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Konfrontiert mit dem beweise der zerstörung .:Gustav:.

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Konfrontiert mit dem beweise der zerstörung .:Gustav:.

Mensaje por Sarah Alman el Lun Dic 10, 2012 1:08 pm


Konfrontiert mit dem beweise der zerstörung
«Solamente aquel que construye un futuro tiene derecho a juzgar el pasado.»
₪ 12.Dic ₪ Kaiser Wilhelm ₪ 5PM ₪ Gustav Maier ₪

Berlín. Nevaba y hacía frío, aunque ya estaba acostumbrada a este clima desde niña y los guantes sin dedos aliviaban el frío de mis manos, la cara por otro lado, descubierta ante el clima, ya no la sentía.
Mis pasos eran firmes y decididos, conocía las calles por las que avanzaba hundiendo mis botas en la nieve, aunque no sabía exactamente a dónde me dirigía. Estaba más concentrada en mis pensamientos y en definitiva... ¿Qué más daba dónde me dirigiera? Necesitaba tiempo para pensar, quizá distraerme, eso podía hacerlo casi en cualquier lugar. Miré, por pura costumbre, mi reloj de muñeca y dejé el vaho escapar en un suspiro, eran temprano aún para volver, tenía el día libre y mañana no entraba hasta tarde, últimamente me sentía inútil. Sin nada que hacer. Increíblemente, con la situación que comenzaba a magnificarse yo y muchos del MAD estábamos, literalmente, cruzados de brazos. ¡Quería acción! Hacía mucho que no disfrutaba de disparar un arma en un lugar que no fuera la galería de tiro... Lo cual, inevitablemente, me llevó a pensar en el hombre del pasamontañas. El hombre de la cicatriz. Ese recuerdo me hizo apretar la mandíbula hasta casi hacerme daño. Lo odiaba. El muy mal nacido me había noqueado pero no quedaría la cosa así, pensaba encontrarlo y meterle una bala entre ceja y ceja. O quizás rebanarle el cuello.
Esas ideas me hicieron sonreír. Al detenerme en mi camino por la Kurfürstendamm quedé frente a lo que quedaba de la Kaiser Wilhelm, un monumento en recuerdo a la segunda Guerra Mundial. Curioso. Una tercera se avecinaba y aquellos pocos muros afectados por las bombas seguían ahí para recordarnos el horror pasado... Horror. Todos los que murieron en aquellos años se libraron de conocer bombas atómicas, misiles de largo alcance, aviones espía no tripulados, guerra química... Oh, la guerra había avanzado mucho y era posible que un país destruyera a otro sin necesidad de movilizar ni un solo efectivo. Algo que hace un siglo era impensable hoy era el día a día, los soldados y el ejército había quedado, poco a poco y con el paso de las décadas a cargo de misiones humanitarias. Esperaba eso terminara pronto... ¿Para qué quería alguien entrenado para matar a otros, para defender su país, ir a darle de comer a cuatro muertos de hambre? ¿Para qué gastar los recursos del país y su dinero en eso? Era insultante.
Suspiré y saqué de mi bolso la caja de tabaco, saqué con dedos algo torpes por el frío uno de los cigarrillos y me lo llevé a los labios para encenderlo rápidamente con mi zippo, sintiendo casi con alivio como el humo entraba cálido a mis pulmones. Poco a poco recuperé la sensibilidad en los labios. Unas caladas después decidí sentarme en un banco cercano pues, no tenía nada mejor que hacer. Contuve una risita irónica al darme cuenta que estaba haciendo esa clase de cosas que mi padre llegaba a odiar de la gente, me estaba sentando a ver la vida pasar. Por un día nada malo pasaría ¿No? Perder el tiempo era muy relativo a mi parecer, si no tienes nada importante que hacer mejor esperar... ¿A qué? Bueno, tenía la esperanza, masoquista en parte, vana por otra, de que realmente mi madre tuviera razón en algo: No busques problemas, ellos ya te están buscando a ti.



Última edición por Sarah Alman el Mar Ene 08, 2013 12:19 am, editado 3 veces
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Re: Konfrontiert mit dem beweise der zerstörung .:Gustav:.

