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Heller R. Soneköwitžch.

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Heller R. Soneköwitžch.

Mensaje por Heller R. Soneköwitžch el Dom Ene 06, 2013 2:56 pm

Heller Roth Soneköwitžch.
24 # ALEMÁN # HETEROSEXUAL # SOLTERO # TERRORISTA # FRANCOTIRADOR.
Físico

Avatar: Ed Norton.
D. Física:
• Altura: 1.95.
• Color de Ojos: Azules.
• Color de Pelo: Castaño.
• Complexión: Fuerte.
• Vestimenta: Skinhead.
• Marcas: Tiene varios tatuajes repartidos por el cuerpo, entre los que destaca un esvástica en medio del pecho. Una cicatriz le recorre desde la clavícula hasta casi el pecho, recordándole cómo su padrastro intentó acabar con él. Sus nudillos están ya endurecidos, por todos los golpes que ha dado y recibido.
• Otros: Sufre heterocromía, por la cual tiene un ojo completamente azul y el otro grisáceo.
Personalidad

Hay que ir con cuidado, puesto que es un excelente actor. Tiene miedo a sentir, ya que eso sólo le ha traído problemas. Pero eso es algo que él nunca reconocerá. Esto sólo lo hace para protegerse a sí mismo, ya que ha sufrido mucho al perder a personas que quería, entre ellas a su hermana Ava. Afirma que no cree en el amor. Nunca ha mantenido una relación duradera en su vida, puesto que él considera que las relaciones crean dependencia y debilidad, y eso es algo que no se puede permitir. Tiene muy mal genio, y sus arranques de ira le han costado la muerte a más de uno. Así que la gente inteligente sabe que no hay que enfadarlo. Frío, persuasivo, estricto, egoísta y orgulloso. Muy muy orgulloso. Le cuesta sobremanera pedir perdón, se le forma un nudo en la garganta que le impide hablar.Es desconfiado, con todas las personas a las que no conoce. Y eso se debe a todos los golpes que se ha llevado. Tantos años cuidándose de traiciones han dejado una huella imborrable en él. Cuando tiene trabajo cambia por completo. Se convierte en un autómata, con la inteligencia diabólica de un asesino. Calculador, frío, es capaz de predecir hasta el más milimétrico detalle cuando lleva a cabo sus asesinatos. Nunca se sabe cuál será su próximo movimiento, nunca puedes esperar ningún gesto humano de él en esos momentos. Está perfectamente programado para matar sin ningún tipo de piedad. Es letal. En todos los sentidos.

Él ya conocía, de alguna forma, cómo iba a ser en un futuro. No era un misterio para su mente que el odio, simplemente, generaba más odio. El desprecio es un lastre, sí, pero realmente no hacemos nada por evitarlo. Sin darnos cuenta, hemos creado una sociedad basada en el rencor y la animadversión a lo desconocido, a lo conocido, a lo extraño, a lo equivalente. Cada uno tiene una excusa para odiar a algo diferente, pero, al final, todos odiamos algo y, entonces, todo acaba siendo odiado. ¿Por qué ha de extrañarnos entonces la existencia de asesinos, delincuentes, ladrones o estafadores? ¡Es la sociedad, realmente, la que los ha creado! No sólo hay que bajar a las entrañas de la sociedad, lo que puede ser una cárcel o un suburbio peligroso, para darse cuenta de que, en realidad, no existe ningún ser humano que no odie algo y que, por ende, no infunda ese odio a los demás. La semilla de la desesperación y el odio fue, sin duda, plantada de la forma más cruel en el cuerpo de un pequeño muchacho que apenas levantaba un palmo del suelo. Si odiamos, no debemos extrañarnos después de las consecuencias que ese odio pueda provocar en los demás. Él tiene un especial cuidado con eso último, y por ello siempre ha procurado que entre los demás y él exista un grueso y gélido muro de separación que impida que alguien pueda influenciarlo de alguna manera. Él piensa por sí solo, él actúa en solitario: es evidente que su poder de persuasión no tiene efecto a la inversa, es decir, es casi imposible adueñarte de él, manipularlo, conseguir que haga lo que desees. Siempre se ha considerado -tal vez hasta ahora- un hombre libre capaz de tomar sus propias decisiones sin la necesidad de segundas opiniones; posiblemente por eso jamás ha decidido quedarse fijo en un lugar, atrapado, comprometido: él es -o era- libre, y como tal, un espíritu imposible de alcanzar. Además, es evidente eso que cuentan de que cada persona tiene, como mínimo, dos caras. De hecho, podríamos decir que él cumple esa regla sin excepción, aunque más que por su personalidad, por su propia supervivencia. ¿Qué persona coherente sobrevive en las calles sin tener, al menos, una faceta agresiva, peligrosa y que infunda miedo y temor a los demás? El problema es el momento en el que no sabemos diferenciar entre esa cara que estamos fingiendo, que en realidad puede no gustarnos, y la cara real, tu comportamiento normal. Entonces, amigo, estás perdido.

