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I expect a good wine; Ahren

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I expect a good wine; Ahren

Mensaje por M. Wanda Schulze el Sáb Ene 19, 2013 6:05 pm


I expect a good wine
dine elegantly, but then we get wild
El día no había sido especialmente bueno en el trabajo, pero los había habido peores últimamente. La guerra, los terroristas… demasiadas cosas para un país con tendencia a perder Guerras Mundiales. Había estado yendo de un lugar a otro de la oficina durante toda la semana, buscando datos de un posible terrorista. Uno que se había delatado sin quererlo en una red social. Lo que hacían algunos por ligar…. Y su división le había pillado. Tener buenos hackers era algo primordial, por eso ella solía encontrar a los mejores. En ese momento había puesto a sus mejores investigadores manos a la obra para conocer cada uno de sus pasos. Se había confirmado que estaba en la red criminal, pero en un escalafón bastante bajo. Ya pensaba que había sido una pérdida de tiempo cuando llegó una joven muy prometedora casi sin aliento con una carpeta en alto. En ella, las fotos que había hecho del susodicho con un la mano derecha de un alto mando. Y también lo que había oído. Resultaba que eran primos. La sonrisa que había surgido en la cara de Wanda en ese momento había helado la sangre de los allí presentes, pero pronto cambió a una amable para felicitar a la chica y premiarla con un par de días más en las próximas vacaciones.

Esa mañana había estado preparando su personaje. Era todo demasiado importante para dejarlo en manos de los principiantes, incluso en manos de otros de confianza. Lo pensaba hacer ella misma. El chico había estado buscando a una mujer mayor que él por una página de citas. Parecía algo desesperado. Le gustaban de pelirrojo falso, mandonas y con dinero. Era un tipo curioso y bastante sumiso. Trabajaba en un 24h bastante cutre. Las ideas que barajaba las iba apuntando y puntuando en cada apartado hasta que consiguió una vida nueva, un nombre, un personaje. Mandó los datos a sus hombres y ellos crearon a la tal “Marjorie”, ciudadana francesa, rica, poderosa, exmujer de un empresario al que le quitó millones y parte de la empresa. La cual, por cierto, había conseguido desbancar a la de su antiguo esposo gracias a la inteligencia de ella. Cualquiera que investigara podría ver que existía, todos los cabos atados. Y tenía claro que le gustaría. Solo tendría que pasar por su deshoras con la excusa de necesitar algo urgentemente, quizás que su coche de lujo se parara por alguna razón. Sí, el terrorista tenía conocimientos de mecánica del instituto y su anterior trabajo había sido mecánico. Sería perfecto. Y de allí, Wanda solo tendría que usar su magia. Pero los hombres no tendían a resistírsele: en su trabajo, era implacable, la mejor.

Había ido a la peluquería a tintarse, manicura, tratamiento de belleza total. Tenía que aparentar preocuparse mucho por su aspecto y tener aun más dinero que la propia Wanda. Compró unos cuantos vestidos con su tarjeta de crédito de Marjorie, probando su nuevo personaje. Y finalmente volvió a su propia casa tras escabullirse de las cámaras. Marjorie no podía vivir donde Wanda, sería muy cantoso. Iría a ver al objetivo en un par de días, cuando el tinte no pareciera demasiado reciente y todo estuviera preparado. Aun necesitaba casa, despacho y coche. Nada más guardar los vestidos, escuchó el inconfundible timbre de su móvil. Un mensaje, una invitación, una cena. No pudo reprimir una sonrisa al leerlo. Le apetecía que le viera con ese pelirrojo casi rosa; hacía tiempo que no lo llevaba así. En realidad, bastante tiempo. Si no recordaba mal, aun estaban juntos cuando lo había llevado. Le respondió con un simple “prepara un buen vino”. Miró la hora, tenía tiempo para prepararse. Se dio una ducha para quitarse el olor a spa, que siempre le había parecido demasiado fuerte y artificial. Y también un poco de rojo del tinte de la cabeza. Escogió ropa interior negra y blanca, de encaje, muy sexy y elegante al mismo tiempo. Hasta se permitió con una sonrisa provocativa, ponerse ligueros. Los hombres y los ligueros, no había visto fetiche igual.

