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Atardecer de pólvora y metal [Anna Frank]

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Atardecer de pólvora y metal [Anna Frank]

Mensaje por Jarko Virtanen el Mar Nov 27, 2012 12:55 pm



Atardecer de pólvora y metal
Con Anna Frank ф 19.30 horas ф Parque de Berlín


La voz de la sangre se puede oír en el silencio. (José Narosky)


Una ráfaga de balas cruzó algún punto situado lejos de mi espalda con una melodía extrema que fue amenizada con gritos y el olor a la dulce pólvora. Ah, solía detestar el brusco sonido de las armas de fuego, pero debía reconocer que en ese instante convertían el escenario en uno francamente maravilloso. Aquel parque era uno de los círculos del infierno a esas horas, aunque por desgracia el batallón parecía ir distanciando sus ataques y terminaría por dejar el entorno medianamente tranquilo.
Alcé los brazos al escuchar una fuerte explosión cercana y dibujé una amplia sonrisa girando sobre mi mismo, llevando la cabeza hacia detrás y haciendo que mi cabello oscuro se alborotara por una repentina brisa fresca que traía consigo el aroma de la carne humana quemada. ¡Aquello era tan fabuloso! oh, si; la guerra era un parque de atracciones que hacía que mi adrenalina ascendiera con brusquedad. Hacía semanas que había lanzado por el retrete aquellas insulsas medicinas que me instaban a ingerir para controlar mi enfermedad. ¿Pero acaso esta existía? Por supuesto que no. El veneno de los medicamentos no regaría más mis venas y atontaría mis sentidos, no ahora que el mundo había decidido ponerse de mi lado y ceder a mis deseos.

-¡Por favor, ayúdeme! -clamó una vocecilla de mujer a mi espalda haciendo que mirara hacia detrás y me girara con un ademán del todo teatral, ladeando la cabeza hacia el lado derecho para poder contemplar a aquella que me había interrumpido. Enarqué las cejas y dibujé una suave sonrisa al ver su rostro delgado teñido del carmesí que caía en cascada desde una brecha que tenía en el cráneo. Su cabello dorado parecía embarrado con la sangre y pegado a sus sienes mientras el carnoso labio inferior temblaba considerablemente- Un ataque de los terroristas... creo que me persiguen, ayúdeme, por favor -casi suplicó, acercándose a mi como un corderillo que busca la protección de un pastor al que veía por primera vez. Por su atuendo, el arma guardada en su funda y la mirada de "lucho por la libertad" parecía miembro de ese bando que las lenguas solían llamar Resistencia. Resultaba encantador.

-Oh, por supuesto... ¡yo te ayudo, fémina desconocida! -exclamé acortando la distancia, acomodándome la mochila que llevaba en los hombros para que los cuchillos sangrientos que moraban en su interior no resultaran puntiagudas lanzas que se clavaban en mis omóplatos. -Pero antes de hacerlo,.... ¿porqué no me concedes un baile? ¡La música está resonando... y sería descortés rechazarla de tan pésima... manera! -tomé su mano derecha y su cintura en un agarre firme, clavando mis afiladas uñas en su tierna piel sin admitir una sola de sus negativas que sobrevolaron el ambiente sin llegar a mis oídos. Giré con ella, pisando las hojas caídas que crujieron bajo nuestros pies, viendo de soslayo el brillo rojizo de la mira de un rifle intentando apuntar a... ¿a mi persona o a la mujer?. Ninguno de los dos me parecía importante en ese instante cuando la música regaba mi sentido del oído desde una de mis musas mentales.- ¡La donna è mobile qual... piuma al vento muta d'accento e di pensiero....! -canté aquella primera estrofa de Rigoletto, girando y haciendo que se moviera como una buena marioneta, notando la sangre humedecer la palma de mi mano diestra pues le había rasgado en uno de los giros la muñeca.

