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the uncertain past man || 100%

Mensaje por Yuri Pavelovich Berezutsk el Dom Dic 16, 2012 9:20 am

Yuri Stanislav Pavelovich Berezutsk
36 años # ruso/alemán # demisexual # soltero # Independientes # Sicario
Físico

Avatar: ADAM ANDERSON
D. Física:
• Altura: Siempre fue un chico alto, grandote. Todo un ruso, o un alemán. Ambos comparten dicha característica. Rondará el metro ochenta y pico, cerca del noventa, pero sin llegar a él.
• Color de Ojos: unas preciosas orbes de color azul, con un toque gris con luz blanca artificial
• Color de Pelo: castaño arubiado, rubio oscuro, oro viejo… llámalo como quieras; pero siempre lo lleva demasiado corto para que no parezca otra cosa que castaño. Le gusta raparse un nado o toda la parte de los laterales. Engominado elegante, suele ser su peinado habitual y preferido.
• Complexión: grande, mas no armario. Un chico con una buena y sexy espalda, pero que bajo el traje y la ropa no dista de lo normal. Tiene los músculos marcados, pero no explotados. Y solo por lo de “cuerpo sano, mente sana”.
• Vestimenta: adora los trajes, por lo que no es raro verle embutido en uno. Camisas, chalecos, tirantes, corbatas, pajaritas… todo muy retro, eso le encanta. Y admite que los uniformes nazis de la 2ª Guerra Mundial le pueden; pero claro, no va a vestirse así. Pero con cosas parecidas, sí.
• Marcas: tiene una cicatriz en el pecho de una operación de corazón que le hicieron a los trece años por una complicación; también una pequeña en la mano que le recuerda a su vida en Rusia.
• Otros: siempre lleva encima un mechero y una navaja multiusos; al cuello unas chapas como si fueran militares con su nombre, regalo de su familia alemana.
Personalidad
Definir a Yuri no es tarea para infames ni gente corta de miras, comprenderlo, es obra de olo las mejores mentes. Yuri es una pequeña parte de aquel niño ruso de vida sencilla que una vez fue; otra porción de la familia alemana que lo siguió después, sus ideales; y un mucho de lo que él mismo se fue haciendo, de ese monstruo rey de los titiriteros que mueve los hijos con el simple y ambicioso fin de volver a todos locos. Como dicen en su película favorita: algunas personas solo quieren ver arder el mundo.

«Hay personas que no buscan algo lógico, como por ejemplo el dinero. No se les puede comprar ni amenazar, ni se puede razonar o negociar con ellas. Algunas personas solo quieren ver arder el mundo.»

Verdad y mentira enlazadas en esa frase que tan hondo le llegó, en esa única película que no lamentó haber pagado para ir a ver, y desde entonces perdió la cuenta de veces visualizada. ¿Qué es lo que él busca? La gente que conozca sus trapicheos, te dirá rápidamente “poder” o “dinero”. Y en parte así es. Necesita de ambas para seguir con su pasión, su hobby, que además es trabajo. Poder para asustar, para conseguir trabajos mejores, clientes mejores; para que nadie tenga la ambición de tratar de pasarle por encima. Ni de tomarle por tonto. No otra vez no. Ya nunca será un crío asustado y desvalido, ahora si le ponen una mano encima, la pierden. Y dinero para poder seguir dándose el lujo, tener trajes caros, una buena cas y muchos juguetes. Más dinero es igual a mejores marionetas, mejores hilos, más entretenidos efectos mariposa. ¿Pero acaso es otro de esos hombres que sólo viven para almacenar dinero? ¿o de los que buscan el poder y luego no saben qué hacer con él? No, sólo busca esas dos cosas como medio y tapadera. Que sigan creyendo que sólo es eso lo que buscan, que sigan financiando su final. Yuri es un Jinete del Apocalipsis, él disfruta logrando que la gente sufra tanto emocionalmente que deseen no haber nacido nunca. Ver la esperanza desapareciendo de los ojos de otra persona es su orgasmo. Su perdición, su placer.