Mensaje por Gustav Maier el Mar Dic 11, 2012 3:30 pm

La venganza es el manjar más sabroso condimentado en el infierno.
- Walter Scott

Ese mes era infernal, no sólo por las temperaturas que descendían en picada sino que por la muchedumbre que detestaba y a quienes se encontraba a diario camino al trabajo. Iba retrasado a causa de un enorme embotellamiento causado por un accidente menor: Aún existían incautos que creían que el asfalto no estaba resbaladizo o que, por arte de magia llegarían a su destino volando como el condenado niño de gafas de los libros que odiaba. Gustav miraba por la ventanilla y moviendo la mano enguantada limpió el vidrio para ver si estaba lo suficientemente cerca como para ir caminando. Con ese clima su motocicleta tampoco era un muy buen aporte por lo que la espléndida máquina se quedaba en el estacionamiento casi todo el invierno, observó aburrido mientras una ópera sonaba a través de los auriculares de su Ipod, ni soñar con o a pie pues el bus recién estaba frente al Kaiser Wilhelm, sus ojos celestes recorrieron la monumental y bella iglesia: Nunca había entrado pese a que su arquitectura le gustaba, ese lugar dónde se oraba le recordaba demasiado a su hogar y ya le parecía ver a su madre orando horas y horas por la salvación de su alma.

Iba a apartar la vista mientras un adolescente con el pelo azul le pedía permiso para pasar, cuando se quedó con una expresión atónita, cerca de ahí había una mujer que sería igual a todas excepto por que era una agente del MAD. Nada la delataba, tal vez se movía con mucha agilidad, pero se veía como cualquiera que pasease por ahí. Los ojos del Terrorista se helaron mientras su rostro se tornaba pétreo y moviéndose con rapidez casi empujó al chico del pelo azul por su prisa para bajarse en ese paradero, el chico protestó pero él no tenía ojos más que para esa mujer en concreto. De una rápida ojeada Gustav observó al resto de los caminantes: un matrimonio con una niña y una mujer de aspecto amargado eran quienes se hallaban más cerca de la rubia. Se tomó su tiempo mientras ésta permanecía con la guardia baja, debía aprovechar pues ella representaba uno de los dos cabos sueltos en su vida. Caminando a grandes zancadas palpó la navaja en el bolsillo trasero de sus jeans y moviéndose por el interior de la acera se acercó con sigilo por detrás, unas aves volaron al pasar él y sacando la navaja la ocultó entre la manga de su abrigo y su mano asiéndola por el mango, era de tamaño mediano y ladeando la cabeza se sacudió los auriculares. Gustav saltó por detrás de la banca con un movimiento ágil quedando de pie frente a la mujer que fumaba y con una sonrisa burlona susurró: -Vaya señorita. volvemos a encontrarnos... - se sentó de manera elegante a su lado y pasándole un brazo por los hombros movió la navaja que sostenía con la otra mano y la hundió en las costillas de la joven. Sus ojos eran fríos y sin mirarla suspiró: -Muévete y te destripo, así de simple rubia...Finge que estás feliz en mi compañía, por otra parte tal vez puedas estarlo en unas horas.

No estaba seguro de qué haría con ella, silenciarla lógicamente era su prioridad pero sabía que era una agente y se defendería, especialmente al ver sus claras intenciones de dejarla sin esa linda cabeza sobre sus hombros. Él sonrió burlón, encontrarla había sido mucho más que un golpe de suerte y no le interesaba perder un día de trabajo cuando podía eliminar a esa mujer que sabía que él, no era un simple periodista. Podía ser galante, salvaje e incluso sumamente bruto, pues si las escasas personas les veían discutir o pelear dudaba que quisieran inmiscuirse, en eso todos los alemanes eran tan fríos como el clima imperante y nadie arriesgaría el pellejo por una supuesta discusión de pareja. Gustav observó de reojo a la mujer, era endemoniadamente atractiva y le recordaba a las mujeres que le gustaban, tenía un aire indómito y glacial que instaba a querer saber qué había bajo todas esas capas.


