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Back to the street where we began. [Nikolaus D. Karst]

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Back to the street where we began. [Nikolaus D. Karst]

Mensaje por Aubrey Eberhardt el Lun Dic 17, 2012 6:22 am

Una brisa fría la sintió calar en los huesos y Aubrey, que recorría una larga calle, aquella vez no muy concurrida, frotó sus propios brazos, aportándose calor.

Caminaba a casi carrera; lo suficientemente lento como para no llamar la atención, pero sí lo bastante rápido como para llegar a casa sana y salva.

¿Casa? ¿Sana y salva?

¡Cuánto sentido habían perdido aquellas palabras! Y tanto más lo habían hecho muchos otros hábitos que antes componían su rutina más cotidiana. A cada detalle, no podía evitar volver a tropezar con la cruda realidad que atravesaba, que comenzó como fantasía, como sueño o pesadilla, hasta convertirse en algo irrefutable.

Llevaba los ojos de azul grisáceo fijos en los adoquines del callejón, tentada de contar los que restaban antes de que pudiera alcanzar algún lugar en el que cabría sentirse segura. La respuesta que le dio su mente le aterró: ninguno, y enseguida se frustró consigo misma. ¿Cuándo se había convertido en una mártir o damisela en peligro? Geert solía llamarle guerrera, y ahora se sentía tan falta de la entereza que antes le caracterizaba. Se sentía como guerrera desprendida de escudo y espada.

Los tormentos del presente, en compañía con los fantasmas del pasado, se cernían sobre su cabeza como nube negra. Aubrey, ensimismada, volvía a caer en el agujero que suponía asumir la vida misma, y descuidó por completo el golpeteo de unos pasos apresurados que prevenían el inevitable tropiezo con alguien más.

- ¿¡Acaso no ve por dónde camina!? - le espetó la mujer, furibunda, mirándola con ojos penetrantes, el rostro muy arrugado. Aubrey intentó articular una respuesta, entreabriendo sus labios, pero calló en cuanto atestiguó que la mujer seguía su camino.

Se enojó consigo misma por su torpeza y, en la inevitable contradicción, no advirtió el cómo un reloj de pulsera, con piezas de plata y diseño escueto, se había deslizado del bolsillo de su abrigo, cayendo en los mismos adoquines húmedos, brillando con el reflejo de las luces amortajadas de las farolas.

Aceleró el paso, como buscando huir de la vergüenza que le invadió de pronto. Dejaba atrás el primer tramo de la calle solitaria y el sol le acompañaba, huyendo también en un atardecer de ámbar palidecido.

- Las calles de Berlín ya no son las mismas, Geert. Últimamente siento que me persiguen, que alguien me observa escondido. ¿Me estaré volviendo loca?
- Quizás; vivimos tiempos locos. Más vale andar con ojos en la nuca.
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Re: Back to the street where we began. [Nikolaus D. Karst]

Mensaje por Nikolaus D. Karst el Lun Dic 17, 2012 4:44 pm

¿Qué hacía allí? Ni él lo sabía; vagaba por las calles, como si su vida hubiese perdido un rumbo concreto a seguir, como si nunca lo hubiese tenido en primer lugar. Pero él tenía una misión, una que implicaba una promesa hecha a sí mismo muchos años atrás, y la cumpliría. Pero, dedicando toda su existencia a ello, cada vez su anhelo de vida menguaba más y más; su mundana respiración perdía impulso, su corazón no veía en ningún lado un impulso para seguir latiendo; todo era esfuerzo inútil. Lo único que hacía que estuviese allí, vivo, y no en un cajón de madera varios metros bajo tierra, era la rabia. Aquella cólera contenida e implacable que se cernía sobre los enemigos al son de una bala. Mas su propósito en esa calle, ese día y a esa hora, le era totalmente ajeno. ¿Un capricho de algún dios? No creía en ellos, y no habría Dios que voltease su mirada en un condenado como él. ¿Azar, destino? Conceptos que podrían hacerle alusión en momentos, mas creía en las causalidades en vez de en las casualidades. Continuó su camino, vistiendo apenas una camisa negra y abotonada hasta la clavícula, y unos pantalones que hacían juego; de no ser por la tenue luz del sol que le hacía de iluminación, pasaría desapercibido, sumido en la absoluta oscuridad.

Un brillo le llamó la atención, mientras dejaba pasar a una señora malhumorada que incluso amenazó con decirle algo al propio Nikolaus, pero se retractó y siguió su camino. Se agachó y tomó el extraño objeto con una mano, para luego erguirse, y a la luz del sol, que amenazaba con huir de su vista en el horizonte, inspeccionarlo. Un reloj, con piezas plateadas; de plata, se dijo, y luego cuestionó cuánto podrían darle por venderlo en algún mercado negro desesperado por algún reloj antiguo. Pero aquello no parecía de un valor excepcional, no le servía en lo absoluto. Miró a los costados; nada, pero le pareció ver, oculto entre las sombras, a una persona que le miraba atenta. Sería tachado de ladrón si conservaba el objeto, y eso no le servía en absoluto. Su vista se posó frente a él; en la lejanía, vio a una figura que se alejaba a una velocidad inusual para alguien se suponía venía a perder el tiempo. Guardó el objeto en su bolsillo, y empezó a caminar a una velocidad semejante.

Salió de la mitad de la calle; no necesitaba ser el centro de la atención pública. Se acercó a un costado, donde el Sol ya no tenía tanta influencia, donde su figura se difuminase al son de una sombra que cada vez se alargaba más y más. Y caminó a paso rápido, directamente hacia la figura que a lo lejos continuaba con su rumbo. En el camino se cuestionaba qué diablos estaba haciendo, pero justificó su accionar con la promesa de que haciendo una buena acción, podría ganarse el afecto de la persona; y eso podía usarse a futuro, y le servía de incontables maneras. Aceleró un poco más el paso, cuidando de no sobresalir por el ruido de pasos, intentando camuflarlo y no pisar fuerte, todo para ver qué pasaría al llegar al final de la calle.
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Re: Back to the street where we began. [Nikolaus D. Karst]

Mensaje por Aubrey Eberhardt el Lun Dic 17, 2012 5:45 pm

Los ruidos amortiguados de un ajetreo lejano eran como un suave murmullo. Aubrey, sin saber porqué, comenzaba a inquietarse. Al recordar aquel pequeño diálogo que mantuvo con Geert, semanas antes de la catástrofe, creyó a su mente jugarle una mala pasada. Escuchaba ruidos cercanos, pasos de alguien que quizás le pisara los talones, la fricción de suelas sobre los adoquines húmedos. ¿Se estaría volviendo loca realmente? Torció los labios en una mínima sonrisa, preguntándose si un manicomio podría ser mucho peor que la situación actual de Berlín.

De nuevo, otro susurro, otro ruido cuya fuente no identificaba y que, sin embargo, sentía tan cercano; cada vez más. Lanzó una mirada rápida por encima de su hombro, por el rabillo del ojo azul grisáceo, y habría jurado percibir algún movimiento de sombras. Si alguien la seguía realmente, lo hacía con una habilidad tal que le impedía identificarlo con claridad. Se sintió perseguida por fantasmas.

Mantuvo el ritmo de sus pasos, intentando disimular, a pesar de sus nervios. La calle larga parecía extenderse infinitamente, y aunque al final desembocaba en una plaza amplia, ésta se encontraba tan desierta como todo lo demás. ¿¡Quién le seguía, maldita sea!? Procuró respirar profundamente y mantener la calma. Quizás sólo fuera otro civil inmiscuido en sus asuntos, como la mujer que tropezó minutos antes, pero también existía la alarmante posibilidad de que se tratara de alguien con intenciones distintas, intenciones hacia ella.

¿Gritar? ¿Correr? ¿Pedir ayuda? Con el transcurso de unas cuantas semanas cruciales, Aubrey había perdido la esperanza de recibir algún tipo de intervención en su favor, de la mano de quien fuera. En su lugar, comenzaba a comprender que debía valerse por sí misma, que ella, como guerrera, tendría que ser capaz de apañárselas para sobrevivir en una hostilidad que se extendía por el mundo como pandemia.

Si un brillo era lo que guiaba los pasos de su presunto persecutor, un brillo sería también lo que le ayudaría a enfrentarlo. Una tienda local había sido saqueada días antes. Cuando Aubrey la alcanzó, ya hacia el final del segundo tramo de la calle, señaló casi con alegría los trozos de vidrio en el suelo, de las vitrinas que antes protegían la mercancía de la tienda. Con disimulo, se agachó y pretendió ajustar las trenzas de sus botas. Rápidamente, escondió un trozo de vidrio bajo la manga del abrigo, asegurándola entre sus dedos con precaución. ¡Y menos mal lo hizo! Que la presencia que antes creía difusa había ganado una cercanía tal que de pronto era innegable.

Se irguió tan pronto como pudo, la respiración acelerada y sintiendo el corazón latir furiosamente en su pecho. La adrenalina corría por su cuerpo y, aún haciéndose la desentendida, giró en la esquina próxima, justo al final de la calle, previa a la plaza, y allí espero.

Cerró los ojos con fuerza, aunque sólo por breves segundos. El sonido de los pasos que le perseguían era tan nítido que podía leer en ellos una cuenta regresiva. Antes de terminarla, cuando una silueta emergió en su campo visual, Aubrey se armó de valor y encaró al agresor, esgrimiendo el trozo de vidrio que de pronto aferró entre sus dedos con fuerza.

Su movimiento fue torpe. Señalaba al desconocido con el arma improvisada con el nerviosismo propio de quien jamás ha hecho algo similar. Sin embargo, en sus ojos brillaba la determinación de una guerrera que, aunque sin escudo y espada, aún luchaba con valentía.

