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One Bullet ||| Laurent De Lacroix

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One Bullet ||| Laurent De Lacroix

Mensaje por Jamie Thomas el Miér Dic 05, 2012 10:00 pm

En la habitación resonaban notas diseñadas por el ya perdido en el tiempo Johann Sebastian Bach. Entre aquellas cuatro paredes, y un espacio de menos de veinte metros cuadrados, estaba yo, sentada en mi escritorio leyendo por no sé cuanta vez una de las obras de Shakespeare más reconocidas: Romeo & Julieta. Mi vida se perdía en el tiempo, como en su momento le pasó a Bach, y yo no podía hacer más que leer mientras la Suite Nº1 se dejaba escuchar a manos del violonchelo de Mischa Maisky.

Aquellas líricas letras planteadas en la dramaturgia del siglo diecisiéis me endulzaban la mente, incluso cuando mis dedos alcanzaban las últimas páginas de la trama, acercándose a la tragedia y a la moraleja. Y es que, me parecían tan romántico como justo todo lo sucedido, ya que la muerte de aquellos dos, más la de Teobaldo y Paris, había supuesto la solución de un problema, y la absolución de incontables culpas. La obra terminaba con la resolución del Príncipe ante el caso, pero nadie nunca explica ni da a entender el futuro de las dos familias, ahora unidas y dispuestas a convertirse en una, dejando de ser Montesco y Capuleto para convertirse en el legado de sentimiento y paz que los dos difuntos jóvenes enamorados desearon en vida. Y eso, ese final tan trágico como feliz se me antojaba dulce, incluso utópico, porque, si hoy en día todos los problemas se pudieran solucionar con la apasionada muerte de dos amantes, para unirnos de la misma forma en la que se terminarían uniendo las familias, todo sería idílico, perfecto.

Si fuese así, la Alemania de ahora no temería por un nuevo atentado, ni el mundo a una nueva guerra, sino más, buscarían con extremado nerviosismo a los dos novios, fueses quienes fueran, núcleo del problema, y los esconderían, los harían muertos y más tarde acabarían así, por alguna negligencia de algún monje, militar o cónsul incapaz de darse al completo a su responsabilidad: el protegerlos. Y al final todos conviviríamos en paz, los conflictos políticos dejarían de ser un problema por muchísimo tiempo y nos encargaríamos de cosas más importantes, como por ejemplo la duración de nuestras propias vidas en este mundo cada vez más marchito. Tan físicamente como socialmente.

Sin embargo los dos se escondían a sabiendas de que su futuro, de ser revelado el presente, sería oscuro, e incluso corto. Y eso si es que realmente existían, si es que todo esto no era más que una jaleo armado por dos eternos enamorados. O, puede, que al final, realmente el humano fuese más ignorante de lo que yo creía, y todo este terror y miedo se armaba por la simple avaricia de poder. Y es que... ¿Qué más se puede esperar de un animal tan incongruente con este mundo?.

Esa era una de mis teorías, una de las más secretas, respecto al actual desquicio de Alemania. No obstante no lo daba por hecho, sino no estaría allí sentada, leyendo, escuchando, esperando.

Hacia cosa de veinte minutos uno de "mis compañeros" me avisó de que pronto me llegarían unos cuantos heridos. Había visto un altercado de algún tipo que aquél no tuvo la cortesía de describirme y habían terminado varias víctimas de "nuestro bando". No sabía nada más que eso, y le presté tanta atención y dedicación a la preparación de la pequeña clínica clandestina como la cantidad de información que aquél me había dado. Por lo que sí, tenía la bata puesta, el pelo recogido, los guantes de látex enfundados y la mascarilla bien situada ante la boca y la nariz. No vi problema con dejar la música puesta y, en caso de haber alguna fuente de sangre humana podía esconder el libro rápidamente en algún cajón del escritorio; por lo que todo controlado mi coronel.

Miré a mi reloj de muñeca, empezando a desconcertarme por lo de "pronto llegarán". Luego volví a dirigir mi atención a la lectura.