Pude notar como una bala impactaba sobre el tronco de un árbol, creando un humeante agujero justo donde antes había estado mi torso. Lejos de sentirme intimidado aquello me resultó magnífico y amplié mi sádica sonrisa volviendo más bruscos mis giros. Un destelló color rubí volvió a aparecer de la nada, casi imperceptible, en realidad mi consciente no se percató de ello pero un murmullo fugaz me lo indicó. Hacia allí guié el último paso de baile, ignorando el grito de la fémina que clamaba blasfemias y peticiones de que la soltara de una vez; dejando claro que no disfrutaba de aquella danza perfecta bajo el cielo encapotado. Un golpe en su mandíbula fue suficiente como para que dejara de intentar escaparse al menos durante un segundo en el que mis pies se detuvieron a medio giro; calculando perfectamente lo que estaba apunto de venir; usándola de escudo humano a la vez que me inclinaba con gesto felino y raudo hacia la izquierda. El disparo del francotirador fue certero, acertando en medio de la diana impuesta de manera invisible en el cráneo de la rubia cuyo cuero layó laxo en mis brazos. Me erguí con el rostro manchado de la sangre ajena que había salpicado, contemplando el agujero que deformaba su antaño bonito rostro. Lancé una inestable carcajada, divertido con aquello; volviendo a girar con el cadáver caliente antes de desecharlo con un gesto de brusco desprecio sin alejar la macabra sonrisa de mis labios, relamiéndolos para recoger una gota de sangre que descendía hasta ellos. La fémina quedó sobre la tierra, como una muñeca de trapo rota y sin dueño.

-Ah, no eras una buena bailarina.... y eso es detestable -comenté mirándola de reojo antes de retomar mi camino, zigzagueando entre los árboles. Encendí un cigarrillo y di una larga calada, disfrutando del precioso atardecer.


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Jarko Virtanen

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Re: Atardecer de pólvora y metal [Anna Frank]

