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Gemeinsame Nutzung Geheimnisse .:Konstantin:.

Mensaje por Sarah Alman el Sáb Ene 12, 2013 2:34 pm


Gemeinsame Nutzung Geheimnisse
«No es cuestión de morir por tu país... Si no de que otro cabrón muera por el suyo»
₪ 13.Ene ₪ Dependencias MAD ₪ 11:30AM ₪ Konstantin Munteanu ₪

Tamborileé con los dedos en la pulida superficie de roble que era mi despacho.
No es que toda la gente de mi rango tuviera un despacho propio o su propia mesa, es que aún mi apellido inspiraba un buen trato entre los antiguos compañeros de mi padre, que en un lugar algo más pequeño, habían instalado el mobiliario de su viejo despacho para mi. Tenía suerte en ese sentido, porque si ahora mismo estuviera en una de las salas grandes donde separados por biombos de acumulaban trabajadores redactando informes en mesas de contrachapado, estaría echando fuego por la boca y matando para luego comer del muerto. Estaba bastante molesta. ¿Cuándo no? Pero esta vez era por uno de los más simples y terribles errores a cometer conmigo; la persona con la que debía reunirme, llegaba tarde. Terriblemente tarde.
-Que poca seriedad...- murmuré con clara expresión de asco a la nada, antes de dar un sorbo a mi café, que comenzaba a enfriarse.
Lo cierto era, que seguramente mi cita, tenía una buena excusa. Eso quería pensar al menos del jefe del RSV, ya que encima que iban a tocar las narices, porque no había otro nombre para aquello, llegar tarde a propósito sería casi una declaración de guerra, al menos, como no se disculpara correctamente para mi sería así... Y le patearía el culo para mandarlo a su madre patria Rusia.
¿Qué había hecho ese tipo, del que no sabía más que el apellido, para ganarse casi mi odio? Simple, meter sus narices en donde no le jodían. Él, todos los rusos y los americanos. ¿Por qué era como que siempre Rusia y EEUU se hacían la guerra, directa o indirectamente, usándonos a los alemanes? Ahora era como un “a ver quién soluciona el problema en Alemania”. ¡Já! Su metedura de narices en todo esto era como llamarnos a los MAD y otros cuerpos de seguridad y políticos alemanes inútiles... Me daba mucha rabia pero imaginaba que el Comisario Munteanu no tenía tampoco culpa, relativamente, de lo que su gobierno decidiera. Era por eso que intentaría ser amable mientras le daba una vuelta por las instalaciones y principalmente, lo llevaba a los archivos, pues era mi deber proporcionarle a él y sus hombres toda la información que desease.
Al menos, esperaba, que no fuera un tipo demasiado viejo, grosero y malhumorado, pues con mi mal humor ya íbamos servidos. Cuando la puerta se abrió para dejar pasar a mi esperada visita alcé la vista y me puse en pie extendiendo mi mano hacía el hombre al que acababa de echar una primera mirada. Me contuve de en un gesto nada elegante, soltar un silbido, pero es que me había pillado por “agradable” sorpresa que el tipo no fuera un viejo y para colmo, fuera guapo. Seguro que sería un cabrón, no tenía dudas, pues uno no ascendía por su cara bonita y solo los años, la experiencia o la inteligencia te daban acceso a cargos importantes.
-Buenos días comisario Munteanu- saludé lo más amable y formal posible, dejando mi agriado carácter lo más de lado posible.- Si no tiene inconveniente- comenté en vez de ofrecerle asiento-, vayamos a los archivos cuanto antes... Será algo pesado y tampoco quiero molestar a los encargados y dejarlos sin su hora de comida.
Salí de detrás de mi escritorio y esperé a que me acompañara para ir a estos, pues como había dicho, era la parte más pesada y que nos tomaría más tiempo del itinerario, pues en realidad, todo lo demás era mera cortesía y para tenerle cortesía a ese tío primero se la tendría a sus compañeros que como todos, tenían derecho a su media hora para el almuerzo.



