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Viento Norte || Heller

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Viento Norte || Heller

Mensaje por Gustav Maier el Lun Ene 07, 2013 3:16 pm

Diciembre ° Nublado ° 19:45 PM

El lugar estaba a reventar, la banda que allí se presentaba era sumamente popular en Alemania. Provenientes de Escandinavia el grupo metal atraía fans por montones y las vestimentas oscuras predominaban al igual que los pelos de colores, las cadenas y cintos con púas que le hacían recordar su época de estudiante cuando se paseaba entre grupos de Neo-nazis pues había pertenecido a una facción, más por moda que por tener una verdadera ideología aunque aún era bastante racista pero, lejos de considerar inferiores a otras personas simplemente le molestaban. Casi más por un asunto estético, mientras aguardaba en la fila para entrar al Bar dónde se daría el concierto revisó su celular más por inercia y miró hacia adelante. Habían varios conocidos allí y su cicatriz nunca pasaría inadvertida. Vestía de negro de pies a cabeza, llevaba botas militares y una muñequera con púas en el brazo derecho, un polerón con capucha grueso y había bebido una lata de cerveza. Sólo esperaba a la banda llamada "Viento Norte" para amenizar aquél día Viernes.

Las personas a su alrededor empezaban a inquietarse, jóvenes de 18 años que se fastidiaban en la fila y comenzaban a lanzarse pullas o a molestar a las chicas, las palabrotas y comentarios en doble sentido iban y venían mientras dos enormes guardias en la entrada del local se encargaban de que nadie se pasara de listo: quienes no tenían la entrada se jodían y ya. Gustav resopló cuando sólo quedaban 5 personas y deseó estar adentro del Bar pues empezaba a descender la temperatura y aquello siempre significaba problemas en sus pulmones. Caminó y justo cuando estaba por entrar un tipo alto y fornido se situó delante de él en un movimiento descaradamente provocativo, el rubio alzó ambas cejas y aunque el otro era sólo un poco más alto que él, su masa muscular era significativamente mayor pero aquello no le intimidó y dándole un empujón murmuró:

- Hey Rinoceronte...Yo estaba primero - Su tono tranquilo no dejaba lugar a dudas, no necesitaba alzar la voz para hacerse oír y cuando el tipo se giró su expresión hostil se relajó por completo y riendo exclamó : -¡Pero si eres tú grandísimo hijo de puta! - Le conocía desde hace un tiempo pues aquel hombre era de un grupo Neo-nazi bastante conocido por todos quienes frecuentaban ese círculo. Le dejó pasar y cuando ambos estaban ya en el interior y unos teloneros de largas melenas rubias amenizaban el ambiente, Gustav silbó admirado y murmuró: -No sabía que seguías frecuentando los mismos lugares, Heller - Él ya no lo hacía pues al estudiar Periodismo se había ampliado su visión de las cosas y, además en la Resistencia no aceptaban a quienes venían de ese ámbito en particular, para él aquello había sido una moda y otra oportunidad de fastidiar pero su ideología no se extendía demasiado.

Todo lo contrario de quién tenía enfrente, pues su vestimenta y apariencia hablaban por sí mismas, resultaba un hombre bastante intimidante y más teniendo aquellos ojos de colores diferentes. Pero él no se intimidaba con facilidad ya que sabía que hasta David había vencido a Goliath con una piedra muy acertada, esperaba que Heller no fuera rencoroso por haberles abandonado y, no sospechaba que éste también era un terrorista y aún más...Conocía su secreto. Gustav se acercó a la barra abriéndose paso a empujones mientras pedía un par de cervezas e intentaba oír a su compañero mientras la banda de teloneros tocaban como si vinieran una tropa de demonios persiguiéndoles.