- ¿¡Quién eres!? ¿¡Por qué me sigues!? ¡¡No te acerques!! - le espetó en tamaña advertencia, frunciendo los labios y tensando los músculos. No dudaría en utilizar la violencia si de aquello dependía su vida. No dudaría en nada.
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Re: Back to the street where we began. [Nikolaus D. Karst]

Mensaje por Nikolaus D. Karst el Lun Dic 17, 2012 6:12 pm

Un juego de sombras, eso era aquello; donde él iba ganando, y se acercaba a su objetivo a una velocidad impresionante, dando cada paso con una seguridad propia de alguien que había hecho esos seguimientos millones de veces, y estaba acostumbrado a ver y no ser visto. Pero algo había cambiado, algo le era antinatural en esa situación; quizá, o estaba yendo más lento, o su objetivo estaba acelerando. ¿Habría descubierto su presencia? Era una posibilidad, pues no se había esforzado tanto para disimular su estancia allí, en parte debido a que no esperaba seguir a nadie ese día. Pero continuó caminando, como si eso no le afectase en lo absoluto. Y en verdad no lo hacía; solo quería devolverle su reloj, tampoco iba a matarla. De querer hacerlo, hubiese sacado su pistola, que siempre llevaba consigo en la parte trasera de su cinturón, y hubiese practicado tiro al blanco desde allí; pero esas no eran sus intenciones; nunca lo eran, pero siempre le demostraban que debería hacer ese esfuerzo y acabar con algunas personas que no merecerían estar vivas. Él no era tampoco el ser humano ejemplar, pero no se iba a matar a sí mismo.

La figura se dio vuelta, y Nikolaus supo que lo estaban intentando identificar. Habían advertido su presencia. No se quedó quieto, sino que continuó con su trayecto, asegurándose de caminar por las zonas donde la sombra era más densa en aquel ocaso; sabía disimular bien qué estaba haciendo. Un perseguidor, cuando se da cuenta de que el objetivo conoce de su presencia, se queda quieto y se plantea la situación, viendo si desistir o si apresurarse. Alguien que continúa su marcha con normalidad, como él, hace que se cree una nueva perspectiva: un simple transeúnte, que nada tiene que ver en el asunto. Una simple cortina, pero que a veces funcionaba como excusa.

Prosiguió, observando con ojos vigilantes todo su entorno, y en especial, a la figura, con la que poco a poco reducía distancia. Aprovechó un momento, en la que la silueta paraba para agacharse unos segundos, para acortar todavía más el tramo que los separaba; pero guardaba su distancia, y se mantenía en las sombras. Una situación en plena calle no le servía, no a esa distancia, y no con un objetivo que estaba seguro, le había descubierto. Mas proseguiría como lo había hecho siempre, acercándose con una confianza nata, implacable.

La calle terminaba, y allí daría el golpe. Para su suerte, la figura giró y se adentró en la otra calle, saliendo de su campo visual. Su paso se aceleró, era ahora o nunca. Giró la calle y lo primero que hizo fue pararse en seco; no se asustó, aunque no se esperaba una confrontación; no solía suceder. En una ciudad donde todos son cazadores o cazados, si te dedicabas a huir, no era normal que tuvieses las agallas para plantarle cara a quien te persigue. Mas la muchacha, a la que ahora podía ver bien por estar a una distancia de pocos metros, las había tenido, y estaba allí, apuntándole con una arma blanca. Miró el movimiento, y le pareció notar incluso que temblaba de a momentos, y su tono de voz, le aseguró que estaba nerviosa. Aprovecharía eso.

Le demandaron datos, información que él no estaría dispuesto a dar de buenas a primeras. Se acercó un paso más, hablando. - No deberías jugar con cosas filosas, podrías salir herida. - Su tono, frío como el hielo, era amenazador. Era una advertencia y una amenaza al mismo tiempo; si le intentaban agredir, el encuentro terminaría con sangre derramada, y él no pensaba salir herido. - Anda, bájala y luego hablaremos. - Dio un paso más, reduciendo la distancia de forma considerable, y exponiéndose a sí mismo a un peligro inminente. Mas sus brazos, ubicados a ambos lados, estaban expectantes; de necesitar bloquear, lo harían. De desviar, estaban a una distancia en que le podría golpear el brazo y evitar el golpe. Incluso podía desarmarla en aquel instante, pero podría terminar con una cortada y eso no ayudaría a reducir las tensiones, que estaban por las nubes. Esperó una respuesta, cara a cara con la mujer, a pocos centímetros de su brazo extendido, y al final de éste, lo que parecía ser un cuchillo.
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Re: Back to the street where we began. [Nikolaus D. Karst]

Mensaje por Aubrey Eberhardt el Lun Dic 17, 2012 7:31 pm

El pánico había nublado su vista. El rostro de lo que ahora reconocía como un hombre no era monstruoso, de dientes afilados y ojos de brillo frío, como se lo habría imaginado. Apareció en sus ojos como descubierto detrás de una cortina negra, la cortina de la incertidumbre. Y allí estaba, pues, con gesto que se le antojó impávido, el rostro de su agresor.

Las cejas relajadas, los labios apenas abriéndose lo necesario para articular unas palabras en las que no reparó, los ojos fríos punzantes, enfrentándose a los de ella. Tuvo el impulso de lanzar una estocada en cuanto aquel hombre recortó la distancia, pero se sorprendió a sí misma paralizada. El ímpetu que había conseguido se esfumó y le había dejado allí, como presa frente a depredador. No bajaría la guardia. Mantuvo el trozo de vidrio en alto, ignorando el cómo sus terminaciones desgarraban su piel. La palma de su mano sangraba.

Transcurrieron unos minutos de silencio. Toda comunicación se reducía al intercambio de miradas. Un azul índigo, como de mar adentro, enfrentándose al azul de orilla, grisáceo del otro par de ojos, los suyos.

Lo cierto es que, de haberlo querido, se habría defendido instintivamente, quizás habría neutralizado su agresión o hubiera contraatacado en defensa propia; no lo había hecho. ¿Por qué? ¿Por qué le hablaba con esa calma, su voz glacial como ordenándole que dejara sus niñerías? Aubrey se sintió ofendida, ridícula, y arrugó el entrecejo, aún con labios fruncidos. No obstante, bajó el arma, y de pronto reparó en el dolor que ardía sobre la palma de su mano, pero pretendió ignorarlo, rehúsa a mostrarse débil ante aquel hombre.

- ¿Quién eres? ¿Por qué me sigues? - volvió a preguntar, con voz más controlada pero todavía tensa.

Quiso soltar el trozo de vidrio, aún clavado sobre su carne, ya por el dolor que hervía, ya porque podía sentir, quizás ingenuamente, que el peligro había pasado. ¿Podía confiar, así sin más, en aquel desconocido, sólo por el simple hecho de que no se había decidido atacarla en un primer momento? Bien podía estar esperando el momento indicado para asestarle un golpe mortífero, como bien entrenado asesino o mercenario. ¡No! ¡No se dejaría! Aubrey se aferró nuevamente al arma, aunque ya baja, sosteniéndola a un costado.

- ¡Respóndeme! - le insistió, impaciente.
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Re: Back to the street where we began. [Nikolaus D. Karst]

Mensaje por Nikolaus D. Karst el Lun Dic 17, 2012 8:17 pm

La tensión en el ambiente era palpable, mas las gélidas palabras de Nikolaus lograron dominar el intento de agresión por parte de la muchacha. El peligro había sido eliminado, y no había hecho falta ningún tipo de agresión contraria, ni siquiera unas palabras hirientes. Como siempre decía, la indiferencia para contrarrestar una ofensa era mejor que una defensa. Y él estaba acostumbrado a esa actitud, por lo que la amenaza de la muchacha y el pedazo de vidrio roto -pues notó que era un vidrio, momento después- ni le movió un pelo. Y sus palabras, habían contribuido a que éste ni siquiera presentase una amenaza. Notó en la muchacha un deje de enfado, con una expresión notoria en el entrecejo. Sus palabras parecían haberla herido de alguna forma, mas esa nunca había sido su intención.

Con el arma baja, procedió a acercarse un poco más, distancia antes cubierta por el brazo, que terminaba en aquel puntiagudo cristal que antes había amenazado con quitarle la vida, pero que ahora no era más que decoración en su palma. La pregunta fue reiterada por la muchacha, pero Nikolaus no respondió; esperaba algún otro agregado, para no tener que reaccionar dos veces por el mismo asunto. Y por la naturaleza impulsiva y nerviosa de la muchacha que tenía frente a sus narices, dedujo que pronto habría otro comentario. Y la nueva demanda de la muchacha hizo que sus deducciones fueran correctas. - Levantar el tono de voz no te garantiza una respuesta. - Como por instinto, comenzó a caminar alrededor de ella, manteniendo las distancias del precario cuchillo, inspeccionándola de arriba a abajo. Era una táctica común, que en una situación normal pondría nervioso al interlocutor. Pero él hacía eso por instinto, de tan acostumbrado que estaba a esos diálogos disparejos. - Solo hace que se retrase más y más... - Continuó, posándose frente a ella, finalmente. Obvió completamente la pregunta sobre su identidad; no le daría su nombre tan rápido, aparte, era indiferente cómo se llamara.

Su mano se movió al bolsillo de su pantalón, donde tenía el reloj robado. No dejó de mirar a la muchacha en ningún momento, y esa vez, sus ojos estaban posados en los de la desconocida. Sacó su contenido, sosteniéndolo con dos dedos, a la altura de sus ojos, de tal forma que ella pudiese verlo. - Tengo tu reloj. Y no es mi estilo. Solo quería devolverlo, no que me claves un pedazo de vidrio en la frente. - Fueron sus palabras; esta vez, tenían un matiz un poco más cálido, aunque todavía seguía usando ese tono diplomático que lo caracterizaba, con una pequeña broma al final que le dejaría ver, entre otras cosas, que enfrentarlo con un trozo de cristal no había sido una excelente idea. Bajó el brazo, antes levantado para mostrarle el reloj, y extendió su palma hacia ella, abierta y mirando el cielo. Posada en ella, yacía su reloj. Realmente se lo estaba devolviendo, ni él terminaba de creérselo.
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Re: Back to the street where we began. [Nikolaus D. Karst]

Mensaje por Aubrey Eberhardt el Lun Dic 17, 2012 8:43 pm

El hombre estaba tanteando su paciencia. Demoraba una respuesta que ella la sentía como necesidad inmediata. ¿Por qué otra razón la habría seguido? Advirtió sus movimientos envolventes a su alrededor y un escalofrío le recorrió la espalda, tensándola aún más. Sin embargo, mantuvo la mirada en alto, siempre sobre él como estacas puntiagudas. No cedería en su determinación. Conforme pasaban los minutos, en parte porque la cúspide del peligro había pasado, iba retomando valor. Al final, cuando se plantó de nuevo frente a ella y alzó su mano, Aubrey sintió que palidecía.