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Re: One Bullet ||| Laurent De Lacroix

Mensaje por Laurent De Lacroix el Miér Dic 05, 2012 11:48 pm








One Bullet

Con Jamie Thomas





Los capullos del MI6 habían descubierto uno de nuestros asentamientos con un importante almacén de armas. El jefe… quien personalmente era un maldito niñato perturbado, nos instó rápidamente a que tomásemos posiciones. Cuando recibí la llamada en el móvil me levanté de la cama… Besando el pelo de mi pareja antes de vestirme y asearme por encima. Me vestí con mi ya habitual y característico mono negro de cuero. Perfecto para conducir y duro para cuando me tumbaba a la espera de mis víctimas. Tomé el pasamontañas inífugo también del mismo color tizón y cubrí mi rostro, tan sólo dejando mis dos orbes aguamarina a la vista. Ojos reconocibles en cualquier lugar… Deseados por muchos y odiados por otros tantos…

Salí de casa con mi habitual y característica calma, tomando el casco de mi harley y vistiéndome, quedando cual jinete espectral en un misil tan oscuro como la propia muerte. Uno de aquellos jinetes del apocalipsis haciendo suyas las calles de Berlín, alzando el rugido del tigre en los callejones más recónditos de la ciudad, dirigiendo mi rumbo hacia un edificio en teoría cubierto y bien posicionado para iniciar mis disparos, los cuales impactarían certeramente en los cuerpos del enemigo.

Aparqué el vehículo en el lateral del edificio clave y salté para hacer descender la escalera de incendios, algo demasiado americano para mi gusto, mas bastante útil en momentos como aquel. Escalé los cinco pisos del edificio con el maletín a mi espalda, sintiendo el agradable y familiar peso de mi arma. Una vez llegué a la azotea tomé aire y extendí los brazos en un pequeño ritual al cual me había acostumbrado con el paso de los años. Me preparaba para matar.

Una vez reconocí la azotea, también percatándome de la posibilidad de una emboscada, simplemente me senté en el guardamiedos con los pies colgando al vacío mientras preparaba mi rifle. Un carísimo y exquisito M-200. Un arma de élite que únicamente utilizaban los Francotiradores con mayor pericia a la hora de apuntar.
Una vez mi arma estuvo montada me tumbé en el suelo y me aseguré de enfocar a aquellos pobres desgraciados que se encontraban desvalijando nuestro arsenal.
Poco después percibí que mis camaradas, los esbirros, simples peones prescindibles se lanzaban al ataque con armas de poco calibre, creando el caos con el factor sorpresa de su parte.

Se inició un tiroteo que provocó que frunciese el ceño. No había blancos claros. Me mantuve en silencio y observando por la mira telescópica, vi un muchacho que parecía joven… no más de veinticinco primaveras… una lástima… apreté el gatillo y la bala salió volando dirección al muchacho. Impactó en su cabeza falta de casco, desplomándose entre la multitud que peleaba ya sin armas.

Me incorporé y comencé a cargar una nueva bala en el rifle, tomándome un par de segundos para encenderme un cigarrillo y volver a apuntar. Habían dos agentes del MI6 que se habían escondido tras un todoterreno. Interesante escondrijo y de apariencia impecable. Era de chasis duro y grueso, las balas no penetrarían, tenían buena visión a través de las pequeñas ventanas… pobres ilusos ¿Acaso no sabían que aquellas pequeñas fieras de la ingeniería no soportarían una bala sin explotar cual globito hinchable? No pude reprimir una ligera carcajada antes de apuntar, y tras exhalar el humo de mis pulmones presioné una vez más el gatillo, provocando un fuerte estallido en la plaza donde se encontraba la reyerta. La gran bola de fuego dio paso a dos cuerpos en llamas, gritando y suplicando ayuda entre alaridos de extremo dolor.

Pude sentir incluso una ligera excitación ante los aullidos de aquellas dos víctimas de mi puntería, gozaba con ello, me hacía sentir poderoso… la muerte ajena, el sufrimiento… era simplemente el dulce cáliz de mi trabajo, el resultado de la más agradable y sensual melodía… quizá algo macabro, mas bello en su totalidad.

Distraido me encontraba observando mi pequeña obra de arte, cómo el resto del cuerpo se retiraba tratando se llevarse a los dos quemados y el cadáver del crío que no me di cuenta de que ya no me encontraba solo. Al girarme pude ver la sonrisa sádica de un soldado. Alcé la mano con la TAU en ella para disparar mas un destello me indicó que aquella silueta había disparado antes que yo.
Gemí de dolor, pues sentí que mi pecho ardía, disparé mi propia arma volándole la cabeza debido al gran calibre que utilizaba incluso siendo un arma a una mano. Tiré la TAU mientras maldecía en Francés y comencé a recoger todo para marcharme y llegar a la base. Con suerte sobreviviría a ese disparo. Noté que probablemente hubiera perforado un pulmón por lo que más me valía apresurarme.