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Re: Viento Norte || Heller

Mensaje por Heller R. Soneköwitžch el Lun Ene 07, 2013 6:39 pm

A decir verdad, Heller no era para nada lo que cabría esperar de un chico de su edad. Pese a sus cortos veinticuatro años, llevaba más muertes a su espalda que la mayoría de asesinos en serie conocidos, tenía un inestimable montón de libros leídos (la mayoría sobre geopolítica, política, y economía) y había pasado por tantos horrores que cualquier otro habría ya enloquecido. Sin embargo, cuando dejaba atrás aquella mierda, cuando simplemente era un muchacho, bueno, entonces prefería los garitos de mala muerte y los suburbios. ¿Por qué? Oh sencillo, la gente era mucho más irritable y estaba más predispuesta a usar el lenguaje de los puños, chicas fáciles por doquier dispuestas a todo, oscuridad y silencio a la hora de tapar cualquier irregularidad, todo se podía conseguir con cierta cantidad de dinero -o miedo- y poca gente conocía a “representantes de la ONU”, es más, algunos ni sabían qué era la ONU. Se detuvo justo cuando comenzó a divisar luces potentes de color blanquecino. Eso solo podía significar farolas “buenas”; por lo que se estaba acercando demasiado a las calles transitadas. Gruñó por lo bajo por haberse dejado llevar por sus propios pensamientos en vez de seguir el camino y volvió sobre sus pasos. El humo que largaba su cigarrillo era uno de los componentes de la densa niebla que ocupaba todo el lúgubre lugar. Los callejones, en aquellos instantes de la noche, era un completo hervidero de humanos pasados de cocaína y consumidos hasta los topes de alcohol. Por todos los callejones que recorría el skinhead, el olor a humo hediondo y putrefacción se apoderaban de sus fosas nasales llegando incluso a provocar muecas de puro desagrado. Y eso que él debería estar acostumbrado a todo aquello, pues su cuna había sido una sombra, su infancia una basura; había nacido y crecido en la oscuridad.

Silencio. El silencio lo llenaba todo en aquel callejón. Alguna rata escarbando en la basura. Un quejido. Más silencio. El chico llevaba una botella de algo que parecía de todo menos agua en la mano, y desprendía un notable olor a bar mezclado con el suyo propio. Humo, alcohol. Las pesadas botas militares no hacían ruido, pese a ser el tipo de calzado que era. O tal vez fuese que Heller estaba tan acostumbrado al sigilo que ya lo hacía sin darse cuenta. El mundo empezaba a darle vueltas. Llevaba algunas bebidas poco ortodoxas en el cuerpo. . Y si esas sustancias que tanto le gustaban le autodestruían poco a poco, no le importaba. Muchos años habían pasado ya desde que el chico había asumido que moriría joven. Como los reyes del rock, live fast die young. Y de hecho no era algo que le preocupara, ¿qué importaban unos años más que unos menos en aquella distopía? Bah. Al fin y al cabo, él era un terrorista. La vida que había elegido no era la de alguien que llega a los 80, ni siquiera a los 50. Al chico le gustaba aquella vida, y no iba a dejar de vivirla sólo por miedo a la muerte. Él no la temía. Había estado tantas veces con ella que la consideraba una vieja amiga, y en ocasiones la llegaba a ver como un descanso de todos los tormentos. Pero sólo a veces. Luego le daba una paliza a un negro o empinaba el codo y algo parecido a la felicidad le impregnaba. ¿Que si era feliz? No exactamente. Pero la botella ayudaba a olvidar lo zorra que había sido la vida con él. Y si el futuro traía consigo palos, él sería el fuego. Quemaría a todo aquel que le tocase los huevos. Mínimamente. No hacía falta mucho para que Heller perdiese la paciencia, vamos.