«El dinero es lo de menos. Lo que importa es mandar un mensaje. Que arda todo.»

Pero de todo eso no te puedes hacer una idea, algunos ni si quiera tras trabajar con él. Los que lo consideran un mero abogado con buen sueldo y un índice de casos perdidos casi inexistente, simplemente ven a un hombre callado, un joven que aparenta menos años de los que tiene a la espalda. Malo es jugar al poker con él, pues es capaz de no poner una sola emoción en su rostro. Aun así, no suele parecer frío. Solo callado, algo distante. Introvertido. Esa clase de gente que sólo parece tener vida cuando trabaja o está con gente de confianza. Pero, ¿en quién confía él? Ni en su sombra. Aunque eso tú no lo sepas. No es mentiroso, al menos no se considera. Es manipulador, de los buenos, de los mejores, por eso es el Señor de los Titiriteros. Sabe que cara poner, que comentarios hacer, que gestos fingir tener sin darse cuenta… todo. Calculado. Al milímetro. Para lo que sea, lo que se proponga. A veces por trabajo, a veces por placer. Verá arder el mundo mientras toca el piano, con el fuego a sus pies. Si le has tocado los huevos, no te escondas de matones, ese no es su estilo. Escóndete de todo, huye a algún paramo desierto, o perecerás en un desafortunado accidente. “Que mala suerte” dirán en su velatorio, pero no será cosa del azar, sino obra de Yuri. Aunque si de verdad lo has molestado, mejor córtate las venas, será rápido e indoloro; si no te espera una agonía tal, que arder en el Infierno por toda la eternidad te parecerán unas vacaciones con spa. Y será un dolor del que nadie puede huir: uno emocional.

«Mira su moralidad, su ética es una gran mentira y se olvidan a la primeras de cambio, sólo son tan buenos como el mundo les permite ser. Ya verás cuando las cosas se tuerzan, esos individuos civilizados se matarán entre ellos. Yo no soy un monstruo, sólo voy un paso por delante.»

¿Qué tendría ese dichoso personaje para que le calara tan hondo? Para llegar al punto de ponerle cachondo. Él que nunca ha sentido atracción sexual hacia nadie desde hace tanto, que ni se podía llamar sexual en esa época. ¿Qué tendría ese hombre de cara pintada? Tal vez se parecían demasiado. Maldito Joker, tenía que ser ficticio. Yuri detesta a la mayoría de la gente, esas vulgares hormigas que caminan todos los días por las calles sin vivir, sin disfrutar de la vida. Esos esclavos de los sentidos, de los placeres. Y que además, van de civilizados. Yuri prefiere a la escoria orgullosa de ello que a los “normales”. Esa gente que piensa que por ser como la mayoría, lo que hace está bien. Por eso los quiere a todos locos; los que sobrevivan a la locura, serán los fuertes, los que merezcan vivir de verdad, sin imponer estúpidas normas morales de pacotilla en las que nadie cree realmente. ¿Eso le hace nazi? Tal vez a su estilo. Le da igual que sean rubios y tengan buen físico, o que sean de la dichosa “raza aria”. Pero sí cree en la ley del más fuerte en un mundo que parece regido por la “ley del más sinvergüenza”.

«Altera el orden establecido y el mundo se volverá un caos.»