El reloj. El reloj de Geert.

Sintió un arrebato impulsivo de querer arrancárselo de las manos por osar siquiera tocarlo, pero de inmediato reparó en la naturaleza real del acto: se lo estaba devolviendo. Ella lo había perdido torpemente y aquel hombre, que había tachado de monstruo depredador persiguiéndola, se lo devolvía sin ningún interés de por medio. Las mejillas de Aubrey enrojecieron furiosamente y la vergüenza escaló desde sus piernas, trepando por sus muslos hasta atrapar su pecho, apretándolo.

Dejó caer el trozo de vidrio, que ya se había empañado con escarlata. Empuñó su mano, de nuevo ignorando el dolor, aún sacudida por la impresión. ¿Hasta qué límites podía llegar su desconfianza, su recelo, su paranoia? De pronto se sintió culpable por perder la fe en una humanidad que quizá guardara aún ejemplares dignos de afecto, portadores de valores que ella creía extintos.

Extendió la otra mano y tomó el reloj entre sus dedos, ofrecido por el hombre del que aún desconocía su nombre. Lo observó por unos segundos, asegurándose era el mismo, y por momentos creyó sentir a Geert más cerca. ¡Qué contenta estaba de haberlo recuperado! Haberlo dejado caer había sido un descuido imperdonable, para ella, y entonces sólo sintió agradecimiento por el hombre que aún permanecía de pie, mirándola.

Aubrey subestimaba el poder su propia mente. Si antes dibujaba al castaño como una bestia salvaje, astuta y voraz, ahora lo percibía como una suerte de héroe local. Le había devuelto un trozo de Geert y siempre estaría agradecida.

- Muchas gracias - murmuró, asediada por vergüenza -. Lamento mucho haber reaccionado así, no sé qué sucede conmigo últimamente. - Se disculpó, sincera. Bajó la mirada por segundos, antes de volver a mirar el rostro de quien ya había calificado precipitadamente como héroe. - ¿Cuál es tu nombre? ¿Puedo saberlo? En verdad estoy muy agradecida contigo.
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Re: Back to the street where we began. [Nikolaus D. Karst]

Mensaje por Nikolaus D. Karst el Lun Dic 17, 2012 9:06 pm

La muchacha tomó el reloj de la mano de Nikolaus, que sin mas cerró el puño ante la ausencia de un objeto que sostener, y "recuperó" su brazo, alejándolo de ella y dejándolo a su lado. Miró atento la reacción de ella ante el reloj; parecía que aquel pequeño reloj era muy importante para ella, siendo incluso capaz de haberse quedado paralizada, tal y como lo había demostrado al dejar caer sin siquiera pestañear el trozo de cristal al suelo, manchado de un rojo que Karst identificó de inmediato como sangre. ¿Por qué era tan importante ese pequeño instrumento? La gran mayoría de las cosas eran descartables, pero eso parecía tener toda una historia que contar, toda una historia tras de sí. Le picó la curiosidad, mas se la reservó; no venían al caso esas dudas en aquel momento.

Escuchó las palabras de agradecimiento de la joven, que se lamentaba de haber reaccionado así. El chico guardó una de sus manos en el bolsillo respectivo de su pantalón; la escena había terminado. - Has reaccionado bien. Nunca se sabe, uno puede encontrarse con un peligro a la vuelta de la esquina. - El tono en sus últimas palabras fue raro; gélido, sarcástico y lleno de verdad. Y nunca, jamás, ese dicho se había adaptado tanto a una situación real. Nunca ese dicho se había adaptado tanto a él. Finalmente, preguntaron de nuevo por su nombre. Esta vez sí contestaría. - Mi nombre es Nikolaus Karst. No sé por qué tanto entusiasmo por saber un nombre, simplemente es un nombre. - Y llegaba la parte que tanto le gustaba: ponerse a cuestionar hábitos ajenos. Todos preguntaban de buenas a primeras cómo se llamaba el interlocutor, cosa a la que él no le veía sentido en un principio; un nombre es simplemente eso, un nombre. Las acciones del que posee ese nombre son lo que en verdad importa, mas nadie lo veía así, o al menos casi nadie. Siempre había uno igual de loco por ahí suelto, que pensaba como él.

Finalmente, extendió su mano hacia ella, a forma de una presentación un poco más formal; el respeto ante todo. - Nikolaus, un gusto haber sido casi apuñalado por ti. - Fueron sus últimas palabras del momento, esperando que le estrechasen la mano para dar por concluida aquella presentación, que siempre tenía por costumbre empezar él. Para el chico, el respeto era sagrado, así que siempre que podía, intentaba mantenerlo y hacer uso de él. El primer paso estaba dado; y la chica parecía realmente muy agradecida, lo que le ayudaba a concretar sus planes a futuro. Siempre intentaba llevarse bien con la gente, nunca se sabe cuándo se necesitará algún pseudoamigo para realizar algún encargo arriesgado o alguna tarea de confianza. Aunque él no confiaba en nadie, pero simplemente a veces no tenía ganas de hacer las cosas y le delegaba esos quehaceres a otros. Todavía seguía pensando qué utilidad podría darle a la muchacha en un futuro, pero algo se le ocurriría, tarde o temprano.
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Re: Back to the street where we began. [Nikolaus D. Karst]

Mensaje por Aubrey Eberhardt el Lun Dic 17, 2012 9:36 pm

Asintió a las palabras del hombre. Sabía que su reacción no había sido del todo descontextualizada, pero la vergüenza de haberse equivocado con él, o la de creer que lo había hecho, le podía.

Libre de mayores tensiones, se propuso detallar al hombre que tenía frente así, y que ahora se identificaba como Nikolaus. Tenía mucho de Nikolaus, pensó, admirando sus facciones. Como el nombre, parecía una persona rígida, hasta inflexible, pero las curvas en su rostro suavizaban la impresión general, de modo que no resultaba del todo intimidante. También advirtió algo en su mirada, un no se qué de deterioro, de cansancio. Había algo en Nikolaus de un hombre anterior, aunque sólo fueran residuos. Aubrey no pudo evitar preguntarse si, como con ella, su vida también había dado un giro radical. En cualquier caso, era demasiado pronto para aventurarse en aguas tan profundas.

Sus labios se curvaron en una media sonrisa. Veía atrás en su pasado inmediato y se sentía aliviada del resultado que había tenido de la situación. No estaba muerta, herida o algo peor; estaba frente a alguien que se había tomado la molestia de enmendar un descuido suyo. De cierto modo, podía decir que se encontraba bien y se sentía contenta. Y así lo demostró cuando rió levemente ante la presentación tan acertada de Nikolaus.

Quiso extender su mano, pero la que correspondía, la derecha, aún ardía y, lo que era peor, estaba manchada en sangre. Así que ofreció la otra, la izquierda, con la mayor naturalidad que le fue posible fingir. Inclinó su cabeza ligeramente, aún con el atisbo de sonrisa en su boca.

- Un gusto, Nikolaus. Mi nombre es Aubrey. Aubrey Eberhardt - replicó, sintiendo la necesidad de disculparse una vez más -. En verdad lo siento mucho. Creí que eras alguien peligroso y me seguías con alguna otra intención. - Le miró por unos segundos con expresión satisfecha y, quizás ingenuamente, añadió: Me alegra que no lo seas.

Lo cierto es que se sentía en deuda. No sólo debía agradecer el hecho de que Nikolaus se haya tomado la molestia de devolver algo que bien pudo haber ignorado -tomando en cuenta que el reloj, definitivamente, no era de su estilo-, sino también enmendar la amenaza que había levantado contra él, más allá de que no parecía haberle causado ningún tipo de perjuicio, siquiera un ligero susto. Por un momento, Aubrey reflexionó sobre aquello: ¿Cómo es que no había siquiera abandonado su postura relajada? Incluso, se acercó al arma como quien no tiene miedo a tamaña tontería. Aunque ella no era ninguna asesina de profesión, una persona normal, pensó, buscaría evitar cualquier herida a toda costa. Él, sin embargo, parecía muy seguro de sí mismo, muy al control de la situación. En definitiva, no se trataba de una persona normal.

- ¿Ibas hacia alguna parte? Me gustaría invitarte un café o lo que gustes, ya sabes, por haber sido tan grosera - invitó tan espontánea y resueltamente que se sorprendió a sí misma. Jamás había ofrecido algo así a un extraño, mucho menos en aquellos tiempos que corrían, pero el remordimiento hacía mella en su consciencia, y Nikolaus todavía brillaba como héroe de antiguas leyendas, a sus ojos.

Una punzada reclamó la atención de Aubrey sobre su mano, sobre la palma sangrante, pero se empeñó en restarle importancia e ignorarlo, pues sólo había sido fruto de su precipitación y paranoia, a lugar o no, justificada o no. De modo que retrajo la mano dentro de la manga larga del abrigo, escondiéndola.