Mientras su mirada se perdía en el suelo y las voces de los adolescentes se esfumaban y se alejaban de su campo auditivo, sus piernas le iban llevando a un local donde aquella noche había un concierto de un grupo que le gustaba. Allí se encontraría con parte de su banda neonazi. Aquel lugar, sin duda alguna, daba completo asco. Y de eso se dio cuenta Heller cuando, a su alrededor, pudo observar que más de una botella se encontraba rota en el suelo. Que más de una colilla de cigarro acariciaba sus botas y que el intenso olor a drogadicción era más notable. Aquel sitio era el Infierno encontrado en Tierra, sin duda alguna. Pese a que iba vestido de negro (vaqueros algo rasgados, una camiseta negra de manga corta y una chaqueta de cuero por encima, combinado todo ello cómo no, con sus pesadas botas militares), como la gran mayoría en aquel lugar, llamaba la atención. Tal vez se debiese a la seguridad que desprendía, la firmeza de sus pasos, o la palabra peligro que parecía estar escrita en su frente. Heller conocía a los seguratas, al dueño del local, y a bastantes cabezas rapadas que había por allí. Por eso no dudó en colarse a todos los imbéciles que estaban haciendo cola y ponerse directamente en la entrada del local. Ante el hecho de que alguien le llamase rinoceronte por detrás, Heller ya tenía la mano en el cinturón del pantalón, preparándose para sacar una navaja. Era un tipo fácil de provocar, para qué mentir. Pero cuando se dio la vuelta, reconoció al chaval que tenía detrás. Solían frecuentar los mismos lugares tiempo atrás. Mörder había averiguado meses atrás que el tío era un disidente, un traidor, y pese a ello, fingió no saberlo. ¿Que por qué? Porque principalmente no podía rebanarle el cuello allá en medio, y segundo porque tal vez pudiese sacar tajada. O incluso hacerle entrar en razón. El tío le solía caer bien y a Heller se le daba muy bien comer cocos. - ¡Qué coño! ¿Qué pasa tío? - saludó, sin que su rostro diese muestra alguna de que sabía todo lo que escondía. - Mala hierba nunca muere, chaval. - respondió, cuando él le preguntó si seguía frecuentando los mismos lugares. Por supuesto que lo hacía. Era su territorio. A Heller le sorprendió que le nombrase por su nombre, normalmente nadie lo hacía -pocos eran los que lo conocían, sólo los compañeros más cercanos-; todos le llamaban Mörder, por su apodo, su sobrenombre, el nombre con el que había sido bautizado en la calle. Entraron al local, dirigiéndose directamente hacia la barra, mientras Heller repasaba con la mirada las personas que pululaban por aquí y por allá, buscando tal vez problemas, o tal vez una tía con la que pasar el rato más tarde. Buscó a sus compañeros, pero lo cierto es que con el local tan lleno, era imposible encontrar a alguien. - Hacía tiempo que no sabía nada de ti, ¿te metieron en la trena, te secuestraron, o te expulsaron de la ciudad? - preguntó, obviamente en broma. O fingiendo estar en broma. Heller no sabía cuánto iba a durar aquella pantomima, su mente superdotada trabajaba rápidamente, urdiendo un plan, preparando qué hacer, decidiendo si matarlo o hacerlo entrar en razón. Todo un dilema.



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Re: Viento Norte || Heller

Mensaje por Gustav Maier el Lun Ene 07, 2013 10:46 pm

El lugar era un verdadero antro de perdición dónde era necesario tener los huevos bien puestos para entrar a él, no era sólo que el lugar era frecuentado por Neo-nazis o por las más que frecuentes peleas entre los punks y éstos: la verdadera razón era que el Bar estaba enclavado en lo que se denominaba "Tierra de nadie" dónde el bando más fuerte prevalecía. Allí ni siquiera la policía iba hasta asegurarse de que no serían emboscados y, también era ahí en dónde los Terroristas solían buscar nuevos integrantes aunque él había entrado a través de otra vía: su esposa Antje. Mientras estaban en la barra notaba que tenían bastante espacio libre alrededor y eso era muy raro teniendo en cuenta el lugar, el concierto y el hecho de estar frente a la barra. No lo atribuía a su presencia, pues llevaba años sin aparecerse por ahí y aunque era alto carecía de la complexión de su viejo amigo.

Mörder era aterrador en sí mismo, no sólo por la fuerza de sus puños sino por su inteligencia que, pese a ser menor, rivalizaba con la suya. Ambos habían trabajado juntos algunas veces cuando pertenecían a bandos similares,pero tras casarse Gustav o Thomas cómo le conocían por esos lugares había abandonado todo para centrarse en sacar su título universitario. No era el único que parecía haber cambiado pues no veía más caras conocidas. Un hombre de casi dos metros les sirvió un par de cervezas heladas y tras saborearla Gustav se encogió de hombros pensando en una respuesta, pues había oído que Heller era un terrorista y eso les hacía volver a pertenecer al mismo bando...Siempre que olvidara ese detalle de ser un "infiltrado". Lo miró con calma y respondió: - Es bueno perderse un tiempo para que te extrañen, por desgracia no tengo ninguna aventura que contar ya que sólo estaba estudiando, me gradué como Periodista así que ya puedo retomar las viejas costumbres - bebió cerveza, estaba tan fría como le gustaba.