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Re: Konfrontiert mit dem beweise der zerstörung .:Gustav:.

Mensaje por Sarah Alman el Mar Dic 11, 2012 4:57 pm


Mi madre, curiosamente, había tenido razón y una parte de mi se sintió una niña pequeña, contrariada ante las palabras expertas que había ignorado y que ahora, metida en el lío, recordaba casi de forma hiriente. Allí estaba mi problema, el cual me hubiese buscado o no, me había encontrado. Una sonrisa ladina llenó mi rostro...
-Diría que es un placer pero creo que eso sería demasiado cínico por mi parte ¿No crees?- di una nueva calada al cigarro sin apartar mi mirada de él.- Podemos dejar los formalismo, creo que ya hay... Confianza- bromeé permaneciendo en mi lugar mientras se sentaba, aunque metiendo la mano en el bolsillo de mi abrigo. Confianza. Hoy estaba sembrada.
La incertidumbre era a mi parecer, la peor y a la vez más excitante tortura. ¿Qué ocurriría a continuación? No lo sabía pero sin duda no era momento de mostrar nuestras cartas frente a aquellos ojos inocentes que barrían el lugar, como corderos camino al matadero, inocentes y perdidos sin conocer que entre ellos los lobos ya se relamían el hocico. ¿Qué era yo, un lobo o un cordero? La respuesta quedó clara cuando una carcajada escapó de mis labios al sentir la fría hoja de acero en mi carne... El dolor, ese viejo amigo que había perdido, de una extraña y retorcida forma, el significado a lo largo de los años. Sus palabras, una amenaza bien clara y sencilla, fría como el clima que nos rodeaba me hicieron mantener la sonrisa. Aquello sería divertido.
-¿Y qué planeas qué creas digno de hacerme feliz en tu compañía?- pregunté incluso coqueta. Rubia. La ira brillaba en mis ojos pero sabía convertirla en impulsos más útiles, de momento, me convenía cumplir su petición, parecer feliz a su lado. ¡Que gran mentira! Digna de alguien como yo.- Bueno, hoy no debo volver pero de todas formas no tardarán en darse cuenta de que no estoy... Y este lugar es bastante público ¿No te parece?- comenté tras unos minutos de silencio, con tono frío y desinteresado, aún con su cuerpo contra el mío haciendo que su calor corporal traspasara las capas de ropa, su brazo apenas estaba apoyado sobre mis hombros y mientras la navaja seguí en su lugar, inmóvil.
Dejé caer el cigarrillo al suelo en un gesto nada interesado y sin mover apenas mi torso lo pisé con la bota, apagando por completo la colilla. Un suspiro, aburrido, escapó de mis labios formando una leve nube de vaho... ¿Qué me esperaba? No lo sabía. Podían ser muchas cosas. Puede que amaneciera muerta en un callejón de los suburbios... ¿Tendrías más armas encima aparte de esa navaja? Si no era así no era la primera vez que soportaba una herida de una y es más, no tenía intención de que aquel día fuera la última vez. Yo por mi parte llevaba mi Ruger LCP - 9mm corto en el bolsillo, bien sujeta desde hacía un rato. No era mucho, bajo calibre y escasas balas, llevaba las seis del cargador y una en la recámara... Suficiente de momento. Lo miré a los ojos, fingiendo lo que muchos pensarían que éramos, una extraña pareja contemplando el lugar bajo las luces de la cercana navidad y con el tremendo descaro que podía caracterizarme y agilidad deslicé mi mano aún dentro del bolsillo del abrigo por su muslo hasta su entrepierna, dejando claro el peso del arma.
-Bueno, no es que no me guste jugar a las parejitas, encanto, pero creo que va siendo hora de dejar algo claro, necesitarás más que un arma de chapero para asustarme... Mueve la hoja y el propio dolor me hará apretar el gatillo.- Amplié mi sonrisa.- Yo estaré muerta. Tú tendrás un pequeño problema... Menos- me reprimí de reír y levemente, sin moverme apenas, me encogí de hombros, esperando solo que me diera la oportunidad de volarle las pelotas. Era la primera vez que me veía justo en esa situación, tan cerca de alguien bien dispuesto a matarme y al que no me importaría destripar con mis propias manos, pero no la primera que debía mantener el pulso firme y que amenazaba sabiendo que posiblemente me lo jugaba a un todo o nada, pero mi pulso no temblaría y a la mínima provocación habría una bala menos en el cargador. Mantuve mi mirada clavada en la suya, fría como el hielo e inmensamente atrayente. Me picaba la curiosidad pero, por encima de todo, la rabia hervía en mis venas.



