschirmdienst creyeran su ubicación en diferentes puntos, y siempre daban con un computador solitario, eternamente encendido, que les hacía bajar sus punteros láser para fusil, y maldecir. Así fue de bueno, pero su problema de persecución empezaría cuando abandonase la seguridad de su laboratorio, cuando esa extraña misión encomendada a Gustav lo obligara a alejarse de ese mundo de anonimato, contrayendo el gesto cuando las mujeres intentaban coquetearle, pues él de nada sabía, y ellas se iban con la idea de que, o era enfermo de la mente, o demasiado gay para mirar los escotados senos, que brillaban de la helada, pero que se mantenían invictos para las más fáciles. Más atractivas le resultaban aquellas discretas, delgadas y hasta algo desprovistas de curvas exorbitantes.

El caso: Wilhelmina, su cazadora, tenía información suya, no toda cierta, pero la tenía, y con ella, estando donde estaba, le bastaría para encontrarlo. Pero él no era imbécil, y podía ser dulce y hasta ingenuo, pero cuando se metían con sus sistemas, no perdonaba, y, afortunadamente, la sociedad no le enseñó a diferenciar a un hombre y una mujer por nada más que aquello que escondían entre las piernas. Nociones como feminismo, machismo, derechos de la mujer, de cualquier cosa, no le importaban, por más que estuviese en él ser abstraído, como se dijo, todo cambiaba cuando eran sus sistemas los que sufrían, o sufrirían las consecuencias. Y no le dijo nada a Gustav porque todavía no sentía que compartir todo hiciera falta, a final de cuentas, él parecía hacer todo solo, olvidándose un poco de que él le esperaba a veces en la habitación del hotel o en ese mismo café.

Suspiró, abrigado hasta la punta de la nariz para que no fuese obvia su presencia, a varios metros de la entrada al café. La vislumbró entrar. Y sabía lo mismo que ella, lo que la información plantada le entregó, donde supuestamente vivía, donde frecuentaba, donde lo que fuese. El hotel no podía ser sabido, no estaba usando su nombre en el registro, y si algo hacían bien los terroristas, era falsificar documentos, y todos, por menos queridos que fuesen, mientras hiciesen bien lo suyo, tendrían algunas identidades falsas y muy bien planeadas, dependiendo del rango o el peligro que se recorriese, el número de pasaportes e identificaciones aumentaba o disminuía.

No estaba allí para lucirse tampoco, para sacarle en cara que su grupo lo había subestimado, honestamente, no quería más que hablar, sorprenderse de cómo fue posible dar con él, y después, simplemente, desaparecer, porque dejaría, junto al hombre rubio, Frankfurt, y no querría volver en un buen tiempo. La campanilla de la puerta, sonó, y el apuesto joven, con una actitud más altiva de la que solía poseer, se sentó directamente frente a la rubia, después de asegurarse de que era esa enviada de la que hablaban correos donde se evidenciaba el filtro de información. Ni siquiera eran de personas importantes para la Resistencia, pero sí de algún modo supieron ellos lo que se estaba llevando acabo. No había forma de esconder todo, ambos lo sabían.

Somos más civilizados de lo que esperan de nosotros, ¿No? –Fue cómo la saludó, mirándola fijo a los ojos.


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Re: Cazador, a su presa | F.A