La música, si es que podía llamarse de esa manera resonaba con un eco en cada extremo del local, la banda tocaba con furia y ya habían varios agolpados frente al improvisado escenario moviendo las cabezas. El rubio observó que se formaba un círculo en el centro y algunos bailaban y saltaban entre patadas y escupitajos. Sonrió con ironía pues empezaba a sentirse viejo a sus 29 años allí y, admitiendo en su interior que ese lugar no era el más adecuado como para haber invitado a Jarko que, podía estar algo demente pero destilaba elegancia por todos sus poros. El círculo comenzó a ensancharse y pronto notó varios empujones y patadas provenientes de un tipo en particular: uno con rastas que parecía empecinado en empujarles precisamente a Heller y a él. Pronto se le sumó otro que ostentaba esa misma maraña en la cabeza, estaban metiéndose con ellos eso era obvio.

-Me están fastidiando... - comentó mirando a Mörder, la banda de teloneros seguían inmersos en su frenesí y, la atracción principal "Viento Norte" estaba haciéndose esperar. Gustav resopló al cuarto empujón y tomando la botella de cerveza observó a Mörder -¿Qué me dices de ti? Te veo algo atrofiado...Veamos si sigues volando piezas dentales de un sólo golpe - se giró y agarrando al de las rastas que le empujaba a él le estampó la botella en la cabeza, el cristal oscuro saltó en varios fragmentos y se empapó el polerón con restos de cerveza. El hombre se tambaleó mientras un hilillo de sangre le resbalaba por la sien. Aquello le traía recuerdos de cuando era más joven y tenía aquel mismo carácter de "Me tocas los cojones y te corto los tuyos". Se limpió el polerón mientras aguardaba a ver qué haría Heller. El lugar estaba tan lleno que ni siquiera se habían percatado de aquella pelea y, por la forma de tambalearse del hombre de las rastas, pocas ganas le quedarían de darle un empujoncito más.


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Re: Viento Norte || Heller

Mensaje por Heller R. Soneköwitžch el Mar Ene 08, 2013 8:55 am

Heller no sabía cuánto iba a durar aquella pantomima, su mente superdotada trabajaba rápidamente, urdiendo un plan, preparando qué hacer, decidiendo si matarlo o hacerlo entrar en razón. Todo un dilema. El chaval recordaba a Thomas como un buen tío -dentro de la forma de pensar de Heller, vamos- que, aunque no sintiera del todo la causa, sí era el primero que se unía cuando había que destrozar cosas. Sabía que, quizás con algo de empeño, podría hacer que se uniese, que el nacional-socialismo se implantase en su cerebro como una pequeña semilla, que fuese creciendo más y más hasta convertirse en una auténtica creencia. Heller había propiciado que varias decenas se uniesen al grupo terrorista neo-nazi, había reunido a todos aquellos sólo a base de palabras, a base de hacerles ver que, efectivamente, la supremacía de la raza aria era innegable. Podría conseguirlo con Thomas. O lo mataría por traidor. - Eso es una mariconada. - comentó, con tono socarrón, intentando picarle, cuando dijo que estudiaba periodismo. Se echó a reír y dio un largo trago a la cerveza. Heller tenía mucha facilidad para pasar inadvertido en las calles, al amparo de las sombras, pero dentro de un local pequeño como aquel la cosa se complicaba. De todas formas, no le preocupaba. Sabía a ciencia cierta que nadie tendría el valor de intentar algo contra él. Y si lo intentaba...bueno, peor para el valiente, porque sería quien acabaría peor sin lugar a dudas. Apoyó el recién adquirido botellín de cerveza en la mesa y recorrió con la mirada el lugar, buscando algo divertido. La gente seguía entrando en tropel. Pero Heller estaba aburrido. Y el chico odiaba aburrirse. De hecho, era una de las cosas que encabezaban su lista de odios. Tal vez por eso se metía en problemas. Era un auténtico imán para ellos. No podía estarse quieto, eso era para la gente aburrida. La gente que él clasificaba sin vida.