Última edición por Sarah Alman el Mar Ene 08, 2013 12:20 am, editado 1 vez
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Re: Konfrontiert mit dem beweise der zerstörung .:Gustav:.

Mensaje por Gustav Maier el Miér Dic 12, 2012 3:42 pm

Los transeúntes paseaban ajenos a aquella pequeña guerra que se desarrollaba entre los dos de manera "interna", la sonrisa de Gustav se amplió al ver el descaro y la sangre fría de la mujer, ya se había hecho una idea de ello durante su primer encuentro cuando arriesgando la vida aquella rubia se las arregló para arrancarle parte del pasamontañas, que decir del destino de sus dos compañeros que terminaron entregando sus vidas en un atraco del cual se jactaban sería "sencillo". Esa palabra no existía en su vocabulario nada era sencillo ni fácil y sólo los tontos creían que las cosas estaban hechas para el deleite de la felicidad máxima. Para él, eso tampoco existía ya que todo debía estar salpicado de diferentes matices, igual que la situación actual.

Su sonrisa se mantuvo aún cuando sintió el peso del arma en su entrepierna y, mirándola con interés sólo movió ligeramente la navaja. Parecían una pareja contemplando el panorama, pero la realidad era que Gustav pensaba que tan rápida podría ser ella y en el mismo tono relajado murmuró: -¿Tienen horarios? Yo creí que pasaban el día sentados en bancas fumando o comiendo rosquillas... - Seguía estudiándola y una pareja de ancianos se sentó en una banca contigua y sacando una bolsa de plástico comenzaron a alimentar a las palomas, éstas no tardaron en llegar en bandadas y el rubio atrajo más hacia sí a la chica y desviando la mirada continuó: - Cálmate rubia, si disparas asustarás a los ancianitos y creo qe el cuchillo es mas rápido pues puedo enterrarlo y me quedaría tiempo para ponerme a cubierto, especialmente cuando... - sus ojos se dirigieron a una mujer de cabellos oscuros que tomaba fotos a la fachada de la iglesia -Mi compañera está ahí, así que si me disparas acabaré lisiado, pero la muerta serás tú.

Lentamente dejó de abrazarla y liberándola de su abrazo buscó un cigarrillo al tiempo que también quitaba la navaja con fuerza de sus costillas. La guardó en un bolsillo y mientras buscaba un encendedor le dijo: -Ahora que tengo absolutamente toda tu atención, creo que es hora de hablar de...Matrimonio, querida ¿De verdad crees que no pude haberte matado la primera vez? - se puso el cigarrillo en los labios y exhalando por la nariz dejó descansar las manos sobre su regazo mientras oía el ulular de las palomas, a mucha gente no le agradaban pues eran consideradas plagas, como las ratas, pero alguna finalidad tendrían que cumplir y eso se aplicaba perfectamente a ellos también, sin Terroristas, la vida sería muy aburrida. Gustav estaba tan tranquilo como en un templo después de su bravata de arrogancia y, ahora gélido tanto externa como internamente resultaba casi mas intimidante, la cicatriz en su rostro se veía perfectamente y su actitud era la de un hombre que lograba sacar partido de cada encuentro que tenía en su existencia.


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Re: Konfrontiert mit dem beweise der zerstörung .:Gustav:.