¿Y por qué acabar con esas normas morales? ¿Qué vino antes, el monstruo o el afán de destruirlas? ¿Qué podría convertir a un chico dulce en un monstruo sin alma? ¿Por qué ese odio puro a lo “moralmente correcto”? Tal vez porque se sintió culpable demasiado tiempo algo que así era considerado, tal vez porque aun lo siente en su interior, por mucho que haya intentado convencerse de que no hay nada moralmente incorrecto. ¿Escéptico? Tal vez, si hablamos de escuelas filosóficas y de la moral. Ese pensamiento, ese deseo, ese único tema que le hace perder los papeles. ¿Por qué esa falta de deseo sexual hacia todo, exceptuando quizás al dicho anteriormente? Porque quizás el Joker no es el único, porque tal vez haya sólo una persona real en éste mundo capaz de completarle, de llenarle, de darle algo parecido a unos sentimientos y demostrarle lo interesante que puede llegar a ser el sexo, más allá de “parte de un plan”. Porque si el señorito no es virgen, ha sido simplemente porque ha tenido que usar su cuerpo en algunos planes, para sacar algo que necesitaba a cambio. Algo perfectamente normal en su modo de pensar. Nada es moralmente incorrecto, ¿recuerdan? ¿Entonces por qué le corroe como veneno por dentro ese otro deseo, ese del que se alejó, por el que se dejó engañar por los alemanes, por el que intenta destruir el mundo y crear uno en el que eso no sea algo malo? Tal vez porque por mucho que lo intente olvidar, él también es humano. O tal vez, por eso que dicen de que la mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella.

« Esta ciudad se merece un criminal de más categoría, y se lo voy a dar...»

]
Historia
Familiares:
Pavel Victorovich Berezutsk (“Padre”): Lo crío como su hijo; aunque realmente era el abuelo. Nunca supo más de él y le guarde un receloso rencor. Finge detestarlo por haberle robado de joven, pero una parte de él no se cree del todo la historia.

Ivàn Vladimiro Pavelovich Berezutsk (“Hermano”): Supuesto gemelo; según sus padres alemanes, otro niño robado. Aun siente por él lo mismo que antaño, mezclado con la aversión con la que piensa en su infancia. Siempre fueron confusos los sentimientos, aun más complejos de describir.

Vera Polina Pavelovna Berezutsk (“Hermana”): la pequeña que “le curó”. O eso pensó, hasta que recayó en su enfermedad cardíaca. Apenas la recuerda, simplemente es una vaga ensoñación. Hasta duda de que sea como aun la recuerda, algo idealizada como la tenía de pequeño.

Kellen Adler Rosenbauer (Padre): el hombre alemán que asegura ser su verdadero padre. Un hombre rígido, que le enseñó con mucha mano dura lo que era la obediencia y los valores que todo hombre decente debía tener. No es aprecio lo que siente, eso es algo que nunca hubo en la casa; sino una mezcla de gratitud y recelo, pues nunca acabó de realmente confiar en que esa fuera la verdad.

Frederika Wanda Rosenbauer (Madre): supuesta madre biológica; una alemana de aspecto frágil y una fuerza interior enorme. De las que chillan como un argento y tienen una mala leche considerable. Era un más mandona que su marido, pero solo con los niños… con su marido era la perfecta esposa sumisa.

Hackett Dieter Rosenbauer (Hermano mayor); fallecido. Todo un alemán de pies a cabeza, Hitler lo habría venerado tanto como Hackett veneraba al antiguo Führer. Un chico sin escrúpulos que no veía con buenos ojos al recién llegado a la familia, creyéndolo toda la vida un obstáculo en su fin de ser el mejor soldado de la familia. Murió en un desafortunado accidente que Yuri provocó.

Zelig Heller Rosenbauer (Hermano menor): el pequeño de la familia, con veinte años recién cumplidos. Adora a Yuri y éste lo trata bastante bien. No se parece al resto de la familia y eso, curiosamente, Yuri lo aprecia. Es más blando, débil como una vez él lo fue. Yuri lo ayuda y protege, logrando que queda bien ante los padres. Siempre le gustaron los fans y el que Zelig sea su número uno es lo que lo elimina de su lista de futuras víctimas y lo pone en consentidos.

