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M. Wanda Schulze; terminada.

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M. Wanda Schulze; terminada.

Mensaje por M. Wanda Schulze el Vie Ene 11, 2013 3:56 pm

Mathilda (Wanda) Schulze
34 AÑOS # ALEMANA # BISEXUAL # SOLTERA # MAD # CAPITANA/ESPÍA
Físico

Avatar: Evan Rachel Wood
D. Física:
• Altura: un metro setenta y tres; aunque con sus tacones de aguja que parecen desacreditar a la gravedad, aumenta al menos diez centímetros.
• Color de Ojos: azules, verdes, grises. Así comienzan muchas discusiones de las que ella sale con un “azul-verdoso-agrisado”.
• Color de Pelo: rubio, pelirrojo, rojo casi fucsia, negro, dorado, marrón… duda que haya alguien, aparte de cierto señor, que sepa cuál es su color original. Se lo tintaba para caracterizar a los personajes y ahora más bien por costumbre, o cambiar, y a veces aun por trabajo. Todo depende.
• Complexión: no es gigante, no es grande; más bien tira a pequeñaja y lo detesta, por lo que siempre intentará cambiar éste hecho. Delgada de un modo deportivo, no anoréxico. Con menos pecho del que le gustaría, aunque es una mujer con curvas.
• Vestimenta: elegante, primordialmente. Para la oficina y la vida personal, siempre le verás impecable, con faldas en muchas ocasiones que dejen ver sus perfectas piernas, hasta una altura respetable. Esa clase de mujer que sabe vestir sexy sin enseñar apenas nada: faldas por la rodilla, camisas, tacones. Pero a la vez es bastante practica, por lo que bajo esa ropa elegante suele llevar algo por si necesita más movilidad. Sólo cabe añadir que bajo la ropa elegante le gusta llevar ropa interior muy sugerente, solo apta para quien ella desee que la vea. Suele ser algo retro, no puede evitarlo.
• Marcas: en su vida ha sufrido incontables heridas, algunas que le marcaron de por vida. Dos agujeros de bala, uno en el hombro y otro en la pierna. Un profundo corte en el estómago y quemaduras en la espalda. Y una pequeña, casi imperceptible, bajo la mandíbula, a la derecha, apenas dos centímetros de larga, cuando una vez un hombre casi le raja el cuello.
• Otros: aunque no lleve tres dedos de maquillaje, suele perfilarse los ojos y pintarse los labios todos los días. De rojo a ser posible la boca. Tiene un tatuaje que la tira de la ropa interior cruza por la mitad, en la pelvis con la palabra “Haifisch”, tuburón.
Personalidad



I choose death before dishonor;
I'd rather die than live down on my knees.

Wanda, todos te dirán lo mismo sobre ella, todos tienen algo en común dentro de la opinión que tienen de ella: entregada, fuerte , valiente, íntegra. Una mujer con todas las letras de la palabra, con una ética incuestionable y la fuerza de un ciclón. En sus altos tacones, dando órdenes sin necesidad de alzar la voz, apuntando datos en una pizarra, la gente le escucha, la gente la hace caso. Porque inspira una confianza que casi podría ser ciega. Sabe lo que hace, es la mejor en su trabajo y cuando se equivoca, no tiene miedo a admitirlo. Es humana, lo sabe, pero no se permite los fallos si hay vidas en juego. Protectora no sólo con los suyos, sino con todo el mundo (y con los indefensos más que con nadie). Luchadora, terca y con los medios. Todos saben que es mejor no interponerse entre ella y lo que busca. Y el honor, bueno, el honor es algo que muchos no entienden. Tal vez fuera por los cuentos sobre caballeros de la antigüedad que su madre le contaba de pequeña, por su afición a Batman o por lo que sea, pero para ella el honor es algo muy importante. Siempre eligiendo correcto por encima del fácil; ayudar por ayudar, porque eso es lo que tiene hacer. No muchos la entienden, ni ella misma cuando intenta explicarlo; es algo que siente, en el pecho, en el alma… esa la voz de su interior a la que siempre hace caso. Consecuente con lo que hace, tal vez demasiado. No la verás escurriendo el bulto, sino como la primera en subir a la palestra a recibir las culpas mientras al mismo tiempo está emendando su error.