Mensaje por Sarah Alman el Miér Dic 12, 2012 4:39 pm


Su sonrisa agrandó la mía, casi podría haberme echado a reír. Aquello podría, de no haber sido por el arma que tenía clavada, cómico. Allí, dos enemigos, sentados en un banco como si fuera una pareja de jóvenes, dedicándose sonrisas... De chiste. Pero lo que sin duda, no me tomé a chiste, fue su comentario que me hizo cerrar mi mano libre en un puño, molesta.
-Ya bueno, nosotros comemos donnuts mientras vosotros veis Friends... Cada uno tiene sus hobbies ¿No?
El final de la frase salió en un tono duro, casi un gruñido, pues mi mandíbula estaba apretada de sentir la hoja moviéndose y mucho me tuve que controlar de no apretar el gatillo. Moría por hacerlo. Seguí su mirada y retomé mi sonrisa y mi tono desinteresado, frío.
-Si, yo terminaré muerta pero... Me iré teniendo la certeza de que tú, querido, tendrás un bello recuerdo de mi toda tu puta vida- comenté, casi risueña.- Además, si me matas ahora te resultará aburrido; más si termino con la cabeza reventada, eso no será nada divertido para ti... Y muy indoloro para mi- agregué.
Siendo sinceros, pudiendo torturar a alguien volarle la cabeza era sin duda una forma muy triste de matarlo. Sería humillante que me matara así. Imaginación, hombre, imaginación, quise espetarle pero teniendo en cuenta que eso sería como pedir que me torturara preferí callarme. Me gustaba provocar y mostrarme chula con esa clase de escoria pero sabía donde estaba la fina línea de "provocación, molestia y chulería" a "idiotez demandante de masoquista". Entonces el leve peso de su brazo desapareció y con ello el arma que se clavaba entre mis costillas, dejé escapar sin poder evitarlo, un suave jadeo por la fuerza en que la hoja fue retirada. Sentí la sangre mojar mi camiseta y por unos instantes estuve en silencio, solo concentrada en hacer un leve control de daños. Finalmente, aparté mi cuerpo del suyo, dejando entre nosotros un espacio mientras con tranquilidad pensaba que solo era una herida superficial... Había tenido suerte o verdaderamente no había querido matarme. Posiblemente era más suerte de que no me hubiese perforado una arteria.
Extendí mi mano pidiéndole un cigarro ¿Qué menos? Me sorprendía y me atacaba por la espalda, como mínimo me debía un cigarro porque dudaba que me dejara rebuscar en el bolso por mi propio tabaco.
-¿Matricidio? Lo siento, querido, pero creo que nos conocemos de muy poco- dije poniendo una completamente fingida y cómica cara de sorpresa, tras esto volví a mi expresión aburrida y reí suavemente. Eso había quedado falso hasta para mi. Me estiré, ignorando el dolor y crucé mis piernas mientras me acomodaba.- Bueno, tenías demasiada prisa por salir corriendo como la rata cobarde que eres... Al igual que el resto de tus compañeros- negué levemente.- El compañerismo no es lo vuestro ¿Eh? Un pequeño secreto- le dije en un susurro, estirándome para acercarme a su oído, aún con la pistola en mi mano dentro de la chaqueta.- Yo me hubiese largado mucho antes y los hubiese dejado atrás... Eran tan torpes- terminé volviendo a mi lugar y sin más, en un gesto de completa indiferencia a su presencia, comencé a tararear la melodía de un anuncio que pasaban mucho en televisión.



Última edición por Sarah Alman el Mar Ene 08, 2013 12:22 am, editado 1 vez


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Re: Konfrontiert mit dem beweise der zerstörung .:Gustav:.

Mensaje por Gustav Maier el Jue Dic 13, 2012 7:34 pm

Las chicas rudas le encantaban porque lograr que se quebraran era un trabajo digno de un joyero, y casi que no le importaba que ella fuese del MAD aunque admitía para sí mismo que una mujer así sería de gran valor en la resistencia. Los sarcasmos iban y venían entre los dos mientras el reloj avanzaba y, de manera paulatina iban llegando mas transeúntes que pasaban apurados a sus trabajos o, como ellos: se dedicaban a admirar el panorama dándose un respiro de esa fecha ajetreada para todo el mundo. Porque los ladrones y estafadores parecían salir de debajo de las piedras en Navidad, los atentados y robos se intensificaban pues la gente se aglomeraba en lugares específicos y era ahí dónde un artefacto explosivo podía dejar daños gigantescos.