Historia Personal:
Yuri tuvo la suerte de no venir sólo al mundo, y la mala suerte de que su madre muriera en el parto. Aunque ésta es una de las dos posibles historias que él conoce y aun no sabe con certeza cuál es la autentica. Empecemos por la primera que conoció, la rusa:

Con un hermano mellizo y criado por su abuelo en una fría granja de Rusia. Su vida era el campo, la tierra, el olor a árboles, el trabajo duro, el frío en los huesos… y la religión. Era un chico normal, un joven sencillo de mente despierta y ojos dulces. Pero tenía un problema dentro, eso siempre lo supo. Su corazón no era como debía ser, por poca que fuera su educación, era una certeza lo que le invadía. Unas veces iba muy rápido, otras muy lento… y eso lo hacía débil, lento y con menos aguante que su hermano minutos mayor. Pero Yuri se esforzaba, él no quería ser débil… en esa vida, no podía serlo. Por eso trabajaba de sol a sol; por eso aguantaba el frío en las entumecidas manos mientras seguía dejándose la piel en el capo. Siempre con Ivàn a su lado, protegiéndolo. Pero como toda pareja de hermanos, tenían sus más y menos… pero aunque se enfadaran, se gritaran, o incluso acabaran por los suelos forcejeando, siempre había algo que los unía y no permitía que llegaran a separarse. Al momento del enfado, ya volvían a estar juntos… los dos contra ese frío mundo.

Pero un día, la debilidad pudo con Yuri. En aquel momento todos supusieron que había caído sin querer al río y el agua helada le había causado una insuficiencia cardíaca, pero Yuri supo que su corazón ese día iba peor que de costumbre. Tal vez porque el día anterior había trabajado demasiado, acabado totalmente extenuado bajo una fuerte lluvia que lo había calado hasta los huesos; o quizás porque esa noche había cogido mucho frío ya que tal cual había terminado el trabajo se fue a dormir sin secarse ni nada. La cuestión es que se notaba más débil de lo normal. Y no debería de haberse acercado al lago. Notó un palpito más flojo de lo que debería cómo su cuerpo se le antojaba tan pesado que no podía con él. Cayó al agua, helada, congelada en su superficie. Pero el fino hielo se rompió bajo su peso. Pensó que se ahogaba, pero el frío lo adormecía. Su pulso se hizo tan lento… y se sentía tan misteriosamente bien. No le dolía nada, no tenía frío… solo sueño. Notó como algo lo sacaba del agua, algo lo salvaba. Escuchó a ese ángel que lo había arrancado de los brazos de la muerte, lo vio. Su hermano: Ivàn. En aquel momento algo extraño surgió dentro de él, pero no tuvo tiempo más que de sonreír antes de caer rendido de nuevo al sueño.

Cuando despertó, su hermano ya no hablaba y lo miraba entre culpándolo y con una preocupación que lo taladraba. Su padre o abuelo, lo miraba con un gesto parecido… pero no tan grande ni dolorosa. Yuri se prometió ser más fuerte, eso no podía volver a pasar. Con siete años nació la pequeña Vera. Pavel les contó que era una papa, pero Yuri aun con esa edad sabía distinguir a las hortalizas de las personas. Aun así, la emoción de la fantasía le hizo querer que fuera así hasta convencerse de ello. La pequeña los animaba por mucho que llorara y los despertara por las noches. Trajo una luz de esperanza e inocencia que milagrosamente curó su corazón. Ya latía con normalidad, con fuerza, con vida. Y Ivàn volvió a hablar. Se convirtió en su consentida, en la de ambos; la mimaban y maltrataban a partes iguales. Pero todo con cariño.