Mensaje por Wilhelmina T. Spremberg el Mar Dic 04, 2012 3:35 am

El mozo adolescente, de aspecto dudosamente pulcro, se acercó a Wilhelmina, mirándola como si se tratara de un trozo de carne. La rubia sabía que podía resultar atractiva para una minoría de hombres, sin embargo, eso no evitaba que se sintiera incómoda. No le gustaba ese tipo de atención, y más cuando esto sucedía en medio de un trabajo. Solo basto con una gélida mirada por parte de ella para mandarlo al cuerno. No se necesitaban palabras, cuando los ojos podía expresar más. El chico únicamente se dedicó a dejarle torpemente la carta y retirarse sin decir palabra alguna. Si tenía la suficiente inteligencia en su cabeza, mandaría a otra persona a atenderla. La alemana no se encontraba de humor como para soportar esas cosas. Suficiente tenía en Berlín ya. Miró distraídamente hacía el exterior, a través de la ventana que tenía a un costado suyo. Pocas eran las personas que pasaban por allí en ese instante. No creía encontrarlo hoy, por lo que aprovecharía aquella ocasión para ordenar algo para comer. Tenía un hambre voraz, apenas había probado bocado en el tren. Sentía que su estómago recién comenzaba a despertarse, y lo mejor era alimentarlo en ese instante. Tomó la carta que el camarer había dejado sobre la mesa, en el mismo instante en que se cruzaba de piernas. No era de aquellas chicas que pedía una ensalada de bajas calorías y un botellin de agua mineral. No se preocupaba mucho por su aspecto. Ahogó un bostezo, mirando la lista de forma distraída, decidiéndose por una hamburguesa con patatas fritas y una gaseosa. No tenía ganas de beber una cerveza en ése instante. Dejo el cartón sobre la mesa, e iba a levantar la mano para captar la atención de algún mozo, cuando escuchó la campanilla de la puerta del café. Alguien había entrado.

Feliks Axmann. Altivo y elegante, tal como se lo había imaginado, sin la necesidad de haber visto la imagen que tenía en el móvil dentro de su pantalón. Curiosamente atrayente. Se acomodó mejor en su asiento, sin presentar ansiedad alguna, sabiendo que ya llegaría el momento de hablar. Era atractivo. Se lo podía notar a simple vista. Aunque lo que más le había resultado apuesto de él era su inteligencia. ¿Envidia? Por supuesto que no. Todos tenían virtudes y defectos. Grandes poderes llevaba grandes responsabilidades. Y el hacker tenía una muy importante. Wilhelmina tamborileó sus dedos sobre la mesa, cruzando su mirada con la de Feliks. Y fue allí que se dio cuenta. Una sonrisa de lado se dibujo en el rostro de la rubia, mirándolo acercarse. Lo sabía todo. No se había sorprendido. Al fin de cuentas, ella había analizado todas las variables, y las posibilidades. Si la chica lo investigaba... ¿Por qué él no? Por lo menos te ahorras de muchas explicaciones Wilh, pensó para sí misma, mientras lo seguía con la mirada, hasta sentarse en la silla que estaba frente suyo. Ahora sí comenzaría el juego. Buscar quien sería la presa y quien el cazador. Plantear las reglas de aquel juego que comenzaría de un momento a otro. Su sonrisa no desapareció de su rostro, sino que se ensanchó un poco más. Falsa, pero totalmente convincente debido a sus años de experiencia. Sí. La alemana también podía ser encantadora cuando se lo proponía.

- Buenas noches para tí también Feliks. Es un placer conocerte, luego de leer tantas cosas buenas de tí -
Respondió, entrelazando sus dedos sobre la mesa, y observándolo de forma educada, alzando una ceja. - Creo que no es necesario que me presente. Debes saber cosas de mí que hasta yo misma puedo desconocer. Sin embargo... Siempre me dijeron que las presentanciones nunca están de más. - Hablaba de forma tranquila, pausada. No era buena idea tomarlo del cuello de su camisa y gritarle que era un asesino por haber creado una bomba que había asesinado a más de cien personas. - Wilhelmina Spremberg, para servirte. - Humedece sus labios, pasando su lengua por éstos, mientras observa al hacjer en cuestión, peinando su cabellera hacía atrás en un ademán casi insconsiente - No sé tú. Pero yo tuve que viajar muchos kilómetros para dar contigo. Y eso me ha dado hambre - Levanta su mano derecha, llamando la atención al mozo que anteriormente le había traído la carta, esperando a aque llegara a ellos - Quiero ordenar la hamburguesa, las patatas fritas y.. una gaseosa - Dice, una vez que el adolescente se acerca, tomando la carta y leyendo lo que había elegido. En ese instante sus ojos verdes se posan en la penetrante mirada del terrorista, volviendo su sonrisa un poco más sarcástica - ¿Sabes? Tú también deberías comer algo. Estás demasiado delgado - Opina, extendiéndole el menú, y poniéndoselo adelante suyo - Tomáte tu tiempo. Al fin y al cabo, eso es lo que nos sobra ahora ¿no? - La noche aún era joven, la rubia se había encargado de salir lo más temprano posible. Así que no tenía apuro alguno por despachar ese asunto. La mirada de Feliks tenía ese "algo" que le hacía pensar que no sería una velada tan mala.