Una vez tuve todo guardado introduje con un gemido de puro dolor un trozo de tela en el orificio de entrada. La bala había salido por la espalda, pude verla pues se encontraba incrustada en el suelo. Negué algo mareado y bajé a trompicones las escaleras de incendios, no sin darme de bruces con el suelo en los últimos escalones. Maldije para mis adentros e introduje la llave en la moto, poniéndome el casco. Utilicé el Walkie-talkie para hablar con el camarada encargado de las comunicaciones, indicándole que en avisase al médico de campaña, ya que en breve recibirían heridos… y me importaban más bien poco los demás… el importante era yo.

Arranqué mi harley y conducí a toda velocidad hacia el campamento principal, rezando por no desmayarme antes de llegar. Según conducía cada vez la realidad se distorsionaba más y más, las farolas parecían tomar vida y girar a mi alrededor. El asfalto tomaba extrañas formas, con ángulos imposibles de maniobrar. Mi pulso tembló por un instante al verme incapaz de respirar. Me deshice del casco, me presionaba y no me dejaba ver. Por mi mente sólo pasaba la idea de que había llegado mi hora… que Ethan pasaría días si no semanas sin saber de mi, preocupado, angustiado… para finalmente recibir la noticia de mi muerte…

Finalmente, y de pura suerte, pude percibir las instalaciones ocultas, cayéndome de la moto mis camaradas me recogieron, casi arrastrándome hasta la improvisada enfermería.
Tenía el pecho completamente ensangrentado incluso por encima del mono, no podía respirar, hiperventilaba y mi mirada, de un azul aguamarina que recordaba las más cristalinas y puras aguas de un paraíso tropical, estaba perdida… apenas sí era capaz de ver dónde me encontraba. Pude escuchar algo de música clásica muy de fondo… mas no era capaz de identificar al compositor en aquel estado.

Alcé las manos tratando de desabrocharme el peto a sabiendas que aquello podría quizá aumentar el sangrado, mas necesitaba respirar, pugnaba por coger aire de forma desesperada. Me había percatado en el trayecto del edificio clave hasta la base de que no quería morir. Que tenía una razón de peso para continuar vivo… Ethan.
Al abrirme el mono, permití al médico ver mi torso desnudo, sin pelo pues cuidaba mi higiene… un pequeño hábito que había tomado desde que comenzó a salirme barba. En el pectoral izquierdo se veía una escarigrafía. Una hermosa “N” con trazos góticos, ya curada. A la altura del abdomen un disparo también curado, ninguna de las dos marcas tenía más de un año de antigüedad.

Cuando conseguí enfocar mis ojos por un instante pude ver a la persona que en teoría se encargaría de que siguiera vivo… ¿Era un ángel? No… una mujer de hermosas facciones, una diva a la cual probablemente hubiera tratado de seducir en una situación menos peliaguda, sabía que yo era atractivo y que muy pocas mujeres podían resistirse a mis ojos, me había criado sabíendolo y jugando con ello como una baza a mi favor. Gemí al notar nuevamente que no podía respirar. Me giré levemente con las escasas fuerzas que aun conservaba para escupir algo de sangre al suelo. La idea de la muerte, antaño tan buscada y en aquellos momentos tan poco deseada se hacía más y más patente en mi mente. Comenzaba a hacerme a la idea de que no saldría de aquella… me habían disparado a bocajarro….







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Re: One Bullet ||| Laurent De Lacroix

Mensaje por Jamie Thomas el Jue Dic 06, 2012 3:44 pm

La zarabanda empezaba cuando un portazo me despertó de mis fantasías y el éxtasis que me producía la música sin yo siquiera darme cuenta. Las endorfinas parecían bailar cautelosas y sigilosas al ritmo de Bach dominando cada neurona sin que te dieses cuenta, adormilando la realidad y perdiéndote en cualquier otra dimensión que tuviese más credibilidad según tu parecer. Y sin embargo, tras encontrarme más lúcida y dispuesta, algo en mí seguía manteniendo la teoría de los amantes, algo seguía queriendo entender que todo aquello era más complicado y romántico de lo que realmente era. Que en la vida habían más cosas que luz y oscuridad, que habían sentimientos y personas, ajenas a la ambición y la codicia.