Si no llegaba pronto un entretenimiento, Mörder tendría que buscarlo...o provocarlo. Cosa que probablemente no acabaría bien para los que le rodeaban. El chico preferiría estar en alguna pelea clandestina aquella noche -como muchas otras lo estaba-, desahogándose contra algún desconocido desafortunado. Pero para su mala suerte no había ningún evento importante, así que lo mejor que podía hacer por el momento era quedarse allí, esperando a que alguna diversión apareciese por arte de magia. Y lo hizo. ¡Y tanto que lo hizo! Un perroflauta empezó a tocar las pelotas, uniéndose otro a él al cabo de poco tiempo. Heller lo sabía, sin embargo, se mantuvo imperturbable. Siguió bebiendo como si nada, y escuchó lo que su acompañante decía, sin responder. Sin embargo, no reaccionaba. Seguía quieto, bebiendo lentamente. Era la calma antes de la tormenta, pobres estúpidos los que no lo supiesen. Se estaba desatando un maremoto en el interior del muchacho, pero aparentemente era el más tranquilo del lugar. Vio cómo su compañero le reventaba la botella en la cabeza a uno. Heller dio el último trago de cerveza...y entonces la fiera despertó. Se agarró con ambas manos al borde de la barra, y cogiendo impulso gracias a ella, le dio una patada en la cara al otro hippy de mierda. Cabría apuntar que las botas que Heller llevaba -y de los Skinheads en general- están recubierdas de acero...y eso duele. Tal vez por eso sonó un crujido. Hueso roto. Al hippy se le había roto la mandíbula. Bueno, no se le había roto, Heller se la había roto. Y con mucho gusto, a decir verdad. El skinhead había perdido su percepción de la realidad -seguía alerta, por si alguien le atacaba, pero él estaba a lo suyo-, no sabía qué estaba haciendo Thomas, pero tampoco le era de total relevancia en ese momento: él estaba acabando el trabajo. El hippy cayó de rodillas, agarrándose la cabeza con ambas manos, probablemente porque le dolía como mil demonios hurgándole el alma. Heller se arrodilló enfrente de él, casi como si fuese a ayudarle, pero en vez de eso se dedicó a decir: - ¿Ahora ya no empujas, perroflauta cabrón? - Y a continuación, le dio un cabezazo en la nariz, dejándosela torcida y tan rota como probablemente lo estaba la mandíbula. Con el tipo ya KO, Heller se levantó y se permitió salir de la burbuja en la que se hallaba hasta aquel preciso instante, y de reojo vio cómo el oponente de Thomas tenía un reguero de sangre en un lado de la cabeza, probablemente porque el botellazo le había abierto una brecha en la sien. Una sonrisa ladeada se dibujó en el impenetrable rostro del muchacho, y acto seguido se giró hacia su acompañante y le guiñó un ojo, cómplice de aquel tipo de diversión. - Me encanta machacar a los reaccionarios. - Comentó, mientras crujía los dedos de las manos, manía que tenía desde pequeño, cuando empezaron a entrenarle y día tras día le dolían las manos como si un elefante hubiese paseado sobre ellas. Para Heller gran parte de las personas que no eran nacionalsocialistas eran reaccionarios, contrarrevolucionarios. Y aquellos sencillamente, merecían que les pisaran la cabeza. Un grupo de cuatro o cinco perroflautas más, con sus rastas y sus características pintas de guarros con colorines, empezaron a acercarse, llamando la atención entre el tumulto de negro. Heller se quedó apoyado en la barra, con los ojos algo entrecerrados, mirándolos fijamente. Se preguntó si su función allí era llevarse a los malheridos, o si pretendían buscar pelea. ¿Vendrían en son de paz o serían tan gilipollas de meterse con los dos terroristas?