Decidió estrenar vestido, aunque no uno de los carísimos de la muerte de su personaje, sino uno que se había comprado unos días antes. Negro, sin tirantes, ceñido; ni muy largo, ni demasiado corto. Las medias de color carne, pero con un hermoso brocado en el final que solo se podía ver sin el vestido. Tacones altos, como siempre; pero en esta ocasión más elegantes que para el día a día. Maquillaje simple, pintalabios rosa y pelo suelto. Puede que Wanda y Ahren se conocieran ya desde hace mucho tiempo, que no fueran pareja y que eso no fuera una cita en el estricto significado de la palabra, pero ella siempre se arreglaba para él. Y él le preparaba una buena cena y le deleitaba con un buen vino. Todo empezaba siendo muy elegante y sofisticado, aunque solía terminar mucho más salvaje y pasional. Pero, claro, lo suyo no era una relación normal. Porque una relación era aunque no fueran pareja. Profesional, de amistad y de sexo. Tendría que haber una palabra para definirla, pero por desgracia no la había. Al salir de casa se fue directa a la pastelería dónde ya prácticamente el conocían: ella siempre llevaba el prostre. Estaba punto de escoger una tarta de queso con mermelada de frutos rojos, pero al instante vio una caja de fresas que llevaban también chocolate líquido para mojar y no se pudo resistir.

No tardó en llegar a casa de su coronel, con el sonido de sus tacones replicando sobre la noche y la cuidada bolsa de papel al balancearse con el movimiento al andar. Siempre aparcaba cerca, pero no en la puerta. Especialmente cuando había algún trabajo de personaje cerca. Se colocó bien el pelo antes de tocar a la puerta.

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Re: I expect a good wine; Ahren

Mensaje por Ahren G. Schult el Sáb Ene 19, 2013 11:27 pm

I expect a good wine.


WANDA. CASA DEL CORONEL.
La situación era mala en el país, ¿para qué mentir? Aunque eso fuera algo que no admitiría delante de nadie con quien no tuviera la suficiente confianza para hacerlo. Alemania estaba invadida de forma silenciosa, de una forma rastrera por otras agencias internacionales que habían acabado viniendo para intentar poner remedio a los ataques terroristas que sucedían a diario. Nos reprochaban que no dábamos información al respecto, pero proteger a la población del miedo psicológico también era una de nuestra tareas, y por nada del mundo pensaba dejar que el miedo se expandiera. El resto de agencias habían creído que el país era también para ellos, que podrían dedicarse a meterse en nuestros asuntos sin más, algo que detestaba hasta el punto de ponerme de un malhumor más que innecesario. Aquel día tras el escritorio de madera oscura del despacho sólo había encontrado consuelo a los problemas pensando en Wanda, tratando de recordar cómo eran las cosas cuando estábamos juntos y borrando todo el actual temporal. Intentado que de ese modo la vida volviera unos pocos años atrás para poder coger todo por las riendas y arreglar la situación. Incompatibles,dos polos opuestos que se atraen de una forma increíble. Esos éramos los dos. Y por aquellos pensamientos casi sin que fuera consciente acabé escribiendo un mensaje para invitarla a cenar. Enviado. Sólo quedaba esperar su respuesta.

Como siempre que invitaba a Wanda a casa preparaba una buena cena, al menos se lo debía por todo lo que habíamos pasado juntos, demasiadas cosas como para pasarlas de largo sin más. Y porque vernos fuera del trabajo siempre era satisfactorio y podíamos hablar sin tapujos, sin tener que pensar si tendríamos micrófonos en nuestras propias instalaciones. Allí, en mi casa, estaríamos a salvo de oídos ajenos e impertinentes. Hablaríamos con tranquilidad de cualquier cosa, y si el vino se nos subía a la cabeza acabaríamos como antaño, desnudos delante de la estufa bebiéndonos el sudor del otro. Qué tiempos. Esas cosas que uno no olvida y rememora de vez en cuando, sobre todo en momentos de debilidad, que ni ella conocería ni yo mismo me permitiría tener más. La capitana y yo siempre jugábamos a ser el más fuerte, a ser el mejor entre nosotros, y siempre habíamos estado más igualados de lo que nos hubiera gustado a ninguno de los dos.

