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Pánico en New York || Sarah Alman

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Pánico en New York || Sarah Alman

Mensaje por Gustav Maier el Jue Ene 03, 2013 2:27 pm


Pánico en New York



Sarah Alman Θ Nublado Θ 04 de Enero

Ámsterdam...Ese era el lugar con el que soñaba pero sus misiones siempre le llevaban a otros lugares, Francia o ahora Nueva York que veía a través de la ventanilla del taxi. Negros, asiáticos, latinos y europeos se mezclaban por las calles haciendo de aquella ciudad una mezcla muy interesante. En la radio del taxi sonaban canciones turcas o algo similar ya que el conductor parecía un árabe pero no cesaba de parlotear diciéndole la de maravillas que existían en la ciudad, llevaba hablando desde que se había subido al taxi y, mientras avanzaban por la Quinta Avenida el rubio comenzaba a fastidiarse de tanta palabrería e inclinándose hacia adelante le susurró en un inglés impecable: -Hombre, no es primera vez que vengo y tu palabrería me está causando una migraña así que detente aquí - Le señaló un hotel que sobresalía entre tiendas de diseñadores y marcas de renombre, los terroristas pagaban y con la de asaltos bancarios que habían hecho en los últimos años bien podía darse el lujo de estar en un hotel caro. El hombre refunfuñó algo en su idioma natal y estacionó mientras le daba la cifra final por aquella carrera, Gustav pagó y el mismo sacó su maleta aunque ese no era el Hotel dónde debía hospedarse, aguardó a que el hombre se fuera y se acercó a preguntarle a un botones que ya se había acercado a él, por el hotel que buscaba.

El "New York Palace Hotel" se encontraba sólo a un par de calles de ahí y justo enfrente de la St. Patrick s Cathedral por lo que no podía perderse. Gustav avanzó moviéndose con agilidad entre el gentío, su estatura era un punto a favor, su cicatriz y la cara de pocos amigos hacía que su avance fuera rápido. Mientras caminaba pensaba en que debería haber ido acompañado y, que junto a "alguien" podrían haber dado una paliza a esos negros bravucones...La idea le hizo sonreír y pensando esa clase de cosas llegó al monumental hotel, lo había visto a través de internet pero en directo era aún más imponente con su torre contigua de 55 pisos. El rubio buscó en su bolso de mano y rezó porqué Feliks le hubiera reservado una habitación en un piso menor pues con su fobia a los ascensores,realmente lo mataría si el hacker le había reservado en el mismo piso 55. Buscó el pasaporte falso que lo presentaba como Ducky Bolton y reprimió un suspiro de fastidio recordando mentalmente que asesinaría a Feliks por ello...Al levantar la vista vio que un hombre sonriente aguardaba y entregándole su maleta intentó mostrarse agradable, cortés y tarado como ese jodido nombre que tenía. Ambos caminaron a la recepción y allí se enteró que su reserva estaba para una habitación doble en el piso 23, rió y se mostró encantado y mucho más cuando le explicó al botones que, de ninguna manera subiría en ascensor hasta allá, el hombre lo miró y luego al de recepción y Gustav supo lo que pensaba y dándole una palmadita en el hombro le dijo: - Ve por el ascensor y espérame allá, subiré por las...escaleras.

Con una falsa sonrisa respiró hondo y comenzó a subir, en cada peldaño maldecía internamente al Hacker y esperaba que se rompiera una pierna allá en Berlin por semejante jugarreta, cuando iba en el piso 12 notó que comenzaba a cansarse pero tras un breve descanso prosiguió sintiendo cada unos de sus años en los pisos siguientes, al llegar al 23 respiró hondo y vio que el botones le aguardaba allí fuera del ascensor, el hombrecillo se le acercó y le comentó mientras avanzaban por el pasillo alfombrado que le parecía admirable aquello de subir los 23 pisos a pie. Gustav sólo sonrió y mientras el hombre abría la puerta de su habitación, le dio una propina y se dirigió al minibar a buscar agua, la necesitaba. Destapando una botella de "Evian" bebió un gran sorbo mientras se quitaba el abrigo y lo dejaba sobre el sofá. La habitación era admirable y la vista aún mejor, estaba templado y mientras caminaba hacia los ventanales pensó en lo que debía hacer en Nueva York.

Para su desgracia no se trataba de volar nada, simplemente entregar un sobre a un contacto terrorista llamado "Abraham" el cuál debía estar en un Bar determinado a una hora determinada al día siguiente, su estadía contaba con 4 días por lo que tendría 2 para hacer lo que quisiera, tal vez si tenía suerte se escapara a Las Vegas y, aquella idea sirvió para animarle el día o la tarde...En realidad no tenía idea de la hora y al mirar a través del ventanal vio que bien podían ser las 14:00 o las 17:00 y, mientras le enviaba un mensaje a Feliks advirtiéndole que se las iba a pagar dejó la botella de agua mineral sobre la mesa de centro y respiró con nostalgia, caminó al baño y decidió darse una larga ducha pensando en que un día recorrería el mundo pero, acompañado. Al finalizar se enfundó en una bata blanca y se dedicó a ver Televisión mientras buscaba en su móvil la manera de averiguar la hora, no estaba cansado y tras un rato de hacer zapping viendo la de inutilidades que vendían por TV se aburrió y vistiéndose con jeans y un suéter de cachemira gris decidió subir al Bar pues era la atracción y se encontraba en la azotea.

Gustav buscó la llave de la habitación y, tras caminar por el pasillo miró largo rato el ascensor y decidiéndose optó por subir en él mientras sentía un nudo en la garganta. Odiaba los lugares pequeños y allí se sentía dentro de una caja de fósforos. Nadie más iba en él y, cuando éste se detuvo en el piso 34 alzó una ceja y aguardó, las puertas metálicas se abrieron y una mujer entró en él sin mirarlo siquiera. Sonrió y mientras se apoyaba fingiendo una tranquilidad que estaba lejos de sentir se frotó la barbilla recién afeitada y con un tono de ironía típico de él comentó: - ¿Qué posibilidades hay de tener sexo en este ascensor contigo...Rubia? - su sonrisa se amplió observando la figura de la joven, se veía bastante mejor vestida de esa manera y sin tanta ropa. Además encontrarla ahí, era bastante extraño y en el mismo hotel, no creía en las coincidencias y mientras caminaba para acercársele por detrás añadió: -Si fuera desconfiado creería que me sigues porque no puedes estar sin mí, o que eres masoquista y los puñales te atraen tanto que eres capaz de viajar miles de kilómetros para sentir uno ¿O me equivoco? - mientras hablaba presionó el botón y el ascensor se detuvo en el piso 42, fastidiar a esa mujer en particular era algo que no tenía precio ni comparación.
Thanks Sophie.


Última edición por Gustav Maier el Mar Ene 08, 2013 2:00 pm, editado 3 veces


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Re: Pánico en New York || Sarah Alman

Mensaje por Sarah Alman el Jue Ene 03, 2013 10:59 pm


Pánico en New York
«Lo último que uno sabe es por donde empezar.»
₪ 4.Ene ₪ N.Y. Palace Hotel ₪ 7PM aprox. ₪ Gustav Maier ₪

La paciencia, sin lugar a dudas, nunca había sido mi virtud. Más exactamente carecía de ella en todos y cada uno de los aspectos de mi vida; el laboral no era la excepción.
Había esperado saber algo de Chaos, ese terrorista que tan amablemente me había ofrecido su colaboración y del que no sabía nada hace unas... ¿Dos semanas? Bah, el tiempo tampoco era importante. Realmente había esperado saber algo desde hacía menos, pero ya estaba harta.
El hijo del ministro estaba secuestrado, era evidente y se suponía yo tenía que salvarlo o al menos llevarle algún pedazo a su padre para que pudiera dárselas de padre dolido y destruido por la culpa, llorarlo o lo que fuese y luego pasar página. En fin, para trabajos estúpidos había larga lista... Salvar un mocoso se incluía, sin lugar a dudas. Y necesitaba, sobre todas las cosas, información.
El número de células terroristas que actuaban tan solo en la capital era ciertamente, alto, no todos los terroristas se conocían ni trabajaban de la misma forma, incluso tenían sus claras y mal llevadas diferencias... Pero el secuestro de polluelo Zöllervich seguro era conocido por casi todos ellos. Había que admitirlo, quien se lo hubiese llevado, había sido un idiota con dos cojones, mucha suerte y la sangre fría de lograr eludir medidas de seguridad, escoltas y otras cosas. Pensaba pillar a ese tío, antes de pegarle un tiro le pediría un autógrafo... Lo había hecho bien pero no pensaba dejar que un esbirro de tres al cuarto lo hiciera mejor que yo. Yo siempre era la mejor.
Con un suspiro coloqué mis gafas de sol, unas Ray-Ban Clubmaster de color celeste que había encargado solo por el gusto de tenerlas de ese color y salí hacía fuera de la terminal. El frío era evidente pero sin duda, nada comparable al de mi Alemania natal. Aquel frío era casi incomparable... Un frío especial.
A pesar de que sucios y ya escasos montones de nieve se acumulaban en las aceras, el sol estaba bien claro en el cielo y le daba cierto toque cálido a la estampa, por un instante solo cerré los ojos y dejé que mis mejillas disfrutaran de aquel contacto. Un instante de relajación antes de sacudir mi cabeza y volver al mundo real, dirigiéndome a la zona del aparcamiento donde esperaban los coches alquilados, la llave me la habían entregado nada más salir del avión y es que como le dije al tipo de la reservación: No tenía intención de ir al otro extremo del aeropuerto a buscar su oficina, yo pagaba, ellos movieran el culo.
Una sonrisita, autosuficiente, egocéntrica y con cierto aire infantil llenó mi rostro al abrir a unos metros el coche y poder acercarme a aquel pequeño... Porsche no era de mis fabricantes de deportivos favoritos pero era lo mejor que me habían podido ofrecer con tan poco tiempo. El negro brillante, intenso y metalizado del Cayman era una invitación a ganarme unas pocas multas de tráfico. Tenía que admitirlo, cuando me salía el lado niñita de papá, era una pija consumidora con una tarjeta de plástico quemándole en la mano.
Conducir tras sus cristales tintados era un placer, aunque a medida que llegaba al centro el tráfico era una pesadilla. Nueva York no era para gente impaciente y poco dada a las aglomeraciones de gente, en ese momento recordé de forma bien clara porque casi nunca conducía en Berlín. Los atascos me ponían de muy mal humor. Mucho. Demasiado, tanto que inconscientemente comencé a morderme una de las uñas de la mano derecha, en cuanto me di cuenta paré con aquel mal hábito y murmuré un imbécil que iba dirigido solo para mi propia persona. Lo mejor, decidí, era abrir la ventanilla, sacar un cigarro y fumar, intentando no joder la tapicería de piel color crema.
Media cajetilla después logré llegar al hotel. Me detuve con un frenazo en la puerta, mi humor era de perros y miré de tal forma al joven aparcacoches que casi podía jurar haberlo oído atragantarse con su propia saliva.
Los trámites fueron rápidos, un botones tomó mi escaso equipaje, una sola bolsa. La muchacha de recepción me extendió la tarjeta que abría la puerta de mi habitación. Mientras me quitaba las gafas y caminaba por el pulido suelo de mármol recordé el motivo de mi viaje.
Me había costado un pequeña fortuna vigilar a ese tipo pero contar con los mejores era algo que se pagaba. O las mejores. Belial... Una mujer, si lo contara en el cuartel morirían. Pero parte de trabajar en ocasiones con ayudas de una delincuente era no abrir la boca, en eso era buena.
Hacía solo un día y medio había dado con los billetes y la reserva bajo un nombre falso para el chico de la cicatriz, me había costado encontrar habitación, coche y sobretodo, un vuelo que aterrizara en la ciudad horas antes que el de Chaos pero allí estaba. Cuando algo se me metía en la cabeza no paraba hasta lograrlo y al observar por las cristaleras de mi habitación, en la planta treinta y cuatro sonreí, siempre lograba lo que quería. Miré el reloj y decidí que aún me quedaba tiempo para una ducha... Podía esperar hasta la noche para buscarle, incluso tenía su número de habitación.
Cuando salí aún podía resultar pronto para una copa pero el jet-lag parecía darme escusa para ello. Una copita de whisky en uno de los lugares con mejores vistas de Nueva York a nadie hacían daño. Una falda negra de tubo desde la cintura hasta por encima de la rodilla y una camisa amplia de lino blanca con unos pocos botones desabrochados además de unos odiosos pero estéticos tacones me parecieron oportunos para el local, que como el hotel en el que se hallaba, era bastante exclusivo, no era sitio de ir en vaqueros, converse y sudadera para mi desgracia.
Entonces, como si de un golpe de suerte se tratase, el ascensor se abrió y dejó ante mi a la persona a la que había ido a buscar desde el otro lado del océano. Bien, eso simplificaría las cosas pensé sonriente mientras entraba. Le ignoré y quedé viendo la puerta que se cerraba, expectante y divertida de cómo podría reaccionar. Su abordaje aquel día en la plaza sin lugar a dudas había sido algo sorprenderte, esperaba haber devuelto el efecto.
-Bueno, tener sexo conmigo en un ascensor es algo que pocos tienen a su alcance, tú, rubio, no tendrás esa oportunidad ni en un millón de años- comenté divertida, devolviendo el odiado calificativo, mientras miraba mis uñas fingiendo ignorarlo. Sexo con él. Tanto como un millón de años era ¿exagerar? Reprimí una carcajada por ese pensamiento. Cerré los ojos un momento, concentrada en oír sus pasos acercarse a mi, al abrirlos lo miré por sobre mi hombro.- Oh, me has pillado, tengo una vena sadomasoquista que me pide a gritos que te arranque la ropa y me deje apuñalar...- le comenté con voz insinuante antes de guiñarle. Era divertido, surrealista, pero estaba sucediendo. Era la conversación más extraña e inesperada que había tenido en un ascensor que justo entonces se detenía. Me giré en redondo y clavé mi mirada en sus ojos.- Bueno rubito, no tengo ningún problema en quedarme en una caja colgada a varios cientos de metros del suelo contigo pero preferiría, si tengo que soportarte, que hubiese un poco de alcohol a mi alcance...