Mensaje por Anna Frank el Dom Dic 02, 2012 4:46 pm

ATARDECER DE PÓLVORA Y METAL
• • Jarkko Virtanen•
“Anna Frank”, tomaron el expediente de aquella jovencita. Un grupo de hombres con atuendos negros y zapatos incómodos consiguieron información sobre ella, se podría decir que recolectaron “Su biografía”. Aquel hombre que era la mente de aquella investigación estaba acomodado en un sillón de cuero, con una mucama de falda corta sentada en el brazo de aquel cómodo asiento, haciendo su aroma compañía de la lujuria de este. Las canas de aquel hombre no eran solo por el tiempo, eran pruebas de su irrefutable sabiduría e inteligencia. Por eso a su maquiavélica mente se le ocurrió la idea, de crear una escena en donde “Anna” no pudiera faltar, el escenario perfecto, donde este conocería su modo de ataque, sus expresiones en el momento, lo que le causaría ver fuego, lo que esta sentiría al oír niños y mujeres gritar, en suplica de una mano de ayuda. Por lo que veía Anna no era un total moustruo, en su expediente no se nombraba nada extravagante, aunque claro, nadie planea un asesinato en voz alta, por eso es que el hombre, que tenía un vaso de whiskey en su mano tomo un sorbo de este, mientras formaba el espectáculo perfecto en su mente.
No fue cuestión de días, ni de más de doce horas cuando el hombre ya tenía en escrito el pan que se debía de seguir al pie de la letra, sin interrumpir ningún mandato. Todo sus “soldados” se reunieron a escuchar cuidadosamente sus palabras, entenderlas y no olvidarlas, se sabía lo que se debía de pagar si una de las palabras de su señor no era obedecida. Por lo que después de escucharles salieron a cumplir sus ordenes, este, como siempre después de dar ordenes se paro frente una ventanilla entre abierta, sin seguro y su vidrio deteriorado. Tomo un sorbo de su whiskey mientras se relajaba, su radio estaba encendida, era una clásica, solo esperaba que la típica mujer anunciara los grotescos acontecimientos que causaba este, para enorgullecer su ego.
Lo que ese hombre no sabía es que entre ellos se encontraba uno de los socios de “Anna”, esta ya estaba al tanto de todo lo sucedido, en aquel expediente solo se mostraba lo que ella deseaba, puesto las huellas que ella dejaba eran solo por la evidencia que ella consideraba que debía ser reconocida, para no ser demasiado temida pero tampoco ser tomada por estúpida. Esta estaba sentada en el suelo de su habitación leyendo “Once minutos”, uno de los libros que ya desde su adolescencia había conocido, la historia de este hacía que Anna viajara a otros lares y se perdiera, pero en este caso no fue así, ella sabía muy bien que en cualquier momento su puerta resonaría, y que, obviamente sería para avisarle e ir a actuar sobre un escenario, para entretener a un grupo de personas hipócritas, que solo cubrirán sus rostros fingiendo no querer ver algo que desean, o a actuar junto a un grupo de imbéciles que quieren conocerle, o tal vez el grupillo de “Resistencia” que cree en verdad que hacen alguna diferencia, que no en cuestión de mucho tiempo serán exterminados uno por uno.
“Nadie pierde, porqué nadie posee a nadie”. Al llegar a esa frase del libro, que esta, estrago desde hace mucho tiempo y perduró durante años en su mente, fue en ese momento donde cerro el libro, solto un típico suspiro y lo dejo sobre la fría sabana que vestía su cama, este tomo impulso y se reincorporo. De pie, miro a su alrededor, todo en un total silencio, como si aún sonara la música inexistente de suspenso, esta, parecía esperare un grupo de balas, para poder morir en paz, espero de igual manera durante minutos, esperando que aquel socio que tenía, la hubiera traicionado de manera poco inteligente y predecible, que le rompieran las puertas a patadas y estuviera en apuros, le había dejado todo el camino fácil para ello. Este tenía su dirección, recibía malos tratos de esta y seguramente por su cabeza se cobraría altos niveles, ¿Por qué no?, Anna muy bien sabía que ella era alguien de palabra, pero al momento de la verdad, si tenía que matar a ese hombre peludo lo haría sin dudarlo, al igual de cómo matas a una hormiga si te llega a incomodar.
En la decepción de aún respirar, Anna, miro su cama, estaña repleta de sus compañeros de batalla y la ropa adecuada para ello, pero esta este día no presto demasiada atención a “como ir” a el espectáculo. Se dirigió a su cama y tomo los artefactos, los que ella pensaba que le harían falta y le serían de ayuda.
Llegada:
Anna, estaba caminando como quien no sabe a donde carajos quiere ir, simplemente mantenía las manso en los bolsillos y miraba a los lados y hacía el frente, como cualquier persona lo haría. Tenía unas gafas de sol puestas y su cabello estaba desaliñado. Caminaba despreocupadamente, hasta que desde lo lejos escucho la armonía, la paz y la dulzura de un grupo de balas viajando por el aíre, le fui inevitable soltar una pequeña carcajada, por lo que se acerco a el camino a como oía la situación, tan solo veías cuerpos caer al suelo, mujeres, adolescentes, hombre que se querían hacer los “macho-men” y soltaban una cantidad de balas sin contarlas, sin pensar, “¿Cuántas quedaran?”, un intento desesperado de salvar a sus seres queridos, era estúpido ya estaba mas que escrito que morirían, en estas épocas hacerte el héroe no te haría ser recordado, el día de mañana tu valentía será contada como una idiotez, como la de muchos otros.
Anna, suspiró, sintió como le tomaban el dedo, era su socio, el cual le dio un arma, como si Anna no tuviera protección, esta la tomo, pero no sabía con que intenciones le habían dado aquello.
Caminaron hasta llegar a un punto, se escuchaba la carcajada de un hombre, que luego fue callada y como otros de los hombres que trabajaban con su socio, estaban disparando hacía el, Anna, interesada en lo que sucedía, vio como el hombre de forma enferma bailaba con un cuerpo descuartizado, inmóvil y que solo pedía por debajo que le dejaran libre, el no le permitía, seguía “danzando” con ella como si fuera una muñeca, una dama o algo por el estilo. El hombre sabía muy bien que paso dar, evitaba las balas y las balas le querían evitar, era extraordinario lo que Anna veía, -Frank, te traje porque sé que tu eres la única con la puntería de matarle.- El hombre para ellos se reconocía como peligro, aunque no les estuviera atacando, lo que hacía podría tomarse como burla para el que diseño el espectáculo o tal vez “una señal” de algo, pero enzima de eso, era su inteligencia, su estrategias sencillas que dejaban en ridículo los demás.
Tome el arma, no tenía nada que perder y quería ser quien pusiera punto final ha esto, entonces, allí entendí el porque del arma y negué con la cabeza. Cerré un poco el ojo izquierdo y apunto al hombre, esperé un segundo ha que estuviera completamente relajado con su muñeca desangrada para darle justo en su cráneo y ver como le perforaba. Fue cuando sentí la adrelalina en mi sangre y solté aquella bala, iba en directo para el, pero como dije “Las balas no querían darle”, el hombre parecía predecir que sería yo quien daría aquel movimiento, y en un desplazamiento rápido dejo a la pequeña con la cabeza perforada, con un hueco y finalmente fallecida, le dejo en el suelo, como si fuera un objeto dañado, que ya no tendría como complacerle, aún se podía sentir la risa en el rostro de este, burlo a todos, incluyéndome. Fue entonces cuando todos decidieron alejarse de el lugar, o mejor dicho de él, muchos fueron a “buscarme” y otros simplemente a recargar sus armas, yo me quede en el árbol. Mi socio quiso que le siguiera, pero me negué, quería pensar que show armaría para desaparecer. Este como perro, acató mis ordenes y se fue, dejándome sola en aquel lugar.. o.. ¿Acompañada por aquel bailarín?


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