You won't break me, no matter how hard you try.
You can't shake me down: I'm fucking bulletproof!

También hay quien te dirá que es fría como un témpano de hielo. Y no se equivocan. Profesional, directa y tajante. Los sentimientos de los demás le suelen dar igual. Una gran jefa, pero no busques una amiga en ella durante el trabajo, porque no la encontrarás. Intransigente, detesta a los impuntuales y los desordenados, aunque no le presta especial atención al protocolo. Te dirá las cosas como tienen que ser, sin adornarlas o suavizarlas. Si llegas tarde te dirá que a la próxima estas fuera, tal cual, sin importarle que eso te puede hacer daño. Dura, como el diamante. Pueden someterla a tortura durante días, semanas, meses, años: no dirá una palabra; pueden darle golpes hasta hacerla sangrar, no chillará; puede la vida darle palos, que ella aguantará con la cabeza bien alta. Criarse con su padre maltratador la cinceló en el material más duro de la Tierra, convirtiéndola en una guerrera de corazón llameante y escudo anti todo. Pase lo que pase, ella no perderá la compostura, los nervios, la sangre fría. Aunque el mundo entero esté ardiendo, ella seguirá firme, buscando agua o extintores de dónde sea hasta extinguirlo. Aunque le cueste años, la vida, lo que sea. No se rinde, esa palabra no entra en su vocabulario. No es concepto que ella entienda.

No one gets left behind: we stand and fight together.
No one gets left behind: or we all die alone.

Si consigues pasar la capa de hilo frío y seco que suele usar especialmente en el trabajo, te encontrarás una mujer amigable, dulce, carismática. Se puede ver claramente cuando se mete en algún personaje dulce, de doncella desvalida, para su trabajo. Le pega, va con su cara, con sus gestos… es tan real que parece que fue creada para ser así. Si hubiera crecido en una familia feliz, probablemente habría sido ese el resultado. Quizás por eso esa faceta siempre cuele. Pero no es fácil ser su amiga, al principio al menos no. Antes de conseguir llegar a su corazón, te encontrarás a alguien demasiado sincero, con quien no dudes, acabarás chocando. Mandona y terca, como ya he dicho, no le gusta mucho hacer lo que los demás quieran. Tampoco dejar su corazón a la intemperie. Por eso al principio será irascible, parecerá que no le importa nada ni nadie, casi borde. Bueno, borde entera. Probando a las personas, viendo cómo son en realidad. No le gusta la gente que dice las cosas a la cara, que le responden, que se callan y acumulan. Por eso, cuando la gente pasa la prueba y ella se siente preparada para mostrarse tal cual es, la lista de gente a la que soporta se hace finísima. O quizás que la soporten a ella. Por mucho que la admiren o respeten, no muchos se atreven a llegar tan lejos con ella. Tan hondo. Y sólo esos pocos, esos elegidos, conocen a la chica dulce y divertida que lleva dentro. Con los que despierta una protección casi feroz.

You can't take my honor, you can't take my soul.
You can't take the fact you'll never have control.