Última edición por Sarah Alman el Mar Ene 08, 2013 3:18 am, editado 1 vez


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Re: Pánico en New York || Sarah Alman

Mensaje por Gustav Maier el Vie Ene 04, 2013 9:57 pm


Pánico en New York



Sarah Alman Θ Nublado Θ 04 de Enero

Estaba disfrutando aquello y no se hacía ninguna ilusión de que ese encuentro era casual, las coincidencias y similitudes no existían en su vida y mucho menos cuando se trataba de esa mujer en particular. Pero Gustav no era alguien que perdiera la calma y reaccionaba igual estando sorprendido o tan tranquilo como el mar en calma. Esperaba un golpe en respuesta a sus palabras ya que no era primera vez que se le insinuaba de aquella manera a la mujer que tenía delante, era hermosa y no era su culpa que provocara su lujuria cada vez que la veía. Él sonrió sin perder detalle de la mujer y apenas se movió un par de centímetros cuando ella se giró y ambos se miraron con desafío, diversión y algo de suspicacia pues era un juego sin reglas fijas entre los dos.

- No seas aguafiestas blondie...Sabes que por muy sofisticado que sea este Hotel lo más maravilloso que encontrarás es que el ascensor te hable, si quieres un trago... - Presionó otra vez el botón y el ascensor continuó ascendiendo - Si quieres una copa vamos al Bar, estoy ansioso por celebrar esta enorme coincidencia - finalizó con acento irónico y sin apartarse demasiado de ella, era delicioso invadir su espacio personal.

En el piso 45 subió una pareja de mujeres maduras, de esas jubiladas con dinero de sobra para gastar. Gustav se alejó un poco más de la mujer para no ofender a las otras dos y cruzándose de brazos miraba de reojo a las tres féminas. Las mayores no tardaron en enfrascarse en una conversación en susurros y se preguntó el por qué siempre se susurraba en ascensores o en el tren, aunque aquella pregunta quedaría sólo para sí mismo. Miró los números en el panel superior sin dejar que su fobia a esas cajas metálicas se notase pero dejó escapar el aire cuando por fin llegaron al último piso. Las puertas se abrieron y con un gesto educado dejó que las 3 descendieran, la vista desde ahí era magnífica y el tejado de fibra de vidrio impedía que el frío exterior penetrara allí.

Había una piscina rectangular con luces de colores en el fondo, pero la atracción era el Bar/Restaurant con su decoración ecléctica y unas mesitas blancas , habían sofás y lámparas alrededor de la baranda e incluso unos árboles a tono. La mayoría de los contertulios vestían de colores claros y, ellos no resultaban demasiado diferentes aunque parecían parientes por ser ambos rubios. Gustav sonrió con aire de suficiencia mientras escoltaba a la joven a uno de los sofás de la azotea y guiñándole un ojo exclamó: - ¿Un mojito para limar asperezas? Podríamos terminar bebiendo tequila para descubrir quién habla primero acerca de lo que verdaderamente hacemos acá...Sería divertido, ambos sabemos que de nuestros bolsillos no saldrá ningún gasto excesivo - Con un gesto al mozo pidió dos Mojitos y , mientras el hombre iba por ellos, Gustav apoyó el mentón en la palma de la mano y susurró: - ¿Algo que desees saber? estamos en tierra neutral chica X.

Spoiler:
Parte del Bar
Thanks Sophie.


Última edición por Gustav Maier el Mar Ene 08, 2013 2:02 pm, editado 2 veces


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Re: Pánico en New York || Sarah Alman

Mensaje por Sarah Alman el Sáb Ene 05, 2013 5:32 pm


Ese era el típico momento en que la gente apostaría porque golpearía y torturaría hasta el cansancio al rubio que parecía tener un pequeño problema con lo de tontear. Momento en el que todos perderían. Aquello era divertido y tuve que reprimir una risa. Por el contrario, enarqué una ceja y lo miré fijamente, sin separarme.
-Yo también tengo ganas de celebrar... Luego del alcohol veremos quién es el aguafiestas- dije en tono sensual antes de guiñarle un ojo y volver a girarme.
El ascensor volvió a iniciar su ascenso y unos pisos después dos señoronas se subieron, solo tuve que mirarlas de reojo para ver que hablaban de Gustav y poner los ojos en blanco. Marujas. Era obvio que casi cualquier mujer que entrara se iba a pasar el rato hablando o pensando en el rubio alto y guapo del ascensor pero sin lugar a dudas, era patético... Un momento: yo estaba pensando ahora mismo en él. Hice una ligera mueca y comencé a repasar mentalmente unos documentos que ayer había tenido que entregar a uno de mis superiores, nada importante, documentación de rutina, pero mucho mejor que pensar en ese y ser tan patética como aquellas dos.
Una vez llegamos salí del ascensor sin mirar tan solo una vez a ninguno de los tres y entré al bar con paso firme sin dedicarle mucha atención al lugar. Era tan lujoso y elegante como esperaba, como sabía que sería. Era la primera vez que estaba en él pero una vez ibas a tres o cuatro hoteles, restaurante y lugares de ese estilo, los tenías todos vistos... Que disfrutara del lujo no significaba que se me hicieran tan especial.
Aunque las vistas eran hermosas el lugar, que estaba aislado del exterior, se me hizo un poco asfixiante. Demasiado calor cuando esperaba poder disfrutar del aire fresco y la brisa propia de estar a semejante altura en pleno invierno... Solté un ligero suspiro mientras me acomodaba en uno de los blancos sofás de piel y cruce mis piernas por los tobillos y por primera vez desde que el ascensor había vuelto a subir reparé en mi "acompañante" y sonreí levemente.
-Y yo que esperaba que esas dos marujas te violaran de forma atroz y salvaje en el ascensor mientras yo disfrutaba de mi bebida... Lástima.
Me recosté contra el respaldo y apoyé los codos en este, admirando la vista.
-No necesito alcohol para decirte nada, he venido solo para eso... No voy a decir que viajar a sido un gran sacrificio- admití con tono aburrido para restar importancia, pues viajar era uno de mis mayores hobbies y ya que había ido, aunque dudaba tardar demasiado, pensaba quedarme unos días tan solo a disfrutar.- Pero tampoco me agrada perder el tiempo. ¿Qué sabes del hijo del ministro Zollërvich?- pregunté sin dar rodeos.
Fruncí levemente los labios al verlo pedir dos mojitos, no tenías nada en contra de la bebida, me gustaba, pero no era lo que me apetecía en ese momento y desde luego, odiaba que pidieran por mi. Me contuve de hacer algún comentario y una vez el camarero trajo ambas bebidas le dediqué una sonrisa que al chico pareció encantarle y tomé la bebida para darle un trago. Mientras antes terminara el mojito antes podría beber otra cosa. En unos minutos solo hubo un incómodo silencio y con un suspiro decidí que era el momento de romperlo, bebí nuevamente de la copa y pasé la lengua por mi labio inferior para quitar algunos granos de azúcar.
-¿Y bien? Seguro que sabes lo que quiero saber rubio y nos ahorrarías tiempo a ambos si comienzas a contarme.



Última edición por Sarah Alman el Mar Ene 08, 2013 3:24 am, editado 1 vez


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Re: Pánico en New York || Sarah Alman

Mensaje por Gustav Maier el Dom Ene 06, 2013 2:17 pm


Pánico en New York



Sarah Alman Θ Nublado Θ 04 de Enero

La situación era pareja y de momento la balanza no oscilaba hacia ninguno de los dos. Gustav meditaba acerca de alguien a quien había dejado en Berlin, el lujo del hotel no le impresionaba pues aunque había nacido en una familia de clase media, al casarse su nivel económico había ascendido bastante ya que su "esposa" provenía de una familia adinerada y la herencia había sido toda para él. Pero no era en ello en lo que pensaba sino en aquella misión justo en medio de otra, a su parecer más importante. Miró su reloj y vio que faltaban 15 minutos para que fuera una hora, mientras los mozos deambulaban de acá para allá decidió enviar un mensaje en clave como siempre hacía y, probando el trago lo degustó aparentando total naturalidad.

Una carcajada escapó de sus labios al escuchar aquello de las mujeres y mirando alrededor las distinguió sentadas al fondo charlando y, mirándoles de vez en cuando se encogió de hombros y replicó: - No me di cuenta, pero no habría consentido a ninguna propuesta para satisfacer tus deseos oscuros, esas mujeres son muy mayores y podrían ser mis abuelas... - bufó y volvió a beber de su trago mientras la estudiaba pues ella aún negaba que estuviera ahí siguiéndole y, aunque podía ser persuasivo, en ocasiones eran necesarios métodos mas dolorosos para obligar a las personas a hablar.

El rubio la observó a los ojos mientras escuchaba su pregunta y quedándose pensativo pensó en el Ministro y en el crío que, a esas alturas estaba solo con Jarko allá en Berlin. Esa perspectiva no era alentadora y le hacía querer terminar pronto con esa "entrega especial" pues no había nadie que frenara que la escasa paciencia del moreno terminara con ese niño hecho pedacitos. Respiró y murmuró: - Conozco al chico, suele salir seguido en el periódico pero no se nada de un secuestro más de lo que publica la prensa, su padre es importante y el niño podría estar en manos de cualquiera - terminó de beber y sonrió -¿Para eso viniste aquí? me temo que ha sido una pérdida de tiempo creer que yo se algo acerca de Yákov Zollërvich - hizo girar su copa y sin mirarla añadió: - Averiguaré, y si me entero de alguna pista te lo haré saber...Los viajes me ponen de buen humor -La observó esperando su reacción.
Thanks Sophie.


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Re: Pánico en New York || Sarah Alman

Mensaje por Sarah Alman el Dom Ene 06, 2013 5:55 pm


Chasqueé la lengua molesta y terminé en un par de tragos mi bebida, cuando un camarero pasó cerca pedí un whisky solo que en pocos minutos pude degustar, di un suave sorbo y dejé que el sabor del líquido ambarino impregnara mi paladar. Cerré los ojos y me abandoné por unos instantes solo a aquel sabor y a la sensación de ardor mientras intentaba relajar mi carácter que por encima de todo, no toleraba las mentiras. Sabía que ese hombre junto a mi sabía algo. Estaba casi segura de que estaba implicado... Pero aún necesitaba una prueba y mirando mi reloj de muñeca supe que el momento de la verdad podría llegar en pocos minutos. Ignorando el acertado comentario sobre las abuelas me puse en pie de forma ágil tras vaciar el vaso de un trago y dejarlo en la mesa; lo miré de arriba abajo. Algún día descubriría todo de él... Solo por el placer de revelar el misterio que suponía.
-Bueno, si me disculpas... Hice un largo viaje para tener una respuesta y mi paciencia no va a tolerar que intentes volver a tomarme el pelo.
Mi voz era dulce y educada pero esperaba que notara la verdadera amenaza bajo aquel tono correcto y amable. Mi paciencia tenía límites y muy escasos sobretodo en materias de tolerar mentiras. No era solo el simple hecho de la mentira; se estaba burlando de mi inteligencia y de mi profesionalidad. ¿De verdad creía que si había sido capaz de encontrarlo en aquella ciudad, a miles de kilómetros de Berlín, no tendría acceso a la suficiente información como para ver sus mentiras? Quería agarrarlo del cabello y comenzar a golpear su cabeza contra la mesa, una, dos, mil veces, hasta que su bonita cara quedara completamente irreconocible... Este deseo me hizo cerrar las manos en puños mientras me dirigía a la barra, en ella pedí, bueno, exigí una botella de whisky que tras unos minutos de insistencia cargaron a mi habitación para al fin poder llevármela. Me acerqué al ascensor y como imaginé una puerta conducía a la escalera de emergencias y un último tramo ascendía a lo que sería una terraza aparte. Subí los peldaños a oscuras con cuidado y bien agarrada a la barandilla pues aunque llevaba poco alcohol los tacones no eran de ayuda, aunque tampoco quería quedarme mucho tiempo en aquel sitio oscuro. Oscuro... Una vez abierta la siguiente puerta inspiré el helado aire nocturno y me acerqué al filo, tras admirar la vista un instante me senté allí, dejando mis pies colgando del vacío como tanto me gustaba hacer... Lejos de darme miedo, las alturas me fascinaban y junto con la botella que abría en aquel momento, servían para mantener lejos ese pequeño instante de miedo. Terror, pánico. Como fuese no debía pensar en ello y tras lo que apenas fueron veinte minutos mi móvil sonó. Sonreí y mi sonrisa se amplió al ver que efectivamente era Bel, siempre puntual en sus plazos de entrega.
Como bien había dicho Chaos el secuestro había sido filtrado a la prensa pero no tenía sentido. Solo yo, el ministro y los cinco encargados principales de la seguridad del ministro sabían de la desaparición del chico, la escusa oficial, en el colegio y demás era que el chico estaba en un internado inglés por sus peleas frecuentes con su padre. Esos cinco hombres no ganarían nada filtrando la noticia pues sería como publicar un gran cartel en fluorescente que pusiera "Somos unos inútiles que ni para niñeras servimos" además, su silencio era generosamente pagado. El ministro y yo, obviamente, no habíamos sido. Quedaban obviamente los secuestradores pero ni si quiera se habían puesto en contacto con el señor Zöllervich, no tenía sentido que se pusieran en contacto con un periódico... Solo con uno. Pues había sido curioso, pero la filtración a la prensa había sido un curioso efecto dominó. Un periódico berlinés había publicado la noticia y de ahí otros cientos de medios de comunicación se habían subido al carro y buscado sus propias pistas pero, lo importante, era saber qué había ocurrido para que aquel primer periodista hubiese sabido eso y tenía mi teoría... Mientras las imágenes del correo cargaban me planteé la idea de estar equivocada y supe que si así era, posiblemente había cabreado a un aliado, hecho un viaje para nada y sobretodo: no tenía idea de por dónde seguir. Aunque encontraría algo... O no sería necesario.
-Mentiroso...- murmuré divertida en exceso por el alcohol mientras observaba las imágenes de una cámara de seguridad del periódico en cuestión y en ellas un joven rubio, alto y pálido al que en algunas fotos dejaban apreciar su cicatriz y cuyos ojos azules no eran demasiado visibles... Pero era él y tenía algo sobre el chico misterioso.- Gustav Maier... Te pillé- comenté risueña para mi misma, ahora solo debía pensar si esperar a que él viniera a mi o por el contrario buscarle y apretarle las tuercas. Había ido a por información y me iría con ella.