Juega con un arma mucho más valiosa que la propia fuerza, -aunque, evidentemente, la misma violencia no la aparta-: la mente. Sabe controlar a las personas a su gusto, manipularlas, persuadirlas, conseguir que hagan lo que él desea: juega con ellas, se burla, las controla, y, después, simplemente las trata como sencillas presas o se olvida de ellas. Tiene encanto superficial, lo sabe, y lo aprovecha. Aprendió a desarrollar la inteligencia hasta tener dominio completo de su mente. Actúa con una gran capacidad verbal con la que poder discutir sin mostrar ni un atisbo de nerviosismo a su adversario: sabe controlarse, no perder los nervios, y así sacar mucho más de quicio a su rival. Emplea, además, un egocentrismo exagerado, al igual que una autoestima excesiva, con la que sentirse superior a los demás y así, además, no encariñarse con nadie con facilidad. Porque él, aparentemente, no tiene sentimientos ni escrúpulos. En absoluto empático, su egoísmo provoca que los demás le importen más bien poco, aunque en realidad tenga que actúar de forma contraria para conservar parte de la cordura que bien necesita. Su dulzura y amabilidad no son más que otro juego mental para acercarse a quien desea. Ama interpretar papeles, roles, personalidades dispares y extravagantes. Con una afectividad frívola, sus emociones hacia los demás suelen ser, casi siempre, irreales y superficiales, siempre procurando que su acompañante no note nada de eso último.

Es el modelo exacto de persona que tropieza dos veces con la misma piedra, o tres, o cuatro, las que sean. Odia admitir errores, y no le importa volver a cometerlos con tal de no aprender de ellos y admitir un fallo. Orgulloso en demasía con un mal humor extremadamente fuerte. No conoce lo que es el amor, el cariño, el afecto, enamorarse; nunca le enseñaron, nadie aprende esas cosas por su cuenta. Es algo bastante grave, pues, ¿qué es una sociedad sin amor? Una jodida mierda, una basura, y así es la vida de Matvéi, y lo sabe, pero le da igual. No tiene un aparente interés por saber lo que se siente al amar a alguien, ya que sabe que es incapaz de hacer cosa tal. Con una vida sexual promiscua y sin compromiso, la cosa suele ser muchísimo más difícil. No le importa no amar con tal de poder satisfacer sus necesidades básicas: su insensibilidad y crueldad, ocultas bajo una capa de cordura, le impiden conocer ese tipo de palabras. Pero, amigos, esto es como una jodida cárcel, y, peor aún, un juego de estrategia en la que personas como él son los simples peones a los que poder sacrificar sin siquiera entusiasmo. Aquí su encanto no funciona, ni su labia ni sus mentiras: sabe con certeza que lo único que podrá ayudarlo de alguina forma es, o bien el camino de la soledad, o bien el de ser un jodido demente.
Historia
Familiares: - Badr Âkil: Fue el padre adoptivo de Heller. Era un camello de procedencia árabe de poca monta, que llenaba de golpes y gritos la casa en la que vivían. Alcohólico crónico, llevaba la violencia mezclada en su propia sangre. Heller recibió incontables palizas de él. Violó y provocó que Ava -la hermana de Heller- se suicidara. Casi mató a Heller cuando el muchacho tenía diez años, pero al final fue el primero quien le cortó el cuello.
- Richelle Âkil: Encontró a Heller abandonado en un callejón de mala muerte, siendo un bebé de pocos días. Fue la que adoptó, aunque de manera ilegal. No era mala persona, pero la vida se lo había hecho pasar mal. Se ganaba la vida prostituyéndose, y con el paso del tiempo se convirtió en una drogadicta. Murió asesinada en su propia cama por algún cliente insatisfecho.
- Ritter Âkil: Era dos años mayor que Heller, y era hijo del matrimonio Âkil. Se llevaba bien con Heller, pero se metió pronto en el mundo de las drogas y aquello acabó con él. Desapareció y nunca volvió a los 12 años, y Heller siempre pensó que alguien le había matado por un ajuste de cuentas.
- Ava Âkil: La persona que Heller más quería, su hermana adoptiva, un mes menor que él. Creció demasiado pronto, y quedó embarazada de su padre cuando este la violó. Se suicidió poco después, provocando que Heller enloqueciera. Su muerte destrozó al muchacho por completo.
- Hackett Neustadtfêm: No es familiar de Heller, pero fue su entrenador, su mentor. Heller tiene en él un modelo a seguir, pese a que llegó un momento en que alumno superó a maestro. Gracias a Hackett, Heller descubrió la ideología nazi. Si no fuese por él no sería el guerrero infalible que es ahora.

