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Malgastando horas de sueño en el papel... .:Sarah Tagebuch:.

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Malgastando horas de sueño en el papel... .:Sarah Tagebuch:.

Mensaje por Sarah Alman el Vie Ene 11, 2013 3:02 am


Vino y mi gato el glotón
«Comprar más somníferos no sería mala idea.»
₪ 11.Ene ₪ Su apartamento ₪ 5:57AM ₪

La banda sonora de una de mis películas favoritas suena de fondo por el apartamento que permanece en penumbras. La única luz es la que se filtra de la calle procedente de las farolas y el alba, que anuncia otro frío amanecer. Posiblemente hoy esté nublado aunque eso me importa poco.
He llegado a casa apenas hace unas horas y mi cena/comida/desayuno o como sea, se enfría sobre la mesa a mi lado pero estoy más concentrada en escribir y observar de reojo el cielo que en comer.
Debería estar dándome una larga ducha caliente antes de dormir para la fiesta de la noche pero no tengo ningún interés en dormir aún... Estoy agotada, eso es innegable, pero demasiado despierta.


La joven deja la pluma estilográfica marcando la página al cerrar de forma presurosa el diario par agarrar la copa de vino que estando demasiado al filo, acababa de amenazar con precipitarse al suelo por el salto que había dado hacía la mesa su mascota. Su gato a pesar de acabar de cenar parecía bastante interesado en la lasaña del plato que a causa del frío húmedo berlines ya no se mostraba tan apetitosa como minutos antes y cuyo queso había quedado más similar al plástico que a otra cosa. Sin impedir que el animal se comiera la única comida decente a la que había tenido acceso en las últimas veinte horas dio un sorbo al vino dejando que el intenso sabor del rioja inundara su paladar, cerrando los ojos y respirando profundamente. Solo Dios sabía lo agotada que se sentía, si es que existía, pues para ella Dios solo era una invención más de los hombres.
Tras unos minutos, retomó la tarea de escribir. Con firmeza tomó la pluma y comenzó a rasgar el papel de forma rápida y con letra poco cuidada.

Hace relativamente poco que volví de Nueva York, sobre ese viaje hay mucho que escribir... Pero lo cierto es que no me veo con el ánimo de pensar mucho en ese viaje en estos momentos, ni en el complicado rubio.
Podría escribir sobre la que parece, se convertirá en lo más cercano a una amiga que tendré, pero realmente, sobre Victorie aún hay poco que escribir. Podría narrar que es lo que me llamó la atención en ella, pero lo físico se vuelve vulgar de narrar y para aquello que va más allá de lo físico creo que me faltarían las palabras. Al menos, junto a ella tengo las suficientes ganas de intentar ser simpática, cosa que no ocurre la gran mayoría de las veces que paso tiempo con una persona. Por otro lado, hace un par de noches, volví a disfrutar de la compañía de Frederick, fuimos a cenar y a un concierto... Como siempre, me sorprendió con un nuevo vino que desconocía y la charla fue tan amena como siempre. Tampoco hay mucho más que decir de mi vida social, ya que esta es, cuanto menos, casi inexistente.
Probablemente el psicólogo del trabajo tenga razón y me paso demasiadas horas absorta trabajando, cuando no, me la paso pensando en el trabajo. Soy una obsesiva, lo admito... Al menos aquí, donde sé, nadie podrá leerlo.
¿Cómo no obsesionarme cuando en menos de dos semanas estoy saturada y colapsada? Entre lo legal, lo ilegal, lo oficial, lo extra-oficial y lo de en medio, estoy trabajando de media unas veinte horas al día. Pero no era mi culpa estar tan jodidamente atareada... En parte.


Reprimió una risa y dejando la pluma en sus labios acarició el pelaje atigrado de su gato que comenzaba a reclamar atención a su ama, la cual, aunque nunca lo admitiría, no podía negarle nada a su pequeño, porque lo más parecido a un sentimiento maternal que jamás había sentido, era por su gato Jude.
-Mi pequeño engendro mimoso...- susurró volviendo a tomar la pluma para repositar un beso en el suave pelo.