Última edición por Sarah Alman el Mar Ene 08, 2013 3:25 am, editado 1 vez


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Re: Pánico en New York || Sarah Alman

Mensaje por Gustav Maier el Dom Ene 06, 2013 9:32 pm


Pánico en New York



Sarah Alman Θ Nublado Θ 04 de Enero

Esperaba pues según como ella se tomara sus respuestas le diría si ya sabía algo del tema o no, tamborileó con los dedos en la superficie de madera pulida de uno de los maceteros con esos bonitos árboles similares que decoraban la azotea y ni siquiera parpadeó cuando la mujer pareció más que molesta y con toda la razón del mundo. Él sólo la observó en silencio viéndola marcharse y sacando su celular envió un mensaje anunciando que estaba ya en tierra firme, rió al recibir la respuesta y recordó que tenía varios souvenirs para Jarko que había comprado en el Aeropuerto, pero el más importante lo había visto por internet y debía ir a retirarla.

Vio a la rubia alejarse y dejó de pensar en esa bola de nieve que tenía para Jarko, la siguió a una distancia prudente y aguardó mientras pensaba en qué posición tomar. Las dos mujeres le observaron y él les guiñó un ojo con los que les arrancó carcajadas, ascendió por aquella salida lateral y sólo la observó pensativo por unos 15 minutos hasta que la vibración de su móvil le sacó de sus pensamientos. Todo estaba bien y él esperaba poder finalizar rápidamente con aquella visita relámpago a la ciudad de Nueva York, no sólo porque su corazón estaba en Berlin, sino también por la seguridad del crío. Una pareja se deslizó entre las sombras y tras ver que el balcón estaba ocupado siguieron furtivamente hacia las escaleras, él les siguió con la mirada y no necesitó ver sus pasos tambaleantes y oír sus risas sofocadas para adivinar que harían.

Pero su interés estaba en aquella rubia y, acercándose a ella por detrás la tomó por la fina cintura y mirando el panorama por sobre su hombro izquierdo contempló las luces de la Ciudad, era una vista magnífica y sin soltarla dijo a media voz: -Qué fácil sería que sufrieras un accidente, es tan desafortunado ver un cuerpo cuando ha caído desde una altura como esta.¿55 pisos,no? - sonrió y continuó con ese tono de voz calmado y bien modulado -¿Creías que iba a decirte algo sin nada a cambio? Tal vez tenga información pero si yo hablara tan fácilmente no sería divertido ni para ti ni para mi...Sarah - Dijo su nombre con delicadeza, ellos también tenían sus informantes y hackers especialistas en sacar todo a la luz y, la base de datos del MAD estaba muy mal protegida.

La soltó y apartándose, retrocedió unos pasos mientras encendía un cigarrillo y aspirando con lentitud volvió a observar las luces,la nieve y a pensar en que cada hora lejos era demasiado peligroso para su secuestrado, caminó con tranquilidad y apoyando la espalda en la baranda observó a la mujer a los ojos -El chiquillo está bien y llegará a salvo a su familia, es lo que se dice...Matar a un niño haría que el público dejara de mirar con simpatía a los Terroristas y a mi, me parece lógico¿A ti,no "Chica trepabarandas"? - Aunque conocía su nombre siempre era más divertido inventarle apodos y, él tenía bastantes para dedicarle.
Thanks Sophie.


Última edición por Gustav Maier el Mar Ene 08, 2013 2:04 pm, editado 1 vez


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Re: Pánico en New York || Sarah Alman

Mensaje por Sarah Alman el Dom Ene 06, 2013 9:56 pm


Me tensé por completo cuando me agarró por la cintura, no me agradaba y no por la ¿amenaza? Simplemente estaba de mal humor para esos juegos.
-Si tengo que elegir como morir me gustaría que fuera así- admití sin darle muchas vueltas antes de volver a beber de mi botella.- Un desagradable espectáculo para el tipo que pase por abajo y para el que deba despegar los sesos del suelo pero yo moriría antes de tocar el suelo- me encogí de hombros y seguí mirando la ciudad y de vez en cuando, dedicaba miradas al suelo... Negué suavemente y di otro trago.
Puse los ojos en blanco, cuando se trataba de trabajo no me gustaban los juegos, cuando se trataba de un niño que debía volver todo lo entero posible con su padre menos aún. Era cierto, había hecho todo ese viaje solo para aquella pregunta en una semana realmente agotadora. Posiblemente, calculado a ojo, llevaba más de 50 horas sin dormir y unas 20 sin comer. Mi humor no estaba para juegos.
-Pide lo que quieras a cambio y listo- solté en tono ácido.- Querías saber para que vine y tuve la... consideración de ir directa al grano para que prosigas tu viaje como si yo nunca hubiese estado aquí. Esperaba que al menos tuvieras el mismo proceder y así ambos nos libremos el uno del otro. Seguro que ambos tenemos cosas mejores que hacer...
Le dediqué una mirada fría y luego volví a mirar al frente para beber de la botella que de forma alarmante se estaba quedando vacía. Por desgracia o por suerte, él no parecía haber encontrado un hacker tan bueno como Bel, pues solo ella había descubierto aquello... Alejados de mis padres solo él y ella lo sabían, él por un ¿despiste? mío. Pero bueno, tampoco me importaba que supiera mi nombre.
-Bien chico de los jueguecitos. Cierto, no es conveniente para ganarse la opinión pública pero con chalados como algunos de los terroristas no tardaréis en tener a toda la opinión pública odiándoos. Además, si yo fuera un terrorista podría encontrarle cierto elemento desestabilizador al gobierno y la sociedad de coger un cuchillo y cortarle la cabeza a un mocoso, hijo de un importante ministro, en vivo y directo por la tele... Una señal pirata en algún canal internacional y paf, el caos y el terror- reprimí una risa al recordar la última vez que tuve la suerte de rebanarle el cuello a alguien.- Nadie sensato y conocido como un ministro o autoridad volvería a intentar interceder o evitar que los terroristas obtuvieran más poder, el miedo y las ataduras sentimentales de los idiotas son grandes aliados seas del bando que seas- me encogí de hombros y de un trago terminé la botella, sintiendo un ligero mareo.- Pero solo es mi humilde y posiblemente retorcida opinión- finalicé.
Volví a guardar el móvil en el bolso y me estiré haciendo que mis brazos, espalda y cuello crujieran. Me tendría que dar una vuelta por el Spa pero eso sería mañana... Ahora solo quería terminar esa charla y quién sabe, podía ir a ver al camarero; estaba bastante bueno.



Última edición por Sarah Alman el Mar Ene 08, 2013 3:27 am, editado 1 vez


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Re: Pánico en New York || Sarah Alman

Mensaje por Gustav Maier el Lun Ene 07, 2013 2:39 pm


Pánico en New York



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Su evidente mal humor le encantaba, él no era de aquellos a quienes les gustaba coquetear con chicas dóciles o que asentían por todo dando la razón hasta a lo más imposible. Aquello le aburría pues el final era predecible y la satisfacción era similar al hastío. Sin dejar de fumar escuchó ese discurso, era algo creíble y sería viable si el niño no hubiese caído en sus manos pues existían otras facciones más extremistas que no dudarían en exhibirlo como si fuera un cordero degollado. Sonrió imaginándose la escena y el pánico,la ira y las crisis de aquellas madres sobre protectoras como la suya que no dejarían a sus hijos solos ni para ir al baño.

-Que considerada eres, pero no creeré que estás acá sólo por esto y si yo fuera tú tendría en la mira a más terroristas para preguntarles pues yo no soy el único que anda en Nueva York - La miró y luego observó su reloj sin decir nada y limitándose a oír todo lo que podría hacerse con el hijo del Ministro, no diría ni si ni no pues cualquier palabra que brotara de sus labios podría significar dar demasiada información y cuando ésta terminó, miró la colilla de su cigarrillo y la dejó caer al vacío mientras intentaba seguirla con la mirada a través de su caída.

La botella estaba vacía y la mujer parecía cada vez menos dueña de si misma, una oportunidad para otros y tal vez para el hombre que era antes pues ahora la vida era más sencilla y a la vez no. Suspiró y sacando el sobre que debía entregar a su contacto lo observó, era blanco sin nada escrito en él, lo hizo girar entre sus dedos con una sonrisa y murmuró: -Ajá, posiblemente sea así si el niño estuviese efectivamente entre terroristas...Pero ¿Quién te dice que no son los de la RSV o incluso alguien que desea culpar a los pobres terroristas de todo? Si piensa como tú sería una opción que de seguro no has considerado.

Gustav guardó el sobre en el bolsillo de su chaqueta y girándose contempló las escaleras por dónde ambos habían subido, miró una vez más a la mujer y sintió deseos de aprovecharse de aquel estado etílico, pero sería demasiado fácil y no tenía tiempo que perder pues debía estar en una hora frente al Rockefeller Center, comenzó a caminar y dijo: - ¿Quieres dar un paseo productivo? Si es así sígueme y tal vez logres algo de información...Te espero en el Rockefeller Center en una hora y aunque se que te costará dejar de verme, te aconsejaría que miraras a un hombre con una bufanda roja bastante notoria - El rubio se giró y sonriendo añadió: - Debo entregarle algo, es el sub-líder de una célula que vive acá y es nuestro contacto, podrás tener nombres y posibles planes de futuros ataques así que te aconsejo que estés alerta y luego, no me digas que saliste de USA con las manos vacías.

Bajó rápidamente las escaleras y pasando junto a la pareja salió a la terraza dónde se encontraban ambas mujeres de edad, que ahora bromeaban con dos hombres similares, tras echarles una ojeada salió por el pasillo rumbo al ascensor y deteniéndose allí pulsó en interruptor a regañadientes, pues no tenía tiempo para bajar por las escaleras. Subió a él y sin esperar a la rubia descendió hasta la planta de entrada, sin responder el saludo del recepcionista salió al exterior y aguardó por un taxi sintiendo que el frío era asesino a esas horas pero no tanto como quién tenía en sus manos a Yákov Zollërvich en esos momentos.
Thanks Sophie.