Pero, de momento no era eso lo que pretendían pues para lograr un cambio necesitaban civiles y si los hacían volar por los aires la opinión pública se volcaría en su contra y los políticos tendrían ese apoyo, que los Terroristas jamás cederían. Sus amenazas verbales eran certeras pero la realidad era que ninguno se arriesgaría a un enfrentamiento en un lugar tan público y así se lo hizo saber: - En un lugar público imagina la de traumas que causaríamos, esos ancianitos me recuerdan a mis padres... - entonó con un una compasión tan fingida mientras miraba de reojo a los aludidos.

La miró mientras le tendía la cajetilla con un ademán tranquilo, fumar con una agente del MAD era una de las cosas que faltaban en su lista de "Las 100 cosas que hacer antes de morir", se quedó pensativo ante la observación acerca de sus improvisados compañeros de ese día mientras daba una larga calada a su cigarrillo y, elevando una ceja se encogió de hombros. -Si, eran unos bufones pero ineptos hay en todas partes ¿O me dirás que nunca has deseado asesinar a algún compañero tuyo, rubia? - dijo con una sonrisa y echándose hacia atrás en la banda miró unos segundos al cielo, el día se venía gélido y despejado, casi deseó que nevara pues desde niño que le gustaba ver caer esos copos blancos mientras bebía chocolate caliente.

Gustav continuó fumando y girándose de manera que pudiera verle el rostro le dijo: -Bueno, creo que nuestros bandos son similares y me refiero al real, no a los condenados Terroristas...Si eres un infiltrado como yo debo ser convincente o ya hubiese acabado con un tiro en la nuca hace mucho tiempo - suspiró mientras terminaba de fumar para tirar la colilla y aplastarla con su bota y acercándose agregó: -Imagino que te mueres por saber quién soy realmente, pero no puedo decirte nada excepto que si volvemos a vernos seguirás teniendo suerte y, espero que quienes me acompañen también terminen muertos como los anteriores ¿Me comprendes? - le guiñó un ojo y volvió a su posición inicial mientras por fin el par de ancianos se marchaban dejándoles como los únicos sentados en ese día tan particular.


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Re: Konfrontiert mit dem beweise der zerstörung .:Gustav:.