Vale, si, fue mi culpa no haberle metido un tiro aquel día al rubio y dejarme liar hasta este punto, igual fue mi culpa aceptar el encargo del ministro. También era mi culpa por aceptar un ascenso que no me interesaba y solo me había traído más trabajo pero lamentarse no está hecho para mi y es algo tarde para cambiarlo. Y pensando en el encargo del ministro... Tengo que hacer algo. Gracias a todo mi cara apenas se nota en las fotos que la prensa ha publicado hasta en post-it informativos. “La rubia desconocida y el ministro Zöllervich”. Pero en un baile con tanta gente importante habría prensa y que no se apreciara mi cara no significaba que alguno no pudiera darse cuenta que era yo. Lo que tenía que hacer por encontrar a ese mocoso... Ya le valía hacer de su vida algo importante, que mereciera mi esfuerzo y el de otros, porque siguiera vivo. Que encontrara una cura para el SIDA por ejemplo sería una buena forma de compensar al mundo por tanto quebradero de cabeza que me estaba dando el endemoniado crío.
Pero volviendo al tema, no podía eludir la fiesta y tampoco pensaba arriesgarme, de camino a casa he comprado un tinte castaño, espero que sea lo suficiente para que nadie piense ni de lejos que yo era la que se comía los morros con el ministro en una cafetería.


Miró nuevamente el cielo que comenzaba a mostrarse de tonos azules pálidos, rosados y grises. El plato de lasaña ya estaba vacío y con el diario en una mano terminó su vino y puso la copa sobre la superficie de vidrio de color morado para en un fácil equilibrio, llevarlo a la cocina. Lo dejó sobre la encimera, en unas horas llegaría Marie, la chica del servicio que hacía que su casa no fuera un vertedero y ella se encargaría. Al pasar por el salón observó el vestido dentro de la funda transparente de la tintorería, colgado en lo alto de una de las puertas. No tenía ninguna gana de ponérselo... Ella era tan feliz con sus vaqueros rotos y desgastados y sus camisetas dos veces más grandes que ella, que casi de vestido le servían... Suspiró nuevamente. Cualquier expectativa de escaquearse del evento había desaparecido con la llamada de sus padres para informarla de que habían sido invitados y por tanto, acudirían. Gracias al cielo se hospedarían en otra de las propiedades de la familia y no en su casa porque Sarah apenas tenía paciencia y con ellos dos, menos. Aquellos pensamientos, nuevamente, habían agriado su ya difícil humor. Camina a su despacho y se sienta levemente sobre la mesa, para terminar de escribir robándole unos instantes más al sueño.

Bueno, aún debo hacer muchas cosas antes de dormir... Y no puedo perder el tiempo sentada escribiendo por muy tentador que resulte. Además, debo hacerle a Marie la lista de la compra... O bueno, no. Ella sabe que dos cosas básicas hacen falta en la cocina: café y pepsi. Si compra eso, me doy por servida... Ah y comida para Jude.
¿Cómo puede comer tanto un gato? Hoy comió antes de que me fuera al trabajo pienso y parte de mi desayuno. Al medio día Marie le daría como siempre lata de atún y salmón, su favorita. Y ahora se comió su bol de pienso, otra lata y la lasaña y convencida estoy que si pusiera algo más a su alcance para comer, lo devoraría... Un día me comerá a mi.


Enarca una ceja releyendo lo que acaba de escribir y reprime una risa.

Vale, el agotamiento comienza a notarse, son las... 6:30AM y ando escribiendo sobre la dieta de mi gato.
Nota: Preguntarle a mi psicólogo si esto es normal o terminaré siendo una de esas viejas solitarias con gatos.
Nota 2: Preguntarle además, si lo peor no es, que la idea anterior no me desagrada para nada.
Nota 3: Me da que comprar más somníferos no sería mala idea.


Sarah ríe por su propios chistes, que no son tan chiste, ni tan graciosos, pero que solo para ella puede decir sin temor o en este caso escribir. Deja el diario en el escritorio de su despacho antes de atravesar la puerta corredera de este a su dormitorio y correr las cortinas y tirarse en la cama. No conciliará el sueño en horas pues tiene muchas cosas en la cabeza y pasará gran parte de la mañana dando vueltas en la cama, aunque como siempre, finalmente, el sueño ganará la batalla.



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Re: Malgastando horas de sueño en el papel... .:Sarah Tagebuch:.