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Re: Viento Norte || Heller

Mensaje por Gustav Maier el Mar Ene 08, 2013 8:49 pm

Su atención estaba centrada en su oponente, era lo básico en aquellos casos pues cualquier percepción dividida podría hacerle merecedor de unos cuantos golpes e incluso la muerte. Ese no era un Bar de señoritas y aunque a todos les revisaban en las entradas laterales y posteriores era muy fácil ocultar un arma, un cuchillo o usar hasta los pisos de madera como arma...Era cuestión de imaginación y, en ello pensaba cuando sus oídos se deleitaron con el sonido bien audible de huesos rotos, de inmediato supo que Heller continuaba siendo tan letal como antes y no se andaba con rodeos: sus golpes siempre tendían a causar el mayor daño posible, sin excepciones. Recordó algunas peleas y las legendarias palizas que había dado Mörder, cuando sus rivales no terminaban muertos quedaban lisiados de por vida. Los aullidos de dolor de ese tipo casi fueron tan altos como la música que provenía del escenario. Gustav se contentó con aturdir a su contendor, no deseaba mancharse la ropa y sólo rió con un dejo de burla hacia el sujeto al escuchar su comentario y decidió no decirle que no sólo a los reaccionarios, sino que a todo el pobre diablo que se le cruzaba por delante. Pero no sabía cómo lo tomaría éste ya que su carácter era más volátil que el suyo.

- A ti te gusta machacarlo todo, hombre - replicó cuando su mirada se posó en un grupo que se acercaban. En ese instante la banda de moda "Viento Norte" salió a escena y la mitad del gentío corrió al escenario a apretujarse y ver más de cerca a los músicos. Pero éstos sujetos que tenían delante no manifestaron tener las mismas intenciones y mientras dos de ellos recogieron a los heridos pero 3 se quedaron ahí con sus pelos raros, sus ropas coloridas y miradas amenazantes. Gustav miró a Heller, aquello no pintaba bien pero eran sólo tres tarados y sonriendo de lado lo miró de manera significativa y, sin decir nada se acercó a los tres valientes y les espetó: - Manada de imbéciles si quieren pelea la van a tener y saldrán peor parados que los otros dos - estaba furioso pues por culpa de esos tres mastodontes estaba perdiéndose el concierto,ya que aunque oía parte de las canciones, su atención estaba fija en esos tres, uno vestía una camiseta verde, otro tenía una sudadera con Bob Marley y el tercero vestía de amarillo. Riendo miró a Heller y en tono burlón le comentó: Estos hijos de puta se visten como si tuvieran daltonismo... - No terminaba de decir eso cuando alcanzó a esquivar un vaso de vidrio que fue a estrellarse en unas sillas y , maldiciendo por lo bajo se acercó al sujeto y le dio un puñetazo en el abdomen.

Pocos eran testigos de aquella riña, la mayoría estaban disfrutando y sólo el tipo encargado de las cervezas les miraba con expresión neutral. Mientras golpeaba al de la sudadera con Bob Marley recibió un puñetazo en las costillas que le hizo soltar una exclamación, le dolieron hasta los dientes y girándose se llevó la mano al costado y tomando uno de los pisos de madera lo estampó contra la cara del sujeto que le había golpeado. Aquello no tardó en suponer una pelea peor, pues se metió uno de los dos heridos y Gustav comprendió que debía dejar fuera de combate. El de la sudadera amarilla le dio un golpe en el rostro justamente sobre la cicatriz y sintió correr un hilillo de sangre en su pómulo. Sin más preámbulos le golpeó por detrás en la pierna rompiéndole la rodilla.

Al terminar fue al baño allí se miró con aire crítico mientras se lavaba el rostro, tenía dos cortes en él, los nudillos rotos y un dolor de costillas que hacía que le costase respirar. Dejó correr el agua fría y le gustó sentir esa sensación de adormecimiento, jamás había esperado esa pelea y mientras se incorporaba y se secaba con la punta del polerón, sucio con cerveza y sangre de los rastas captó una curiosa mirada por parte de Heller y alzando ambas cejas le observó mientras se apoyaba en el lavabo con expresión intrigada: - ¿Qué pasa? ¿Creías que los años me habían oxidado, Mörder? Conozco esa mirada ¿Qué quieres decir? - Por unos segundos sintió que su mayor temor se hacía realidad, pero no había forma de que el otro supiera de su doble militancia pues sólo tres personas lo sabían y aquello ya era un número demasiado elevado...Además si lo supiese, lo más probable es que estuviera bajo tierra, conociéndolo como lo conocía.