No es fácil domarla, que no te ponga los puntos sobre las íes a cada palabra. Quizás por eso las relaciones estables no son lo suyo. Y quizás también por eso es tan buena en su trabajo. Le encuentra fallos a todo y los arregla. Casi maniática, al igual que con el orden. Y la puntualidad. Una mujer hermosa, siempre atrajo las miradas de la gente. Nunca fu mujer de una sola noche. Ella es difícil de encandilar, de conseguir. No porque le guste “hacerse la difícil”, es que lo es. Con ella, no vas a tener el control ni en la cama. Pero la recompensa va acorde la tarea. Ese tempano frío que parece ser se derrite con la fricción, con los besos, con las caricias. Su ropa interior sexy dice mucho de ella: tan fogosa en la cama que nadie suele salir de ella sin algún imperfecto. Le encanta morder, sus uñas son afiladas y no sabe controlarse. Toda su corrección se ve dada la vuelta en cuanto le quitas la ropa. ¿Sadomaso? Bueno, aun no ha llegado a tanto. Es algo que le sale natural, que aparece desde lo más hondo de ella misma y se apodera de todo su ser. En la cama y en la vida, coge las riendas de todo. Aunque haya personas por encima de ella, no dudará en plantarles cara si tiene fe en lo que dice. Y si se encuentra entre las sábanas con alguien más que quiera las riendas, la agresividad (o pasión, como lo llama ella) se aumenta, y con ello mejora el sexo. Pero a su vez, por ello, nunca pueda aguantar más de “x” tiempo en una relación.
Historia
Familiares:
»Heidi A. Burkhard; madre. Fallecida. Fue la que le cuidó toda su vida, la que le animaba a seguir con su peculiar forma. Demasiado diferentes, chocaban constantemente, parecía que Heidi solo sabía hacerle rabiar. Pero con esas rabietas sacaba lo mejor de su hija: una sutil manipulación. Pero de eso se dio cuenta más tarde. La quería mucho, pero murió en uno de los primeros ataques terroristas alemanes al principio de la guerra.

» Rudolph K. Schulze; padre. Fallecido. Su padre no recibiría el premio a progenitor del año ni aunque compitiese con Abraham (que no olvidemos, intentó matar a su hijo por orden de Dios). Maltrataba a la madre de Wanda y era un capullo integral. Nunca lo soportó, jamás le quiso lo más mínimo. Un día, con sólo doce años, Wanda se le plantó delante y le dijo con la voz más fiera que ha usado en su vida que si volvía a alzarle la mano a su madre, lo mataba. Al día siguiente el hombre abandonó la casa. No ha vuelto a saber de él.

Historia Personal:
La vida de Wanda tuvo un inicio fortuito: fue un accidente. Con una madre joven, de apenas veinte años y un padre detestable de treinta. Él era la clase de hombre que siempre salía con jovencitas, un profesor de universidad con una moral cuestionable. Pero cuando Wanda quedó embarazada, se vio obligado a casarse con ella. Pero el bebé destrozó lo que les quedaba de relación. Él era un hombre violento y lo que empezó con peleas constantes, acabó en amenazas, en desestabilidad mental, en golpes, en palizas. Conforme Wanda iba creciendo, las cosas iban a peor y ella se daba cuenta de las cosas. Nunca se pareció a sus progenitores, en nada. Ella sumisa y muy femenina, casi cursi, abandonada al mundo de la fantasía porque su vida le resultaba demasiado dura; y él, falto totalmente de valores, agresivo, demasiado expresivo, desagradable. Ella pareció crecer siendo el contrapunto de ambos.

Lo único que sacó de los dos, fue la inteligencia. La primera en las clases, siempre, le gustara o no la asignatura, se le diera bien o mal. Para unas estudiaba más, para otras menos, pero del diez no bajaba. La más rápida en gimnasia, la más afinada en música, la que no cometía una falta en lengua ni un error en matemáticas. Fría, nunca le gustó hablar de ella, ni si quiera de pequeña. El ambiente que llevaba en casa, le hizo cerrada, no confiaba en nadie. Parecía un robot sin corazón, sin alma. Iba a clase, dejaba a los demás niños por los suelos con sus conocimientos y volvía a casa. Se apuntaba a toda clase de actividades extraescolares para tener más tiempo ocupado, para no volver a “su hogar”. Idiomas, deportes, esgrima, de todo. Y siempre la mejor, porque así cuando estaba en casa se esforzaba en todo, pasaba horas estudiando, practicando. Y además, si hacía las cosas bien, no había razones para que su padre se enfadara. Wanda por aquel momento le temía, pero todo cambió.