- ¿Qué me dices? - insistió, sonriéndole con mayor desenfado.
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Re: Back to the street where we began. [Nikolaus D. Karst]

Mensaje por Nikolaus D. Karst el Mar Dic 18, 2012 1:07 am

La calma tras la tormenta. En eso se había convertido aquella escena, que por momento había amenazado con convertirse en masacre; derramamiento de sangre, eso pensó que sería por un segundo, pero luego de que Nikolaus dejase claras sus intenciones, todo había pasado de largo. Las negras nubes de tormenta se habían disipado, y por allí no correría sangre, al menos no de esa lucha, que jamás tendría lugar; aunque jamás era una palabra muy fuerte, quizá en ese momento no habría lucha. Luego de que conociese mejor a Nikolaus, y su historial, quizá ese cuchillo improvisado le vendría muy bien para cortarle el cuello de lado a lado. Se mantuvo allí, quieto, luego de la pequeña escena de interrogatorio de película que se había mandado, al dar vueltas alrededor de la desconocida, y luego entregarle el dispositivo y esperar a que éste fuera retirado de su posesión.

La tensión había desaparecido, o al menos gran parte de ésta lo había hecho. Notó la pequeña risa de la muchacha que tenía enfrente, ante su comentario, para luego ver un movimiento extraño; no le daban la mano correspondiente, sino la otra. No tuvo problema, y correspondió el gesto con uno igual, cambiando de mano y concretando el saludo, pero ya había analizado la situación: tenía sangre en la mano. Su sangre. Conectó de inmediato todos los cabos sueltos; la sangre en el cristal había sido la pieza clave. Se había cortado, con el cristal o quizá incluso antes, y ahora no quería mostrar la herida. ¿Orgullo, quizá? ¿Desconfianza? Podía barajar un millar de probabilidades, pero no venía al caso; la realidad era que estaba herida, sangrando y con unas ganas tremendas de ocultarle todo al chico.

Escuchó el nombre de la desconocida, ahora bajo el nombre de Aubrey, y asintió, como que entendía lo que le decían, para luego escuchar una nueva disculpa. Lo último le hizo reír, inconscientemente, La muchacha se alegraba de que él no fuese una persona peligrosa. Se notaba que no lo conocía en verdad. Procedió a excusar su risa. - Las primeras impresiones engañan. - Fue una respuesta típica, pero efectiva en ese contexto. De un momento a otro pasó de ser el villano del cuento, un peligro para la humanidad, acechador y depredador, a una buena persona que devolvía relojes. O eso aparentaba.

Escuchó, atento, la nueva propuesta. - No tengo un asunto importante que requiera mi atención inmediata. Puedo acompañarte, si realmente así lo quieres. - Alguien debería haberle dado el premio al diplomático del año. O al mentiroso; tenía muchas cosas que atender, pero nada tan importante como para hacer que dejase de disfrutar su tiempo libre. - Aunque deberías hacer ver la herida. Si sigue sangrando puede empeorar, o infectarse. - Comentó, agachándose para recoger el trozo de cristal, todavía empañado por el líquido escarlata, y elevándolo para que ella entendiese cómo lo había descubierto, pese a sus esfuerzos de ocultar todo. - Oculta lo que quieras, pero ocultar una herida sangrante y no tratarla, no es orgullo, fortaleza o desconfianza, es estupidez. - Comentó, borde y seco, casi sin darle tiempo a responder, acercándose más a ella y mirándola directamente a los ojos. - Vamos, en los bares deben tener agua oxigenada, trataré la herida. Si te me mueres desangrada en medio del café tendré que pagar yo. - Y allí estaban sus típicos chistes sobre la muerte ajena. Sus últimas palabras, su "chiste", estaban que chorreaban sarcasmo, y en lo primero, mostró una preocupación, que si bien no era natural -pues realmente la chica mucho no le interesaba- era verdadera, o al menos lo aparentaba. Esperó a que se pusiesen en marcha, en dirección a un café o a un bar cercano.
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Re: Back to the street where we began. [Nikolaus D. Karst]

Mensaje por Aubrey Eberhardt el Mar Dic 18, 2012 6:15 am

Se alegró Nikolaus aceptara su propuesta, por la oportunidad de poder enmendar su error. El comentario, sin embargo, no pasó desapercibido: las primeras impresiones engañan. Aubrey era consciente de la veracidad del refrán, pero entonces sólo pudo interpretarlo como una broma, pues Nikolaus sonreía. Y las sonrisas no mienten, se dijo, casi convenciéndose.

Estaba por dar marcha hacia el café más cercano cuando el castaño le sorprendió no con una pregunta, deducción o incertidumbre, sino con la más rotunda afirmación. Aunque sabría no podía ocultarlo por mucho tiempo más, se sorprendió de lo observador que podía llegar a ser su acompañante. De inmediato supo, por la evidencia que suponía el trozo de vidrio manchado, que llevaba una herida en su mano. Y ella, sorprendida como con las manos en la masa, se mantuvo en silencio, escondiendo aún la herida bajo la manga del abrigo.

No se detuvo allí, Nikolaus, para mayor sorpresa de Aubrey. Detrás de la afirmación rotunda, le siguió algo que quedó a medio camino entre sermón y reproche. Frunció el entrecejo, dispuesta a defender lo indiscutible, pero ya el hombre la enfrentaba una vez más, acortando la distancia y mirándole penetrantemente. Sintió el impulso de defenderse como antes, desviar el foco de atención de aquel par de pupilas inquisidoras, que parecían escudriñar muy dentro, pero tampoco le fue posible, pues una preocupación escondida en sus palabras volvía a describir sus buenas intenciones.

Así, pues, como maniatada, sólo atinó a asentir, de nuevo avergonzada y ruborizada. A cada movimiento suyo, Nikolaus parecía estar dos pasos más adelante. Más allá de la irritación que le producía sentirse como una niñata que requería atención, le producía curiosidad el perfil que iba construyendo sobre Nikolaus, el de un hombre enigmático, de palabras certeras, casi como sentencias, y una mente penetrante y calculadora.

- A no más de dos cuadras hay un bar que, creo, todavía es seguro - informó, una vez ambos se pusieron en marcha, a travesando la plaza en la que desembocaba aquella calle -. Ya está atardeciendo. - Acotó, lanzando miradas de reproche al cielo que oscurecía. Aunque la luz del día no ofrecía necesariamente la seguridad deseada, la noche se le antojaba aún más impredecible, de modo que aceleró el paso, esperando Nikolaus siguiera su ritmo.

Una vez recorrida la plaza y el par de cuadras que le separaban del bar destino, Aubrey, a puertas del local, soltó un suspiro de alivio, sintiéndose más segura, mucho más al comprobar que el sitio parecía concurrido. Entró a través del umbral y, cuando se aseguró Nikolaus la seguía, se dirigió a una mesilla cercana a la barra. No acostumbraba a sentarse en esta última, pues solía ser zona típica de borracheras y trifulcas, situaciones que evitaba a toda costa.

Se sentó, pues, en una de las sillas dispuestas, y escondió ambas manos bajo la mesa, sobre su regazo. Con un poco de suerte, Nikolaus habría olvidado todo el asunto de la herida. No lo creía así, mucho menos después de haber demostrado ser especialmente observador, pero no perdía nada con guardar silencio sobre el tema. Por algún motivo, le avergonzaba sobremanera tener que someterse a los cuidados de su acompañante, de un desconocido. No por desconfianza, ni mucho menos, sino por luchar en contra de la imagen de niña desvalida que comenzaba a tener de sí misma.

Un encargado se acercó con desgana no disimulada y esperó, en silencio, la orden a tomar.

- Una soda para mí, por favor, y... - pidió con cortesía, antes de lanzar una mirada a Nikolaus, preguntándole -. ¿Tú? ¿Qué quieres pedir?
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Re: Back to the street where we began. [Nikolaus D. Karst]

Mensaje por Nikolaus D. Karst el Miér Dic 19, 2012 12:26 am

Ya parecían estar en armonía; la tensión había desaparecido por completo, y ninguna de las dos partes quería asesinar a la otra con un improvisado cuchillo, fabricado con un vidrio encontrado en medio de la calle. Nikolaus portaba su arma, como siempre, en la parte trasera de su cinturón, ajustada a éste y oculta por su remera, pero en ningún momento mostró siquiera una señal de tenerla, siquiera cuando le apuntaron con aquella navaja; era un as bajo la manga, que solo usaría en caso de necesitarla de verdad. Y se hubiese arrepentido de hacer público el hecho de tener un arma, pues la situación hubiese cambiado; habría desconfianza, y seguramente, un miedo pasivo: nadie se confía de aquellos que portan un arma tan destructiva como esa, ni siquiera confían en aquellos que la portan para bien.

Ante las deducciones del Sherlock Holmes terrorista de la nueva era, la muchacha simplemente calló y esperó, pareciendo enojada incluso ante la atención que el chico le daba. Parecía impresionada y enojada, mas eso podría entrar en la categoría de reacciones normales; no todos los días te encuentras con un desconocido -a quien intentas matar, por cierto- y éste, no solo no se defiende ante la agresión, sino que además te critica por tu actitud, y pese a todo, se ofrece a ayudar. Era una situación rara, a decir verdad, pero Nikolaus sabía cómo manejar todos los hilos para su conveniencia, y su actitud, compuesta por muchas facetas, le venía de perlas para poder controlar todo a su gusto. Y hasta el momento, nada le había salido mal, todo seguía según el plan.

Pasó a escuchar con atención las indicaciones de Aubrey, que le indicaba que a unas dos cuadras yacía un bar, que a su ver, seguía siendo seguro. - Me intriga saber qué entiendes por seguro. - Era una pregunta indirectamente directa, que esperaba una respuesta para hacerse una idea de la manera de pensar de ella; todo tenía un propósito. Para Nikolaus, por ejemplo, cualquier lugar era inseguro y seguro a al vez. Inseguro, pues cualquiera podría intentar matarlo en cualquier momento. Y seguro, pues confiaba en que podría combatir y eliminar cualquier amenaza normal que se le presentase. El concepto de seguridad constituía parte de la visión de la realidad, y aunque la pregunta en sí no lo demostrase, ayudaba al chico a hacerse un perfil psicológico de su herida acompañante. Preguntas con vueltas e intenciones ocultas, le encantaban.