Mensaje por Sarah Alman el Jue Dic 13, 2012 8:25 pm


La multitud de transeúntes iba creciendo según el tiempo que pasábamos sentados avanzaba, estábamos en la calle más importante de Berlín, muchos comercios se hallaban en ella y en unas fechas taaan señaladas y materialistas era de esperar que el lugar estuviera a cada minuto más abarrotado. Parejas paseando, niños corriendo, hombres de negocios ajetreados, amas de casa cargadas de bolsas... La gente más variopinta pasaba cerca de nosotros y me pregunté, por un solo instante, cuántos de ellos tendrían implicación en esta guerra como nosotros dos, dos jóvenes sentados en un banco, fumando. El aire caliente entró a mis pulmones como gloria bendita, aunque al dar la calada sentí una punzada de dolor... Al menos, con el frío, tenía el cuerpo entumecido.
-Bah, hoy en día con todo lo que se ve en la tele y las calles no asustaríamos a nadie- dije tranquilamente, pues era cierto... La violencia era el día a día.- Aunque bueno, me siento generosa, dejemos que se disfruten su jubilación y mueran en su camita dormiditos en vez de provocarles un infarto- añadí sin creerme lo de sus padres, aunque si era cierto, tampoco me importaba.
Lo observé por unos minutos, si no fuera por esa enorme cicatriz que le surcaba la cara podría parecer mucho más joven, casi un crío con ese aspecto tranquilo contemplando el cielo... Un recordatorio más de que nadie es lo que parece. Asentí a su comentario, si los idiotas volaran el cielo no se vería.
-Ya, el mundo está lleno de bobalicones cargados de buenas intenciones o faltos de neuronas y, en el peor de los casos, ambas- di otra calada, soltando luego lentamente el humo entre mis labios.- La pregunta correcta sería... ¿A quién no he deseado asesinar?- respondí con otra pregunta, risueña para luego lanzarle una repentina mirada asesina.- Deja de llamarme así... querido.
Odiaba que me llamaran de esa forma, lo detestaba... Eso y los típicos "preciosa", "nena"... Los había tenido que soportar al principio de entrar en el MAD pero con el tiempo había logrado no solo ascender y ser sargento por encima de muchos de mis compañeros, si no además que me respetaran... Si lo volvía a oír llamarme rubia le iba a partir la cara. Lo observé atenta, enarcando una ceja.
-¿Bandos similares? ¿El real? ¿Condenados terroristas?- no sabía si reír por el chiste, preguntar por la cámara oculta o aplaudirle por gran mentiroso, ante la duda me quedé mirándolo fijamente a los ojos de forma penetrante.- Bueno, no diré que me apenaría de que terminaras lleno de plomo... Sería demasiado cínico por mi parte pero tienes razón- concedí a mi pesar-, me muero por saber quién eres...
Lo escuché, verdaderamente interesada. ¿Por qué me contaba eso? ¿Se estaba riendo de mi...? No comprendía nada y odiaba esa sensación, como si todo se me escapara de las manos. Era una obsesa del control, debía admitir mi "pecado", que algo cambiara una situación de manera tan radical me dejaba... Descolocada. Si, era eso. Debía ser una broma, sin lugar a dudas.
-Bien, hagamos como que te creo por un momento en un arrebato de locura, hagamos como que además soy lo suficientemente ilusa para crees que me cuentas esto a mi, de entre todas las personas... ¿Por qué tener suerte?- fruncí los labios levemente.- No entiendo qué ganas con eso... Si es que es cierto. ¿Por qué no matarme?



Última edición por Sarah Alman el Mar Ene 08, 2013 12:24 am, editado 1 vez


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Re: Konfrontiert mit dem beweise der zerstörung .:Gustav:.

Mensaje por Gustav Maier el Vie Dic 14, 2012 11:25 pm

La estupefacción en el rostro de la joven era más que evidente, él pensó que cualquiera se sorprendería y no le creería de buenas a primeras pues aunque era un hábil mentiroso algo en él se identificaba con esa mujer. Podría ser su sangre fría o la poca facilidad para creer en cuentos, esos ojos que le miraban con estupefacción e ironía le decían que ella hace mucho que no creía en Papa Noel y no la culpaba. Gustav sonrió le encantaba ponerle apodos a las personas y que le tildasen de "rubio" con ese tono despectivo ganado a fuerza de personajes llenos de estereotipos por culpa de series o películas americanas, también le molestaba e íntimamente fue esa sensación de no querer caer en ese estereotipo de "rubio tonto" lo que le llevó a hacerse ese corte tan notorio en su rostro.

La verdad casi no recordaba el por qué, y esa época era algo que prefería olvidar pues por su adicción a estupefacientes y otras drogas casi había quedado convertido en un guiñapo y justamente a borde de lo que jamás deseaba convertirse. Dejó de concentrarse en esos pensamientos lúgubres y moviendo los pies hizo unos círculos en el cuelo para que su circulación sanguínea se reactivara, realmente no era una fecha para estar demasiado tiempo al aire libre y con una punzada de tensión dentro de sí notó que empezaba a dolerle el pecho."Ahora no" pensó reprochándole a sus pulmones el comenzar a molestar justo en ese instante tan crucial, se prometió que realmente dejaría de fumar y llevándose la mano enguantada al rostro tosió levemente.

- Perfecto entonces yo continuaré fingiendo que estoy diciendo la verdad y que en realidad soy un infiltrado de un grupo que está mucho más cerca del MAD de lo que tú crees - murmuró con voz algo forzada intentando imitar la ironía en la voz de la mujer, se removió inquieto y tras echar una última mirada alrededor prosiguió -Tú eres una mujer capaz y lo bastante loca o valiente para eliminar unos cuantos terroristas, créeme que Alemania sería un lugar mejor y, cómo me agradas "Chica X" te citaré aquí para darte los datos de una célula terrorista en Berlin, no son demasiados pero son 3 sujetos lo bastante locos como para querer realizar un atentado en Navidad.