Pero la dicha nunca había sido algo de lo que pudieran gozar sin que hubiera algo que los perjudicara finalmente. Un militar parecía visitarlos como un reloj, cada “x” días. Los niños nunca lo terminaban de ver, tampoco lograban escuchar que quería… sólo veían que Pavel nunca salía bien de esos encuentros. Hasta que un día escucharon una simple frase con un fuerte acento de fuera, pero Yuri no supo reconocerlo: “¡Qué me lo dé o juro que os partiré el hocico, perro ruso!”. ¿Qué podrían querer de su granja? No era nada especial, ni les daba más beneficios que el poder comer cada día. Pero no tuvo mucho tiempo para pensar en ello… unos días más tarde, ya de noche, Yuri volvía a la casa tras darle la cena a las vacas. Un pañuelo en la cara repentinamente, la oscuridad cerniéndose sobre él, el sueño apoderándose de su cuerpo, pero no con la tranquilada de la vez del lago, sino por la fuerza…

Despertó en una mullida cama, aunque tenía recuerdos o sueños de haber despertado unos segundos en algún tipo de transporte. Estaban en un cuarto de niño, pero nada parecido al suyo. La casa era buena, elegante y limpia; las paredes estaban plagas de estanterías con juguetes (figuras de soldados y tanques) y libros. Hacía un calor agradable, proveniente de un fuego o eso le parecía. Luego supo que era de caldera. Al despertarse un niño poco mayor que él, salió del cuarto y pronto volvió con un hombre y una mujer. Sólo el hombre sabía hablar su idioma, y además torpemente. Le explicó que ellos eran su verdadera familia; que al nacer fue robado por el que decía ser su padre. Ivàn no les creía y les gritó que él tenía dos hermanos. Según aquella familia, también eran niños robados. Frederik Adler Rosenbauer; ese era su nombre. O eso decían. Un nombre hecho de las combinaciones de sus padres. De ellos. Al principio todo le fue sumamente extraño y no se dejaba convencer… pero aquella vida plagada de placeres y comodidades acabó por engatusarlo y cerrarle los ojos a la verdad.

El padre, “su padre”, Keller, le enseñó con mano dura el lenguaje y las “normas de sociedad”. Cómo debía ser un hombre alemán hecho y derecho. Le enseñaron todo lo que no había aprendido en esos años; le dieron una educación de rico con profesores particulares y horas y horas de estudio; hasta música entraba en ese plan de estudios, enamorandose de un instrumento: el piano. Pero Yuri puede que fuera débil para la granja, pero su cerebro despierto le hacía fuerte en la ciudad. Fue duro ponerse al día en tantas asignaturas, pero su persistencia le hizo aguantar firmemente y su mente despierta, atrapar tanto dato en menos tiempo. Su padre lo miraba con orgullo, su hermano mayor, con celos. Pero a los trece años, en plena carrera de obstáculos celebrada en el barrio (por los papis ricos que deseaban mostrar lo buenos que eran sus hijos) su corazón volvió a latir débil, como aquella vez, y su cuerpo se hizo más pesado de lo que él podía sostener. Cayó tendido al suelo como si hubiera recibido un disparo y el dolor esta vez no fue mitigado por el agua helada. Aun así, perdió las consciencia. Despertó en un hospital con una gran cicatriz en el pecho, pero también con la promesa de que su corazón no volvería a fallar a no ser que lo extenuara. Tenía que llevar una vida sana y hacer deporte, pero no de fondo. Pero aquella pequeña debilidad le hizo perder el favor de su padre, que volvió a poner su mirada orgullosa en su hijo mayor.