Mensaje por Sarah Alman el Sáb Ene 19, 2013 6:46 am


Reencuentros con un pasado que no existe.
«Para dejarlo en la puerta de su casa con un lazo y una tarjeta de regalo y ya sacarlo definitivamente de mi vida.»
₪ 15.Ene ₪ Su apartamento ₪ 9AM ₪

Está sentada junto a la ventana, hace un frío de muerte que vuelve el cristal como el hielo y hace que al respirar cerca de él un halo de vaho lo empañe, sin embargo la calefacción del suelo irradiado mantiene la habitación y la casa a una temperatura agradable, tanto, que tiene el coraje en pleno enero berlines de ir solo con una camiseta algo vieja y grande y la lencería. Al fin y al cabo está en su casa... Si no puedes ir en bragas por tu casa ¿Para qué la quieres? Eso era algo que ella valoraba mucho, la intimidad y la soledad. Su apartamento representaba todo eso y ahora mismo solo estaban ella y su gato, que dormía sobre su almohada.
Los minutos pasaban pero ella estaba ida en el caótico ritmo de sus pensamientos, mordisqueaba distraídamente el bolígrafo mientras el cuaderno permanecía abierto por una página en blanco con la única anotación de la fecha. Antes de escribir tenía si quiera que pensar que plasmar en el papel... Porque a pesar de todo, había cosas, que ni si quiera se atrevía a escribir o decir, le pasaba desde niña, como si al ser solo parte de sus pensamientos pudiera obviar su existencia y era consciente de que era una forma de esconderse hasta de ella misma, sus pensamientos habían llegado hasta ese punto y con un suspiro resignado se atrevió a comenzar a escribir, tomando buen ritmo, pues las palabras iban saliendo en una cascada, un magnífico efecto dominó que trasformó su mudismo ante el papel en un chorreón de palabras por escribir.

Durante los últimos años he guardado muchos secretos, últimamente más de los que me permitiré admitir nunca, pues a pesar de que puedo ser un gran mentirosa considero que la mayor virtud puede ser la sinceridad. Pero muchas veces la sinceridad te traiciona y debes saber cuando cerrar bien la boca.
Esa es una de las primeras cosas que me enseñó mi madre... Cuando una señorita debía poner una sonrisa educada y morderse la lengua, una lección que habitualmente olvido, obviamente, a propósito. Yo no soy una señorita por mucho que últimamente todos los que me rodeen, ya sea por molestar o de forma sincera, me traten como una. Solo me consuela saber que si quiero soy más macho que todos ellos juntos... Obviando la parte fisiológica claro está.
No sé exactamente cuando olvidé esa y otras enseñanzas clasistas y muy machistas, pero sé que todo fue culpa de una persona... Nunca he hablado a nadie de él, porque así era fácil negar que existió... ¿Realmente existe? Ni un verdadero nombre tengo de él, pero me da la impresión de que nunca tuvo un nombre de verdad. Él era todo lo que yo, a mis diecisiete, quería ser. Era completamente libre, sin nadie que le diera órdenes o le obligara a hacer nada, sin obligaciones o normas, tampoco reglas. Por eso me escapé de casa, porque esa férrea disciplina impuesta me asfixiaba y ahora me pregunto cómo no lo hice antes... Al fin y al cabo ¿Quién puede soportar dieciséis años de encierro?
Bueno, a efectos prácticos era un encierro. Nunca me permitieron ir a un colegio, o al instituto, no tenía amigos, no iba a fiestas. Solo iba a las continuas recepciones por los logros militares de mi padre y alguno de sus amigos. Un lugar ideal para una niña o una adolescente...


Pone los ojos en blanco y vuelve a dedicar una mirada al exterior, tose. Lleva días con tos y fiebre, una gripe rara teniendo en cuenta que no ha tenido mocos ni otros síntomas normales. Solo fiebre, sudores fríos y tos, mucha y desagradable tos, lo cual hace que la gente la mire y finja preocuparse por su salud... Lo que provoca, como en un efecto mariposa, que ella sienta ganas de estrangularlos y dejarles claro que no se va a morir y vayan a joder a otro. Pero sabe controlarse y de la forma menos borde posible decir que solo es una maldita y puñetera gripe. Tras unos minutos tosiendo se ve capaz de volver a escribir, leyendo antes lo que lleva y sintiendo de pronto un desánimo tremendo, pero Sarah no es mujer de dejar nada a medias...

Le conocí de casualidad en una gasolinera y sin saber muy bien como terminamos juntos esa noche y la siguiente y la siguiente de la siguiente. Continué mi aventura con él y para qué negarlo, la incertidumbre me asustaba tanto en aquel momento como me excitaba. Siempre había sido una chica extraña pero mi carácter y mi forma de ser realmente se forjó en aquellos meses, mis padres no me buscaron y dijeron a todos que estaba en Londres con la hermana de mi padre, la cual había muerto de cáncer de páncreas hacía un par de años, aunque tampoco nadie preguntó.
Puede que todo lo que he logrado se lo deba a él... ¡No! No le debo nada a nadie, menos a Draegan, mucho menos a él. Todo lo que soy y tengo me lo debo única y exclusivamente a mi misma, pero eso no quita que volver a encontrarlo en mi camino no haya sido... Confuso. Ha removido una parte de mi vida que no existe, no existe para nadie excepto para mi y para él. O puede que ni para él, pues yo solo fui una chica tonta de la que se aprovechó siempre que quiso, una muesca más.