Última edición por Gustav Maier el Mar Ene 08, 2013 2:06 pm, editado 1 vez


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Re: Pánico en New York || Sarah Alman

Mensaje por Sarah Alman el Lun Ene 07, 2013 4:10 pm


Puse los ojos en blanco y me puse en pie sobre el escaso bordillo exterior. Me alegraba tener la suficiente tolerancia al alcohol para no estar falta de equilibrio porque los tacones no ayudaban. Suspiré antes de con un saltito y apoyando la mano en la baranda pasar a la terraza y estar el "tierra firme".
-Ya, si quieres seguir pensando que he venido porque no puedo vivir sin ti y necesito acosarte sexualmente hazlo- le dije acercándome y mirándolo fijo a los ojos.- Soy una chica simple y me mueven motivos simples. Vine solo para lo que te dije y en todo caso, para aprovechar y alargar mi viaje unos días para descansar ¿Te basta? Además, no sé por quién me has tomado- bufé.- Eres el único terrorista al que tolero lo suficiente para intentar no matarte, si me acercara a otro "hola, buenas noches, quiero información" eso no terminaría bonito... Para el otro- lo pensé un instante.- Digamos esta es la excepción que confirma la regla de nada de confraternizar o tratar pacíficamente al enemigo- me giré en redondo para quedar mirando nuevamente las vistas.- Si no fuera por tu carita bonita y porque me eres útil no te aguantaría.
Crucé mis brazos apoyados sobre el hierro de la barandilla y apoyé mi peso en ella, lo escuché juguetear con algo que sonaba como papel y con una mirada de reojo vi un sobre aunque decidí no decir nada al respecto y mirar al frente. Pregunta de respuesta sencilla.
-Simple: Los terroristas no tenéis de "pobres" ni la cuenta corriente y por otro lado, no me extrañaría que hubiese un doble agente metido de por medio, esto les daría la escusa suficiente para meterse de lleno en nuestro territorio... Pero el modo de hacerlo, de por si, tufa a terrorista de pacotilla de lejos- me encogí de hombros.- Si hay alguien más importante detrás de ello no lo sé, pero el trabajo lo han hecho gente como tú. Nada profesional.
Escuché sus palabras atenta y sonreí complacida. Por fin algo que me hiciera ver aquel viaje como algo productivo y mi contacto con aquel tipo, como algo útil. El Rockefeller Center estaba a apenas unas calles y yo estaba algo afectada. Ni si quiera presté atención cuando salió y la puerta de emergencias se cerró de un golpe seco. Miré mi móvil y puse una alarma, tenía 30 minutos.
Giré y a paso ligero bajé las escaleras y entré al bar, dejé la botella en la barra mientras me dirigía a la zona de ascensores y pasé de largo hacía las escaleras; necesitaba espabilarme y dejar el entumecimiento del alcohol. Me quité los tacones y con ellos en la mano comencé el descenso de pisos casi a la carrera, piso a piso iba recobrando un poco más el control sobre mi cuerpo y tras lo que pudieron ser diez minutos de descenso llegué a mi planta. Entré a mi habitación casi como un huracán, cerré de un portazo y prácticamente me arranqué la ropa que quedó tirada por el suelo mientras iba al baño, abrí bien el grifo del agua fría del lavamanos y metí la cabeza debajo dejando escapar un gritito. Dios, estaba helada. Tras unos minutos ya era completamente yo y cerrando el grifo tomé un toalla y envolví mi cabello antes de correr a la maleta y sacar unos vaqueros y una sudadera, chaqueta, lo que fuera. Me lo puse todo sin tomar demasiada atención, antes de ponerme los zapatos sin atar, ya tendría tiempo de eso en el ascensor. Tras secar lo más gordo del pelo me hice una coleta, cogí la tarjeta del hotel, dinero en efectivo y uno de mis móviles justo para apagar la alarma del otro móvil. Nuevamente a la carrera salí de la habitación hacía los ascensores donde aproveché para atarme los zapatos, cuando las puertas se abrieron en la planta baja dejé la tarjeta en la recepción sin reparar en nadie y salí al frío nocturno, tras una rápida mirada para orientarme me coloqué la capucha de la chaqueta y corrí por las calles colindantes hacía el punto de reunión, aún dándole vueltas a lo del tipo de la bufanda roja...



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Re: Pánico en New York || Sarah Alman

Mensaje por Gustav Maier el Mar Ene 08, 2013 2:46 pm


Pánico en New York



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No tuvo que esperar demasiado para que un taxi se detuviera, ni siquiera había sido necesaria la intervención de alguno de los empleados del Hotel, necesitaba ganar tiempo pues aquella acción de hacer partícipe a la mujer del MAD en aquella entrega bien podría costarle el pellejo a él. Por ello era importante que ella le quitara el sobre al hombre de la bufanda roja, pues él tampoco sabía su nombre. Hizo detener el taxi, agradecido de que el conductor supiera apreciar el valor del silencio unos metros antes. Miró alrededor mientras pagaba la carrera y, por la hora el lugar estaba casi vacío aunque todavía circulaban transeúntes arrebujados en sus prendas de abrigo.

Gustav llevaba su navaja favorita y, en ésta ocasión un arma oculta bajo el abrigo. Si una certera cuchillada no daba resultado, un disparo sin duda lo haría. Se acomodó el cuello de éste y echó a andar algo tenso pues últimamente estaba teniendo molestias en la garganta y los oídos y no estaba resfriado...Pensó en dejar de fumar, ese podría ser uno de sus propósitos para este nuevo año, se detuvo frente a un carrito de perros calientes y pidió uno simple más un café, aprovechó de mirar la hora y sólo vio oficinistas siempre apurados que caminaban sin mirar alrededor. De un par de mordiscos terminó su hot dog, estaba bueno y aún bajo el alero del toldo del carrito charló algunas simplicidades con el vendedor, nada fuera de lo común le preguntó cuanto tiempo llevaba trabajando ahí, comentaron acerca del clima. Necesitaba pulir su inglés pues aún se advertían en él acentos comunes de Alemania.

El contenido del sobre...No había resistido la curiosidad de saber qué era tan importante como para sacarlo de una misión de secuestro y hacerlo ir a New York sólo a entregar un trozo de papel, sin embargo quién siempre le llamaba y al que ni siquiera le tenía un apodo le había advertido que por nada del mundo abriera el sobre pues el contenido podría significar un viaje al más allá de inmediato. Gustav captó de inmediato aquello y supo que mientras no lo abriera, estaría a salvo. Podía juguetear con él, ya que era un papel sumamente especial y no tendría ningún riesgo de muerte, ignoraba por qué querían liquidar al sujeto de la bufanda pero mientras no estuviera él en la mira realmente no le importaba.

Terminó su café y despidiéndose del vendedor echó a andar hacia el edificio, había un pequeño jardín con un monolito en el centro, una estatua representando quizás qué y se detuvo a admirarla. Por el rabillo del ojo advirtió que se acercaba alguien y le miró intentando captar la mayor cantidad de detalles sintiéndose decepcionado: Si esperaba encontrar a un hombre de aspecto siniestro se equivocó pues el sujeto parecía un oficinista cualquiera, era de estatura media y complexión algo gruesa y para colmo usaba unas gafas finas. Llevaba la bufanda roja y con un acento grave murmuró mientras fingía examinar el monumento -Schönen Abend noch.... Gustav sonrió y observándolo respondió: - Nett, Sie kennen zu lernen - Miró alrededor y no divisó a la rubia por ninguna parte, sin agregar nada sacó el sobre y tras entregárselo con la más amable de sus sonrisas susurró; - Auf Wiedersehen - asintiendo con la cabeza se alejó a paso rápido pues todo el mundo sabía que, aunque había una vacuna y tratamiento para el Antráx, mejor valía no correr riesgos.

El hombre de la bufanda caminó en dirección contraria y, dirigiéndose al interior del edificio se quedó esperando el ascensor mientras miraba en aparente calma a su alrededor. Si abría el sobre en un área abierta el polvo se propagaría como la peste negra, en cambio si lo abría dentro del ascensor tal vez sólo murieran los del Rockefeller Center y, claro...La rubia si se pasaba de confiada.

Gustav no se detuvo hasta a llegar a la otra esquina, si tenía suerte su contacto que estaba a dos pasos de la muerte abriría el sobre en el metro, y si tenía aún más suerte la rubia sería quién abriría el sobre impulsada por la curiosidad y ese afán de vivir situaciones llenas de adrenalina. Ignoraba la cantidad contenida en el sobre pero lo más seguro es que no matara a más de dos o tres centenares de personas por vía aérea,ya que no solía transmitirse de persona a persona...Una lástima pues aquello habría sido tan memorable. Iba a marcharse cuando algo llamó su atención en el edificio de enfrente: unos gritos y alzando una ceja pensó, si la rubia estaba en líos ¿Debería ayudarla?. Aguardó y sólo vio a un par de negros que corrían con una cartera bastante ostentosa, lo hubiera dejado al azar pero odiaba a esos tipos y cruzó rápidamente la calle para ir tras ellos, tendría acción también.
Thanks Sophie.


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Re: Pánico en New York || Sarah Alman

Mensaje por Sarah Alman el Mar Ene 08, 2013 4:01 pm


Durante mi vida mucha gente había sentenciado que mi peor defecto era mi nula capacidad para confiar en alguien. Aunque diera la apariencia de confiar... Nunca lo hacía. Aquella, sin duda, no era la excepción. ¿Qué ganaba Gustav haciéndome participe de aquello? Seguía sin tragarme su historia de ser aliados aunque de momento, parecía haber un pacto no hablado de no matarnos entre nosotros... Aunque estaba convencida que dejar que otros me mataran no entraba en ese silencioso acuerdo. Una entrega fuera para quién fuera de un terrorista sin duda no podía ser nada bueno.
Metí las manos en los bolsillos de la chaqueta y maldije para mi misma por solo llevar esa prenda en el torso y más aún sintiendo como las gotas de agua helada bajaban por mi nuca y la iban mojando lentamente. Miré mi reloj de muñeca mientras entraba a la plaza; iba bien de tiempo. Había dado un pequeño rodeo para entrar por una de las calles menos transitadas, aunque sin duda la marea de transeúntes que la llenaban me proporcionaba el pasar desapercibida. En uno de los muchos puestos compré un café solo, sin azúcar o leche. Realmente era más por calentarme las manos que por beberlo, pues tenía el estómago cerrado de tanta maldita carrera... Estaba viendo que mi viaje de placer y mis días de descanso me decían adiós con la manita y se iban sin mi... El mal presentimiento de que no iba a haber descanso en este día y los consecutivos pero yo no era de las que creen en presentimientos.
No llevaba la pistola, pues pasarla por los controles me resultaba tedioso, además de que no estaba de forma activa... Me había pedido un permiso en el trabajo y tenía mis serias dudas sobre si la constitución americana, fiel defensora del derecho de todo ciudadano a tener un arma con la que protegerse, incluía a los extranjeros en ese derecho. Probablemente no, menos con la manía que nos seguían teniendo el populacho a nivel colectivo a los alemanes... ¿Hola? ¡Fue el siglo pasado cuando usábamos cámaras de gas! Pero bueno. Ser alemán era muchas veces ser igual a un nazi cosa que me era desagradable... Al fin y al cabo, por mucho que mi padre no lo dijera, éramos de ascendencia británica e italiana... Pero dejé de divagar al momento que observé al rubio en la distancia. Tan rubio y alto, tan él. Dando un sorbo a mi café con una sonrisa, observándolo sin ser vista por él, me planteé qué hubiese pensado de él si nuestro primer encuentro no hubiese sido aquel día donde le quité el pasamontañas. Pero para sacarme de esos pensamientos que nada importaban entró en escena el actor principal en esta obra... Su bufanda roja era lo único que lo hacía llamativo, era un tipo gris... Corriente, común, vulgar. Un simple oficinista entre otros miles. Como buscar una carpa concreta en un estanque lleno de ellas... Pero era él, pues estaba junto a Maier y él le entregaba el sobre.
De un trago, sin apartar ni un instante la vista, terminé el trago maldiciendo por lo hacer caso a mi padre y haberme apuntado a aquel maldito curso sobre lectura de labios y gesticulación. Solo habían cruzado unas pocas palabras pero... Ya de nada servía darle vueltas. Caminé ligero hacía el hombre, aunque sin resultar muy llamativa, deteniéndome en una papelera para tirar el vaso de mi bebida y sin perder de vista al sujeto, buscar al impulsor de esa situación.
Curiosamente Gustav estaba ya bastante lejos, casi parecía concentrado en que sus largas zancadas lo llevaran lo más lejos posible... Como si quisiera huir. En dirección contraria al tipo de la bufanda roja... Al tipo al que acababa de entregarle un sobre cerrado y que ninguno de los dos había abierto al instante de la entrega.
Aceleré pensando en mis opciones, tan distraída como debía parecerlo cuando choqué con el tipo y con manos hábiles y ligeras le arrebaté del bolsillo del abrigo el sobre que sobresalía y la cartera. Aveces, tener pinta de rubia tonta, era útil. Le hablé en un improvisado y fingidamente nervioso inglés, disculpándome por mi torpeza y dedicándole una sonrisa que al muy idiota lo desarmó. Sencillo, muy sencillo. Y sin usar la violencia... ¿Poder femenino?
Me alejé unas calles sin sacar las manos de los bolsillos donde tanto el sobre como la cartera estaban. No iba muy pendiente de donde estaba pero lo primero era organizar un plan. Ese sobre era peligroso, solo había que ver la forma en que la rata rastrera del rubio había salido por patas del lugar.
-Cabrón...- murmuré, teniendo la certeza de que al menos, había deseado que fuera tan estúpida de exponerme a lo que fuera el sobre para palmarla. Más que cabrón. Aunque el sobre estaba cerrado y él lo había tenido así mucho tiempo, de nada tenía que preocuparme o eso esperaba hasta que de buenas tropecé con algo y di unos pasos hacía atrás intentando recobrar el equilibrio.
Al alzar la vista puse los ojos en blanco, un par de negros, que ojo, yo no era racista, los negros eran negros, los chinos eran chinos y yo era una rubia paliducha, cada uno con lo suyo, me miraban con cara de “eres mi próxima cena”. Ilusos.
-¿Qué miras? ¿Te debo dinero acaso?- pregunté borde en un perfecto inglés.
Como me esperaba el tipo entre risitas con los amigotes sacó una navaja sucia, bastante cutre y sin duda poco afilada... Novatos. Yo acababa de hacer un robo perfecto de una cartera y un sobre misterioso y sin que el tipo se inmutase y estos ahí estaban, cantosos y sobretodo idiotas. ¿Iba a tener que dar clases de como delinquir? ¿En plan barrio sésamo: Una manzana más una manzana son dos manzanas? Muy amablemente, por supuesto, me pidieron la cartera y todo lo que llevara encima. Bufé y en mi natal y amado alemán los llamé todo lo que se me ocurrió mientras les daba una cartera de color rojo con el dinero que llevaba y el móvil. Tampoco me importaba, el móvil era un móvil de prepago que solo tenía para esas ocasiones y dinero tenía muchísimo más. Pero parecía que eso no era bastante y me pidieron mi reloj y ahí fue cuando me reí.
-¿Quieres mi reloj? Espera sentado- respondí antes de darle un puñetazo en plena cara.
Pero estaba de mal humor, de muuuy mal humor últimamente y alguien iba a pagar mis frustraciones. Le había tocado a aquel tipo. Oí a los otros salir corriendo con lo que ya les había dado mientras yo seguía zurrando al que hasta hace unos momentos se creía el cabecilla de yo que sé gritaba como una niñita desamparada atrayendo la atención de algunas personas, aunque me daba igual. Iba a aprender una sabia lección: Para chulo él, chula yo.