Historia Personal:Supongo que conoces esos días en los que todo te sale mal, en los que la suerte te da la espalda y te llevas un palo destrás de otro. Bien, tal vez así entiendas esta historia. Porque va de eso, sólo que en vez de un día el protagonista pasa toda una vida con el pie izquierdo. ¿Su nacimiento? Cargado de muerte, ni más ni menos. Su madre murió en el parto, mientras media planta del hospitalucho donde se llevó acabo el nacimiento andaba ocupada intentado reanimar a la joven parturienta, Heller recibió una manipulación que le cambiaría la vida para siempre. El padre de la criatura quedó destrozado, pues al parecer amaba con locura a su mujer. El mismo padre apasionado fue el que, enloquecido por la pérdida, abandonó pocos días después a la criatura en un callejón. Antes de continuar con mi relato, debería advertir que está cargado de crueldad, muerte y odio. Dicho esto, continuaré. Un llanto de bebé se escuchaba aquella noche en el miserable callejón, espantando de esa forma a las ratas que se hubieran acercado de no se por eso, y llamando la atención de una prostituta que en aquellos momentos cumplía su turno buscando incansablemente algún cliente. No hace falta decir que aquello fue una adopción ilegal, pero es que aquella mujer no podía dejar tirado a un bebé en aquel lugar. Richelle, así era como se llamaba, se llevó al recién nacido a casa. Recibió una buena paliza por parte de su esposo árabe, de regalo. ¿Una boca más que alimentar? ¿Eres subnormal o qué?, gritaba. Sin embargo, dejó que Heller se quedase, tal vez porque por aquel entonces aún conservaba algo de humanidad. Luego se acabaría, por supuesto, tan fácilmente como un cigarro es consumido en los labios de un fumador compulsivo. Así fue cómo el niño que había empezado con mal pie llegó a su nueva familia.

Los Âkil eran unos pobres desgraciados que no tenían ni pan para llevarse a la boca, su casa-chabola estaba en una de las peores zonas de Berlín, el barrio más conflictivo. Badr, un hombre bestia como el que más y con un punto de vista altamente machista, era uns de esos camellos árabes de poca monta. Richelle, una buena mujer alemana que sin embargo sólo había recibido golpes en toda su vida, se ganaba la vida como prostituta. Ritter tenía aproximadamente dos años cuando Heller llegó a la familia, y era hijo de Badr y Richelle. Un mes después, llegó Ava, segunda hija biológica de la desgraciada pareja. En el nido de ratas donde vivían, pocas veces se recibía comida, y solía ser sustituída por palos a la mínima de cambio. Y así pasaron los años, llevándose rápidamente la humanidad de Badr, que cada vez estaba más destrozado por el alcohol. Su padre se convirtió en un alcohólico, lo que no hizo más que aumentar los gritos, y las palizas. A menudo perdía la cabeza. Heller era en aquella caverna, un rayo de luz. Un angelito, de bien niño ya lucía la mirada seria de un adulto. Tal vez por eso sufriera tanto. Su hermana, todo lo contrario, un auténtico terremoto con la cabeza llena de travesuras que llevar a cabo. Tal vez por eso él siempre estaba encima de ella, ejerciendo el rol de hermano mayor y evitando que se metiese en problemas. No hizo falta mucho para que Ava se convirtiera en la niña de sus ojos. A Heller no le gustaba su padrastro, no le gustaba la forma en que le gritaba y le alzaba las manos. A pesar de que no pasase mucho tiempo en casa, cuando estaba, todo eran gritos. El niño no entendía por qué pasaba eso, era un niño al fin y al cabo, y lo veía normal a pesar de que a él no le gustase. Solía pedir mirando al cielo, que las cosas mejorasen. Pero nada mejoró. Más bien fue a la inversa. Su madre y hermanos también le sufrían. Ni veinte capas del maquillaje más caro podían haber tapado los golpes. Los niños crecían, en un lugar en el que todos del barrio aprendían huyendo de la ley. Compartían igual el hambre y el pan. Eran unos ladronzuelos, siempre corriendo de aquí para allá intentando conseguir algo que les sacara el horrible dolor del estómago. Más de una vez estuvo Heller en algún reformatorio. Avanzamos a la época en la que el muchacho tenía nueve años. Todo se truncó en aquel momento. Su madre -que por aquel entonces ya estaba más que enganchada al opio-, apareció asesinada en casa por algún cliente insatisfecho. Porque sí, ella atendía a sus clientes en casa, por eso Heller siempre prefería estar en la calle. A partir de aquel momento, todo se fue derrumbando a una velocidad vertiginosa.