La miró con fijeza y se puso de pie con agilidad, tras observarla sacó una libreta y anotó un número de teléfono en una hoja, guardando el bolígrafo y la libreta en el bolsillo le tendió un número de teléfono e inclinándose susurró: -Puedes traer algunos compañeros si no me crees aunque lo mejor sería que vinieras sola, a mi también me vigilan y si termino con una bala en la nuca te quedarás sin informante... - su sonrisa se amplió y besándola en los labios le guiñó un ojo: -Que piensen que es un ligue será lo mejor para los dos, yo que tú me apresuraría a verte esa herida sería una lástima que quedara una cicatriz, adiós "Chica X" ah, por cierto puedes llamarme "Chaos" - Haciéndole un ademán de despedida se alejó de ella en sentido contrario al que había venido y mirando distraídamente alrededor pues, nunca estaba de más ser precavido.


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Re: Konfrontiert mit dem beweise der zerstörung .:Gustav:.

Mensaje por Sarah Alman el Sáb Dic 15, 2012 3:18 am


Mi mirada seguí fija en él, intentando en vano descifrar el misterio andante que parecía ser aquel hombre. Mi mayor defecto, mi mayor debilidad... Era mi curiosidad, mis ansias de saber y controlar todo. Pero algo me hizo sonreír levemente. Oh, si, habían pasado muchos años desde que mi hermano padeciera su último ataque de asma, tras su tos pude oír el claro sonido agudo, parecido a un silbido, tan característico de la enfermedad pero a pesar de estar convencida de ello no comenté nada y oculté cualquier rastro de reconocer el problema, si quiera de haberlo percibido.
-¿Y qué ganas fingiendo eso?- pregunté, sin poderme contener. Quería tomarlo por las solapas de la chaqueta y zarandearlo en busca de respuestas. Joder.- Capaz, loca y decidida...- comenté, interesada al momento, pues taba decidida a honrar a mi patria, claro que quería tener esa información si era verídica y por supuesto, una vez la tuviera, pensaba ir a patear unos cuantos traseros terroristas.- ¿Tres hombres planean un atentado en Berlín, la ciudad ahora mismo más vigilada del mundo, en plena navidad? Si, están locos- concedí, dándole la última calada al cigarro mentolado y arrojando la colilla al suelo; lo miré ponerse en pie y permanecí en el banco, interesada lo vi escribir y tomé el papel, observando el número escrito en él, enarqué una ceja ante sus palabras. Loca era poco pero sin duda no llevaría a nadie, tenía demasiados motivos para saber que si acudía, debía hacerlo sola.
Iba a contestarle algo en mi línea, un comentario irónico o retorcido, puede que ambas pero entonces su labios contra los míos me detuvieron, fruncí levemente los labios, molesta pero acepté el beso, comprobando que jugar a las parejitas iba a pasar a estar entre mis 10 cosas que no me agradaban pero tenía que hacer, antes de que se apartara mordí con fuerza su labio inferior y sonreí aunque el guiño me hubiese hecho desear darle un buen puñetazo. Lo miré a los ojos mientras guardaba el papel en el bolsillo.
-Oh, te puedo asegurar que eso no es algo que me preocupe, gracias por tu consideración- casi le escupí las últimas palabras. Niñato.- Bueno, Chaos, ya que eres mi ligue...- lo pensé por un instante y dije algo de lo que seguramente me arrepentiría:- Puedes llamarme Alec. Nos vemos- contesté a modo de despedida y no le volví a dedicar ni una mirada, centrándome solo en la iluminación navideña, cuando los minutos pasaron me puse en pie con el único objetivo de encontrar un kit de sutura. Podría comprar alguno en una farmacia de guardia y con suerte, con un sitio cerca donde comprar una buena botella de vodka de paso... Me iba a hacer falta y no solo para desinfectar.



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