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Re: Cazador, a su presa | F.A

Mensaje por Feliks Axmann el Mar Dic 04, 2012 1:06 pm

Cazador, A Su Presa

Frankfurt || 06 de Diciembre || con Wilhelmina T. Spremberg

No le intimidaba nada que significase información, porque él no existió para el mundo como alguien con vida hasta los catorce años, desde el uno. Su tumba estaba allá, en una no tan lejana Polonia, donde unos padres superaron la pérdida sorpresiva de su primer hijo, y ahora tal vez tenían otros tantos de sus hermanos. Pero claro, lo de los padres él no podía saberlo, porque simplemente no tenía idea de quién era en realidad. No celebraba cumpleaños, era tal vez un detalle mínimo que expresaba perfectamente la carencia de una identidad real.

No tan elegante como ella lo vio, impresionada quizás de algo que él no se daba cuenta que tenía al andar o al mirar, cual felino sabio, apenas si respondió algo de lo que ella decía. No era un asunto de negocios, no era que quisiera pasar tiempo con ella, que le llamase por su nombre tampoco le asustaba, porque se es lo que se pretende, y él no podía ser Feliks, ni ella tan descarada como para no intentar ocultar su nombre. Negó, dejándola siempre, siempre, hablar. No era hostil en su presencia, aunque parecía enfadado, mejor era pensar una estrategia para librarse de ella, para volver a desaparecer del mapa de esos sujetos. No sería tan difícil, pero no podía hacerlo solo, no cuando no estaba en esa ciudad, precisamente, solo. Pero ya había plantado suficiente información errada, la que manejaba ella, como para disuadirla de creer que tenía compañía.

Obviamente te han muy mal informado –Se cruzó de brazos, negando y desaprobando, sin querer alargar el momento de pronto, especialmente por esa disposición que tenía ella para pasar tiempo con él. Su mente era relativamente débil, por lo que quería ser más sabio y apartarse del camino antes de que Gustav o cualquier otro le culpase por haberlos hundido. Y no le importaba el encanto o la belleza de la rubia, su filosofía instintiva iba mucho más allá de eso, por lo que esa primera arma, ya falló. Era tan esquivo, tan obstinado a veces, y mucho más con los invasores.

Sólo te daré dos consejos, Wilhelmina, porque no es mi estilo amenazar a nadie –Junto las manos sobre la mesa.– Aleja a tus hombres de mis maquinas, no tienes idea de los siglos que les tomará encontrar algo cierto –Parecía molesto, de verdad, y aunque era demasiado joven y menudo para asustar de verdad, era lógico que tenía sus agallas.– Y no creas lo que lees o te dicen por ahí, porque hay muchas cosas de mí que ni tú ni yo sabemos –La miraba a los ojos, dándole igual si la asustaba o no, ya había dicho lo que ella debía tener en cuenta, y sólo su sabiduría le indicaría a la mujer qué tomar y qué dejar. Feliks Axmann no tenía fama de librarse por la sangre de sus enemigos, pero cuando éstos tenían la tonta osadía de encararlo, reforzaba cada vez más sus defensas. Por eso la CIA lo encontró una sola vez, por eso MAD no podía dar con él, porque se crío en un sótano oscuro, golpeado y violado por el que le pagara bien a su “padre”, y porque, para cerrar esa puerta de bajada, debía poner los mejores cerrojos.

Lamento tener que rechazar de tal forma tu amabilidad, pero no me gusta ser hipócrita –Seguía sentado frente a ella.