Se limitó asentir ante los comentarios de la muchacha, y ambos se pusieron en marcha al bar del que ella hablaba. Hubo un comentario del clima, al cual se limitó a reaccionar mirando el cielo unos segundos, para seguirla de cerca, atravesando la plaza que estaba pasando esa misma cuadra. Ambos aceleraron el paso; Aubrey por alguna razón desconocida para él -pero obviamente asociada con el caer del sol y la llegada de la noche, por la inmediata reacción- y Nikolaus para seguirla. Llegaron al bar y entraron, siempre el hombre siguiendo a la muchacha, ya que ésta había tenido la iniciativa de ir a ese bar, y decidiría dónde se sentarían.

Tras elegir mesa y posición, ambos se sentaron; Aubrey en una punta, Nikolaus en la otra, básicamente opuestos y enfrentados. El mesero se les acercó, malhumorado, y Aubrey fue la primera en pedir para tomar; una simple soda, y ahora era el turno de él. - Querría una botella de alcohol etílico y un trapo. Y para tomar un café, por favor. - La reacción del mesero le hizo pensar que quizá se estaba planteando que él quería hacer un cóctel molotov, mas sus intenciones eran simplemente desinfectar la herida. Porque no se había olvidado de ella; nunca se olvidaba de nada, siempre vigilaba todo.

En cuanto le trajeron todo, se encargó de mojar el trapo que le habían traído con un poco de la sustancia desinfectante, lo suficiente como para que haga efecto, ni más ni menos. - El alcohol puro no es tan efectivo, pero no me pondré a hacer un desastre para diluirlo. - Fueron sus palabras, algo bordes al final, mientras se encargaba de terminar de mojar aquel trapo, y lo depositaba frente a ella, en la mitad de la mesa -acercándose por lógica para llegar sin estirar mucho el brazo-, y se alejaba, recostándose en el respaldo de su silla. - Dudo que quieras que lo haga yo. - Respetaba el orgullo que ella podía tener, así que ni siquiera había tenido la intención de curarla él, dejaría que ella lo hiciese sola, así al menos le quedaría algo del orgullo. Frente a él, yacía su café, que todavía expulsaba algo de vapor de tan caliente que estaba. Y supuso a ella le habrían traído también lo que pidió, pero no se fijó en ello, le era un dato irrelevante.
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Re: Back to the street where we began. [Nikolaus D. Karst]

Mensaje por Aubrey Eberhardt el Miér Dic 19, 2012 1:17 am

La relación había retomado la curva de tensión, aunque de una manera distinta. Antes, en el primer encuentro, la adrenalina de un peligro inminente corrió entre ambos hasta que los propósitos de Nikolaus fueron revelados. Desde entonces, había existido entre ellos una parsimonia que creció con la invitación al bar en el que ahora se encontraban. Pero una vez allí, sintió Aubrey, volvía a ser presa de la tensión de estar a la expectativa. Ya estaban ahí sentados, el uno frente al otro, encarándose, ella con una herida que atender y sobre su mente una pregunta que le inquietaba: ¿Quién era aquel hombre?

Cuando escuchó el pedido de Nikolaus, sonrió ligeramente para sí. Había sido muy ingenuo de su parte pensar que olvidaría el asunto de su herida, y no necesariamente por auténtica preocupación, sino porque el mantener el curso de la situación parecía formar parte de su carácter. La soda y el café llegaron junto con el alcohol, y Aubrey miró con recelo este último, como restándole importancia.

- Está bien. No te preocupes. En realidad es sólo un rasguño y yo... - comenzó a explicarse, excusarse, pero Nikolaus le había extendido el pañuelo humedecido, de modo que se interrumpió a sí misma, agregando después -. Gracias.

Observó el pañuelo sobre la tabla por unos segundos, dubitativa. Bajo la mesa, lanzó una mirada a la herida que descubría de la manga de su abrigo; no era precisamente un rasguño. El trozo de vidrio había trazado una línea diagonal en la palma de su mano. Aunque no parecía muy profunda, comprobó que el sangrado continuaba.

Tomó el pañuelo con su mano libre y, aún bajo la mesa, que no quería exponer la relativa gravedad del asunto, frotó la herida, imprimiéndole una firmeza que le propinó un arrebato de dolor. El alcohol escocía en la carne, desinfectándola, y ella mordía su labio inferior y respiraba profundamente, buscando formas en sí misma de lidiar con el dolor que sentía. No es nada, no es nada, no es nada, se repitió, desviando la mirada hacia el techo del local, sin ánimos de querer atestiguar la batalla que parecía llevarse a cabo en su mano y mucho menos enfrentar las pupilas demandantes de Nikolaus.

Cuando creyó la mano con mejor aspecto, o al menos mucho más limpia, menos ensangrentada, volvió a dejar el pañuelo sobre la mesa y se esforzó por sonreír a su acompañante, que creía había estado mirándole. Tenía la sensación, sin saber por qué, de encontrarse supervisada por aquel hombre, y aquello, aunque no lo demostró, le irritó ligeramente.

- Ya está - dio por terminado el asunto -. Mañana estará mejor.

Alcanzó la soda y le dio un sorbo que le refrescó en muchos sentidos. El dolor, aunque aún latente, comenzaba a menguar y, poco a poco, sentía contagiarse de la calidez que encontraba en el sitio, para entonces tranquilo.

- Antes no respondí tu pregunta - recordó en voz alta, después del largo sorbo -. Entiendo por seguro un lugar que todavía no ha sido blanco de asuntos terroristas; ni éste ni las zonas más cercanas. - Se explicó, aunque filtrando su opinión sobre el tema en general, que aquello sólo le producía un visceral rechazo. - Sé que hoy por hoy ningún lugar es realmente seguro, pero diría que hay zonas más peligrosas que otras.

No tenía intenciones de guiar la conversación por esos senderos tan intrincados. Al contrario, querría evitarlo a toda costa. Se acomodó en su asiento, irguiéndose, y parecía el dolor de la herida había desaparecido. Aubrey retomaba un porte más firme, menos pusilánime, como con mayor ánimo. Estaba dispuesta a intercambiar los aires de tensión por otros más positivos.

- Y, dime, ¿qué te trae por esta zona? No soy quien como para decir que jamás te había visto, porque lo cierto es que son muy pocas las personas que recuerdo haber visto por aquí o en otro sitio, pero aún así... - se encogió de hombros, esbozando una media sonrisa, de nuevo llena de desenfado -. Me gustaría saber más de ti, si eso te parece bien.

Lanzó un par de miradas por encima de su hombro, esperando la respuesta. Era un movimiento que se había convertido en hábito, como si se encontrara en necesidad de comprobar, nuevamente, que nadie la seguía. Por último, dio otro sorbo a la soda, observó el café humeante de Nikolaus y volvió a mirarlo a él con mirada ligera, de sincero interés.
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Re: Back to the street where we began. [Nikolaus D. Karst]

Mensaje por Nikolaus D. Karst el Miér Dic 19, 2012 11:24 pm

Quizá tenía más orgullo del que Nikolaus podía percibir, y eso que sus sentidos eran bastante agudos y podía deducir bastantes cosas a partir de acciones ajenas; mas ella parecía bastante orgullosa y se negaba a aceptar la ayuda, con pretextos como que la herida no era nada de lo que preocuparse. O quizá no tanto, pues finalmente terminó aceptando el pañuelo desinfectante. Allí terminaba su parte, y asintió cuando le agradecieron. - Sin problemas. - Al son de sus palabras, la muchacha hacía la precaria sesión de curación; Nikolaus alertó el hecho de que la herida quizá era más grave de lo que había pensado, pues semejante reacción de dolor no se hacía con un raspón nada más. La próxima acción de la que Nikolaus se vio partícipe fue cuando éste tomó el pañuelo y lo examinó, mirando la sangre que contenía, y dejándolo a su lado. No dijo nada, simplemente tomó el café con su diestra y sopló un poco, para luego darle un sorbo y dejarlo donde estaba.

Luego, contestaron lo que él había preguntado indirectamente; escuchó el concepto de lo que Aubrey entendía por seguro, a lo que simplemente contestó con un - Interesante, aunque... - Dejó el hilo de voz abierto, como replanteándose lo que estaba a punto de decir. - ...¿cómo sabes que esto no fue blanco de asuntos terroristas? ¿O que no lo es? - Esas preguntas que hacían reflexionar eran lo suyo. ¿Cómo podría ella saber que, en efecto, no se llevaba a cabo ningún acto terrorista en aquel lugar? Solo Nikolaus podría afirmar eso, o cualquier miembro de la banda terrorista, que estaban al tanto de la situación. Pero ella, solo deducía eso. Le haría entrar en razón, sin ser grosero ni insinuar nada. Si bien pronto terminaría delatándose a sí mismo como terrorista, o lo insinuaría de forma que ella lo entendiese, no tenía intenciones de dar a entender su posición por el momento. - Aunque sí, por aquí se siente la tranquilidad en el aire. - Agregó, cuando escuchó el siguiente comentario; Aubrey entendía la situación actual, la realidad, la cual algunos se rehusaban a ver. Eso le sumaba un punto, pero demasiada información podría ser dañina, tanto para ella como para Nikolaus. Como siempre, pensaría lo que diría y lo que preguntaría. Nada podía dejarse al azar o a las deducciones.