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Re: Viento Norte || Heller

Mensaje por Heller R. Soneköwitžch el Vie Ene 11, 2013 6:21 pm

Heller se quedó apoyado en la barra, con los ojos algo entrecerrados, mirándolos fijamente. Se preguntó si su función allí era llevarse a los malheridos, o si pretendían buscar pelea. ¿Vendrían en son de paz o serían tan gilipollas de meterse con los dos terroristas? - Me gusta machacar la mierda del mundo. - puntualizó, con el semblante serio. Cogió otra cerveza que el camarero le había servido tras un levantamiento de barbilla de Heller. ¿Pretendían ganarle el juego a Heller? Estúpidos. Empinó el codo, aún con la sonrisa de superioridad dibujada en su rostro. Sí, definitivamente la partida iba a ser de lo más entretenida. El alcohol le descendió por la garganta quizá con demasiada rapidez, yéndose a juntar con la bebida que ya estaba en el estómago del chico. Le gustaba la bebida, adoraba la sensación de libertad que le brindaba. Aunque en ese momento estaba algo caliente, algo que a Heller no pareció importarle. Parecía suprimir las preocupaciones, matar los problemas. Te daba la sensación de estar flotando, como si repentinamente fueras una gotita de aceite en un vaso de agua. Todo un vicio. Al fin y al cabo, ¿quien no quiere tener la sensación de volar, de ser libre, a cambio de unos cuantos tragos? Aquello era como tener alas en el mundo real. Era tan fácil dejarse llevar por aquello...tan fácil deshacerse de malos recuerdos y de un pasado oscuro. Tan fácil dejar atrás golpes y gritos, hematomas y sangre. Tan fácil dejar atrás una infancia pálida y sin color, alimentada sólo con los golpes de un hombre ruin. Tan fácil abandonar el peso del dolor y secretos inconfesables. Tan fácil como aquello. Tan fácil como la autodestrucción. Pobre niño desgraciado al que nadie le dijo que sus sueños se habían llenado de rabia. Sin embargo...¿era lógico echarle la culpa a él? Al fin y al cabo, aquella frase popular parecía tener bastante razón, y es que una persona cambia bien porque ha vivido bastante o bien porque ha sufrido lo suficiente. Más razón que un santo, de eso no cabe duda. Su compañero -traidor- hablándole le trajo al mundo de nuevo, le puso los pies en la tierra. Soltó una carcajada cuando dijo lo de daltonismo y acto seguido dijo - Tanta flor y tanta planta les habrá jodido el cerebro. - Y volvió a reir. Odiaba a los hippies. Odiaba a los perroflautas.

De hecho, odiaba a la gran mayoría del mundo; entre negros, amarillos, marrones y demás, pocos blancos quedaban. Heller no había tenido una vida fácil, eso estaba más que claro. Secuelas habían de quedarle, de eso no había duda alguna. Y así había sido. El muchacho no podía confiar en nadie, sufría al amar a alguien, respondía con violencia la mayor parte de las veces. Era como aquellos perros maltratados que acaban en la calle y se vuelven desconfiados, aquellos que muestran los dientes ante cualquier muestra de cariño y pueden resultar altamente peligrosos. Seres cargados de rabia, justificada, pero rabia al fin y al cabo. Levantó la mirada, observando como su compañero se peleaba con un hippy, y cómo otro se acercaba a él. El nazi optó por reirse entre dientes. Sin embargo, no era una risa contenta ni nada eso. Era siniestra, ni más ni menos. Dejó el botellín en la mesa con la misma tranquilidad con la que lo hubiera hecho alguien que no tuviese a un tipo a punto de zurrarle enfrente de él. El hippy cabrón, sacó una navaja, e hizo que Heller casi se descojonase en su cara: ¿no se suponía que los guarros eran pacifistas y estaban en contra de las armas? El skinhead, con práctica, le desarmó, aunque ciertamente los cálculos fueron algo erróneos, pues un corte en el dorsal de la mano derecha lo demostraba. Segundos después, empuñaba él la navaja del perroflauta, mientras sentía que unas gotas calientes de sangre le resbalaban hacia la palma de la mano. Le dio una patada tan fuerte en el tórax, que el tipo cayó al suelo, con dificultades respiratorias. Entonces Heller se sentó a horcajadas sobre él, inmobilizándolo por completo, y con total precisión -que sin duda demostraba que aquello ya lo había hecho muchas veces- le dibujó una esvástica en medio de la frente con la navaja. Acto seguido se levantó para observar su sangrienta obra desde la altura, orgulloso. Le dio una patada en las costillas y se largó al baño, donde había visto que su compañero se iba. Lo de compañero, bueno, era totalmente cuestionable. Tal vez podría lograrlo, tal vez, pero aún no era el caso. Le costaba creer que el tipo que tenía delante, el tipo que acababa de reventar a unos guarros, fuese un traidor. Y en eso pensaba cuando el otro lo sacó de sus pensamientos. Se hizo el loco y respondió, acompañando la pulla con una sonrisa socarrona: - De hecho, sí estás algo oxidado, tío. - Lo miró de arriba a abajo, elocuentemente, intentando picar a su compañero. Cayó entonces en la cuenta de que tenía un tajo en la mano, pues la adrenalina del momento le había permitido no sentir el dolor aún. Al menos, no demasiado. Puso la mano bajo el grifo, mientras miraba por la puerta abierta del baño: los perroflautas se iban, algunos a rastras, otros en brazos de más perroflautas que habían venido a sacarlos de allí. - Esos guarros no volverán a pisar la zona en lo que les queda de su miserable vida. - Sentenció, de nuevo con aquella sonrisa socarrona tan característica en él adornando su rostro. Y de un instante a otro, toda sonrisa desapareció de su rostro. Clavó la mirada en los ojos de su ex-amigo, manteniendo el rostro totalmente imperturbable. - ¿No echabas de menos esto? La vida de periodista debe ser algo...aburrida. - comentó, sin despegar la mirada de él.


