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Bitácora del pensamiento... tinta del pasado. [Diario Jarko Virtanen]

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Bitácora del pensamiento... tinta del pasado. [Diario Jarko Virtanen]

Mensaje por Jarko Virtanen el Dom Ene 13, 2013 1:15 pm



El Primer recuerdo... sobrevuela la mente
8 años ф Mansión Frösen, Finlandia.


- Si conocieras al Tiempo tan bien como lo conozco yo - dijo el Sombrerero -, no hablarías de matarlo. ¡El Tiempo es todo un personaje! (Alicia en el país de las maravillas - Lewis Carrol)


-¿Qué pasa por tu mente, querido mio? -murmuró una delicada voz desde el butacón obligándome a levantar la mirada y posarla en ese cuerpo tan perfecto como difuminado. Su blancura me ciega y el timbre de sus cuerdas vocales son para mi un arrullo eterno, ella me hace sentir como un niño. Para ella lo soy-El principio... pienso en los primeros giros del reloj... -musito ladeando la cabeza. Ella se levanta y camina hacia mi, arrodillándose en la alfombra como una antigua dama de la alta alcurnia. Ah... dejo escapar un suspiro que delinea su rostro. Las puntas de su cabello larguísimo y albino rozan la tela que cubre el suelo, la acarician con una suavidad poética pues la cortina de hebras claras cubre toda su espalda y llega más abajo de sus rodillas. No responde y solo sonríe instándome con un gesto a cerrar los ojos mientras comienza a cantar... con su dulce voz invisible. Los párpados caen y la respiración queda tal fina como la de un moribundo por asfixia, hundiéndome en los recuerdos... navegando entre limbo de lo real y lo ficticio,.. mas, ¿como puedo distinguir esa delgada linea si mis córneas son únicas y pueden contemplar los resquicios del mundo olvidado?.
Su cantinela se armonizó a la perfección con el hipnótico "tic tac" que dejaba escapar el reloj de carrilón que decoraba la pared. Las agujas fueron cada vez más lentas, hasta casi detenerse... Quizá me adormecí... o quizá los vapores del alcohol que contenía la botella sostenida por mi mano diestra confundieron mis poco estables sentidos dejándome llevar por los recuerdos. Convirtiendo mi cuerpo en el de un niño de tal solo 8 años mientras compraba un billete de ida y vuelta al pasado. Alargué la mano, cogí la pluma y comencé a escribir en el diario aún virginal.

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13 de Enero.... 2013





Son muchas las lenguas que pronuncian que el ser humano tiene libre albedrío, que piensa por si mismo y camina hacia un destino marcado en su mente. Pero, en mi caso... soy el titiritero que tiene las muñecas atadas por unos irrompibles y tensos hilos que se extienden hasta el firmamento, llegando a los dedos de mis hermosas musas. El titiritero... que es marioneta.
Ellas han morado en el interior de mi cabeza desde que tengo uso de razón, pero su simple nombramiento provocaba en mi madre un profundo pesar y un rencor realmente infinito... ¡no permitía la diferencia de mi mente! pues ella era tan insulsa y plana como una partitura vacía. Solo dos veces me acomodó en su regazo para pasar a mi lado unas largas horas frente a la chimenea de su cuarto, narrandome las aventuras de la pequeña Alicia y su mundo de maravillas. Mis pies se balanceaban en el aire mientras la escuchaba, pues aún me faltaba mucho para que pudieran llegar al suelo, y contemplaba las llamas del fuego con una sonrisa, viendo como tomaba la forma de esas escenas... el conejo blanco parecía saltar entre los rescoldos mientras la niña lo perseguía esquivando los troncos calcinados. Oh, ¿no es hermoso? Mi primer recuerdo... antes de que sus ojos de color marino comenzaran a reflejar un miedo que yo no comprendía y que aún hoy.. es todo un galimatías. Dos noches en su regazo, un cuento inconcluso y... el frío calor del rechazo.


















¿Como es tener unos padres con los que puedes compartir... tus sonrisas y confidencias? Perdí...no, no perdí, ¡jamás encontré! esa unión. Pero las sombras si me hicieron compañía.
Aún siento el redoble de mi engranaje principal, aquel que recibe el nombre de corazón, al rememorar la sangre que coloreó por primera vez mi piel clara. Ah, manos, muñecas y pequeños dedos... toooooodos rojos, manchados con esa rara sangre animal que resultó tan cálida como un té a media tarde. Una procedente de un lindo felino que falleció con un crujir de columna y que pronto me dejó descubrir lo que había bajo su pelaje. Ah... me sentí victorioso, excitado y emocionado, pero solo mi querida Roja fue partícipe de aquel acto. No podía decírselo a mis progenitores... -Calla, niño lindo, si dices algo habrá problemas. ¿Y tú quieres que pase eso?. No, ¿verdad? ¡Te impedirán jugar con nosotras!- decían sus labios una y otra vez cuando yo sonreía dispuesto a clamar a todos los vientos mi nuevo descubrimiento. Al oírle negaba y mi mirada caía en picado sobre el suelo arenoso de aquel parque algo oculto, musitando un -No, no quiero...- Pronto aquello fue un juego, una bella tradición entre mi señora carmesí y yo. Su hermana prefería hundir su pequeña nariz respingona en libros con portadas imposibles de leer mientras enumeraba algunos dulces deliciosos que debía probar.



