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Re: Cazador, a su presa | F.A

Mensaje por Wilhelmina T. Spremberg el Mar Dic 04, 2012 3:10 pm

Wilhelmina en el fondo, esperaba una reacción como esa. A pesar de su aspecto simplón, Feliks escondía una compleja mentalidad. O eso era lo que aparentaba ser a simple vista. De todas formas, la rubia no se apuró en sacar conclusiones. No debía actuar a la ligera, de ninguna forma. Las cosas no se darían de forma fácil, eso estaba mucho más que visto, sin embargo era mejor para ella. Siempre le había atraído más los retos. Aunque algunos parecieran imposibles, la alemana intentaba usar todos sus métodos para lograr sus objetivos. Y eso nunca fallaba. Sólo debía tener paciencia. Un arma que era tan necesaria, y que a la vez le faltaba a tantas personas. Sus orbes verdes observaron atentamente al chico mientras hablaba, sonriendo apenas al ver como negaba ante sus comentarios. Parpadeó levemente, apoyando sus antebrazos sobre la mesa y suspirando levemente. Aquella noche no lograría absolutamente nada. Mordió su labio inferior, reprimiendo una pequeña risa, amarga y sin alegría alguna. - Debo decir a favor de ellos, que hicieron su mejor intento. No todos tenemos el don de las computadoras como lo tienes tú - ¿Una adulación? No, pero si él lo quería considerar como eso, era su problema. Solo decía lo que podía observar, llegando a sus propias conclusiones. - Solo sé lo suficiente como para felicitarte. Aquel... Artefacto que ideaste cumplió con su cometido - Su sonrisa de desvaneció, volviendo a ser por unos instantes, la cabrona que era siempre. En aquel atentado habían muerto varios miembros de La Resistencia. Una bajada de línea demasiado importante para su gusto. - De todas formas, no te pongas tan a la defensiva, Feliks. - Agregó, volviendo a su máscara de amabilidad, y haciendo un ademán con su mano, restándole importancia al asunto. - He venido aquí para conocer Frankfrut. ¿Sabes que solo estuve aquí cuando tenía doce años? Ha cambiado mucho - Una conversación casual, que fácilmente se podría confundir con el encuentro de dos amigos, luego de mucho tiempo.

Miró al mozo que se encontraba a su lado, esperando la orden aún - Él también comerá lo mismo - Toma el menú y se lo tiende al adolescente para que se retire. Así podrían comenzar a conversar mejor, entre la muchedumbre que de a poco comenzaban a aparecer en aquella cafetería - Agradezco muchos tus consejos - Responde a sus comentarios, sin cambiar su posición, volviéndolo a mirar; de forma seria. - Pero, lamentablemente, no tengo el poder suficiente como para decirle a los chicos que no jueguen más con la computadora. -Se encogió de hombros, rodando sus ojos. - Yo solo soy solo una chica que cumple órdenes de su superior - Agrega, sin importar que se sintiera molesto. No era su problema. Wilhelmina no lo había atado a la pata de la mesa, por lo que se podía retirar cuando quisiera. Eso no quería decir que no lo seguiría. Ella cumplía todas las misiones que le eran encomendadas, aunque su vida se fuera en eso. - Y creéme. Yo solo creo lo que pienso que me servirá. - Mira a su alrededor de forma distraída, deseando tener la comida frente suyo. Tenía un hambre voraz - Caso contrario, no estaríamos aquí, manteniendo esta grata conversación ¿no? - Le había costado largos meses. Deshechar información falsa, recopilar la que pensaba, serviría; y lograr dar con él luego de tanto esfuerzo. No había sido fácil, pero lo había logrado. Era una suerte, a decir verdad. Y eso que la rubia no creía mucho en esas cosas. - ¿Por qué no olvidamos que ambos pertenecemos a bandos enemigos, y cenamos? Te hará bien un poco de comida ¿sabes? - No lo decía con segundas intenciones. Estaba siendo sincera. Si quería discutir, lo escucharía, más no le seguiría la corriente. Si había salido desarmada era por una sola razón. Nada de peleas en el primer encuentro.


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Re: Cazador, a su presa | F.A

Mensaje por Feliks Axmann el Miér Dic 05, 2012 1:47 pm

Cazador, A Su Presa

Frankfurt || 06 de Diciembre || con Wilhelmina T. Spremberg

Suspiró con mucha fuerza, de nuevo sin dar respuesta a todo, pues no se sentía como un adulado, ni tampoco bien por lo que había construido, y por más hostil que se sintiese al ser invadidos sus medios, no quería enemigos directos. Prefería que la CIA pensara en los Terroristas, y no en el hombre tras la pantalla, por ejemplo. Él no conocía Frankfurt, y aunque, aprovechando que Gustav no le dejaba contribuir en todo lo que él quisiera con respecto a los planes, recorrerlo fue su mejor panorama, y abrigado, porque el hombre le proveyó con ropa más adecuada para el creciente frío. Nunca se había vislumbrado tantos días al aire libre, por eso, no tenía demasiado para vestir, sólo lo justo.