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Re: Gemeinsame Nutzung Geheimnisse .:Konstantin:.

Mensaje por Konstantin Munteanu el Miér Ene 16, 2013 8:20 pm




GEMEINSAME NUTZUNG GEHEIMNISSE



Las gotas de sangre marcan un ritmo hipnótico al golpear el suelo, deslizándose por el desnudo antebrazo, recorriendo la mano cuyos dedos permanecen laxos en el aire, quedándose suspendidas un instante en la punta del indice antes de lanzarse a la carrera a abrazar a sus hermanas que están formando una sombra creciente en el suelo. En la silenciosa habitación, el aliento irregular de la fémina tumbada en la cama apenas resuena mientras lucha inútilmente por llenar sus pulmones con el vital oxigeno. Su pulso se ha ralentizado por la falta de sangre, cada vez mayor, y sus ojos, empañados, ya hace mas de una hora que no ven el mundo, el mismo brillo, la chispa que la convierte en una persona, desapareciendo a la misma velocidad. Un dedo ensangrentado recorre su abdomen, dibujando con su sangre imágenes que solo tienen sentido en la metódica mente del dibujante.

Cuando el ultimo suspiro mueve la abierta caja torácica, dejando ver los temblorosos y fútiles intentos del órgano rey de seguir latiendo antes de detenerse completamente, falto del rojizo combustible, la oscura figura se deshace de la mordaza con gestos tranquilos, y cierra los parpados sobre los orbes esmeraldas, dejando sendas marcas sangrientas, pues la tela de los guantes sigue empapada. Ajeno al correr del tiempo se alzó, parando por unos instantes en el cuarto de baño anexo a la habitación para asegurarse de que no hubiera ninguna gota delatora en su rostro, deshaciéndose de la oscura camisa y los guantes, colocandolos junto a las afiladas hojas en el maletín que llevaba consigo, sustituyendo ambos por unos ejemplares carentes de sangre o sudor. Una ultima mirada al espejo mientras abotona la tela y oculta las manos en los guantes del mismo color del traje, un detalle que se había convertido en su firma personal, y la sonrisa de su rostro se desvanece, siendo sustituida por una expresión de cortés aburrimiento, típica en el. La lengua le recorre los labios, recogiendo hasta el ultimo resto del liquido néctar, y con ello la muerte queda oculta de las miradas ajenas, dejando que el manto de la humanidad le envolviese, convirtiendo a la bestia en un ser normal.

Tras cerrar y empujar la pequeña llave por debajo de la puerta, echó un vistazo al reloj de bolsillo que reforzaba su extravagante actuación, mas que apariencia, siendo un ligero fruncido del ceño lo que delata las maldiciones que acudieron prestas a sus labios, siendo silenciadas por una voluntad de acero forjada a lo largo de los años. Llegaba tarde, él jamas se retrasaba. Pero el precioso momento de la muerte se había demorado, haciéndola aun mas deseada y mas dulce, y, a la vez, entorpeciendo el resto de sus planes para aquel día.

El maletín se quedo en el asiento trasero del coche oficial, abandonado, o quizás olvidado allí de forma casi descuidado de no ser porque sabía perfectamente que nadie se atrevería a abrirlo sin su permiso, mientras sus pasos lo llevan hacia la pequeña jugada cuyos riesgos había calculado al milímetro, dentro de sus posibilidades. Adentrarse en la sede de la inteligencia alemana, sin armas ni refuerzos, era un movimiento planeado, sabiendo que estos tenían las suficientes complicaciones en su propio territorio como para arriesgarse a un problema externo, así que su vida no corría peligro inmediato. Tampoco es que fuera alguien vulnerable físicamente, no se llegaba tan lejos como el sin conocer una cosa o dos sobre defensa personal.