Poco después, llegó Zelig a la familia. Su hermano mayor no le prestaba la más mínima atención, por lo que seguía a Yuri, o Frederik, por toda la casa. Y el moreno acabó por hacerle caso. Fue creciendo y a la edad de entrar en la universidad, su padre le pagó una buena y privada. Se decidió por derecho, por la simple razón de encontrar esas pequeñas grietas en la legalidad que le abrieran las puertas a dónde quisiera. Su hermano mayor ya estaba en el ejercito, deseando ser el mejor soldado de la familia. Pero Yuri jamás habría pasado las pruebas por culpa de su corazón. Igualmente, él prefería usar la cabeza al musculo. Porque por aquel entonces, aquella personalidad oscura ya estaba tomando forma. En su pequeña cabeza imaginaba las posibilidades, los hilos de los que había que tirar para que esa persona sufriera un dolor que lo mutilase por dentro. Porque Yuri parecía odiarlos a todos. Una duda, tal vez el vestigio de una, una sombra… el principio de todo. Ya era mayor, ya tenía cultura y una buena educación. La historia de sus “padres” no se sustentaba. Toda la familia rubia, él más bien moreno. Todos con rasgos afilados; los de él más bien rectos y cuadrados. No se parecían, ni siquiera en los ojos que ellos tenían azul cielo. Y aun así… creer que no eran hermanos le hacía sentir menos culpable, ¿pero culpable de qué? Ya no lo recordaba.

Estudió sus cuatro años y terminó con honores, pero no se fue a ningún bufete. Ni a representar a la gente de oficio. Se dedicó a conocer a lo peorcito de la ciudad, del país. Se hizo amigo de gente poderosa. Empezó con los hijos de amigos poderosos de su “padre”; siguió con los bajos fondos, estilo narcos; y acabó con jefes mafiosos y todo tipo de personas que pudieran pagarle. ¿Y qué hacía él? Tapaba y creaba escándalos. Una especie de mercenario de lujo. Al principio se dedicaba a cosas bancarias y legales; a veces exmujeres que pedían mucho dinero a sus exmaridos, él por ejemplo, inventaba a un amante o lo destapaba de cuando aun estaban casados, que hacía bajar la suma a pagar. Pero pronto los pedidos fueron subiendo en ilegalidad, en dificultad, y en precio. Acabó siendo considerado un buen sicario, independiente, con un precio, al mejor postor. Un mercenario, pero un con clase. Le gusta hacer las cosas él mismo para hacerlas bien; pero no se mancha las manos. Sus encargos siempre son un plan estudiado al milímetro que desemboca en una ejecución perfecta que hace parecer que todo ha sido un accidente o que la culpa la tiene un tercero.

Eso mismo pasó con su hermano mayor. Cuando Yuri tenía unos veintiocho, el señorito importante vino borracho de estar con sus amigotes. Empezó a decirle que no era nada, solo un perro ruso. Esas palabras despertaron un recuerdo en él, uno de hacía ya mucho tiempo. El rubio no se cayó, le dijo todo lo que pensaba. Le dijo de todo, entre otras cosas, que obviamente no podían ser hermanos. Que su madre solo había estado embarazada dos veces, y que de Yuri no había sido. Que lo habían adoptado como favor de su padre a un alto cargo alemán y como regalo a su esposa, o sea, a Frederika, que quería más hijos, pero mejor sin el dolor de parir. Y que pensaba decírselo a todo el mundo para que nadie lo mirara igual. Yuri aguantó todo el serón cayado y sin variar un ápice su expresión. No mediaron palabra. Al día siguiente, Hackett fue encontrado en una autopista atropellado y con rastro de demasiado alcohol en sangre. Nunca se encontró al culpable. Pero en ese momento aquella duda volvió a surgir dentro de él. Lo que le había dicho ¿había sido para dañarle o pura verdad? Sus ideales alemanes no cambiaban al respecto, le gustaban, los respetaba; y aun “quería”, o lo que fuera que sintiera, por su hermano pequeño Zelig. Pero también empezaba a sentir el deseo de rencontrarse con su “gemelo” perdido. Pero el mismo deseo tenía una fuerza en la misma dirección, pero diferente sentido, que lo repelía. Una lucha interna entre recuperar su pasado y dejarlo allí.

Con la guerra, lo único que cambió en él, fueron sus honorarios, incrementándose; y su clientela, que ya abarcaba a cualquier hombre o mujer con suficientes ceros en su cuenta corriente.