A los doce años les dieron clases de defensa personal y algo hizo click en su cabeza. Tras eso se apuntó a karate, yudo y Krav Maga. Hasta que un día tuvo las agallas que necesitaba. Su padre se enfadó, otras vez, por nada, con su madre. Le levantó la mano, a punto de pegarle. Por Wanda se colocó delante y con un simple y ligero movimiento, le agarró la mano e hizo crujir un par de dedos. Tal vez hasta le rompió alguno, nunca lo supo. Y antes de soltarlo le susurró, tan fría y peligrosamente que hasta su madre sintió un escalofrío, que si volvía a tocarle un pelo de la cabeza a alguna de ellas, le mataría. Podría haber dicho algo estilo “romper todos los huesos del cuerpo” o quizás “los huevos”, pero habló de muerte, porque tenía claro que lo haría. Su padre con una sorpresa en el rostro que casi rozaba el pánico, se fue a dónde fuera cada viernes a emborracharse. Y al día siguiente, ni él ni sus cosas estaban en la casa. Se había ido y nunca volvió.

Algo en las vidas de ambas cambió entonces. Seguían chocando, pero ya eran libres, ya podían reír, podían disfrutar de la vida. Dejó a un lado la frialdad y se convirtió en una chica amistosa. No fue del día a la noche, pero la transición tampoco fue lenta. Siguió con sus actividades extraescolares, pero ahora hablaba con los compañeros, hacía amigos. Y llegó la adolescencia, y la pequeña Wanda se hizo toda una hermosa joven. Los chicos no le dejaban en paz, literalmente. Pero ella los ignoraba: aunque fuera amiga de algunos, por culpa de su padre seguía guardándoles cierto rencor, casi desconfianza. No le gustaban. Las chicas sí. Por aquel entonces, se creía lesbiana. Tuvo sus roces, sus besos inocentes “de amigas”, sus cosquillas, sus “fiestas de pijama”. Y al final, con un amiga “de toda la vida” (llamaba así a las que había conocido tras la “huída” de su padre), surgió lo que tenía que surgir. Fueron pareja durante todo el instituto, dejando a los hombres con la boca abierta babeante y el corazón roto. Su madre hasta lo vio bien, contenta de que no encontrara a un hombre como su padre.

Pero tras el instituto, pasó algo que dejó a todas y todos los que la conocían con la boca abierta: no se fue a una gran universidad (que con sus notas, podría haber entrado en la que le diera la gana; es más, le llovían becas por todos los costados) sino que alistó en el ejercito. Todos conocían a la Wanda dulce de esos años y pocos sabían que dominaba varias técnicas marciales. Pero ella se fue de cabeza: quería ayudar y proteger. No cómo policía, ni como bombera. Quería ayudar a su país, quería vestir de caqui y entrar en combate. Ya durante las pruebas dejó con la boca abierta a los examinadores que la veían como una enclenque-chica-adorable, pero el primer día de entrenamiento, fue el gran “no me jodas”. Tocaba lucha, la mayoría no habían hecho nada así en la vida. Ella, con 18 años, ya contaba con cinturón marrón en las tres habilidades. Tumbó a todas las que se le pusieron delante y hasta a la instructora. Además del entrenamiento, estudió ingeniería electrónica y de armamento. La empollona del pelotón y también a la que más costaba tumbar. Las chicas de su compañía la idolatraban y odiaban a partes iguales. Porque seguía teniendo ese aire de dulzura intacta.

Pronto los jefazos pusieron sus ojos en ella y la llevaron aparte, con otros tantos que destacaban en diferentes partes de Alemania. Le hicieron una sola pregunta “¿quieres ayudar de verdad a tú país?” y ella contestó que sí. La entrenaron en el mundo del espionaje, servicios secretos. Y si antes era buena, allí era mejor. Aprendió a engañar, a mentir, a meterse dentro de personajes, a sacar información y a que no se la sacaran a ella. Aprendió tantas cosas que cuando volvió a casa, ya no era la misma mujer. Su madre finalmente, se decidió porque nunca sería la adorable y cursi niña que esperaba, pero se sintió orgullosa de la mujer fuerte, valiente y capaz que había criado. Aunque lo pasaba mal cada vez que se iba a “no puedo decirte dónde, mamá” y hasta que volvía de nuevo, no podía dormir bien por las noches. Eso cortó su relación con su novia, mucho antes, en la academia. Cuando no podía decirle nada ni hablar con ella apenas.