Tardé tanto en darme cuenta de la realidad... en percatarme de que yo era el único que podía contemplarlas en todo su esplendor, que lancé un grito de desesperación en una cena familiar enfadado por que no les sirvieran el plato de ternera que les correspondía pese a que lo pedí en varias ocasiones. Mi madre tembló como un flan recién cocinado y sus ojos claros se posaron en los de mi padre, diciendo con una sola mirada mil palabras que no pude en un inicio descifrar. Esa misma noche bajé descalzó y en pijama, caminando de puntillas con todo el sigilo que mi pequeño cuerpo podía acaparar, y asomé la cabeza en el salón principal para poder escucharles.

-Está loco, Renny. ¿Cuanto crees que podré aguantar? -decía Neida entre patéticos gimoteos que no me hicieron variar el semblante, semi oculto por el oscuro cabello. -Le acepté cuando lo trajiste recién nacido, pero esto ya es demasiado... cada vez que le miro a los ojos pienso...- "¿Qué piensas, mamá?" moví mis labios para dar forma a las palabras, mas sin pronunciarlas, esperando así que ella resolviera mis dudas. -¿¡Es que no le has escuchado en la cena?!-gritó la fémina haciendo que arrugara el ceño por la molestia que suponía para mis tímpanos- Neida, solo son amigas imaginarias, muchos niños tienen...-respondió él, mi padre, llevando una mano a su hombro antes de ser brutalmente rechazado. Yo me cubrí la boca con las manos de pura sorpresa, ¡qué descortés había sido mamá! eso no lo podía hacer. ¿Le reñirían? - No, ya oíste al médico. Está loco y diagnosticado, eso no son unas malditas compañeras imaginarias como dices. ¡Los vecinos comienzan a hablar!. Y el gato de los Toivonen ha desaparecido... ¿y si ha sido él? -




















Roja se llevó el dedo índice, coronado por una larga uña afilada, a sus carnosos labios y clamó por mi silencio de manera tan encantadora que asentí con total docilidad. La conversación se grabó a fuego en mi piel.
Pronto volaron las recriminaciones, las puñaladas invisibles, los llantos ahogados... el perdón indirecto.
Es duro y difícil descubrir que estas loco y chiflado, que tu madre te detesta y teme, que en realidad eres hijo de una muerta sin nombre, que tus mejores amigas son inexistentes y que tu padre pide perdón en vez de.... defenderte. Todo en una misma noche. Mi mente no podía asimilar todo eso de golpe... era demasiado pequeño y vivía en una dimensión diferente- ¡¡ZORRA ESTIRADA, PUTA SARNOSA!!¡DEBERÍAMOS AHORCARLA CON SU COLLAR DE PERLAS Y LANZARLA AL RIO!! -gritó Roja con todo el aire que contenían sus pulmones, señalando la puerta a través de la que estábamos escuchando. Tales palabras en mis oídos infantiles provocaron que abriera exageradamente los ojos, mudo de la sorpresa pues me habían enseñado a decir solo las frases adecuadas, no blasfemias y faltas de respeto tan burdas- ¡Vithori te está escuchando, hermana, deja de hablar como una vulgar verdulera del medievo y serenate! La mujer pedirá disculpas-recriminó Blanca con un ademan tan encantador como firme, parecía sacada de un cuento de hadas-¡HA DE PUDRIRSE, ELLA ES LA LOCA!-gritó de nuevo, terminando por serenarse tras una mirada fulminante y decidida de la rubia.





















Las lágrimas humedecieron mi semblante inexpresivo y neutro sin que pudiera contenerlas. Subí corriendo a mi cuarto, ignorando el sonido de la puerta al cerrarse con un golpe.
Esa misma noche Neida vino y besó mi frente con un gesto ausente como si pidiera perdón y se arrepintiese; siendo observada por la silueta de mi padre.

Mis ansías se calmaron por el murmullo del piano, y terminé por fundirme con las teclas de marfil un año después, fingiendo que mi mente había guardado en un cajón olvidado aquellas ofensivas palabras que mi madrastra me había dedicado sin saberlo. Mi padre debía ser feliz, y él la perdonó. Mas... todo perdón se convierte en un teatro de sombras chinescas. Durante días, meses y años... ignoré su odio y el dolor que le causaba a Renny; dejé que las lunas se sucedieran y el piano y mis musas forjaran mi espíritu.

Bellas teclas... los fantasmas escucharán esta misma noche un alto concierto.

Oh, un diario que no es un diario, si no una bitácora de pensamientos. ¿Debería guardar la sangre de mi próximo juguete para usarla de tinta? un tintero de carne viva... ¡suena magnífico!












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Jarko Virtanen

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