Un poco de música de Wagner mientras preparaba la mesa y acababa de cocinar tras una ducha alternando agua fría y caliente, lo que fuera por olvidar un poco el día y las semanas anteriores. La chimenea encendida, dando esa sensación de calidez que cualquier casa debía tener aunque fuera la mía, aunque en mi fuero interno prefiriera un iceberg en medio del Atlántico. Mientras descorchaba el vino escuché el timbre y con la recién abierta botella caminé hasta la entrada. Wanda estaba espléndida tras la puerta, aunque el frío hubiera intentado aguarle la fiesta. –Buenas noches, capitana. –Dejé un beso sobre sus labios sin dar más importancia al asunto, algo habitual cuando no había nadie y quedábamos fuera de nuestro entorno cotidiano. –Mejor dejemos los formalismos. –Bromeé. Cerré la puerta tras nosotros invitándola a pasar. Conocía la casa y conocía todo, no hacía falta que tuviera que darle más indicaciones para decirle que podía sentirse como en casa. Dejé la botella de vino en la mesa mientras iba a por los platos a la cocina, la pasta todavía estaría caliente. –Supongo que no esperabas la invitación para un día como hoy. –Dejé el plato ante ella, sentándome en frente mientras me quitaba el reloj de titanio.
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Re: I expect a good wine; Ahren

Mensaje por M. Wanda Schulze el Dom Ene 20, 2013 9:52 am


I expect a good wine
dine elegantly, but then we get wild
El hecho de que casi siempre olvidara el abrigo cuando salía por las noches ya era habitual en ella. Usando el coche y yendo a casas o restaurantes, solo le parecía un estorbo. Además, estaba acostumbrada al clima alemán, por ser alemana; y siendo espía había estado en lugares y situaciones mucho peores. Como el calor opresivo de África, la angustia del polvo entre bombas de Afganistán o el frío casi polar de Rusia en pleno enero. El aire fresco de Alemania no podría con ella por un par de calles. Aun así cuando llegó, sus mofletes estaban cubiertos por un rojo polar. Cuando le abrió no le dio tiempo a contemplarlo antes de saborear sus labios.—Buenas noches, coronel—contestó a su vez. Aquel juego al que jugaban con la formalidad siempre le había gustado. Casi podía imaginarse en los años setenta, con chal de piel de Chinchilla y un peinado muy cuidado, corto; quizás uno de esos porta cigarros tan largos al más puro estilo Cruella De'vil; conquistando a algún zar para sacarle información. Porque, claro, en aquella época la formalidad lo era todo. Y más con un zar. Pero dudaba enormemente que algún zar pudiera tener el encanto y la belleza de Ahren.—He aquí el postre, ponlo en la nevera, no mires lo que es: sorpresa.—añadió alzando la bolsa.

Al entrar, la música y el calor la invadieron y tuvo que admitir ante sí misma que se estaba mejor que en el frío de fuera y que tal vez debería de empezar a colocar los abrigos más cerca de la puerta de su casa. El olor a vino la embriagó al instante, cautivándola. No sabría decirte en qué momento de su vida dejó el tequila o el vodka para pasarse a la finura y dulce sabor del vino… pero fue una gran elección. Le sonrió entre divertida y provocativa, como solo le sonreía a él y a sus presas, como única respuesta a abandonar las formalidades. Cuando Ahren desapareció para ir a la cocina, ella aprovechó para quitarse el pequeño bolso negro y dejarlo en la entrada, no sin antes acoger el móvil para dejarlo cerca de la mesa. Ambos seguían siendo personas importantes que necesitaban estar localizables en todo momento por mucho que el encuentro fuera casual y lejos del trabajo. En realidad, ellos siempre estaban de servicio, pero se permitían fingir que descansaban de vez en cuando. Se acercó a la botella de vino, aprobándola al ver la etiqueta, e imaginando que comida habría preparado que quedara en armonía con él. Volvió a aspirar el olor que salía de la botella. Lo sirvió en las dos amplias copas de vino, llenando poco más de un tercio de ellas, dejando al líquido respirar.