La expresión sería y el tono de voz seco con el cual le indicaron a la entrada que lo esperaban curvó ligeramente los extremos de sus labios en un gesto fugaz, que desapareció tan rápidamente que podría haber pasado por un truco de la iluminación. Quizás el retraso imprevisto acabaría por funcionar a su favor, dándole mas oportunidades de estudiar a la mujer que había tenido la mala suerte de que le ordenasen atenderlo, pues dudaba que esta se hubiera ofrecido voluntaria a ello. No había podido contar con un informe adecuado sobre ella para adelantarse a sus movimientos, ya que no estaba lo suficientemente desesperado como para buscar ayuda en los independientes, por útiles que estos fueran. Tenía intención de utilizarlos mas adelante para distraer la atención del movimiento terrorista si estos últimos se volvían demasiado agresivos. Y también para encontrarlo a él. No podía permitir ningún tipo de conexión entre la agencia y él, pero ya hacía demasiado tiempo que le había perdido la pista, mas allá de saber que se encontraba en Alemania, y necesitaba encontrarlo.

Su mirada se posó en la figura de la menuda figura femenina que se pone de pie para salir a su encuentro, recorriendola con los ojos y tomando en cuenta todos los detalles de su apariencia, desde el pequeño mechón de cabello que estaba fuera de lugar, hasta la expresión de fastidio que tenía al entrar, seguramente por su retraso que no entraba en la categoría de "elegantemente tarde". Acaba por esbozar lentamente una sonrisa amable, tomando la mano ajena e inclinándose sobre ella en un gesto caballeresco, rozando el dorso de la misma con los labios, en un movimiento fluido, para luego volver a enderezarse, sin que sus ojos se separasen de los ajenos en ningún instante. La sonrisa vuelve a su rostro mientras asiente. Buenos días, señorita Alman. Su voz contiene un suave tono de amabilidad, perfectamente medido para parecer cercano, sin llegar a condescendiente y menos aun a atrevido, sin comentar nada al respecto del retraso, como si este no existiera. Ladea la cabeza para mirarla sin perder el atisbo de sonrisa y asiente, siguiéndola. Confío en su juicio, ya que es la que conoce la cantidad de archivos que tenéis. Aunque tan solo me interesa la información referente a los así llamados "terroristas". Comprobar aquello de lo que disponían, o decían disponer, para así complementar o crear nuevos archivos en su propia organización. Aunque no iba a dar toda aquella información por cierta sin comprobarla primero, era un buen punto donde comenzar.




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Re: Gemeinsame Nutzung Geheimnisse .:Konstantin:.