Lee lo escrito y frunce los labios, tachando algunas cosas. Se cubre un momento la boca para toser un par de veces antes de poder continuar.

Tengo que admitirlo, me encapriché de él como una idiota, solo fue eso, capricho, pues cuando tomé la decisión de irme no sentí ni dolor, ni vacío, nada de lo que se supone sientes cuando amas o quieres a alguien. Además, hay tipos a los que nunca amarías, gente como Draegan o Gustav son los típicos con los que tontear, alegrarse la vista y a cuanto más, disfrutar de unos pocos polvos. Si mi concepto de amor, algo que jamás he sentido, no anda muy equivocado nadie puede amar a tipos así. Lo cual me recuerda... Sigo esperando a que suelten al maldito crío. Ese mocoso es una jaqueca constante, solo tengo ganas de que lo suelten para dejarlo en la puerta de su casa con un lazo y una tarjeta de regalo y ya sacarlo definitivamente de mi vida. Cuando eso pase seré una mujer muuuuy feliz. Muchísimo. Y más si ese estúpido baile sigue retrasado... ¿De verdad alguien puede tener ganas de ir a un baile a pavonearse y hacer vida social mientras cada uno representa su propia mentira? Yo prefiero una mala resaca al despertar tirada en un suelo sucio y lleno de mierda de un bar cutre. Mil veces mejor... Solo espero que Draegan no vaya.
No creo que vaya ¿No? O sea, cuando le conocí era un Don Nadie, sin pasado ni un futuro precisamente prometedor, solo servía para robar, meterse en peleas y follar. Desde luego esas tres cosas no te abren las puertas de una fiesta tan exclusiva a no ser que robes una invitación, te hayas peleado con alguien que caiga especialmente mal y te agradezcan así (??) o te folles a alguien importante. Me cuadraría más la tercera, conociéndolo... Era ver una falda o la ausencia de una y allá iba cual animal en celo a sobarse con la pierna de la zorra más cercana.


Se le escapa una risa y niega suavemente, otra cosa que aprendió gracias a aquel tipo era que los celos no sirven para nada, solo para sentirse mal con uno mismo. Ya nunca sentía celos, nunca había vuelto a sentir ese sentimiento de posesión, tampoco se sentía propiedad de nadie... Algo así como en de todos pero de ninguno. Pero no podía olvidar cuando aún era una niña boba la forma en que le afectaba que él se fuese con otra, porque él era algo así como su juguete y ella no estaba acostumbrada a compartir. Por aquel entonces era una niña algo mimada en algunas cosas y una era respecto a no tener necesidad de compartir nada... Solo había una persona con la que había compartido, Alec, pero se negaba a pensar en eso. Hacía demasiados años ya... ¿Cuántos? Iba a hacer catorce en febrero. Una nueva tos la hace tomar el vaso que hay en la mesilla y darle un trago, el café ya se ha quedado frío pero le hidrata algo la garganta, está amargo y bien cargado. Tal como le gusta.

Solo espero no tener que encontrarlo más y a poder ser, de elegir, si debemos reencontrarnos nuevamente que no sea en un lugar público, no tengo ganas de dar explicaciones a nadie, porque esos meses de mi vida siguen siendo algo que no pasó, la primera norma de un mentiroso es mantener las mentiras hasta el final y las últimas consecuencias y yo no soy de la que se asusta de estas segundas.
Pero ahora de nada sirve pensar en eso... Tengo que dormir unas horas antes de entrar a una nueva guardia, como el otro día que tuve que darle un paseo por las instalaciones al Comisario del RSV y el muy gilipollas llegó tarde. Odio la impuntualidad y me he pasado el día de malas por eso. Ahora toca dormir y prepararme para otro día soportando idiotas como ese... Pero antes toca echar a Jude de mi almohada.


Se pone en pie y deja el cuaderno y la pluma en su lugar, termina el café y lo deja en el fregadero de la cocina antes de volver al dormitorio, efectivamente su gato sigue ahí y no muy dispuesto a quitarse de la almohada.
-Eh, saco de pulgas, quita.



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