O tal vez bajo otras circunstancias –Intentó creer que él sería capaz de llevar a cabo algo similar a una cita, daba igual con quién fuera. Detonó eso unas ideas poco coherentes a lo que él conocía como relaciones humanas, porque de corazón todavía no tenía interés en las mujeres, en nadie, como si el tiempo jamás hubiese avanzado hasta que salió de su encierro, de modo que muchas cosas en su mente, incluso guardando cierta madurez, pertenecían al ideario de un niño de diez u once años. No sería difícil de creer y justificar para un experto en conducta, considerando que conoció el mundo de los adultos a una edad nada recomendable, y lo consideró doloroso y abusivo. Sólo deseaba encontrarse consigo mismo, y con algo de práctica, vivir como una persona normal al fin, para no preocuparse de ser perseguido por mujeres con tanto afán, y en un sentido modesto, porque no olvidaba que no eran sus cualidades físicas, que nada le agradaban a él, las que los tenían ahí, compartiendo miradas desconfiadas.

No traigo dinero ahora, tal vez pueda depositarlo luego –Terminó por aceptar, acomodándose con un poco más de relajo, resignado a que sí, Gustav llevaba todo el día desaparecido, y su respeto lo retenía de gastar todo dinero que él había dejado a su alcance. No quería estar más en deuda, porque sabía muy bien que no tendría cómo pagar.

Respirar hondo, y pensar con calma. No había que perderla, apenas habían dado con su cara, y no podrían hacerlo otra vez, se encargaría, de verdad que lo haría.


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Re: Cazador, a su presa | F.A

Mensaje por Wilhelmina T. Spremberg el Jue Dic 27, 2012 12:13 pm

Sonrío de forma irónica y encantadora, cuando vio la actitud que tomaba Feliks. Él no le gustaba para nada que ella hubiera viajado desde Berlín hasta Frankfurt para verlo. Y a pesar de que no era necesario decirlo directamente, ambos sabían las intenciones que tenía el otro. Lo intentaría convencer, de las buenas, de que era una muy mala idea seguir con los terroristas. Que la mejor opción era aceptar la oferta que le ofrecía La Resistencia. Unirse a sus filas, y combatir contra el mal. ¿No era así el dicho acaso? Se lo notaba algo incómodo, dando a entender que Aixmann no se encontraba muy acostumbrado a la compañía humana. ¿Se trataría de un empollón? Peinó su cabello hacía atrás, ayudándose con sus dedos y se acomodó mejor en la silla alzando una ceja ligeramente divertida. Podría haber dicho y comentado muchas cosas en aquel instante. ¿Pero de que serviría? Feliks había hecho denotar su desinterés desde que se sentó por primera vez frente a ella. - O tal vez bajo otras circunstancias, tienes razón - Se encogió de hombros, poniendo una servilleta y poniéndosela a la altura de sus piernas para evitar manchar sus pantalones favoritos - Vamos chico. Repito. Relajate. ¿Conoces esa palabra? ¿O te tienen sobreexplotado? - No se le daban muy bien las bromas, éso se lo dejaba para su hermana gemela, pero por lo menos hacía el intento. - Si buscas ponerte mejor, piensa que es un... - Hace un ademán con su mano como si buscara la palabra correcta - Reencuentro. Exacto. De viejos amigos - Sonríe nuevamente, guiñando su ojo y poniendo un poco de sal a sus patatas fritas. El largo viaje le había dado hambre - Sabes perfectamente que mañana ya no será así - Le daba a entender que la leona que tenía escondido en su interior saltaría al día siguiente, queriéndolo cazar como si se tratara de un frágil animalito. Y él seguramente ya lo sabía. Escondía más cosas de las que verdaderamente parecía tener. No tenía que subestimarlo, y tampoco tenía pensando hacerlo.