Mensaje por Sarah Alman el Jue Ene 17, 2013 12:38 am


El hombre me dedicó una sonrisa amable que aunque con otros hubiese servido a mi no me quitaba el mal humor, por muy educada y civilizada que intentara ser en esos momentos. Respiré hondo para contener la mueca de asco cuando hizo alarde de galantería besando mi mano. ¿De dónde sacaban a estos tipos? ¿Del siglo XVIII? ¡Le estaba ofreciendo la mano para estrecharla! Murmuré en un tono casi inaudible una burrada en italiano antes de salir del despacho y sin esperar a ver si me seguía o no, pues era evidente que debía hacerlo, comencé a caminar por los asépticos pasillos de color blanco, fluorescentes de igual color que proyectaban una fría luz blanquecina y detalles en madera de haya y metal cromado. Muy masculino todo en realidad... Aunque me gustaba la decoración moderna e impersonal del lugar, pues un sitio de trabajo debía ser así y más siendo una instalación militar del gobierno, debía imponer seriedad. Aunque bueno, lo cierto era que yo pasaba más bien escaso tiempo en aquellas instalaciones, solo el justo y el necesario para reunirme con mis superiores, preparar papeleo y recibir información. El resto de mis largas jornadas laborales las pasaba en la zona destinada a entrenamiento donde torturaba nuevos reclutas y mientras instruía a los soldados rasos mejoraba mis habilidades en la galería de tiro y otros lugares. Igual pasaba largas horas en la zona científica aprendiendo a manejar mejor los ordenadores, pues estaba empeñada en llegar a unos mínimos en lo que a hackear sistemas se refería.
El silencio se extendía entre nosotros haciendo que solo nuestros pasos resonasen por los pasillos cada vez más desiertos, bajando escaleras y adentrándonos cada vez más en el edificio. Podríamos ir por el ascensor pero para mi mal humor lo mejor era mantenerme en movimiento y no encerrada en una caja de metal con ese hombre con el que estaba obligada a ser amable. Respiré hondo.
-Espero que su estancia en el país esté siendo agradable- comenté mientras bajábamos otro tramo de escaleras, intentando ser cortés pero sin demasiadas ganas para buscar un tema mejor.- Dentro claro de lo posible con los terroristas molestando día si y día también.
Puse los ojos en blanco, ya fuera para explotar un coche o secuestrar para crear el terror los muy estúpidos no paraban de crear disturbios. Si de mi dependiera, solo por molestos, ya estarían todos en hornos crematorios... ¿Sería mucho pedir el reabrir los campos de concentración para esos tipos? Se lo merecían, se merecían años de trabajos forzados, hambruna y luego morir como animales y reposar en el anonimato, solo bajo el nombre de escoria, que era lo que eran todo ellos. Miré mi reloj más como acto reflejo que como otra cosa y suspiré.
-Sintiéndolo mucho, Comisario- me referí a él por su cargo, en un silencioso “ni me vuelva a llamar señorita” respecto a su saludo minutos atrás-, la visita deberá ser acortada pues por su retraso, el cual espero no se debiera a nada importante- añadí con tono complaciente, aunque en el fondo esperaba que su retraso hubiese sido porque estaba vomitando las tripas-, disponemos de menos tiempo. Tengo un turno de instrucción es unas horas- me expliqué, pues por muy disgustada que estuviera era cierto, no era ninguna escusa que tenía carne fresca a la que poner firmes y dudaba que el Comisario sintiera especial interés en ver soldados novatos siendo torturados.
Tras unos largos minutos por fin llegamos a una planta cuyo descansillo se encontraba solo iluminado por las luces artificiales, ya que estábamos en uno de los sótanos más profundos del edificio, me acerqué a la puerta que tenía un identificador de huellas dactilares y voz, puse mi mano en el lector y dije un seco “Sargento Sarah Alman” para que la puerta abriese. El sistema era bastante simplón y la puerta solo tenía un débil manillar por dentro, se suponía no había que tener enclaustrados a los encargados del archivo y que para llegar a aquel punto, había que superar muchas otras medidas de seguridad. En fin, allá mis jefes los confiados.
El lugar es amplio y un par de mesas cercanas a la puerta repletas de material de oficina tenían tras ellas a dos simpáticos cincuentones bastantes similares al tópico de ratas de biblioteca que habían intentado animar el lugar con plantas de plástico bastante feas y algún adorno de navidad que por pereza o falta de tiempo, a estas alturas de Enero, aún no habían quitado.
-Buenos días, les presento al Comisario Munteanu, teníamos un visita hoy planeada...- suspiré y mientras dejaba que el Comisario fuera viendo por donde quería empezar me acerqué a los dos empleados.- Podéis iros a tomar un café si queréis, yo me encargo... Si necesito algo os llamaré.
Por mucho que se dudase podía ser amable con los empleados del lugar y mis inferiores, no les necesitábamos y posiblemente termináramos antes sin ellos... Total, en lo referente a terrorismo en los últimos tres años casi todo lo que se encontraba allí era fruto de mi trabajo o al menos, mi colaboración.
-Bueno, Comisario, esta sala está principalmente ocupada con información sobre eso pues desde hace unos años es lo que más trabajo nos da- expliqué y señalé gran parte de la sala.- Esto son archivos recientes de los últimos cinco años, el sesenta por ciento de estos tratan sobre las diferentes organizaciones terroristas del país, tanto desmanteladas como en activo- expliqué de forma eficiente.- Usted decide por dónde empezar.



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