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Re: Pánico en New York || Sarah Alman

Mensaje por Gustav Maier el Miér Ene 09, 2013 6:26 pm


Pánico en New York



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Aquellos tipos eran rápidos y parecían tener un recorrido trazado de antemano, las típicas lacras de la sociedad que se dedicaban a robar. Al menos ellos tenían una causa para realizar sus atentados, aunque no faltaban los que sólo hacían caos por generar caos: como él, pero ni en su peor época adolescente había sido un ladrón. Gustav los persiguió notando cómo a medida que recorrían más calles la velocidad de los negros disminuía, eran muy grandes y tenían demasiada grasa como para ser capaces de mantener el ritmo. Eso los perdería pues él acostumbraba salir a trotar tres veces a la semana, hiciera frío o calor y aquello le mantenía en forma.

Estaban acercándose a la zona dónde se encontraba el Hotel cuando alargando el brazo, y manteniendo un trote acompasado y parejo, jaló de la camiseta gruesa a uno de ellos y tirando hacia él lo arrojó al suelo con facilidad dejándolo ahí tirado, pues el que llevaba esa cartera era quién corría delante y apresurando su carrera lo alcanzó, el tipo le dio un empujón pero Gustav se lo devolvió y arrinconándolo contra un local que vendía periódicos le propinó una tremenda patada en sus partes frágiles arrebatándole la cartera. Algunos transeúntes se pararon a mirar y oyó frases admiradas en inglés, les observó y se fue rápidamente mientras balbuceaba unas palabras rápidas diciendo en inglés que ese bolso pertenecía a su novia.

Llevando el pequeño bolso rojo se desvió y tomando otra calle regresó caminando al hotel, a medio camino la curiosidad lo indujo a abrir y ver a quién pertenecía pero estaba cansado y le acometió un violento acceso de tos. Se apoyó en un árbol y respiró hondo, tendría que ir al médico cuando regresara a Alemania pues ya no fumaba tanto y notaba demasiadas molestias en su garganta. Reanudó la marcha hasta llegar al hotel y metiendo la cartera bajo el abrigo saludó ésta vez al recepcionista y se plantó frente al ascensor. A su lado llegó un hombre con apariencia de extranjero y ambos entraron a ese odiosa caja metálica, Gustav presionó el piso de su habitación y el hombre el piso 15. Por suerte el artefacto ese era rápido y, después que el hombre se bajó dejándolo solo, le pareció que los números volaban hasta descender en el 23.

Buscó las llaves del cuarto N° 205 y girándolas abrió la puerta, tras cerrarla con el pie dejó caer el pequeño bolso rojo en una butaca y quitándose el abrigo lo dejó sobre la cama. Caminó al cuarto de baño y tras desnudarse se metió bajo la ducha, había sudado bastante por la carrera y necesitaba relajarse con el agua caliente, tras estar unos 20 minutos salió y poniéndose una bata blanca, se secó los cabellos rubios con otra toalla y tomó su celular que había dejado sobre un mueble, abrió la puerta para dejar escapar el vapor y envió un mensaje: "Llegaré a Alemania antes de lo previsto, te llevaré un regalo" sonrió y, sin soltar el móvil salió a la habitación moviendo la cabeza. Se sentía cansado y encendió la TV esperando ver alguna información que le indicase que había pasado con ese sobre y el tipo de la bufanda.
Thanks Sophie.


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Re: Pánico en New York || Sarah Alman

Mensaje por Sarah Alman el Miér Ene 09, 2013 10:57 pm


Después de que el tipo quedara completamente inmóvil en el suelo y unos golpes más me recoloqué la ropa. La gente me miraba y muchos estaban dudando si acercarse al tipo inconsciente o no, sin embargo con una sola mirada asesina el grupito comenzó a dispersarse y sin mucha más atención a ninguno me fui del lugar de vuelta al hotel. Estaba todavía tan enojada que gracias al frío no notaba ni una leve molestia en los puños, aunque posiblemente, en un rato, me iba a tener que acordar de mi impulsividad y sus consecuencias.
Caminé con paso ligero y con las manos en los bolsillos, suspirando cansada. Al menos tenía el sobre y la cartera del tipo. Al menos lograría respuestas a mi regreso a Berlín porque realmente no tenía muy claro si quería volver a buscar a Gustav. Por su forma de largarse supe que ese sobre no tenía nada bueno y estaba segura de que había esperado a que lo que fuese aquello, me pillara a mi también y me quitase de en medio. No es que me hubiese creído su historia de "estoy más cerca de tu bando de lo que crees", "malditos terroristas" y blablablá. Pero me había parecido sincero cuando dijo que mientras nos volviésemos a encontrar tendría suerte y que me ayudaría. ¿Matarme era ayudarme? Además, realmente había tenido mejores ocasiones de hacerlo. ¿Qué cojones le pasaba? Era tan bipolar que me estaba dando jaqueca intentar sacar algo en claro de su comportamiento... Era todo un retorcido ciclo sin fin de acoso sexual, amenazas, agresiones, amabilidad, ayuda e intentos de asesinato. Tan comprensible todo.
Llegué al hotel y pedí la tarjeta que abría la habitación recibiendo extrañas miradas de la recepcionista. Si mis pintas al salir era algo dejadas ahora debía parecer casi una vagabunda y el agotamiento de los días anteriores se estaba haciendo notar por lo que caminé lentamente hacía el ascensor y entré en una fase de aislamiento hasta que llegué a mi habitación, indiferente a todo. Cuando cerré la puerta tras de mi observé el desastre que había dejado hacía algo más de una hora antes al salir y puse los ojos en blanco, comenzando primero por recoger la ropa, doblarla de mala forma y guardarla. Me quité los zapatos y vacíe los bolsillos sobre la cama... Miré la hora en mi móvil, había seis horas de diferencia con Berlín por lo que llamar a alguien ahora sería considerado putada. Suspiré y llamé a recepción, pidiendo que me trajeran una caja mediana y cinta de embalar y que llamaran a la empresa más rápida de mensajería internacional para que vinieran ya a por un paquete. Primero intentaron disuadirme, tras ofrecer una propina de doscientos dólares no tardaron ni cinco minutos en pegar a mi puerta con lo pedido.
Metí el sobre en una bolsa de plástico transparente para guardar documentos, aún sin abrirlo. Lo había puesto a contra luz pero no vi nada llamativo o interesante por lo que luego metí la bolsa en la caja. La cartera estaba prácticamente vacía, un par de tarjetas de puntos de algunos cafés y una del autobús recargable pero todas ellas sin nombres o datos. Solo había quince dólares dentro . Nada útil, aunque las huellas puede que ayudaran más por lo que la metí dentro de la caja, la cerré con la cinta y justo apareció le mensajero. Pagué en efectivo el envío directo a casa de Björn uno de los encargados de la unidad científica que era de "confianza" y al que llamaría antes de que llegara el paquete.
Cuando el mensajero se perdió por el pasillo rumbo al ascensor cerré la puerta y me deslicé contra su superficie hasta terminar tirada en el suelo de la habitación. Me dolía todo el cuerpo y esa desagradable sensación de que los objetos y todo lo que me rodeada giraban unos treinta grados hacía la derecha para luego volver a tomar su lugar, una y otra vez, había vuelto. Tras lo que pudieron ser horas me arrastré hacía el minibar y tomé una lata de cocacola que me bebí de unos pocos tragos, intentando suplantar la falta de comida y de sueño con azúcares y cafeína. Al menos lo suficiente para darme una rápida ducha caliente y meterme en la cama.
{...}
Al despertar supe que aún era temprano. Me dolía todo el cuerpo y la sensación era casi comparable a una mala y temible resaca. Pero al menos había dejado de darme vueltas todo y estaba lo bastante descansada como para llamar a mi subordinado y darle claras instrucciones sobre el envío que llegaría, tras esto me vestí con unos vaqueros, una camisa y con las botas para bajar a desayunar. Algo bueno con lo que empezar el día, un buffet libre de desayuno continental...



Última edición por Sarah Alman el Miér Ene 09, 2013 11:49 pm, editado 1 vez


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Re: Pánico en New York || Sarah Alman

Mensaje por Gustav Maier el Miér Ene 09, 2013 11:29 pm


Pánico en New York



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Fueron horas de ver la TV y revisar su móvil buscando alguna información en vano, nada había pasado. Fastidiado se tumbó en la cama hasta que se durmió con la televisión encendida y fue la pantalla lo primero que vieron sus ojos al despertar al día siguiente, incorporándose miró su reloj y tras revisar sus mensajes perdidos los respondió de inmediato, pues de su constancia dependía que Yákov estuviese vivo para cuando arribara a Alemania. Era temprano y caminando como un zombie hacia la ducha se dio un largo baño mientras pensaba en que algún día debería dejar esos viajes precipitados e intentar establecerse. Le dolía la garganta pero el dolor disminuyó al contacto con el agua caliente.

Era su segundo y, esperaba último día en Nueva York, no tenía gracia para él estar en algún lugar interesante sin alguien con quien comentar o sólo recorrer. No servía demasiado para hacer turismo cuando se hallaba en una misión. Uno de los mensajes era para preguntar si había finalizado la misión y respondió que si, ya que había entregado el envío a su destinatario. El otro mensaje era de Jarko y sus "tic tac" que le ponían los nervios de punta, aún pensaba en ellos cuando salió decidiendo que al mediodía estaría en el Aeropuerto para regresar, lo único que le faltaba era recoger un regalo para el moreno. Se vistió con un suéter negro, jeans grises y un chaqueton de cuero encima con cuello de piel, al diablo las formalidades. Subió al ascensor y se dirigió a la zona del restaurant, pediría un buen desayuno y de ahí recorrería un par de tiendas en Nueva York...Era todo su itinerario por el momento.

El lugar estaba bastante lleno pero habían espacios libres, Gustav arrugó levemente la nariz viendo cómo desayunaban algunos: Dos o tres platos repletos de comida chatarra. No es que fuera un señorito pero prefería comer poco, deseaba un café con leche y tal vez unas tostadas francesas. Se acercó al mesón y se detuvo en seco al ver a Sarah desayunando como si el mundo fuera a acabarse: con una provisión de hamburguesas como si hubiesen 3 personas más con ella. El rubio se sorprendió de verla ahí, no parecía enferma y se acercó con un atisbo de frialdad muy diferente a su comportamiento inicial para con ella. -Buenos días rubia...¿En dónde están los comensales invisibles o piensas comer todo eso tú sola? - pese a sus palabras su mirada era fría como el hielo pues no podía creer que estuviese ahí y comenzó a tener un feo presentimiento de que no podría abandonar la ciudad tan rápido como pretendía.

Molesto y casi perdiendo la compostura por primera vez, empujó a un hombre que pretendía sentarse junto a la rubia y mirándolo con hostilidad se sentó él al lado de la mujer y tamborileando con los dedos en la mesa exclamó: -¿Dónde está el sobre? - Si lo hubiese abierto no estaría ahí sentada, y si lo había robado al tipo de la bufanda significaba que el hombre estaba vivo. Su tono era gélido y parecía otro hombre, nada de coquetería ni sarcasmos pues todo el plan acababa de irse por el retrete. Gustav se cruzó de brazos e hizo una ligera venia a la mujer: - Te ganaste mis respetos creo que ahora podremos comenzar a hablar, sin bromas de por medio... - sonrió levemente y murmuró bajo: -¿Quieres saber del niño? Yo lo tengo Sarah - la miró a los ojos con un brillo inexplicable, por dentro sentía que tenía un desafío y eso acallaba cualquier fachada que pudiese utilizar, ahora estaban hablando realmente y sólo alzó ligeramente una ceja esperando su reacción.
Thanks Sophie.