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Re: Viento Norte || Heller

Mensaje por Gustav Maier el Sáb Ene 12, 2013 8:50 pm

Después de esa pelea se sentía verdaderamente algo oxidado, hace mucho que había dejado de participar en ese tipo de ajustes de cuentas pues ya no era joven aunque lo pareciera y, en ello se sentía bendecido pues aparentar unos 25 teniendo 29 si que era algo fantástico. Pero ya tendría tiempo de usar aquello a su favor pues, de momento le interesaba lo que Heller le decía, era segunda vez que aludía a su profesión como algo aburrido pero eso no le molestaba, era más bien su mirada que parecía decirle "Yo se algo que tú no sabes". Se preguntó qué podría ser ya que él jamás dejaba cabos sueltos y verificaba muchas veces los pros y contras antes de hacer algo. Incluso cuando se trataba de un asunto tan simple como ir a un concierto a una zona como aquella, sabía que podría encontrar pelea y había decidido vestir lo más simple posible.

-- ¿Qué tienes contra el Periodismo, eh? - Se giró apoyándose en uno de los lavabos mientras hasta allí llegaba el sonido del concierto, e incluso tenía mejor acústica que afuera. Gustav mantenía su expresión entre divertida e irónica pero en sus ojos brillaba el desafío. A veces cuando ambos eran menores mantenían largas discusiones y ninguno daba el brazo a torcer, sonrió y haciendo un ademán con la mano continuó: -- Es una buena elección, aprendes a hurgar en la vida de los demás, a buscar información y también es una fuente potente de denuncia, le enseñas a las personas las realidades que no ven...O que no quieren ver - Él estaba orgulloso de su profesión y más dedicándose al área policial, sus informes eran redactados con inteligencia, muy lejos de otros demasiado morbosos para su gusto. Le miró y acercándose dijo: -- Extrañaba venir por acá y dar palizas, pero dónde vivo también causo algunos desastres... - Dejó aquello en el aire pues había oído que Heller era terrorista, un francotirador que pese a su juventud era letal y despiadado.

¿Cómo saberlo? Nuevamente sentía que estaban en un mismo bando, respetaba al joven por sus convicciones y por no frenarse a la hora de demostrar su aversión. Aunque en ocasiones le había parecido demasiado fanático pero jamás exento de inteligencia. Prefería las cosas claras y, por ello mirándolo a los ojos murmuró consciente de que nadie les oiría allí: -- Dime una cosa...¿Qué me dices de ti? Eres brillante así que estoy deseoso de oír qué estudias o estudiarás y, también si tu puntería es tan magnífica cómo se dice Mörder - No había burla ni ironía, pero si bastante curiosidad pues con ese tipo no se jugaba, pero con él....tampoco.


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