Pero en una de las misiones, conoció a un hombre. Uno que le sacó de quicio desde el primer vistazo. Tan ególatra, tan soberbio, como si los demás hubieran nacido para seguirle. Cínico y de esos que piensan que el fin justifica los medios. Y ella la única en la misión con un par de ovarios para decirle “no, hasta aquí hemos llegado”. La misión fue un tira y afloja constante, de lo que él decía, estaba bien y lo que ella sabía, estaba mal. Y quizás por eso, la misión fue un éxito. Y tal vez por eso mismo, los jefes de arriba decidieron ponerles juntos más a menudo. Ella tenía misiones por todo el mundo, conseguía contactos hasta en el infierno, llevaba tantos personajes que parecía dentro de una novela de G. R. Martin. Y se acordaba de todos ellos. Y en las más importantes, en las que se jugaban mucho, siempre aparecía el dichoso hombre, para colmo, un escalafón por encima de ella: Ahren. Aunque ella ascendiera, él parecía hacerlo también. Y entre tanto ir y venir, pelear y desquiciarse, acabaron por entenderse, por completarse, por unirse en ese equipo que no tenía rival. Y sin saber cómo, un día estaban besándose apasionadamente en la casa franca, acabando en la cama.

La primera vez que probaba a un hombre y le gustó. No fue una relación, ya que ambos se encontraban en algunas misiones, pero el resto del tiempo estaban en lugares el mundo diferentes. No lo fue, hasta que pasaron varios años. ÉL como ya su “jefe-jefazo” y ella consolidada como mejor espía del país. Los dos con grandes despachos, uno muy cerca del otro. Casi juntos. Finalmente reunidos en el mismo país, en SU país: Alemania. Allí realmente empezaron a salir, como pareja. Pero no les duró demasiado. Wanda necesitaba viajar, ir de aquí para allá para conseguir acabar con los malos. Su fin en la vida era proteger a todos, A TODOS. No podía dejarlo todo atrás por él, aunque le quisiera. Y él, demasiado mandón para poder realmente con una mujer como ella. Así que para poder continuar juntos, pero no revueltos, decidieron que lo mejor era seguir siendo equipo en el trabajo, seguir manteniendo esos encuentros esporádicos, pero no vivir juntos, no ser pareja. Y lo consiguieron, más fácilmente de lo que esperaban.

Y de repente, sin saber cómo, la guerra estalló. A Wanda le pilló en Nuevo Méjico, buscando a un cartel de la droga aliado con terroristas para conseguir droga a más bajo precio. Y nada más enterarse, volvió directa. Pero tarde. Su madre murió en uno de los primeros ataques terroristas en Alemania durante la guerra. Ella, la que siempre le picaba para sacar lo mejor de dentro, la que le había querido, lo único que había estado allí toda la vida, la que le decía “no sé porque dejaste a ese hombre tan guapo, Wanda, era encantador” y ella tenía que responderle un “es mi jefe, mamá” toda roja. La única que realmente podía conocerla del todo, quitando quizás a Ahren. Y entonces Wanda dejó los viajes para quedarse allí, con un objetivo entre ceja y ceja: acabar con los terroristas. Aunque no es lo único que le piden, siendo ,a mejor en su trabajo y mano derecha del coronel del MAD. Pero se había convertido en primer objetivo, aun por encima del “proteger a todo el mundo”, siendo eso en lo que piensa antes de ir a dormir: «Acabaré con todos, nadie volverá a temeros. La gente se reirá en vuestra cara y os escupirá. Sois escoria.»

Otros Datos
GUSTOS:
»Leer.
»Aprender cosas nuevas. Conocimiento.
»Los trabajos manuales. Le encanta montar y desmontar cosa.
»La tecnología. Muchas veces ella misma diseña o/y monta sus propios “juguetes de espía”.
»El buen vino.
»Los restaurantes caros. Adora la cocina de diseño.
»La ropa elegante, especialmente de fiesta. Cuando hay que arreglarse, te dejará sin respiración de lo hermosa que va.
»Su trabajo.
»Elaborar y meterse en sus personajes.
»Llevar las uñas largas y afiladas, pueden ser muy útiles.
»Ley. Patria. Valor. Sus valores son lo que rige su vida.