- ¿Yo? Vengo a perseguir gente y que me amenacen con vidrios punzantes. - Esta vez el tono indiferente se transformó en uno más...humano, con un tono sarcástico, para que no cupiese duda de que eso era broma. ¿Lo era? Tras unos segundos, corrigió su anterior comentario con uno nuevo. - Simplemente no tenía nada que hacer y salí a caminar. - Mintió, pues en realidad se dirigía a ciertos lugares, donde se encontraría con cierta gente y planearían los pasos a seguir los próximos días. - No tengo problema en contarte sobre mí, pero algunas cosas están bien en el anonimato. Todos tenemos secretos, ¿o no? - No tenía ningún problema en mostrarse a sí mismo como alguien con secretos. Todos los tenían, y si bien los de él eran algo más oscuros, no tenía problema en aclarar que sí los tenía. Y así, la muchacha andaría con cuidado. - Por cierto, puedes quedarte tranquila. Nadie te persigue ahora, ya es suficiente con un acosador por día. - Finalizó con una pequeña broma -su estilo de bromas era ese- al notar el gesto de mirar hacia atrás. Finalmente, dio otro sorbo al café y se quedó esperando alguna pregunta.
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Re: Back to the street where we began. [Nikolaus D. Karst]

Mensaje por Aubrey Eberhardt el Vie Dic 21, 2012 5:43 am

Aubrey rodeó el vaso de soda con ambas manos, humedeciendo sus dedos por el frío alrededor del cristal. Con el tiempo, había logrado relajarse, de modo que la conversación con Nikolaus se convirtió en algo que podía ser juzgado como cotilleo entre amigos. Si bien apenas se conocían y comenzaban a intercambiar las primeras palabras, y no agresiones, Aubrey se creía en posición de permitirse confiar un tanto. No pretendía cegarse, que ya sabía no resultaba en nada bueno, pero sí mantener la calma hasta que el hombre frente a ella le diera razones para dudar de sus buenas intenciones. Hasta ahora, era evidente, no lo había hecho.

- Quizás tengas razón. No sabría decir si este lugar es, en verdad, asunto de motivos terroristas o no - sonrió con ligera amargura, lamentándose por la incertidumbre a la que ella y todos los civiles estaban sometidos: no conocer las fuerzas que movían o desencadenaban altercados terroristas que, sin embargo, sin tomar a consideración, se llevaban consigo parte importante de sus vidas -. Pero no podría sospechar de cada rincón de Alemania o me volvería loca. - Podría hacerlo, era cierto. Lo había intentado durante algún tiempo, pero, tal y como exponía, sabía que ese camino sólo conducía a la locura.

Rió quedamente, aún avergonzada, por la referencia que hacía Nikolaus, aunque humorística, al incidente que habían tenido. Había sido un turbulento punto de partida, pensó, tentada de imaginar a qué los llevaría. ¿Terminarían por volver a las armas y las amenazas? Desde luego así no lo esperaba. Al contrario, esperaba poder encontrar alguien en quien depositar cierta confianza, alguien libre de la toxicidad que se respiraba en las afueras. Sin consciencia, Aubrey quería eso en Nikolaus.

Asintió, advirtiendo lo escueto de su explicación. Le miró a los ojos, y en ellos intentó descubrir si escondía secretos; sólo encontró muros, uno tras otro, que impedían ver cualquier detalle que se escapara del riguroso control del castaño. Esa característica, que después le escuchó enfatizar cuando le habló propiamente de secretos, la añadió al perfil que iba construyendo, el bosquejo de una futura pintura. ¿A color o blanco y negro? ¿Colores fríos o cálidos? Aún quedaba mucho por ver.

Volvió a reír, aunque más similar a un suspiro que carcajada.

- Debes pensar que estoy loca, ¡y quizás lo esté! - reconoció, negando con la cabeza, la mirada momentáneamente caída -. Pero, estoy bien, de verdad que sí. Me siento a gusto. - ¿Era aquello una afirmación para él o para sí misma? Le costaría mucho decirlo. Sin embargo, de algo sí podía estar segura: no se encontraba mal. La angustia diaria, aunque no desaparecida, había mermado en gran parte, y Aubrey lo agradecía. - Tampoco es que tenga motivos para pensar que deben perseguirme a cada calle que recorro. Sólo fue el susto de hoy, supongo.

Bebió un sorbo de soda y, una vez devuelto el vaso a la mesa, volvió a rodearlo con los dedos delgados.

- Y, bueno, ya que prefieres mantener en secreto lo que ocupa tus días, cosa que respeto - introdujo, sonriéndole - ¿Qué me puedes decir de ti? ¿Cómo te describirías? Además de amable, quiero decir, que aún estoy agradecida por lo del reloj. - Desde luego la amabilidad no era la única característica que había descubierto de Nikolaus en el tiempo breve que llevaban relacionándose, pero incluir sus apreciaciones personales podría parecer invasivo, y conformaban una base de datos que prefería no revelar, al menos por el momento.
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Re: Back to the street where we began. [Nikolaus D. Karst]

Mensaje por Nikolaus D. Karst el Sáb Dic 22, 2012 5:55 am

Como solía hacerlo, tras soltar una de sus características preguntas reflexivas, se quedaba a la expectativa, aguardando a que su interlocutora reaccionase y esperando él para elaborar una respuesta adecuada. Además, cada dato que extraía de la personalidad de su acompañante le ayudaba a elaborar un perfil, y supuso que ella, si tenía la misma costumbre, o al menos algún matiz de personalidad en común con él, haría lo mismo, y lo estaría haciendo en esos precisos momentos. Él lo hacía por motivos prácticos, pero no podría adivinar para qué ella podría hacer el perfil psicológico de él, si es que lo estaba haciendo o quería hacer. A Nikolaus, obviamente, razones no le faltaban para querer enterarse de todo sobre todos con los que trataba. Y de a poco, con preguntas y comentarios, iba consiguiendo lo suyo.

- Razones no te faltan, a decir verdad. - Comentó, como apoyando la afirmación de ella, de que no podría empezar a sospechar de cada rincón de Alemania, aquel hogar de terroristas y asesinos, sicarios y prostitutas, donde cada sombra estaba armada con un puñal intentando apuñalar a su dueño por el simple hecho de hacer correr sangre. Razones, en verdad, no le faltaban. - Sería raro que no sospechases. - El tono, ligeramente más humano que el de antes, hacía notar que estaba complacido con su respuesta. Le estaba sumando puntos: realista, y quizá un poco paranoica. Al final, solo los paranoicos sobreviven.

La situación continuó; ella comentaba, él respondía, y ahora era el turno de Aubrey, quien en un principio se limitó a reacciones físicas, y finalmente, habló, catalogándose a sí misma como una persona loca. El chico simplemente tomó la taza de café y le dio un lento sorbo, para no quemarse. de forma silenciosa, con la vista todavía clavada en ella. - No creo que estés loca. - Dijo, con el típico tono neutral que usaba siempre. Y luego, escuchó aquel intento de excusa ante su primera reacción, dejando la taza de café en su lugar antes de hablar. - Poca gente logra reaccionar de esa manera. - Nunca la felicitaría de manera directa, nunca diría "te felicito", aunque con esas palabras, y su tono complacido, daba a entender eso. Además, servía como refuerzo de sus anteriores palabras, de que no estaba loca. Todo, si se juntaba, daría en un único resultado: una felicitación por esa actitud. Pero, en palabras, nunca jamás lo diría. Y hasta ese nunca jamás podría quedarse corto. - Al final, solo los paranoicos sobreviven. Si el peligro no está a la vuelta de la esquina, está rondando la manzana. - Finalizó, como ampliando el cumplido en cierta forma, y dando a entender su posición frente a todos los peligros del mundo en el que habitaban. Si él no era paranoico, estaba rozando aquella linea.

Esbozó una media sonrisa cuando le preguntaron a él cómo se describiría a sí mismo. No pudo evitarlo, o quizá sí hubiese podido, mas no lo hizo, y allí estaba, esa media sonrisa. - El egocentrismo no es lo mío. No creo que ninguna de mis cualidades sea tan importante como para resaltarse. - Comenzó, hasta para, un segundo después, ampliar un poco más la sonrisa, todavía elegante, y alargar el comentario. - Aparte, si te dijera todo sobre mí, perdería la gracia del anonimato. - Finalizó, tomando con la diestra su taza de café y dándole otro sorbo, para luego dejarla de nuevo en su lugar.

Se recostó en el respaldo de su silla, mirándola todavía, mostrando su ceño impasible, que demostraba fortaleza y confianza. - Sin embargo, creo que podrás darte cuenta de todo ello con el tiempo. - No quiso agregar ninguna otra palabra más, pero todavía tenía bastantes cosas para decir. Sin embargo, en su mente no sonaban necesarias, y por ello, nunca verían la luz. No vio, además, necesario agregar ninguna palabra extra, con lo dicho era más que suficiente como para continuar así por un rato. Eso le daría más preguntas que respuesta a Aubrey, y era exactamente lo que él quería; responder con lo justo, y no solo esquivar preguntas, sino plantear todavía más. Finalmente, y con una ligera curiosidad, le preguntó algo. - ¿Qué me dices de ti? - La cuestión era tan simple como esa. - Sé que es injusto que te pregunte eso sin haber contestado lo anterior, pero el que fue amenazado con un cuchillo fui yo. Necesito cobrar eso antes de perder la oportunidad. - Su tono expresaba amabilidad y una ligera, pero genuina, intención de broma, que seguramente ella notaría. Pero, como todo lo que decía, tenía un único objetivo. Esperó alguna respuesta, todavía mirándola, aunque no con aquellos ojos vigilantes, sino con unos un poco más relajados. Una nueva faceta para enmascarar a los verdaderos, que continuaban vigilando cada movimiento que ocurría cerca de Nikolaus. Nunca perdería esa costumbre de ver todo, y hacer como que no ve nada.
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Re: Back to the street where we began. [Nikolaus D. Karst]

Mensaje por Aubrey Eberhardt el Jue Ene 10, 2013 2:35 pm

Algo quedó muy claro en en aquel punto de la conversación: Nikolaus se rehusaba a desvelar el enigma que lo constitutía, o así lo creía Aubrey.

Rió, encogiéndose de hombros y bajando la mirada, cuando volvía a recordar el incidente del cuchillo, que no era más que un trozo de vidrio. Al hacerlo, también tensó los dedos alrededor del vaso, y el dolor en su palma se avivó, de modo que la retiró y volvió a esconderla bajo la mesa.