Otros Datos
GUSTOS:
♦ Un buen whiskey.
♦ La ropa elegante.
♦ Alemania.
♦ Tocar el piano, le calma.
♦ La estética Nazi.
♦ Filosofía, especialmente Nietzsche, Hume y Platón.
♦ La psicología, con especial agrado por Sigmund Freud.
♦ Los juegos mentales, como el ajedrez.
♦ Literatura: Sherlock Holmes como saga preferida; con especial aprecio por Moriarty.
♦ El Caballero Oscuro. El Joker en sí.
♦ Que todo salga como lo ha planeado.
♦ La perfección.
♦ Ver el dolor emocional en la gente.

DISGUSTOS:
♦ Los errores o fallos. Todo lo que se salga de lo planeado.
♦ El alcohol barato.
♦ Lo vulgar.
♦ La gente inculta.
♦ Los clientes que no saben apreciar su trabajo.
♦ Tener que ensuciarse las manos (figurada y literalmente).

PUNTOS DÉBILES:
♦ La eterna duda sobre su pasado.
♦ Su gemelo.
♦ Ciertos temas.
♦ Trabajo físico extremo; podría perjudicar a su corazón.
♦ Los sentimientos; no son lo que mejor se le dé en éste mundo.

PUNTOS FUERTES:
♦ Inteligencia prodigiosa; puede crear planes perfectos y salir airoso de casi cualquier situación.
♦ Seguridad; su inteligencia y fe en sí mismo son mayores que cualquier duda.
♦ Carisma; le hace tener amigos hasta en el infierno y conseguir mucho de la gente.
♦ Gran educación; sabe mucho de muchos temas. Y con ello también mucho idiomas.
♦ Manipulador sin igual; pocas personas no caen en sus hilos.
FOBIAS:
♦ Cuando nota un pulso más débil que otros en su corazón, sus nervios (que normalmente están bajo un control completo) se disparan. Es pensar en tener otro ataque al corazón y notar el miedo dentro de él.
♦ Verdad. Hay dos verdades que lo atormentan día sí y día también. No sabe si le da más miedo seguir con la duda o conocer la realidad.
♦ El agua helada y/o profunda. Le trae recuerdos de un accidente de infancia; por eso se baña con agua caliente hasta en pleno agosto y nunca lo verás en una piscina o mar abierto. Le falta el aire solo de pensarlo.
MANIAS:
♦ El pelo siempre perfecto; al igual que la ropa y todo el aspecto. Pulcritud casi obsesiva. Pero el pelo más que nada.
♦ Alejar cualquier sentimiento lo más lejos que pueda. A veces lo consigue, otras veces no.
♦ Lamerse el labio inferior cuando no está muy seguro de algo, especialmente si se ve obligado a hacerlo. El superior sólo si está enfadado y su paciencia ha llegado a su fin.
♦ Suele crujirse los nudillos antes de empezar a hacer cualquier trabajo manual.
♦ Llevarse la mano al corazón cuando está muy nervioso o tras un fuerte esfuerzo; para controlar su ritmo.
OTROS:
♦ Vive sólo en un buen y gran piso de Berlín, pero además tiene un par de lúgubres pisos francos que no pueden relacionar con él, dónde guarda los “trastos”, realiza algunas reuniones y demás, dentro de su negocio.
♦ Aun trabaja de abogado para su familia o clientes que también le contratan para sus otros servicios. Más que nada, para seguir con las apariencias.





Última edición por Yuri Pavelovich Berezutsk el Miér Ene 02, 2013 7:02 pm, editado 8 veces
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Re: the uncertain past man || 100%

Mensaje por Wilhelmina T. Spremberg el Dom Dic 16, 2012 5:51 pm

Bienvenido, Yuri :3

Por favor, postea a continuación una vez que termines.


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Re: the uncertain past man || 100%

Mensaje por Yuri Pavelovich Berezutsk el Miér Ene 02, 2013 5:27 pm

Terminado!!

Wiii, he cumplido un proposito de año nuevo!!


lass es schwimmen in Benzin
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