DISGUSTOS:
»Los interrogatorios “sin cámara”. No es buena torturando, lo cree al margen de la ley.
»Todo aquello que pueda considerarse “moralmente inadecuado o cuestionable”. Es fiel a sus principios.
»La gente que no cumple su palabra.
»Maltratadores, misóginos, brutos, borrachos. Sacan su faceta menos simpática.
»La impuntualidad.
»El desorden. El caos.
PUNTOS DÉBILES:
»Ahren G. Schult; pero no piensa admitirlo.
»Su ética. Muchas veces no le deja hacer ciertas cosas.
»Los zapatos, se deja el sueldo en ellos.
»El chocolate, así es cómo se ganan sus disculpas.
»Los indefensos. Se podrá delante de una bala por ellos si hace falta.
»Su sentido del honor: jamás incumplirá su palabra.
»Aspecto dulce. A veces no le toman en serio.

PUNTOS FUERTES:
»Inteligente, avispada. Sabe salir de cualquier situación.
»Implacable, letal. Su cuerpo es un arma mortal, no lo dudes.
»Valiente, el miedo no entra en sus planes.
»Feroz, decidida. Si algo se mete en su cabeza, no saldrá.
»Carismática, experta mentirosa. Sabe cómo tratar a la gente, qué decir para que sientan seguros. Eso le hace calmar a la gente rápido y engañar a los malos para que le digan lo que quiere.
»Con un sentido del deber casi de héroe de cuento. Esa clase de personas de valores inquebrantables, sentido del deber, etc. Platón la habría admirado si no hubiera sido mujer, la habría convertido en Guardián o incluso en Filosofa Gobernante. Sabe lo que está bien y lo que no; los grises no le convencen.
FOBIAS:
»Que maten a alguien por su culpa.
»Que le saque información el rival.
»La victoria de los terroristas.
»Ver Alemania ardiendo destruida como en las fotos del final de la Segunda Guerra Mundial.

MANIAS:
»Los labios pintados. Son como sus pinturas de combate.
»Hacer lo que sea (ya es involuntario) para parecer más grande, más alta: imponente.
»Decir las cosas con la mirada.
»Morderse el labio inferior si se concentra en algo.
»A lo Violet, de una Serie de Catastróficas Desdichas, se recoge el pelo en una cola alta o moño antes de ponerse manos a la obra con algún proyecto manual.
»Morder mucho durante el sexo.
OTROS:
»Cuando empezó a recibir clases de Krav Maga mintió con su edad y demás era una escuela “no registrada”.
»Tiene un precioso piso que está protegido con fuertes medidas de seguridad diseñadas por ella misma.
»Tras ese “primer hombre” hubo algunos, normalmente por trabajo. Se considera bisexual, pero prefiere a las mujeres. Aunque su corazón sea de un sólo hombre.
»Como capitana, tiene un grupo bajo su mando. Es amplio, pero tampoco demasiado extenso. Ella misma suele ir a entrenamientos de cadetes o a otras agencias en busca de los mejores y siempre los consigue para ella. Como mejor espía y con “el jefe” de su lado, suele encargarse de ella de todo lo relacionado con el espionaje y/o contraespionaje.





Última edición por M. Wanda Schulze el Lun Ene 14, 2013 12:26 pm, editado 2 veces
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Re: M. Wanda Schulze; terminada.

Mensaje por Arthur Worth el Sáb Ene 12, 2013 7:44 pm

Por favor, postea cuando termines. n.n


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Re: M. Wanda Schulze; terminada.

Mensaje por M. Wanda Schulze el Dom Ene 13, 2013 12:40 pm

Ficha completa.




i spy with my little eye something beginning with...
REVENGE: it swims in my blood, it builds up in my soul

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Re: M. Wanda Schulze; terminada.

Mensaje por Arthur Worth el Dom Ene 13, 2013 8:23 pm

Gracias por el aviso. Ficha aceptada, bienvenida. n.n


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Re: M. Wanda Schulze; terminada.

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