¿Y qué le podía decir de ella? Desde hace tan poco tiempo, tanto había cambiado. Ya no podía decir que tenía una imagen clara de sí misma. Todo era difuso; por momentos se sentía más cercana a su antigua tenacidad, más valiente, pero en otros sólo pretendía hundirse en el agujero que el destino había cavado para ella. Se sentía, ¡y tanto dolía admitirlo!, desamparada.

Caviló por breves segundos, alternando miradas entre el cristal del vaso ya casi vacío y los ojos atentos de Nikolaus. Esbozó una media sonrisa y, después de un suspiro, lo intentó.

- Bueno, yo... - frunció los labios -. Cielos, no sé qué decir.

Y allí quedó el intento.

Se acomodó en su asiento, de pronto creyéndose diminuta, la mirada ensombrecida. La cotidianidad de su vida se resumía a eso. Iba caminando, luchando por mantener el equilibrio, como en una cuerda floja, y aunque muchas veces lograba avanzar un gran trecho, otras caía en un vacío; no era fácil volver a recomponerse, a levantarse, y seguir andando.

Di algo, Aubrey. Lo que sea. ¡No seas estúpida!

- ¿Alguna vez has sentido desconocerte? - soltó la pregunta -. Sentir que todo ha cambiado tanto, tan rápido, que pareces aún no haberte dado cuenta y, por absurdo que parezca, no te encuentras en medio de tal lío.

Pensará que en verdad estoy loca, se decía. Sin embargo, no podía hacer otra cosa. Por supuesto que le encantaría ser una chica más regular, más común, que tuviera la facilidad de iniciar un tema de conversación ameno y divertido, pero las circunstancias no eran tales. La voz se le escapaba de los labios casi como un hilo y fueron varias las veces en las que aclaró su garganta, intentando sonar menos frágil.

Sus labios se entreabrieron, a punto de soltar una nueva disculpa, pero se contuvo. ¡Ya daba igual tanta preocupación por lo que aquel hombre pensara de ella! ¿De dónde salía todo aquello? Después de todo, sólo era un extraño. Uno al que había amenazado de muerte cuando únicamente intentaba hacerle un favor, sí, pero extraño en definitiva. Por un segundo, reflexionó sobre su situación: tomaba un café con un hombre al que apenas conocía. Aunque la invitación había nacido del remordimiento, descubría que la compañía de Nikolaus entrañaba una sensación ambigua.

Apretó el puño herido, escondido bajo la mesa, como castigándose. Apretó también los labios y, cerrando los ojos por unos instantes, ahuyentó sus pensamientos.
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Re: Back to the street where we began. [Nikolaus D. Karst]

Mensaje por Nikolaus D. Karst el Vie Ene 11, 2013 12:36 am

Esperó, pacientemente. Así era él, no apuraba con las respuestas y esperaba que éstas salieran naturalmente; pero por esforzarse tanto y esperar tranquilamente sin apurar, quería que la respuesta que le diesen fuera acorde. Y, la verdad, Aubrey le había decepcionado. No se esperaba una gran respuesta, no todos tienen una gran historia de vida para contar, pero ese vago intento denotaba las pocas intenciones que ella había puesto en ello. Decepcionado, así estaba él. Pero claro, no se notaría en su ser ni en su ceño, su esencia permanecería intacta, tanto interna como externamente; ella no notaría absolutamente nada de lo que pasaba por su mente en aquellos momentos. Se encargaba muy bien de ocultar todo, y hasta el momento, nunca había fallado; y estaba dispuesto a mantener la racha.

Tomó un poco de café tras recibir la respuesta, terminando con el contenido de la taza y dejándola de nuevo en su lugar. Iba a soltar algo, su opinión personal sobre su comentario, pero uno nuevo le sorprendió y cerró la boca, atento. Escuchó, interesado, todo lo que Aubrey tenía que decir, y le sorprendió la emoción que puso en sus palabras. No cabría duda en lo que decía, no había punto débil; no podría cuestionarla, pues era lo que verdad sentía ella al respecto de la situación que vivía. E intentar cuestionar eso es lo peor que podría hacer. - Una vez las cosas cambian, solo queda adaptarse. Ir contra la corriente es peligroso, incluso para los más poderosos. - Obviamente, a él no le costaba tanto. Hasta había contribuido en aquel conflicto, por lo que no sentía tanto lo que decía. Y, aunque no lo hubiese querido, lanzó una advertencia muy sutil, casi inadvertida. Él era un terrorista, y ciertos hábitos prevalecían, incluso en la más amena de las conversaciones.

Su mirada todavía seguía posada en ella, analizándola; la analizaba a ella, a su ser y a su comportamiento. Había notado que había retraído la mano y la había escondido debajo de la mesa, lo que era un claro signo de que le dolía. Ya pasaría. Y lo nuevo, era que estaba apretando los ojos como si algo le molestase. No pudo evitar enarcar una ceja, sin entender mayor cosa sobre qué le pasaba. - De todas formas, te comprendo. He pasado por lo mismo, y lo he superado. - Por primera vez en todo su discurso, en toda la charla y en todo ese encuentro, desvió la mirada.

Es mentira. Es mentira, Nikolaus, y lo sabes. No lo has superado, nunca lo hiciste y nunca lo harás. Y morirás sin superarlo. Hazte a la idea.

Su mirada, entonces, se posó en su café, distraído. Sus pupilas se dilataron un poco por el cambio brusco de luminosidad y de objetivo, pero luego volvieron a la normalidad. Ella no podría notarlo, a menos que se agachase y lo viese desde esa perspectiva. En menos de un segundo, su mirada volvió a la muchacha. Había tenido un momento de debilidad, recordando aquel momento que lo marcó para el resto de sus días, pero ya no volvería a pasar. Podría aguantar hablando de aquel tema sin problema, solo que había destruido su propia barrera sin darse cuenta, al tocar un tema para el cual no estaba preparado. Él mismo se había hundido. Esperaba la muchacha no lo hubiese notado, pero en esos tiempos, todos eran observadores: sus esperanzas no eran tan altas. Pero, aún así, tenía la esperanza, por pequeña que fuese.
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Re: Back to the street where we began. [Nikolaus D. Karst]

Mensaje por Aubrey Eberhardt el Vie Ene 11, 2013 1:09 pm

Aubrey escuchó las palabras de Nikolaus como interceptadas a través de vidrio. Podía imaginar una amplia lámina de cristal que los separaba. La voz varonil, aunque clara, estaba ahumada por aquella barrera que devolvía la resonancia, como si aquel hombre buscara guardar el verdadero sentido de sus respuestas para sí, receloso de compartirlo. Sabía de antemano que intentar violentar esta muralla, que ahora pensaba había estado desde el principio, sería un movimiento muy brusco, muy violento. Lo cierto era que cada quien erigía obstáculos a los demás, especialmente a los desconocidos.

Y allí estaba, con completo sentido, una respuesta escueta, lógica y fríamente calculada. Un proverbio, vamos, o una moraleja que él extraía hábilmente de todo cuanto le rodeaba. Sin embargo, en algún punto álgido, Aubrey pudo ver el cristal agrietarse, la pintura fría craquelada. Mantenía su mirada sobre la de él, de modo en que advirtió, frunciendo el entrecejo, el momento en el que él rechazó el contacto visual que mantenían. El héroe se enfrentaba a su propia vulnerabilidad y, tan orgulloso como hombre, no permitía de Aubrey ser un testigo.

Volvió a sonreír, aunque a medias, cuando le encontró con los ojos fugitivos en el pozo vacío de la taza. Parecía buscar refugio, y entonces Aubrey experimentó una suerte de comprensión muy íntima. Aunque no conocía la forma, creía poder advertir la naturaleza de su dolor.

- Niko...- murmuró, reconfortante, inclinando la cabeza, buscando los ojos que antes rechazaron los suyos y ahora volvían, valientes -. Nikolaus - corrigió -, ¿Qué sucedió?

Quizás se tomaba atrevimientos. No podía evitar pensar que quizás se entrometía en asuntos que no le incumbían. Pero aquella aguda y sutil comprensión que sentía la impulsó a mantener el gesto. Después de todo, ella conocía los abismos, el dolor de la caída, la sensación de hundirse en un agujero tan oscuro que pocos, sino nadie, eran los que se atrevían a bajar allí, dispuestos a ofrecer apoyo; ella lo estaba.

- ¿Querrías compartirlo? - la pregunta era estúpida; esperaba un no rotundo -. Sé que no soy nadie - soltó un pequeño bufido, al tiempo que una sonrisa débil -. Quiero decir, a penas nos conocemos, pero me gustaría escuchar tu historia, siempre que no tengas problema.

No pensaba demasiado lo que pedía, lo que decía. Necesitaba no hacerlo. Si bien Nikolaus, por descuido o voluntad, había resquebrajado la muralla que impuso en un principio, el muro de vidrio, aún los trozos permanecían en posición, poderosamente afilados. En cualquier caso, y quedaba demostrado, Aubrey no temía a los cortes.
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Re: Back to the street where we began. [Nikolaus D. Karst]

Mensaje por Nikolaus D. Karst el Sáb Ene 12, 2013 2:30 am

No pudo evitar soltar una risa por su propia estupidez. Pero más que una risa, fue un suspiro combinado con una leve sonrisa. ¿Cómo es que había caído en su propia trampa? Todavía seguía analizando en qué había fallado, en qué había matado y, sobretodo, cómo había hecho para acorralarse a sí mismo. Se imaginaba las preguntas que vendrían, siempre era el mismo interrogatorio, pero lo peculiar de la situación, era que él mismo se había hundido. No lo podía creer. De ninguna forma eso entraba en sus planes, debía reconstruir todo, y antes que nada, reponerse del golpe que se había dado contra su propia pared imaginaria, cortesía de un descuido. Las palabras de la muchacha denotaban emoción, lo que le sorprendió durante unos momentos, pero luego vino la pregunta que ya se esperaba, y toda la sorpresa se borró de su rostro, en un ceño impasible e indiferente, como el Nikolaus que había sido hasta el momento.