Movió la copa en la mano, oliéndolo de nuevo. Casi un fetiche para ella. Volvió a dejar la copa en su sitio y escuchó sus pasos. Pronto tuvo el plato de pasta delante, llegándole también el olor directo al estómago. Lo cierto es que tenía hambre, no comía mucho por el trabajo y el estrés le carcomía por dentro.—Lo cierto es que no—contestó colocándose la servilleta sobre las piernas. Le dedicó otra amable sonrisa, como agradeciéndole la invitación, lo cierto es que la necesitaba.—Con tanto trabajo entre manos, tanto por hacer…—no terminó la frase, los dos lo entendían. Por eso estaban siempre “de servicio”, era el precio por estar tan arriba en lo único que separa la Alemania decente del caos.—Pero me alegró ver tu mensaje—una sonrisa más bien perversa cruzó sus facciones en ese teatrero silencio lamiéndose el labio inferior—prefería enseñarte mi nuevo estilo en privado. Es para un personaje, pero quizás te trae algún recuerdo—finalizó con atisbo de la anterior sonrisa. Como de costumbre, en aquel tira y afloja, no decía todas las palabras y dejaba que su mente hiciera el resto. Que viajara años atrás, en tiempos mejores. Y dicho eso cogió la copa de nuevo, humedeciéndose los labios con el vino. Una sonrisa de satisfacción lo decía todo, un claro delicioso.


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Re: I expect a good wine; Ahren

Mensaje por Ahren G. Schult el Dom Ene 20, 2013 7:31 pm

I expect a good wine.


WANDA. CASA DEL CORONEL.
Cogí aquel postre que como siempre solía traer cada vez que quedábamos para cenar en mi casa. —Las buenas costumbres no se pierden. —Dije mientras metía aquella bandeja en la nevera para que se mantuviera a la perfección. Ahora que no estaba ante ella por unos segundos podía regodearme con su imagen sin que Wanda aumentara su ego por momentos, algo que le encantaba. Le gustaba saber que a pesar del tiempo seguía ejerciendo su poder sobre mí, aunque debía admitir que a mí también me gustaba aquella forma de mirarme que siempre había tenido. Palpables e inalcanzables al mismo tiempo. Nos habíamos tenido durante un tiempo hasta que no habíamos aguantado más. Si estábamos demasiado lejos nos echábamos de menos, y demasiado cerca acabábamos quemándonos y destrozándonos por completo. Un daño difícil de asimilar, mucho más que el físico. Desde entonces no podía verla en sus misiones haciendo uso de esas armas de mujer que podían ganar cualquier batalla.

Vaya, el vino ya está en las copas. —Sonreí cogiendo la copa antes de sentarme y alargando el brazo hacia ella. — Por más noches como esta. —Y aquello no era más que un deseo expresado en voz alta, porque si las cosas cambiaban en Alemania a saber cuándo podríamos tener una de esas cenas tranquilas sin tener que preocuparnos por nada más. Miré su teléfono sobre la mesa y sentí el mío en el bolsillo derecho del pantalón preparado por si en algún momento de la noche sucedía algo. Últimamente eran pocas esas noches en las que se dormía de un tirón. Muy pocas y eso afectaba claramente a mi humor, más taciturno y serio que de costumbre. Aquellas palabras me sacaron una sonrisa mientras saboreaba el vino, que dejaba ese sabor afrutado en la lengua. —Tú y tus armas de espía. Siempre probando cosas nuevas. Me pregunto qué habrás aprendido desde la última vez. —Muchos la habían calificado como una arpía pero eso siempre pasaba con los hombres que no quedaban a su altura.

Empecé a comer. —Siento si es poca cosa, sabes que suelo cenar poco. —La pasta era una de esas cosas que no me cansaba de probar, de todas las formas posibles. Podría decir lo mismo de Wanda.
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