Ritter también había caído en el mundo de la droga tiempo atrás, pese a que sólo tenía doce años. Dos meses después de la muerte de Richelle, Ritter desapareció. Heller siempre pensó que había sido por un ajuste de cuentas, porque por aquel entonces el niño ya pasaba, pero nunca lo manifestó en voz alta. Ava, en cambio, era una de esas niñas que crecen antes de tiempo. Con nueve años ya era toda una belleza, una flor que destacaba entre tanta inmundicia. Había pasado ya un año desde la muerte de Richelle, y diez meses desde la desaparición de Ritter, cuyo cuerpo probablemente yacía en el fondo de un río. Badr, había enloquecido, por decirlo de forma suave. Cuando Heller y Ava tenían diez años, pasó lo peor que podía pasar. Aquella noche su padre había bebido más de lo normal, y llegó muy alterado a casa. Fue directo a la habitación de su hermana, diciendo algo de que los dos tenían que crecer, e intentó violarla. Heller estaba despierto en la habitación de al lado, así que fue el primero en llegar. No dudó ni un segundo en intentar apartarlo de su hermana. Fue fácil hacer que se tambalease, simplemente por el hecho de que con un simple empujón se caería. Entonces el padre se encaró a él, y le hizo rodar por los suelos. El niño, asustado, reaccionó como pudo. Con dientes y uñas. Pero no fue suficiente. Con un golpe rotundo a la cabeza del niño, lo dejó medio inconsciente en el suelo. Cuando despertó, su padre ya no estaba. Sólo quedaba una Ava llorosa con la mirada perdida, enrollada en una manta y rodeada de sangre, pues la inocencia de la niña había sido arrebatada. Ninguno de los dos paró a pensar en aquel momento que tal vez deberían ir al médico, puesto que la niña había tenido su primera menstruación dos meses atrás. Heller escapó de allí con Ava, y cogieron como hogar una vieja fábrica abandonada. Sólo pasaron dos meses antes de que llegara la noticia, Ava estaba embarazada. Un mes después, en el poco tiempo en el que Heller dejó sola a Ava, culminó el acto. Heller encontró a Ava muerta, con dos tajos enormes en las muñecas hechos con un cuchillo podrido y oxidado, rodeada de su propia sangre y conservando aún en la muerte su belleza poco infantil que tanto había perturbado a los demás.

La niña no había soportado aquello. Cada vez que cerraba los ojos revivía la horrible escena, y saber que llevaba dentro un hijo de aquel bastardo no había hecho más que empeorar las cosas. Esto acabó de destrozar a Heller puesto que él y su hermana habían sido carne y uña. Tenían esa extraña conexión que sólo las personas que sufren juntas. Ella había sido la persona que más había querido en toda su vida...y se la habían arrebatado. Desde entonces, el cariño brilló por su ausencia, y el niño cambió por completo. A partir de aquel momento, Heller nunca derramó una lágrima , ni en los años de las palizas a manos del árabe camello, ni cuando se quedó solo. Era un niño de diez años que ya había vivido lo peor. O tal vez no. Aquel mismo día, después de llorarle a Ava mil y una lágrimas, volvió a su antigüa casa. No voy a decir que Heller estaba tranquilo. Porque no lo estaba. Tenía los ojos enloquecidos, estaba totalmente desquiciado. Al llegar, se encontró con su padre borracho en el sofá. Aquel día una pelea, Heller recibió más que ninguno de los dos, más que nada porque era un niño. Hubo un momento en el que moría. Heller moría. Estaba tumbado en el suelo, con su padre sentado a horcajadas sobre él. nadr le apretaba la garganta, gritando incoherencias. Quería matarle. Su apestoso aliento llegaba hasta el muchacho, pero este último no estaba en condiciones de pensar en aquello. Y cuando ya creía que todo iba a acabar...su hermana le salvó. Heller vio a Ava en su cabeza, diciéndole que debía aguantar. Y Heller abrió los ojos. Y vió el brillo cruel en los ojos de su padre. Entonces algo estalló, y lo único que Heller recuerda fue que ya despertó en el hospital. Le había cortado el cuello a su padrastro.