- Muchas cosas. - Respondió a la primera incógnita.Su mirada pasó a la taza antes de hablar. Él ya había dejado de ver una taza; sus pupilas se habían llenado de lo que una vez había sido felicidad, pero que ahora era pura nostalgia de un momento que jamás volvería a ser. Su media sonrisa no se desvaneció en ningún momento mientras miraba aquella taza, que parecía distraerlo de la realidad y transportarlo a otro mundo, donde indudablemente, todo allí le gustaba. Pero, ese mundo de sueños nunca duraría mucho, y las palabras de Aubrey lo devolvieron a la realidad. Escuchó atentamente, pero sin mirarla aún. No pudo evitar soltar ese suspiro que se quedaba a mitad de camino entre uno y una risa, depositando la taza de nuevo en su lugar con suma delicadeza, y levantando la cabeza, sus pupilas reflejando todo aquello que había estado pensando. El brillo en sus pupilas desapareció, llevándose consigo todos aquellos sentimientos y devolviéndolos a la Caja de Pandora que no volvería a ser abierta, justo a tiempo para que él hablase. - El dolor no se comparte. Y mi historia es solo otra de tantas. - Se notaba ausente en su hablar, como si ya no fuese él, pero en su tono se escapan a la vez esos sentimientos de nostalgia, dolor y de desafío. Si ella interpretaba las señales, entendería que ese tema era tabú. Mejor no jugar con fuego, que puedes quemarte. Eso resumía todo lo expresado con su mirada.

- No hay nada respecto a mí que sea digno de ser contado. - Y allí acababa lo que tenía que decir al respecto. Ya se había recuperado completamente del asunto, y volvía a ese tono indiferente, pero desafiante y confiado a la vez, que aclaraba nuevamente su punto de que se negaba a decir mayor cosa de él. De todas formas, ella ya podría hacerse la idea, pues esa debilidad que había tenido decía bastante de él, y podría decir, mostraba una nueva faceta. - Algún día te lo diré. Si no muero antes, claro. Entonces te dejaré con la incógnita. - Hablaba de su propia muerte con total despreocupación, como si fuese un tema de todos los días. Y es que, en verdad, lo era para él. Miró su reloj, más por costumbre que por otra cosa, y finalmente suspiró. Todavía le quedaba tiempo para tener que poner su pellejo en peligro mortal, y podría disfrutar de aquel encuentro un rato más, un largo rato más. Pero las cosas se estaban tensando a medida que avanzaban, y podría terminar mal el asunto. Todo dependía de lo que Aubrey dijese, todo se resumía a eso.
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Re: Back to the street where we began. [Nikolaus D. Karst]

Mensaje por Aubrey Eberhardt el Dom Ene 13, 2013 2:57 pm

Reconoció sus ojos. Había visto antes esa mirada, muchas veces, al verse a sí misma en el espejo; el mismo espejo en el que se habían convertido los ojos de Nikolaus. Si el que juega con fuego corre el riesgo de quemarse, ¿cómo podría explicarle que ella no temía hacerlo? Sin embargo, advirtió que la profundidad del asunto podría provocar una reacción que ella evitaba, de modo que desistió. Sólo asintió, queda, y no reprochó sus palabras, por mucho que hubiera querido.

El dolor sí se comparte.
No me interesan las historias; me interesa tu historia.
Te menosprecias.


Con tanto muerto entre sus labios, le reconfortó saber que tenía planes de decírselo, algún día. Quizás no era el momento, quizás aún no. Aunque podía interpretarlo como una evasiva, algún día, lo tomó como una promesa. Al final, rió ligeramente por el comentario, aunque la idea de saberlo muerto le incomodó.

Supo que ambos daban por sentado el seguir viéndose, sin importar las circunstancias. Algún día encerraba muchos otros días. Entonces advirtió lo mucho que se había involucrado con Nikolaus. Bastó verle vacilar, su orgulloso porte tambalear, para de pronto querer saber mucho más sobre él. La memoria de Geert le alcanzó como fantasma, susurrándole en la nuca, reprochándole su interés por el hombre. Llevó la mano sana al cuello y lo masajeó, su mirada baja, ahuyentando el remordimiento. No hacía nada malo; se trataba de su empatía. Su propio dolor, que ahora dejaba a un lado, le ayudaba a reconocer el ajeno.

- ¿Tienes que irte? - el reloj en la muñeca de Nikolaus le sacó de sus pensamientos -. No quiero retenerte si tienes algún asunto que atender.

Guardó silencio por unos segundos en los que se removió en su asiento, organizando la cascada de ideas en su mente. Le miró a los ojos, dubitativa, y finalmente se animó. No restaba más que ser sincera.

- No tengo idea de cuántas veces habrás escuchado lo mismo, pero... - contraía los dedos en la mano herida, bajo la mesa -. Quiero que sepas que puedes contar conmigo, de verdad - Sonrió -. Mira que todavía te debo un favor por lo del reloj, y si en algún momento necesitas hablar, de lo que sea, estaré aquí.

Cuando el encargado del bar se paseó a su lado, atendiendo mesas cercanas, Aubrey llamó su atención con una seña.

- ¿Quieres algo más? - preguntó, mirando a Nikolaus con desenfado.
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Re: Back to the street where we began. [Nikolaus D. Karst]

Mensaje por Nikolaus D. Karst el Lun Ene 14, 2013 9:17 am

Se mantuvo en su lugar, esperando alguna respuesta o reacción a sus comentarios, pero no obtuvo exactamente lo que esperaba en un principio. La muchacha parecía haberse distraído, y por alguna razón no había respondido a lo que le había dicho Nikolaus hacía pocos momentos, sino que se había limitado a asentir, en un vago gesto por aclarar de que sí le había escuchado. Era una pena, de verdad, pero era lo que a Nikolaus le convenía: no seguir en ese tema, sino sepultarlo en el olvido y no volver a sacarlo jamás. Aunque le hubiese encantado seguir esa plática, el tema de conversación no le era agradable, y lo había dado a entender. Por suerte, Aubrey había entendido las señales, y el tema acababa allí. Escuchó el comentario sobre su reloj, y lo volvió a mirar, como si no entendiese bien la pregunta en un inicio. - No, todavía tengo algo de tiempo. - De verdad lo tenía, pero de todas formas, prefería llegar antes y con resto, cosa de no estar sobre el límite de tiempo y no tener que hacer las cosas apurado.

El silencio reinó en el lugar unos momentos. Ella, cuya expresión sería difícil de analizar, y él, que la escudriñaba con aquellos ojos que se clavaron en ella como dagas apenas comenzó el encuentro. La conexión visual entre ambos se reanudó, tras unos momentos, y la escuchó hablar. Luego, notó al encargado atender unas mesas cercanas, y la pregunta de Aubrey por si quería algo más. Negó con la cabeza, y la miró, retomando el anterior tema. - Durante mi vida he contado con muchas personas, y todas me han traicionado y defraudado. Y realmente ya no sé si esperar algo diferente. - Quizá estaba siendo duro, pero no se andaría con rodeos. No le gustaban, de todas formas. Si necesitaba decir algo, simplemente lo decía. Y allí estaba. Se levantó de su asiento con cautela, moviendo apenas la silla hacia atrás para liberar su cuerpo. - Pero... - Hizo una pausa, soltando un leve suspiro. - ...te daré una oportunidad de probar que me equivoco. Ojalá así sea. - Y dicho esto, asintió con una leve mueca similar a una sonrisa y dio media vuelta, dirigiéndose a la salida con las manos en los bolsillos. Y desapareció por el umbral, deslizándose por las mismas sombras que lo habían dirigido a ella. Se preguntaba, vagando por las frías calles de la ciudad bajo la atenta mirada de la Luna, a qué se debía ese encuentro. O qué le depararía de ahora en más. Recordó que Aubrey había dicho que podría contar con ella. No pudo evitar reír para sí, para luego apretar el paso, perdiéndose entre calles y callejones, amparado por la oscuridad.
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Re: Back to the street where we began. [Nikolaus D. Karst]

Mensaje por Aubrey Eberhardt el Lun Ene 14, 2013 4:14 pm

Frunció los labios, reprimiendo unas palabras. Yo no te defraudaré. Sus ojos seguían los otros, que se elevaban, según Nikolaus se reincorporaba. Se sintió en posición de soltar algún reproche, alegando que jamás había pedido por la oportunidad de demostrar nada. ¿Confiar o no? ¡Era cosa suya! Lo cierto era, aunque no lo admitió, que querría probarle estaba equivocado.

Aubrey advirtió repentina urgencia. No tenía que irse, que lo había dicho, pero estaba claro que no corría riesgos de retraso. ¿A dónde iría? Rápidamente decidió no darle vueltas al asunto. Debía deshacerse de la recién adquirida manía de querer saber cuanto detalle de él.

Basta, Aubrey.

Le sonrió levemente y le acompañó con su mirada curiosa el camino hasta el umbral del bar. Permaneció allí, con la vista por sobre su hombro, en dirección a la puerta, observando el punto exacto en el que creyó verle desaparecer con las sombras.

Afuera ya caía la noche. Sería mejor apresurarse e ir a casa. Había disfrutado tanto la compañía de Nikolaus que la idea de caminar de vuelta, de nuevo sola, le causó una ligera desazón. El encargado se encontraba aún a su lado, esperando indicacione. Aubrey, cuando por fin pudo escapar de su ensimismamiento, se disculpó, hurgó en su monedero, dejó un par de billetes sobre la mesa, y abandonó su asiento. No tardó en volver a la calle de adoquines y farolas, de regreso a casa.

Mientras caminaba, tanteó su bolsillo y sacó de él un reloj que, a la luz de las farolas, ahora más viva por la oscuridad, brillaba. Sin pensarlo, sonreía, apretándolo en su mano.

Gracias, Niko.
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Re: Back to the street where we began. [Nikolaus D. Karst]

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