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Re: Pánico en New York || Sarah Alman

Mensaje por Sarah Alman el Jue Ene 10, 2013 12:25 am


Cuando llegué al restaurante del hotel este aún estaba vacío a excepción de un par de jubilados y hombres de negocios. Me senté en la barra y pedí un refresco de cola y un café solo... Ni si quiera esperé a que el muchacho que atendía parpadeara antes de irme casi al borde de dar saltitos de alegría a por algo de comer. Después de casi cuatro días sin comer a base de bebidas azucaradas, por fin se me había abierto el apetito.
Dos platos en cada mano a cual más lleno. En uno tortilla a la francesa con queso, baicon y cebolla, tostadas y un revuelto de espárragos y setas. En el otro tres tortitas recubiertas de mucho chocolate, una bola de helado y caramelo. Decir que me duraron poco fue quedarse corto. Mientras leía el periódico no cesaba de comer pero normal, aquello estaba buenísimo y si siempre había habido algo en lo que aprovechara el dinero eran los buffet, era ver uno y se me alegraba el día pero sin duda ese iba a ser un gran día o al menos, comenzaba como uno, porque pronto mi buena Bel me mandó un correo y fue un momento en el que quise, Iphone en mano, dar un salto, subirme sobre una mesa y bailar la danza de la victoria, fuese esa la que fuese. Pero aunque estaba en pleno 4 de Julio con mis fuegos artificiales seguía mostrándome fría y desinteresada mientra removía el café y veía el video de seguridad que ella acababa de facilitarme. Ella misma lo había dicho, no había llamado su atención hasta que ayer buscó a nuestro amigo el terrorista-periodista. Le mandé una simple respuesta, breve y corta, dando lugar y hora para que ella buscara un video, sabía que no tardaría.
Con una sonrisa me puse en pie a por algo más de comida, porque si, aún tenía hambre. Además de que después de tomarme media caja de analgésicos y mi medicación para los vértigos, que curiosamente llevaba, ya que realmente solo había sufrido tres ataques de aquel horrible mareo, lo más recomendable era tener el estómago bien lleno. ¿Quién podía resistirse a una hamburguesas? Bueno, mucha gente. Yo no.
Lo que menos esperaba era encontrarme a Gustav, aunque había tenido recordatorios de su presencia desde que había despertado que me hacían recordar que estábamos en el mismo hotel, misma ciudad, mismo continente, mismo planeta y misma galaxia era como si realmente todo no fuera con él. O como si mi cerebro haciéndome un favor, hubiese hecho como que ese tipo del que había visto un video hacía unos minutos, fuera cualquier otro... Pero ahora, escuchando su voz, no me quedaba más que mirar a la cara al tipo. Pero joder, que satisfacción sentí, tanta que una gran sonrisa, sincera, alegre y feliz me llenó la cara.
-Buenos días rubiales- respondí mientras volvía a mi asiento y soltaba una risita.- Seguir viva da mucha hambre, eso o puede que estuviese esperando al amor de mi vida para cebarlo con hamburguesas, grasa y colesterol.
Me senté tranquilamente y pedí otro refresco mientras comenzaba a comer, el periódico ahora lo tenía un tipo a unos metros a mi derecha y el Iphone reposaba bloqueado en la mesa. Reprimí una risa cuando empujó al pobre hombre que se sentaba lo más cerca de mi, no me iba a estropear el ánimo.
-¿Sobre? ¿Qué sobre?- dije sin mirarlo si quiera, antes de darle un nuevo bocado a mi tercer plato de desayuno, era evidente para los dos que sabía de que sobre hablaba pero primero iba a esperar nuevas noticia de Bel.
Su actitud era tan diferente... El juego parecía haberse acabado para él, sin embargo, para mi solo acababa de comenzar. Di un trago a la cola.
-Bueno, verás, siempre me he merecido tu respeto por ser alguien muy superior a ti, tanto en inteligencia como en muchos otros aspectos- comenté desinteresada, aunque en realidad estaba conteniendo la risa.- Aunque claro, con tu inferior inteligencia no eras capaz de verlo, pero gracias a Dios, me alegra ver de que todavía unas pocas de tus neuronas hacen conexión y vas viendo de lo que soy capaz. Ahora bien, rubito, has estado jugando a las bromas durante un tiempo... Te has divertido. ¿Por qué no divertirme yo ahora? Termina de alegrarme la mañana y tengamos un poco de sexo salvaje sobre la mesa tus dos amigas las señoras- dije imitando su voz ayer en el ascensor antes de señalar a las dos viejas millonetis a unas mesas de distancia, cotilleando a saber de quién.
Me desperecé y bostecé de forma audible, faltando a toda mi educación, pero me daba igual que medio restaurante me mirara, el rubio no se merecía ya ni mi educación.
-En fin, Gustav, dime algo que no sepa... Algo que me interese lo suficiente para- sonreí al ver el nuevo correo entrante al móvil, lo tomé y quise gritarle “¡Zas! En toda la face” pero aquello sería demasiado infantil ¿No?- no ir a las autoridades y mostrar un video en el que sales entregando un sobre al tipo ese y luego que mis hombres, en Berlín, manden el análisis del contenido del sobre... Lindo regalito por cierto- comenté tranquilamente antes de mirarlo fingiendo aire encantador mientras guardaba el móvil en el bolsillo del pantalón.- Ya puedes empezar a serme útil o vas a ser el juguetito sexual de unos cuantos chaperos en las duchas de la cárcel rubito.



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Re: Pánico en New York || Sarah Alman

Mensaje por Gustav Maier el Jue Ene 10, 2013 1:07 pm


Pánico en New York



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Aunque la situación parecía haber dado un vuelco inesperado y Gustav seguía de mal humor,al contrario de la rubia en su interior pensaba los pros y contras. Miró a las dos millonarias que cotilleaban, ese par de viejas le estaban saliendo hasta en la sopa y, finalmente pidió un café pues el escaso apetito con el que contaba siempre ahora se le había extinguido por completo. Algo ocultaba esa mujer y, era divertido ver cómo ahora él era el malhumorado y ella quién bromeaba. Vaya cambio de papeles, sonrió mientras esperaba el café. No le cabía duda que ella tenía el sobre pero lo que más le preocupaba era que "Bufanda Roja" siguiera vivo cuando la intención de sus jefes era tenerlo bajo tierra.

Alzó una ceja cuando ésta negó tener el sobre pero sus pullas no hicieron mella en él,ambos sabían lo que eran y ponerse a hablar de cual era más inteligente o astuto sólo lo retrasaría y, ahora tenía todas las horas en contra...Volvió a mirar a las mujeres y negó con una sonrisa encantadora: - ¿Como se te ocurre? No están en edad para tener sexo salvaje sobre una mesa, terminarían en el Hospital - murmuró cuando el camarero le trajo su café, el hombre ni parpadeó al oír semejantes palabras y Gustav revolvió su café negro con calma. Pensaba en Jarko y en que no consentiría que volvieran a separarse, especialmente al escuchar las siguientes palabras, se encogió de hombros y respondió: -¿Detenido yo por entregar un sobre sin importancia? No soy adivino y no hay manera de que supiera qué contenía - bebió un sorbo de café y guardó silencio sopesando la idea de ir a la cárcel y aquello le arrancó un atisbo de su humor pues volvió a tamborilear con los dedos y dijo: -Ser un juguete de unos tipos fuertes y sudados, cubiertos de tatuajes...Sería estar en el paraíso, sexo las 24 horas por unos 40 años. Demasiado bueno... - rió recuperando su humor habitual y cruzó las manos bajo la barbilla.

Miró a los demás turistas unos minutos relajándose pues de nada serviría perder la calma y mucho menos para su últimamente, precaria salud. Mientras él meditaba tomó su celular y envió un mensaje. Miró a la rubia y le dijo: - Bien tú tienes algo que yo quiero y yo tengo algo que tu quieres, en eso estamos parejos. Ya te dije que tengo al mocoso y está sano y salvo o...Todo lo que se puede estar teniendo en cuenta que está secuestrado y no hemos pedido rescate porque aún no me autorizan a hacerlo... - su celular vibró y tomándolo le mostró una foto de Yákov, el crío se veía bien, algo asustado pero era normal. Gustav analizó la foto y sonrió: -Está completo y de tí depende que siga así para cuando corra a tus brazos, pero necesito ese sobre de vuelta pues nuestro amigo de la bufanda debe morir o, moriré yo por no haberlo liquidado y conmigo el mocoso ese también. Decide ¿Qué te importa más?.

Gustav volvió a beber café sintiendo que todo dependía ahora de unas cuantas decisiones y, tiempo...
Thanks Sophie.



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Re: Pánico en New York || Sarah Alman

Mensaje por Sarah Alman el Jue Ene 10, 2013 7:38 pm


Di un trago a la cocacola mientras reprimía una risa viendo su humor de perros. Era divertido aunque esperaba algo más... Volvíamos a ese extraño estado en el que lo único que esperaba era que si quería matarme, lo hiciera de una maldita vez. Pidió un café y yo terminé de dejar vacío el plato pues siempre había sido una persona de comer rápido.
-Bueno, dejando bromas sobre ancianas y sexo en lugares públicos ya va siendo hora de hablar enserio ¿No crees?- dije tranquilamente, girando parcialmente en mi silla para mirarlo fijamente.- ¿Vas a matarme de una vez, a seguir intentándolo de formas tan poco efectivas o me dejarás vivita y coleando?- primera pregunta, puede que la más importante.
En mis planes, antes si quiera de verle la cara, había estado matarlo. Luego de que me noqueara el plan seguía siendo el mismo, pero después de nuestro encuentro aquella tarde le vi cierta utilidad y para qué negarlo, me resultaba hasta divertido. A no ser que se volviera un peligro o un estorbo, no pensaba matarlo, si quiera intentarlo. Pero tampoco pensaba dejar que me matase, al menos, no sin oponer resistencia.
-Gustav me vuelves a subestimar. Tengo tus huellas en un sobre con un curiosisimo contenido, una grabación donde se lo dabas a un tipo buscado por la Interpol y con órdenes de arresto de más países de los que puedo recordar... Además, si no hubieses tenido una ligera idea del contenido no hubieses abandonado el lugar tan rápido ni me hubieses mandado a ver si con suerte, que no tuviste por cierto, terminaba muerta.
Tomé el sobre del azúcar de su café y lo abrí dejando caer el azúcar sobre la mesa en un montoncito, comenzando a dibujar en ella con las yemas de los dedos de forma desinteresada.
-Por otro lado, tengo las suficientes pruebas como para acusarte del secuestro y dada la situación... Con eso y mi testimonio terminarías mal. Es más, ahora mismo, estoy en la obligación de matarte- me encogí de hombros.- Pero me eres más útil vivo que muerto como ya te dije.
No pude evitar fruncir los labios fingiendo una molestia que no sentía al verlo recuperar su humor, era un tipo bastante bipolar pero por un lado, a pesar de nuestros escasos encuentros, me había acostumbrado. Por otro, yo no era quién para juzgar comportamientos y la salud mental de nadie.
-Bueno, visto así hasta yo quiero ir a la cárcel.- Solté una carcajada y bebí de nuevo de mi refresco.- Bueno, volviendo al tema. Tienes al niño y yo tengo que encontrarlo y llevar lo que quede de él con su papi... Que parece mucho más interesado en que le lleve algún terrorista para torturar y con el que desquitarse que por la vida del peque- comenté mirando la foto aburrida, pues era cierto, el ministro realmente, se preocupaba poco por el niño.- Además, el sobre no está si quiera en el mismo continente que nosotros ahora. Tarde rubito... Consideralo mal karma por intentar matarme de forma tan cobarde.
Suspiré y seguí jugueteando con el azúcar, lo cierto es que ahora mismo me moría por saber como había terminado metida en aquella situación y todo eso... Tenía muchos compañeros y lo único que hacían era llegar en la mañana, tomar cafés, practicar en la galería de tiro e irse a su casa terminado su turno. Y yo siempre andaba metida en líos y situaciones bastante extrañas. Pero realmente no me arrepentía y sabía que de ser distinta mi vida, me aburriría mucho.
-Por cierto rubito, deberías comer algo. ¿No te dijeron nunca tus papis que el desayuno es la comida más importante del día?



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Re: Pánico en New York || Sarah Alman

Mensaje por Gustav Maier el Jue Ene 10, 2013 8:53 pm


Pánico en New York



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Gustav aguardaba mientras bebía café sintiendo que comenzaban a entenderse aunque bastante había costado y, además presentía que siempre estarían inmersos en esa dinámica de "Hoy si que te asesino". Hubiera sido bueno que el sobre la hubiese matado pero habría sido mejor que el tipo de la bufanda estuviera muerto. Eso era un cabo suelto que no podía dejar así, la observó e hizo un ademán con la mano restándole importancia al asunto: -¿Matarte? tú también me sirves más estando viva y agradéceme que te daré el papel principal en la liberación del niño ese, es un fastidio y tenerlo ha sido como una pesadilla - sonrió y añadió al tiempo que pedía unas tostadas -¿Desayuno? mis padres ayunaban tres días la semana porque Dios así se los pedía...Nunca he comido demasiado y me mantengo a base de bebidas energéticas, se que es un mal hábito pero por tí...pediré unas tostadas.