Hace otro ademán con su mano, restándole importancia al asunto, y tomando la hamburguesa con sus manos, dándole un mordisco antes de hablar. - No te preocupes por el dinero - Se encogió de hombros. ¿Qué le hacía gastar unos euros de más? Tampoco era una cena lujosos en el restaurant más caro de la ciudad. - La próximo vez invitas tú - Sin saber si existiria una próxima vez, y tampoco importándole demasiado. Traga tranquilamente su comida, bebiendo un sorbo de Coca - Cola y saboreando aquel sabor delicioso. Amaba la Coca - Cola.. No comía como el protocolo femenino lo exigía; eso se lo dejaba para la señoritas estiradas que se preocupaban más por cuidar la silueta que por comer verdaderas cosas deliciosas; y lo daba a entender, metiendo unas patatas a su boca. - ¿Cuándo empezaste con las computadoras? - Preguntó, luego de limpiar la comisura de sus labios con la servilleta, poniéndola de nuevo en su lugar. - Debo admitir que le has dado muchos dolores de cabeza a la gente de Berlín. Pensaba encontrarme con alguien un poco más... experimentado - No le importaba admitir que esperaba encontrarse con un hombre más grande que ella. Y es que ése chico apenas pasaría los veintitantos años. Mordió nuevamente su hamburguesa, famélica. Esperaba su respuesta con tranquilidad; esa noche no sería necesario mirar el reloj con insistencia.


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Re: Cazador, a su presa | F.A

Mensaje por Feliks Axmann el Dom Dic 30, 2012 4:41 pm

Cazador, A Su Presa

Frankfurt || 06 de Diciembre || con Wilhelmina T. Spremberg

Unirse a otras filas, combatir contra el mal. El único mal que quería combatir era el de esa sonrisa tan desalentadoramente falsa. Era una mujer demasiado bella para arruinarse así, pero la entendía, cada uno peligroso a su manera. Compañera de Ward, de quien ya sabía algunas otras cosas, aunque a la mierda se habían mandado. Y más que la compañía humana, era ella, específicamente, quien le incomodaba, y sólo porque a ella le dieron su información, por más veraz o no que fuese, le estaba buscando por hacker, y eso era intimidante, jamás cara a cara con un enemigo.

Estoy molesto –Aclaró, para que no pensara que tenía miedo o estrés. Quería, todavía, levantarse y largarse, como muchos. Ni adiós, ni gracias, ni pena, ni gloria.– Eres tan falsa, mujer, y desgraciadamente, no sé nada sobre “viejos amigos” –Ignoró sus guiños, sus intenciones de compartir. Era más terco de lo que parecía, e incluso más desde lo que él llamaría “la despedida de Frankfurt”.

Pierdes tu tiempo, intentas hacerme creer que eres fuerte, una mujer feroz, pero conozco tipos que, como si fuera poco, te ensartarían una botella de cerveza sin dejar de reír y charlar –Y no se refería a miembros de su bando, que poco le trataban a esa altura más que para puntualidades. Comió, sin decir pío de nuevo, mirando por el ventanal, suspirando con fuerza, tal vez sí, él invitaría “la próxima vez”. No respondería esas preguntas sobre él, mientras menos supieran, mejor, pues no habría manera de llegar a él. Podían estar “charlando”, pero Wilhelmina seguro sabía que, después de eso, encontrarlo tomaría otro siglo más, pues, a cada descuido, se hacía cada vez más difícil.

La expectativa habla muy mal de la Resistencia –Sonrió con cierta burla, negando con la cabeza.– Entiendes muy bien que subestimarnos no les hará bien –No amenazó, más bien, intentó ser un poco más amable, sólo un poco, dándole a ella misma una lección. Porque MAD podía tener unos programadores de mierda, pero nunca, jamás, dejó de cuidarse de ellos con todo lo que sabía, porque en más de una ocasión aparecieron con sorpresas que… mejor ni recordar sus bailes de victoria.– Tú también pareces muy joven para estar haciendo lo que haces, tan tranquila, podría haber sido un tipo malo, ¿Sabes? –Logró, entonces, calmarse. Espantándola no conseguiría nada, e, intentando pensar como su grupo, algo podía resultar del interés del enemigo.


Por Feliks Axmann



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Feliks Axmann

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Re: Cazador, a su presa | F.A

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