Heller fue ingresado en un centro reformatorio. Sin embargo, no estuvo mucho tiempo en aquel lugar estremecedoramente blanco. Escapó a la semana. Y fue a parar a manos de nada más y nada menos que Hackett, quien vio en Heller un gran diamante en bruto que había que pulir. Hackett. Un hombre que por aquel entonces rondaba los veintitantos, rudo y de ideales nazis sólidos. Pero era una grandioso luchador, eso había que concedérselo. Fue el entrenador de Heller. Su deber era convertirlo en un guerrero imbatible. Y lo cierto era que el chico aprendía rápido, se quejaba poco y tenían un don para la lucha. Al fin y al cabo había tenido que sobrevivir en las calles a base de peleas, y las palizas de su padre le habían inmunizado en parte al dolor. Fue el niño prodigio, sin tiempo para jugar, sólo para entrenar. Física y mentalmente, por supuesto. Si algo hay que decir bueno de Hackett, es que sin él Heller no sería la creación letal que es en la actualidad. Heller con sólo 18 primaveras ya estaba completamente adiestrado. Mucho tiempo atrás había alcanzado el nivel tres, era un maestro en las disciplinas de lucha. Se le había entrenado para poder manejar cualquier tipo de arma, así como para matar con sus propias manos. Habían creado un monstruo.

Otros Datos
GUSTOS: El juego, los excesos, las mujeres, el peligro, las mujeres, las luchas cuerpo a cuerpo, la noche, su reflejo, el sarcasmo. Repito, las mujeres. Reventar cabezas de negros, judíos, árabes y cualquier mierda similar. ¿He dicho ya las mujeres?
DISGUSTOS: Odia a las personas que hablan y/o preguntan mucho, los gritos, que le coaccionen y que le obliguen a cumplir órdenes.
PUNTOS DÉBILES: - El recuerdo de su hermana es su mayor debilidad.
- Le falta algo de visión en el ojo grisáceo, por eso para disparar sólo usa el que es completamente azul.
PUNTOS FUERTES: - Practica distintas artes marciales, siendo un maestro en todas ellas.
- Tiene un CI bastante por encima de la media.
- Podría decirse que posee un don, aunque sólo es una cualidad que el tiempo le ha otorgado. Se trata de saber más o menos lo que les pasa por la mente a los demás. No les lee la mente, obviamente. Sencillamente lleva tanto tiempo en la tierra que ya sabe qué gestos anticipan a qué acciones, por ejemplo, si una persona se excusa antes de ser acusada es porque es culpable. El ser tan observador hace que tenga una pasmante facilidad para manipular.
- Sabe preparar venenos y bombas.
- Sabe utilizar subfusiles, fusiles de asalto, ametralladoras, rifles de precisión, pistolas semiautomáticas, etc.Aunque no son armas que suela utilizar, sólo en el trabajo, le parecen demasiado impersonales.
- Suele llevar nudillos o garras de metal, pero los lleva guardados para no llamar la atención (Shuko/Tekagi).
FOBIAS: Teme atarse a alguien y ser olvidado por todos, pasar por la vida sin dejar huella.
MANIAS:-Quemar cosas cuando tiene un mechero en la mano. No, no es un pirómano, sólo se fascina mirando el fuego.
-Hacer crujir los dedos.
OTROS: -No es un nazi cualquiera, un chaval que se une a la causa por adrenalina. Es un guerrero sí, pero también sabe de lo que habla. Controla la ideología, sabe manipular a la gente, hacer que se unan a la causa.
- A la perfección habla alemán, su idioma predilecto, y francés, puesto que es uno de los idiomas que más ha llegado a practicar. Se defiende con facilidad en ucraniano y ruso, y con bastante dificultad en moldavo. El inglés lo habla perfectamente sí, pero a veces se puede entrever su acento alemán.

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Heller R. Soneköwitžch

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