Era divertido ver lo civilizados que podían ser, cuando las tostadas francesas llegaron comió con lentitud y pidió otro café, se mantuvieron en silencio unos minutos mientras él pensaba cómo atar ese cabo suelto y terminando su frugal desayuno reflexionó frotándose la barbilla. - "Bufanda Roja" me preocupa, mis amigos lo quieren muerto y si le ven vivo...Será una contrariedad enorme - la miró mientras tamborileaba con los dedos y, sin decir más se puso de pie mientras pedía la cuenta pagando lo de él y lo de ella como todo un caballero. Inclinándose le tendió la mano para ayudarle a ponerse de pie con un gesto teatral que llamó la atención del par de millonarias y llevándola del brazo continuó hablando: -No puedo irme de la Ciudad sin finalizar ese trabajo, mientras más me tarde...más peligro correrá el crío por lo que sólo haré una pregunta ¿Matarás al tipo de la bufanda tú o tendré que hacerlo yo? si hubiese sabido que quedaría vivo no habría perseguido a ese par de negros anoche, la cartera roja no me ha deportado ningún provecho....

Rió mientras miraba la hora, eran cerca de las 10:00 y, lo único que sabía era que el hombre trabajaba en el mismo edificio frente al cual se habían reunido la noche anterior. Mientras se detenían en el ascensor agregó: -Antes de que me vengas con un ataque de escrúpulos te recordaré lo que tú misma dijiste: es un terrorista buscado por la Interpol y, al contrario de mi gloriosa persona, él nos servirá más muerto pues así lo quieren y así deberá estar. Mientras más me tarde...ya sabes entregarás menos pedacitos de mocoso... - sonrió e inclinándose le guiñó un ojo - Vele el lado positivo, ahora trabajamos juntos rubia...como si fuésemos un team dorado - Las puertas del ascensor se detuvieron en el piso y subiendo Gustav presionó el piso °1, no tenía intención de perder horas y no necesitaba muchas armas excepto las mismas gafas de su víctima para enviarlo al otro mundo.

Una vez dentro silbó una tonada mientras pensaba en de qué forma entrar al Rockefeller Center y mirando de reojo a la joven, alzó una ceja y murmuró: -Ideas señorita... - Pues no iba a planear todos los detalles él solo,de ninguna manera.
Thanks Sophie.



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Re: Pánico en New York || Sarah Alman

Mensaje por Sarah Alman el Jue Ene 10, 2013 10:48 pm


Me permití reír.
-Bueno, permíteme dudarlo pues ayer no dudaste en intentar que terminara muerta y tu cara, esta mañana al verme, era un completo poema- negué suavemente con la cabeza divertida.- A no ser que tengas un gemelo más malvado o una doble personalidad has intentado matarme, sin embargo, cuando tienes la verdadera oportunidad de hacerlo... La desperdicias -suspiré aunque le dediqué una sonrisa.- Eres muy bipolar. Pero te compadezco, si yo tuviera que aguantar a un mocoso ya sería pedacitos- admití.- Es más, lo conocí hace unos años y ya era un crío malcriado, exigente, repelente, sabelotodo e insoportable. Y tenía solo ocho años creo...- lo pensé, si hasta me daría pena de Gustav.- Realmente, si no fuera por lo bien que me lo van a pagar, te dejaría que te lo quedaras como venganza.
Seguí jugueteando con el azúcar sin inmutarme cuando pidió unas tostadas, aunque me complacía que me hiciera caso... Era una buena forma de hacerme feliz, hacer lo que yo dijese, aunque sabía que realmente no lo hacía por mi. A pesar de que le creía al cien por cien lo de que no solía desayunar. Nuevamente, esa sensación de que su sinceridad y sus comentarios eran contradictorios, pero como siempre, aquel no era momento de pensarlo y tampoco era algo de mi incumbencia, de igual forma que aquel detalle sobre su vida, que sonó amargo y sincero me pilló algo de sopetón.
-Mi madre era bastante religiosa pero mi padre consideraba todo eso una pérdida de tiempo- respondí, no me imaginaba a nadie ayunando porque Dios lo pedía, aunque muchas religiones lo contemplaban, en mi casa era sencillo: se desayunaba mucho para todo el día o si no había tiempo o te demorabas, no comías hasta el medio día; la puntualidad de horarios lo primero.- Bueno, cuando le robé el sobre no era mi intención dejarlo vivo y joderte el trabajo. Más bien era joderte a ti, no arriesgarme a morir y tener algo que me puede servir en tu contra... Nada personal- dije reprimiendo una risita.
Pero siendo sinceros, comprendía perfectamente el enojo de esta mañana y que eso no le agradara. Cuando te encargaban matar a alguien y algo se interponía y jodía el plan era muy frustrante, por eso mis jefes confiaban en mi, porque no me gustaban los trabajos a medias y solo del rebote que me pillaba ese trabajo podía volverse casi una obsesión. Me quedé pensativa unos minutos. Cuando salí de mis pensamientos y alcé la vista el rubio parecía bastante seguro de lo que había que hacer y ya estaba en pie y pagaba la cuenta de ambos. Fruncí el ceño molesta e ignoré su mano antes de ponerme en pie de forma ágil y rápida.
-Conmigo te sobran los falsos modales rubito- dije entre dientes mientras le dedicaba una falsa sonrisa, pues su gesto bastante teatrero, había hecho que varias miradas recayeran sobre nosotros.
Sentí el impulso de darle un empujón cuando me tomó del brazo pero me contuve y caminé a su lado con la mejor cara de circunstancia que fui capaz de lograr.
-Te puedo ofrecer mi ayuda puesto que no es mi problema que ese tipo siga vivo, pero tampoco me interesa que te demores... Quiero disfrutar mis vacaciones sabiendo que estás bien lejos y que el insecto ese sigue vivo- contesté de forma seca antes de caer en algo.- Si en esa cartera había un móvil nokia es mía- contuve una carcajada-, en ese caso normal que no encontraras nada útil, cuando salgo a una cita con alguien como tú nunca llevo documentación ni nada que sirva para identificarme- comenté con tono aburrido como si de algo normal en cualquiera se tratase.
Le escuché y enarqué una ceja. ¿Escrúpulos? ¿Yo? Vale, no me conocía sin dudas. Estaba en el bando "de los buenos", el correcto desde un punto de vista ético y moral o al menos aparentemente. Pero en realidad estaba en el bando que más ventajas me reportaba... Era sencillo, podía matar, torturar, acosar, amenazar y un largo etcétera y siempre tendría a la ley y una larga lista de amigos influyentes, dispuestos a defenderme, obviamente mientras les fuera útil. No hacía nada mucho más diferente a lo que hacían algunos terroristas o sicarios. El propio ministro había recurrido a mi más como lo segundo que como a alguien para rescatar a su hijo y yo estaba encantada. Bueno, más o menos. Había prometido que rodarían cabezas pero antes de saber que la del rubio repelente entraba en eso... Ya vería qué hacer respecto a eso.
-Bueno, si quieres ideas vas a tener que darme datos. ¿Quién es ese tipo? ¿Por qué debe estar muerto? ¿Dónde podemos encontrarlo? Ese tipo de cosas... Si te das prisa antes de que lleguemos mi hacker puede haberme pasado un listado con cámaras de seguridad que eludir y hasta puedo tener el número de zapato del guardia de seguridad de turno- comenté tranquilamente mientras miraba mis uñas, ignorando por completo como mis nudillos se veían de un color morado, casi negro, bastante desagradable y que apenas podía ocultar con las mangas algo largas, de la camisa.- No sé tú pero no pienso dejar un cadáver por ahí sin asegurarme de que nada me involucrará, se supone que no estoy de servicio y me traería muchos problemas explicarlo.



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Re: Pánico en New York || Sarah Alman

Mensaje por Gustav Maier el Vie Ene 11, 2013 1:18 pm


Pánico en New York



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Comenzaban a parecer un dueto de aquellos que trabajan juntos, pensó que de haber perseguido extraterrestres podrían haberse parecido a Mulder y Scully pero en versión alemana. Le agradaba cuando podía hablar con ella y, en cierta forma le recordaba a una de sus hermanas con la que mejor se llevaba que tampoco era una débil florecilla. Aún dentro del ascensor reflexionó en ese hombre y recordó lo que había averiguado de él, no a través de los Terroristas en si, sino investigando con la ayuda de Feliks pues no le gustaba eso de ir a ojos cerrados y la normalidad del sujeto se le hacía sospechosa, cuando vio lo que ese hombre era supo que a veces los seres más comunes son los monstruos más grandes y, si se pudiera ver su alma ésta se asemejaría a una gigantesca forma amorfa y pestilente. Gustav la miró deseando saber quién era ese "hacker" pero ya lo averiguaría.

- Bufanda roja se llama Gerd Kahlfuss, ciudadano alemán y norteamericano ahora. Si lo viste ayer habrás pensado que no parece un informante ni menos un Terrorista...Tampoco parece un alemán pero tal cual se ve ese tipo es una alimaña al cual le gustan los niños y como si eso no bastara también es torturador de inmigrantes - Frunció el ceño recordando algunas imágenes del sujeto en cuestión con niños pequeños y sintió náuseas - Podría serte útil vivo, pero por desgracia yo lo quiero y necesito verlo muerto o enviarán a otro a vigilar a la pequeña mascota y no nos conviene... - sonrió y, por suerte recién en el piso 15 subieron otros turistas por lo que ambos callaron.

Al descender en el Hall de entrada salieron a la calle, el día gris hacía que todos se vieran más pálidos de lo habitual. Él echó a andar indicándole con ello que irían a pie y mientras avanzaban continuó hablando en alemán, no quería correr riesgos: -Tu hacker merece un premio,parece ser eficiente pero no le necesitamos pues "bufanda roja" trabaja en el Rockefeller Center y, conociéndole no tardó en comunicarme que le habían robado el sobre...El pobre estaba histérico pues creía que dentro de éste había un cheque con bastantes ceros, de ese modo supe que tú podrías tenerlo - rió divertido pues vaya cheque, se detuvieron frente a un semáforo y tras esperar la luz verde continuaron caminando. Él miraba su reloj y deteniéndose envió un mensaje, desde dónde estaban se veía ya el edificio en cuestión. Pensó y murmuró: -Quiere que nos veamos frente al monumento en media hora, circula mucha gente a esta hora por allí y lo más sencillo sería hacerlo parecer un robo, por lo que mi idea es ésta: me reúno con él e intentaré invitarlo a beber algo...dudo que acepte,el hombre es desconfiado. Seguramente nos separaremos así que te necesitaré a ti para que le obligues a dirigirse a... - miró alrededor y en su móvil revisó un plano del área -Hacia el este hay una zona de clubes nocturnos, cerrados a esta hora de la mañana puedo matarlo rápido o...puedes hacerlo tú, metemos el cuerpo dentro de un contenedor de basura y asunto concluido ¿Qué opinas? - El semáforo cambió a rojo y prosiguieron cada vez más cerca de su objetivo.
Thanks Sophie.