Unos tres hombres arrastraban de un cuerpo casi completamente negro y lo soltaron sin mucho cuidado sobre la camilla. Por el suelo un rastro de sangre me dio a entender que la situación era más peliaguda de lo que quise desear, pero menos siniestra de lo que llegué a imaginar. Cerré el libro y lo guardé en un cajón cualquiera, tal y como lo había planeado. Me acerqué apresuradamente hasta el reproductor de música y volví a iniciar el disco volviendo al preludio. Tras eso di la vuelta hacia la camilla y me fijé en el paciente.

Luego me dirigí hacia una cámara de vídeo colocada estratégicamente en una de las estanterías, desde la cual el campo visual era amplio, claro y alto, enfocando a la ahora mesa de operaciones. Fue entonces cuando al fin fui hasta aquél, ya dispuesta a hacer mi trabajo.

Actuaba ligera, apresurada.

- Según creo, es Echo. Hombre de unos treinta años, caucásico, metro ochenta y... -nunca me había percatado de sus ojos- Totalmente reconocible por sus iris azules.

Cuando me dispuse a quitarle lo que sea que llevaba puesto vi que ya se lo habían desabrochado.

- Todo un detalle -murmuré.

Sin detenerme demasiado en el resto de su cuerpo mi mirada se plantó casi al instante en la sangre. Con un gasa limpié toda la esencia granate de su pecho tan rápidamente como me fue posible, buscando con mayor exactitud la procedencia de esta: el costado izquierdo. Mi gesto se consternó, aquello no eran buenas noticias y debía apurarme si quería que aquél saliera más vivo que nunca del recinto. Por lo que inmediatamente, sin perturbarme demasiado, introduje mis dedos en la herida apoyándome sobre Echo intentando obligarle a quedarse totalmente quieto en caso de que el dolor le hiciera retorcerse. Con delicadeza y mucha suavidad palpé la herida de forma superficial viendo que la bala se había esfumado. Buenas nuevas entre tanta catástrofe. No obstante, eso, aunque quitaba peso a la gravedad del asunto, no eliminaba el hecho de que había algún órgano perforado, aspecto que intuí nada más ver sus labios cubiertos de sangre.

Por intuición cogí un estetoscopio y miré la situación de los pulmones. La hemorragia era masiva y no había tiempo para detenerla sin que antes él terminara ahogándose. Solté el estetoscopio el cual cayó el suelo. En su descenso, atraído por una insinuante gravedad, yo corría hasta una de las estanterías y seleccionaba urgida una serie de elementos y herramientas. Cuando el sonido metálico tocaba la lisa cerámica yo soltaba todo sobre las piernas del hombre y me armaba con el laringoscopio y un tubo. Fui hasta su boca y con cuidado se la abrí.

- Saldrás de esta, pero necesito que no te muevas y que no fuerces la respiración -dije elevando el tono de la voz lo máximo que pude a la par que vocalizaba lo mejor posible, desconfiada ante la posibilidad de que hubiese perdido por completo la conciencia o estuviese en estado de shock.

Con extremo cuidado introduje el instrumento y luego con su ayuda el tubo, dirigiéndolo con la mayor concentración posible hasta el pulmón derecho. Luego busqué una pequeña bomba de aire y la conecté. Le ayudaría a respirar mejor pero el truco no duraría demasiado así que debía acuciarme si pretendía salvar una vida. Tomé uno de los bisturís y corté tomando la herida como punto de partida. Por suerte las costillas de la zona no habían sido dañadas, más que lo magulladas que pudiesen estar por el impacto. Cogí una perilla de plástico y drené tanta sangre como me fue posible en un principio, expulsándola en un cuenco de metal.

- ¡Qué alguien se digne a venir! -grité tensa pidiendo ayuda, tirando la sangre al suelo sin querer. No podía seguir con aquello con tan sólo dos manos- Joder...

Solté la perilla y abrí lo justo y necesario el pulmón para cerrar el hueco de salida. Justo en ese instante una chica entró, quedándose helada al ver el cuerpo, y posiblemente más sangre de la que jamás en su vida vería.

- Coge eso -dije señalando a la pera- Y quita toda la sangre que sea posible, sino este se nos va -mi tono fue lo suficiente autoritaria para sacarla de su impacto y obligarla a acercarse.

La alemanda comenzó a sonar desde los altavoces haciendo de aquella habitación una escena bélica, perdida en algún guión sádico.

Con la aguja ya preparada empecé a coser la abertura de salida de la bala, proponiéndome dejar aquél pulmón como si acabara de nacer, permitiendo que esta vida le diera una tercera oportunidad a un terrorista, a un asesino...



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Re: One Bullet ||| Laurent De Lacroix

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