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Re: Pánico en New York || Sarah Alman

Mensaje por Sarah Alman el Vie Ene 11, 2013 2:07 pm


Escuché atenta la información que me daba, aunque una parte de mi se alegró de que pudiéramos comportarnos como adultos civilizados, aunque fuera a la hora de hablar sobre atar cabos sueltos y matar gente... En fin, desde luego, éramos de todo menos dos personas comunes y típicas; nuestras conversaciones parecía debían estar a nuestra altura. No me inmuté mucho por lo que oí pues eso ya lo sabía, me refería a saber por qué le querían muerto... Pero me daba que Gustav no tenía ni idea y tampoco pensaba preguntarlo, lo cual era normal, en ese tipo de temas mientras menos se sepa, mejor.
-No sé para qué me puede servir el tipo ese...- espeté enarcando una ceja.- Es más, aún no tengo muy claro ni para qué te me vas a servir tú, claro está, más allá de alegrarme la vista- bromeé justo cuando las puertas se abrieron y entraron un grupo de por lo que hablaban, eran turistas polacos.
Era extraño pero yo, que no toleraba apenas el trabajar con otras personas y casi tenía alergia a eso que llamaban compañerismo, me sentía conforme con hacer aquello junto al rubio... Pero puede que todo fuera fruto de mi buen humor matutino, que aún perduraba y más ante la expectativa de poder matar a alguien, aunque tampoco creía que sus delitos fueran tan graves... Dentro de todo, siempre había gente peor, aunque el abuso de menores estaba muy mal visto a mi tampoco era como que me importara mucho. ¿Era peor violar niños o drogarlos y darles armas para utilizarlos de soldados? En un mundo tan podrido donde había gente dispuesta a cosas así no encontraba una escala moral como para juzgar qué era peor o mejor, qué era perdonable o que hacía merecedor al culpable de la peor de las suertes. Todo me parecía igual y por suerte, se me hacía tan indiferente como cuando veía a alguien exhalar con un poco de mi ayuda.
Al salir a la calle comenzamos a recorrer el camino que la tarde anterior había hecho yo prácticamente a la carrera, era momento de proseguir la charla y me divirtió que volviéramos a nuestro idioma natal... En Nueva York había más extranjeros que americanos, en las zonas más pobres o de clase media abundaban los latinos e hispanos pero en las zonas más pijas y caras, como donde estábamos, sobretodo eran personas de grandes potencias económicas como lo era Alemania.
-Bueno, el MAD lleva diez años intentando pillarlo y no ha habido forma... Localizarlo me trajo una jaqueca impresionante- admití-, pero es el mejor y yo solo trabajo con los mejores. Pagos al contado y discreción absoluta de parte de ambos... Yo no le conozco, él a mi tampoco- comenté los términos de nuestro acuerdo: yo no ganaba nada hablando de ella, solo perder una colaboradora; ella no ganaba nada delatándome a mis jefes.- No solo es actualmente de los mejores hackers del mundo, además es rápido y eficiente.
Saqué el Iphone y le escribí un breve correo electrónico, por mucho que él supiera dónde trabajaba el tipo y demás ya le habían grabado ayer dándole el sobre y alguna cámara de todo el lugar, seguro me había captado a mi. Hoy desde luego no pensaba dejar ni una prueba de haber estado en el lugar, al fin y al cabo él era un terrorista, yo no.
-Bueno, no parecía muy histérico cuando me choqué y caí sobre él- dije con tono aburrido justo cuando Bel respondió al correo, comencé a revisar la larga lista de cámaras y a donde estaban enfocadas.
Muchas solo enfocaba partes internas de los vestíbulos y a las puertas, solo había que evitar acercarse mucho a estas. El resto, enfocaba lugares muy concretos... Ah, Estados Unidos y su obsesión de control sobre el ciudadano. Mientras yo miraba mi lista él andaba con su móvil y me confirmó el plan con el tipo... ¿Llevarlo al Este? Bueno, el truco de la turista despistada ya lo había usado hacía menos de veinticuatro horas y el tipo debía haberse dado cuenta hacía tiempo que yo le había robado el sobre. Eso podía serme útil... El tío no era un hombre de los que ves corriendo tras un ladrón, seguramente no aguantara ni media calle a la carrera, pero si me veía por la zona y sabía fingir que no le veía posiblemente me siguiera para intentar recuperar el sobre o darme una paliza, esos tipos funcionaban así.
Me puse de puntillas y miré su móvil.
-De acuerdo, intentaré llevarlo por esta calle- dije señalando un largo callejón de la zona- hasta aquí- fui señalando-. Aunque posiblemente si logro que me siga lo hará de bastante lejos o por algunas de las calles adyacentes... Si es listo, claro- me encogí de hombros.
Se suponía que un criminal buscado hasta por la Interpol, debía ser listo. Já. Un pimiento. Solo había que tener suerte y buenos contactos, el cerebro mucho parecían haberlo dejado en casa y aunque yo tenía muy claro como había que seguir a alguien me jugaba el cuello a que el tío ese sería más descarado que una drag queen en misa. El semáforo cambió y me aparté para seguir el camino hacía la plaza, aunque unas calles antes y sin mediar palabra al rubio me desvía para llegar al lugar desde otra zona, al fin y al cabo tampoco había que arriesgarse a que el tipejo desconfiado ese nos viera juntos. Faltaban diez minutos para la cita cuando terminé mi rodeo para llegar al lugar; me quedé en una esquina alejada del monumento pero cercana al edificio de oficinas en el que trabajaba, observando ahora consciente, todos los puntos a tener en cuenta. Miré mi reloj de muñeca. Justo cinco minutos después de la hora acordada comencé a caminar por la plaza tranquilamente, pues la cosa era que me viera. Apenas había andado veinte metros cuando lo divisé y sin inmutarme caminé hasta acercarme, justo cuando pasaba un tipo de negocios e imité mi jugarreta con el hombre de la bufanda, aunque esta vez sin robarle al hombre que amablemente se disculpó, por mi parte había logrado lo que quería, llamar la atención de Gerd que como pude observar de reojo, estaba rojo de rabia solo de verme y tuve la certeza de que no dudaría en seguirme si creía que yo no era consciente de su presencia. El plan, por mi parte, iba bien... Así que metiendo mis manos en los bolsillos y tarareando tranquilamente, me encaminé por la ruta marcada.



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Re: Pánico en New York || Sarah Alman

Mensaje por Gustav Maier el Vie Ene 11, 2013 2:52 pm


Pánico en New York



Sarah Alman Θ Nublado Θ 05 de Enero

El plan estaba trazado y sólo había que esperar, por si acaso trazó un plan B en su cabeza ya que aquello de que "En el momento más inesperado algo se tuerce" era un adagio casi comprobado. La rubia trabajaba rápido y entendía de inmediato por lo que sólo había que esperar. Gustav se separó de ella con un "Suerte, Scully" y dirigiéndose al monumento se situó detrás de éste pensando en que ojalá el vendedor de perros calientes no recordara su rostro, habían algunos que tenían una memoria de lujo y otros que no recordaban nada de nada. A la hora señalada y con la puntualidad de un reloj vio acercarse rápidamente a "Bufanda Roja" se veía preocupado y casi al borde de la histeria, tanto que ni siquiera tuvo la precaución de hablar en alemán y antes de que Gustav le saludara empezó a agitar los brazos y a exclamar en inglés que una mujer parecía haberle robado su cheque. El rubio lo oyó impasible y evitando sacar un cigarrillo sólo opinó en alemán: -Tendrás que recuperarlo tú mismo, yo cumplí entregándotelo si fuiste tan tonto para perderlo ¿Por qué diablos no lo guardaste en ese maletín horrendo que llevabas ayer? Lo siento amigo mío...No pagamos dos veces... - Tuvo que reprimir las ganas de reír a carcajadas, si el tarado ese supiera que en ese sobre estaba la muerte y no un condenado cheque estaría rezando en una iglesia de rodillas dando gracias por estar vivo.

El hombre bufó mirándolo con cara de "Hijo de puta" pero no le insultó pues Gustav tenía razón, éste no lo invitó a ningún Bar y sólo se encogió de hombros dándole unas palmaditas en el hombro. Aquello no hizo que aumentar la furia silenciosa del sujeto quién despidiéndose con un seco ademán de cabeza se dio media vuelta. Gustav lo siguió con la mirada y de inmediato caminó en sentido contrario para dirigirse a la calle dónde estaría Sarah pero, por detrás. En caso que la rubia necesitara asistencia, tal cómo habían pensado en el lugar lo único que había a esa hora era basura y gatos roñosos. Caminó mirando su reloj y sólo aguardó.

Bufanda roja avanzaba ofuscado pues aquel encuentro con el rubio presumido sólo le había servido para dejarle en claro su propia estupidez , caminaba rumiando su desdicha cuando divisó a la mujer del día anterior y con los ojos desorbitados observó cómo ésta chocaba con otro tipo, imitando lo que le había hecho a él, en su cerebro la palabra "carterista" se encendió con luces brillantes junto con un montón de insultos, avanzó hacia ella mientras un graznido ronco brotaba de su garganta. Iba a darle unos cuantos golpes y a fuerza de arrancarle las uñas de los pies le haría decirle en dónde estaba su cheque...Chocó con un par de ejecutivas y murmurando unas disculpas siguió a la mujer a una distancia prudente pero que no dejaba dudas de que estaba detrás.

Gustav pensaba mientras veía a un par de gatos revisar la basura, frente a dos locales nocturnos vacíos se extendía una muralla de una fábrica papelera que tras una intervención urbana era una galería dónde pintores y artistas emergentes exponían sus trabajos. En el rato que llevaba ahí nadie había salido por las puertas traseras y, excepto el flujo vehicular en la avenida, nada turbaba el silencio hasta que oteando a través del muro vio a Sarah acercarse, con su víctima detrás que caminaba cada vez con el rostro más congestionado. El hombre al percatarse de la soledad de la ruta alargó el brazo y tomando a la rubia por detrás la empujó hacia la pared mientras le gritaba en dónde estaba el sobre.
Thanks Sophie.


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Re: Pánico en New York || Sarah Alman

Mensaje por Sarah Alman el Vie Ene 11, 2013 7:52 pm


Mientras avanzaba por las desiertas calles tranquilamente, tarareando una canción de una película de bollywood que había visto recientemente, pues la industria del cine india era uno de mis pequeños vicios. Sabía que tipo me seguía y mi sonrisa por aquel hecho me hacía ver más despreocupada sin dudas, aunque internamente solo pensaba como iba a matar exactamente al tipo. Mientras iba decidiendo exactamente qué quería que pareciera aquel asesinato íbamos llegando al lugar acordado hasta que sentí al tipo acercarse mucho a mi, apreté la mandíbula esperando el tirón del cabello y el golpetazo contra la pared, no mostré nada en mi rostro pues al fin y al cabo, estaba preparada para sufrir algo más fuerte, incluso le dediqué una sonrisa al tipo cuando me gritó preguntando por el sobre.
-Eh, hombre, tranquilo... He venido a darte exactamente lo que te esperaba en el sobre- siseé en alemán clavando mis ojos en los suyos y viendo como su corto cerebro comenzaba a atar cabos, antes de que pudiera gritar si quiera le di un puñetazo que lo hizo retroceder.- Oh, vamos, viviste como una cucaracha, muere al menos como un hombre- espeté poniendo los ojos en blanco mientras sacaba de un rápido movimiento el cuchillo de mi bota.
La idea era que pareciera un atraco por lo que golpeé un par de veces más con mi puño su cara y le di unas cuantas patadas a la altura del abdomen antes de acuchillarlo repetidas veces en lugares donde supiera que la sangre no me iba a salpicar demasiado, el hombre parecía más un cerdo que otra cosa... Moriría igual que vivió, de forma repugnante y despreciable. Cuando creí que sería suficiente y sus gritos me aburrieron profundamente le dediqué una última sonrisa antes de hundir, hasta la empuñadura, el cuchillo en su ojo derecho.
Al sacar la hoja y soltar el cuerpo este cayó desmadejado a un charco de su propia sangre en el suelo. Me habría gustado hacer algo diferente, más lento, divertido y menos chapucero pero debía parecer eso, un crimen chapucero. Me puse de cuclillas, con cuidado de no meterme en el charco para sacar su móvil, su reloj, su cartera y sus llaves, dejando visible el hecho de que le habían hurgado en los bolsillos, una vez echo esto limpié el arma contra su ropa y miré el estado de la mía... Menos las mangas lo demás estaba pasable... Solo algunas pequeñas gotas de sangre. Si tuviera el abrigo... Pero no me había dado tiempo a cogerlo. En fin. Guardé el cuchillo en su sitio.
-Vale Spooky, ayúdame con nuestro amigo- le dije a Gustav, usando el mote del protagonista de la serie Expediente "X" que además, le iba de perlas.



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Re: Pánico en New York || Sarah Alman

Mensaje por Gustav Maier el Sáb Ene 12, 2013 1:57 am


Pánico en New York



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Los gritos eran apremiantes pero notaba en ese hombre más bravata que ánimo de herir realmente a la mujer, y si la veía en problemas la ayudaría ya que si alguien tenía que matarla, en ese caso debería ser él porque ella conocía su rostro y su identidad. Pero no quería a agentes del MAD siguiéndole y en una manera extraña ella le simpatizaba, a su modo retorcido. Era diferente de otras que había conocido y eso era un halago gigantesco que algún día le diría, tal vez disminuyéndolo un poco para no elevar el ego de esa rubia ruda.

Gustav se mantuvo tenso y alerta tanto en la pelea que tenía lugar a escasos metros como en los alrededores, sin testigos sería más fácil y rápido. Necesitaban ser cautos ya que él había ingresado con documentación falsa y además el tiempo que permanecía lejos del menor secuestrado le apremiaba. Vio cuando ella despachó limpiamente a "Bufanda roja" y comprobó que era una chica fuerte. Al ver al hombre caído en el suelo se acercó mirando el charco de sangre. -Vaya paliza que le diste y el pobre sólo quería su cheque... - bromeó y quitándose el abrigo se lo pasó a su compañera de crímenes selectos, tomó al hombre por los brazos y lo arrastró hacia el callejón. Con la punta del pie apartó a los dos gatos roñosos y dejando el cuerpo del hombre apoyado en el muro abrió uno de los contenedores de basura y, con una mueca levantó al antiguo pederasta y lo echó dentro.

Cerró el contenedor y se miró las mangas de su suéter oscuro, era una suerte que fuese negro. Se acercó a Sarah y murmuró: --Trabajo concluido, ahora sólo nos queda regresar al Hotel y ¿Celebrar tal vez? - Con una sonrisa malévola se le acercó arrinconándola contra el muro y tras rozarle la mejilla con los labios la tomó de la mano y echó a andar con ella a través de la calle, debían alejarse del sitio del suceso ya que ese charco de sangre delator podía atraer curiosos en cualquier momento. Corrieron a través de la sucia callejuela hasta salir a la avenida principal dónde se mezclaron con facilidad con el resto de los caminantes matutinos.
Thanks Sophie.


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